Darío Echandía: el designado por excelencia

Por: Rivas Gamboa, Ángela

Angela Rivas Gamboa
Antropóloga, Universidad de los Andes.

 

En el centenario de su nacimiento
DARIO ECHANDIA: EL DESIGNADO POR EXCELENCIA
Dario Echandía. Caricatura de Jorge Franklin.«Semana», noviembre 18 de 1946.

Cuando se repasa la historia política de Colombia a lo largo del siglo XX, resulta inevitable detenerse en la figura de Darío Echandía, que como miembro del partido Liberal se destacó por sus planteamientos reformistas y por sus actuaciones en momentos cruciales para la vida del país, al tiempo que encarnó una renovación política signada no sólo en sus propuestas de cambio a nivel nacional, sino también en su propia condición como joven de provincia, que sin tener una trayectoria en el campo de la política, irrumpió en la vida pública del país y con sus con sus ideas en torno al progreso y la formación de la nación, la función social del Estado, la libertad como pilar de la democracia y la organización racional de la sociedad, acompañó el despertar de Colombia al siglo XX. 

Quienes conocieron a Darío Echandía suelen afirmar que, antes que político, fue un librepensador amante de la filosofía clásica, conocedor de la escolástica y lector entusiasta de autores como Marx, Hegel y Duguit. De igual forma, sus contemporáneos coinciden en describirlo como un hombre sencillo, que a pesar de la erudición de sus actuaciones públicas y privadas, jamás dejó de ser el hijo de una familia liberal de Chaparral, Tolima, donde nació hace ahora cien años, el 13 de octubre de 1897, en el hogar de Vicente Echandía Castilla y Carlota Olaya Bonilla. Fue el mayor de siete hermanos: Vicente, Domingo, Filomena, Carlota, Celmira, Beatriz y Julia. En su pueblo natal fue a la escuela pública dirigida por la señorita Soledad Medina. Al concluir la primaria, como otros jóvenes de provincia, viajó a Bogotá para adelantar sus estudios secundarios en el Colegio Araújo y Ramírez. Luego, también en la capital, ingresó al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en donde concluyó el bachillerato y después de seguir la carrera de Derecho y Ciencias Políticas, obtuvo en 1917 el título de abogado con la tesis: "De la responsabilidad civil por los delitos y las culpas". 

Al año de haberse graduado, fue elegido como diputado a la Asamblea Departamental del Tolima. Después de concluir su período, se desempeñó como juez civil de circuito en Ambalema, donde se dedicó a su cargo y a la lectura de los clásicos griegos y latinos. En junio de 1927, cambió el juzgado de Ambalema por el Tribunal Superior de Ibagué, donde fue elegido magistrado. Pero en octubre del mismo año dejó este cargo y aceptó la gerencia del Banco Agrícola Hipotecario de Armenia.  

Para finales de la década del veinte, el joven chaparraluno ya era conocido entre sus paisanos y sus condiscípulos como un buen orador, diestro en el arte del Derecho y estudioso de la filosofía de los clásicos. Pero nadie alcanzaba a sospechar el papel que jugarían él y sus ideas en los sucesos que marcaron la historia de Colombia en las siguientes décadas. El protagonismo de Darío Echandía en la vida del país estuvo íntimamente relacionado con su vinculación al partido liberal, que se remonta a 1930, cuando fue miembro de la nomina de directivos de la campaña presidencial de Olaya Herrera y participó en la convención regional del liberalismo, que tuvo lugar en el Hotel Chicoral. En esa ocasión López Pumarejo, entonces jefe del partido liberal, impresionado con las propuestas de un orador desconocido, preguntó: "¿Quién está hablando?" "Un doctor Echandía, de Chaparral", le respondieron. "Cuando termine, quiero hablar con ese doctor", dijo López. Ese fue el comienzo de una larga amistad, tanto política como personal, y uno de los resortes que impulsaría a Echandía hacia altos cargos del Estado y de la política. Ese mismo año, tras el triunfo de Olaya Herrera y el nombramiento de López Pumarejo como embajador en Londres, la Dirección Liberal quedó integrada por cinco ciudadanos destacados entre los que se hallaba Darío Echandía. En esa época, las Asambleas Departamentales elegían a los senadores, y la del Tolima eligió a Darío Echandía como primer suplente de Fabio Lozano Torrijos. Debido a los compromisos de éste con la legación de Colombia en el Perú, el 20 de julio de 1931 Echandía ocupó su curul en el Senado. Como parlamentario presentó un proyecto de acto legislativo para reformar los artículos 31 de la Constitución Nacional y 5º del acto legislativo Nº 3 de 1910. También en este cargo presentó y defendió el proyecto sobre patrimonio matrimonial, elaborado por Luis Felipe Latorre, que pasó a ser la ley 28 de 1932. 

