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El doctor
Felipe González Camargo
en la clínica dental escolar de la Sociedad
de Pediatría. Calixto Torres Umaña, promotor de Gotas de Leche;
óleo de Inés Acevedo Biester.
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La
preocupación por la pobreza en que se encontraba el pueblo y de manera especial la
alarmante situación de mortalidad de la población infantil, era una constante a
principios de siglo en la capital. El recargo de trabajo, la insuficiente y defectuosa
alimentación, los harapos con que se vestían, el hacinamiento y las deplorables
condiciones de vivienda, los estragos de la chicha eran elementos repetitivos con los que
se caracterizaba al "pobre pueblo bogotano". Para aliviar la condición de
tantas madres desvalidas y salvar la infinidad de vidas de niños que anualmente morían
en la ciudad, se empezó a pensar en introducir programas que estaban funcionando en otros
países, como era el caso de las Gotas de Leche. Los primeros pasos se dieron a principios
de 1912, cuando el alcalde de la ciudad manifestó su preocupación por el problema, y
desde la Facultad de Medicina surgían tesis doctorales que, apoyándose en los
"datos espantables" que arrojaban las estadísticas, analizaban la situación.
Sólo hacía finales de
1917 el proyecto de la Gota de Leche empezó a tener luz verde en el seno de la Sociedad
de Pediatría, donde se inició su funcionamiento. En noviembre de 1917 el doctor Calixto
Torres Umaña informó a sus colegas que el doctor Pedro Miguel Samper había donado la
suma de mil pesos oro con el objeto de comenzar el proyecto bajo la dirección de la
Sociedad de Pediatría y con el apoyo de ilustres damas bogotanas.
La ansiedad con que el
proyecto fue recibido por las clases menesterosas de la capital era fácil de entender si
recordamos que fue precisamente a finales de 1918, año de la peste de gripa que tanta
desolación causó a la población bogotana, cuando el proyecto inició sus actividades.
Según el acuerdo 32 de 1919, desde el Concejo Municipal de Bogotá, se determinó que de
los fondos municipales se destinara la suma de $150 pesos mensuales para el sostenimiento
de la institución, siempre y cuando su dirección y administración quedaran a cargo de
la Sociedad de Pediatría.
Las puertas de la
institución se abrieron con treinta niños. Los médicos especialistas que conformaban la
Sociedad de Pediatría, acompañados de practicantes, atendían a los niños
examinándolos y llevándoles control de peso y talla. Las señoras del Patronato de la
Gota de Leche, apoyadas en la caridad pública, se preocupaban no sólo por mejorar la
condición nutricional de los niños sino por aliviar sus difíciles condiciones de vida.
Desde las Gotas de Leche,
al contrario de lo que muchas personas de la época se imaginaron, nunca se preconizó el
destete prematuro. Fue desde esta institución donde, por primera vez, las madres de las
clases populares de Bogotá recibieron instrucción sobre lo que era el niño, el
significado que tenía, la importancia de la higiene y las consecuencias de la mala
alimentación.
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