Cuando se aproximaba el fin de la administración Olaya Herrera, Echandía, que ya se perfilaba como gran figura pública, fue elegido en la Convención Nacional Liberal del 10 de febrero de 1934 como miembro de la directiva del partido, y como tal participó activamente en la campaña que llevó a la presidencia a Alfonso López Pumarejo, que al llegar al poder se rodeó de un grupo de jóvenes de la generación de Los Nuevos, junto con uno que otro intelectual de la generación anterior. El país asistió entonces al destierro de los estadistas bigotudos, enigmáticos y solemnes que estaba acostumbrado a ver en los puestos de comando. En su lugar, el presidente colocó a jóvenes como Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Antonio Rocha, Alejandro Bernate, José Joaquín Caicedo Castilla, Jorge Soto del Corral, Cesar García Alvarez, Jorge Zalamea y Carlos Lozano y Lozano, entre otros. Este grupo, apadrinado por López Pumarejo, se reunió en torno a la figura presidencial y se dispuso a llevar a cabo el programa de la Revolución en Marcha.  

Darío Echandía.
Pintura al pastel de Max Henríquez.
«Semana», octubre 8 de 1949.

Dentro del grupo, Darío Echandía, a diferencia de otros jóvenes que ingresaban a la política, encarnaba la antítesis del político tradicional. Además de provenir de provincia, el joven chaparraluno no podía exhibir una hoja de vida extensa en cuanto sus actuaciones en el mundo de la política y la vida pública nacional. Como se ha dicho, había hecho apariciones esporádicas desde 1919, pero sólo a partir de 1931 el país lo había conocido como un senador diestro en las artes jurídicas y oratorias, que se destacaba por la lógica y la profundidad de sus intervenciones en el Congreso Nacional. Sin importar la brevedad de su experiencia en la vida pública, en 1934 López Pumarejo lo nombró ministro de Gobierno y el año siguiente lo puso a la cabeza del Ministerio de Educación Nacional.  

Como parte del gabinete del primer gobierno de López Pumarejo, Echandía fue una de las figuras centrales a la hora de reformar la Constitución. En el Congreso totalmente liberal, elegido en 1935, bien pronto se evidenciaron las diferencias entre los viejos liberales y el grupo de jóvenes que aspiraba a hacer cambios sociales y políticos acelerados, y tendía a asumir posiciones radicales en relación a todos los temas. En este contexto, el gobierno buscó conciliar el ímpetu revolucionario con el mantenimiento del orden jurídico y la preservación de la paz, sin desatender los argumentos de oposición que desde fuera del Congreso levantaban conservadores y liberales reaccionarios. Lo que en últimas implicaba forjar una doctrina y un estilo de gobierno que trascendiera el bullicio y la impaciencia de unos, y a la vez se alejara del conformismo de otros; labor que fue adelantada fundamentalmente por Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía y Alberto Lleras Camargo.

En este contexto, el Congreso de 1935 y 1936 fue testigo de las actuaciones de Darío Echandía, que primero como ministro de Gobierno y luego desde la cartera de Educación, se consagró como el principal vocero del Gobierno en las propuestas y los debates que desembocaron en la Reforma de 1936. En ella, muchas de sus iniciativas e ideas quedaron plasmadas como principios legislativos; tal fue el caso de sus consideraciones en torno a la libertad de cultos, la función social de la propiedad, la libertad de enseñanza y la separación de la Iglesia y el Estado, entre otras. (Además de tomar parte en el vuelco legislativo que vivió el país en 1936, el 2 de agosto de ese año, Echandía dio un giro a su vida personal, al contraer matrimonio con Emilia Arciniegas Castilla).

Al acercarse el final del gobierno de la Revolución en Marcha, el ala del liberalismo considerada como la izquierda liberal, encabezada por Jorge Eliecer Gaitán y Plinio Mendoza Neira, propuso como candidato presidencial a Darío Echandía. A pesar de haber aceptado esta postulación, tras las elecciones parlamentarias de 1938 en las que triunfaron los liberales adeptos a Eduardo Santos, Echandía se inclinó ante la voluntad mayoritaria del partido y desistió de su candidatura a la Presidencia. Ese mismo año fue nombrado embajador ante la Santa Sede, donde le correspondió adelantar negociaciones con el cardenal Luigi Maglione, entonces Secretario de Estado del Vaticano, con el fin de reformar el Concordato de 1887. El acuerdo concordatario al que llegaron el vocero del gobierno colombiano y el secretario de la Santa Sede fue defendido en 1943 en el Congreso por el mismo Echandía, como ministro de Gobierno de la segunda administración López Pumarejo. Si bien estas negociaciones se tradujeron en la ley 50 de 1943, el Concordato nunca entró en vigencia debido a la falta de canje de ratificaciones y a la creciente polarización del país en torno a las actividades de la Iglesia católica. 

Durante el segundo gobierno de López Pumarejo, además de desempeñarse como ministro de Gobierno, Echandía fue elegido por el Congreso como primer designado. De acuerdo con esta investidura, cuando el presidente tuvo que ausentarse del país debido a quebrantos de salud de su esposa, Darío Echandía asumió la Presidencia de la República entre el 17 de noviembre de 1943 y el 16 de mayo de 1944. Siendo ministro de Relaciones Exteriores y en su calidad de primer designado afrontó el golpe militar del 10 de julio de 1944, en el que un grupo encabezado por el coronel Diógenes Gil, en Pasto, tomó preso al presidente López Pumarejo. En compañía de Alberto Lleras Camargo, entonces ministro de Gobierno, Darío Echandía salvó el régimen haciéndose reconocer por las tropas como el gobierno legítimo. 

Para las elecciones de 1946, el liberalismo una vez más postuló a Echandía como candidato a la Presidencia. A pesar de estar acompañado de una fuerza electoral importante, debido a la postulación, también como candidatos liberales, de Gabriel Turbay y Jorge Eliecer Gaitan, Echandía renunció afirmando: "No deseo dividir en tres lo que ya está dividido en dos". Después de renunciar por segunda vez a la candidatura presidencial, resolvió aceptar la embajada en Londres y con rango de embajador también asistió a la primera asamblea de las Naciones Unidas.

 

El candidato presidencial Darío Echandía con Francisco José Chaux y Carlos Lleras restrepo en octubre de 1949.

En 1947, de nuevo fue elegido como miembro de la Dirección Nacional Liberal junto con Eduardo Santos y Adán Arriaga Andrade. El año siguiente, frente a las situaciones desencadenadas por la muerte del caudillo liberal Jorge Eliecer Gaitán, Echandía aceptó entrar a formar parte del gabinete de Ospina Pérez. No obstante, la crisis que se desencadenó meses más tarde lo llevó a renunciar, junto con los demás liberales que colaboraban en ese gobierno. Una vez más, en 1949 fue postulado como candidato presidencial, pero ante la situación nacional el partido liberal decidió abstenerse de participar en la elecciones y Echandía, por tercera vez, retiró su candidatura. En esta determinación, quizás también influyó la muerte de su hermano Vicente, que ese mismo año, mientras caminaba en compañía de Darío Echandía y algunos de sus seguidores, fue víctima de un ataque de la policía en la plaza de San Martín en Bogotá.

Al iniciarse el gobierno del general Rojas Pinilla, fue elegido magistrado de la Corte Suprema de Justicia, donde actuó en compañía de figuras como Ricardo Hinestrosa Daza y Eduardo Rodríguez. Concluida la dictadura de Rojas Pinilla, al comenzar el Frente Nacional, fue elegido presidente Alberto Lleras Camargo, y el Congreso de nuevo escogió a Darío Echandía como designado. En estas condiciones, en calidad de encargado, el 2 de abril de 1960, asumió una vez más la Presidencia de la República , mientras Lleras se ausentó del país atendiendo la invitación de gobiernos amigos. También durante esta administración, Darío Echandía ocupó la Gobernación del Tolima, donde sintetizó su programa con las siguientes palabras: "Quiero que los tolimenses puedan volver a pescar de noche".

En el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), Echandía ocupó el cargo de ministro de Justicia, intervino en la reforma constitucional de 1968 y en la actualización de la administración de justicia. Luego se desempeñó nuevamente como embajador ante la Santa Sede. Después de estas actuaciones, se retiró voluntariamente de la política partidista y de las actividades oficiales. Su última actuación se dio en la campaña electoral de 1976 y 1977, cuando acompañó al partido liberal en la contienda que culminó en la elección de Julio Cesar Turbay Ayala.

Además de inspirar sus actuaciones e iniciativas en la vida pública, las pasiones intelectuales de Darío Echandía se reflejaron en su consagración como profesor de derecho romano, filosofía del derecho, latín, griego e introducción al derecho en la Universidad Nacional, el Externado de Colombia, la Universidad Libre y el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. De igual forma, estas inquietudes lo llevaron a figurar como miembro de la Academia de Jurisprudencia y de la Academia de la Lengua.

El 7 de mayo de 1989, el país conoció la noticia de la muerte de Darío Echandía, acaecida en Ibagué. Entonces los colombianos se despidieron de quien después de ser diputado por el Tolima, senador de la República, presidente del Senado, ministro de Gobierno, de Educación, de Relaciones Exteriores y de Justicia, embajador en Londres y ante la Santa Sede, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y encargado de la Presidencia de la República en cuatro ocasiones, se empeñaba en afirmar que él sencillamente era un "político a palos".

Título: Darío Echandía: el designado por excelencia


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