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Obra
social de las Granjas del padre
Joaquín Luna Serrano,
1953.
Granja del Gran Ciudadano, en Albán, Cundinamarca,
foto de Ricardo Rivadeneira.
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Debido a las
elecciones de 1931, se desató una ola de violencia en las provincias de Boyacá, como
también en la de García Rovira (Santander) y en Pamplona (Norte de Santander). Esta
situación de violencia continuó matizada por diferentes circunstancias: agudización de
los conflictos sindicales, ocupación de haciendas en el suroccidente de Cundinamarca y en
el Tolima, asesinatos de carácter político; la expedición, en 1936, de la Ley de
Tierras; permanente agitación en la zona bananera de Santa Marta, la provincia de Vélez,
el Valle del Sinú y el Quindio. Con el fin de acoger a los niños campesinos víctimas de
esa violencia inicial, el padre Joaquín Luna Serrano fundó en 1936 las primeras granjas
en Cundinamarca y Tolima con el objetivo de brindarles hogar, escuela y granja. En
principio, el dinámico sacerdote recorrió los campos azotados por la violencia
recogiendo a los pequeños desamparados y los capacitaba para que continuaran laborando en
el agro, tratando con ello de evitar la ya creciente migración hacia los centros urbanos.
Con el correr del tiempo,
las granjas se extendieron por varios departamentos del país y llegaron a ser numerosas
(más de treinta). Prestaron un servicio grande a la niñez abandonada y prepararon muchos
jóvenes para la vida. Por sus instalaciones pasaron más de 45.000 niños; la mayoría de
ellos son hoy empleados, productores rurales y algunos de ellos profesionales. Tan
importante obra tuvo vida propia mientras que el fundador tuvo salud y vigor, pero a
medida que envejeció comenzó a decaer. Se vendieron algunas de las granjas o se
devolvieron a diferentes diócesis las que se tenían por el sistema de comodato. Ante la
perspectiva del cierre definitivo, el arzobispo de Bogotá determinó, en 1978, que la
administración jurídica, laboral y económica de las granjas de Facatativá, Albán, San
Francisco y Guascas, pasaran a la diócesis rural de Facatativá y se entregó su
dirección al obispo Gabriel Romero Franco, quien sigue siendo el presidente de la
Fundación Granjas Infantiles del Padre Luna.
Desde 1978 hasta 1992, las
granjas operaron sin una planeación de su desarrollo y subsistiendo gracias a los aportes
de capital de diferentes entidades privadas interesadas en la obra del padre Luna. Sin
embargo, dichas ayudas fueron desapareciendo poco a poco, hasta que en 1992, la diócesis
de Facatativá se vio abocada a considerar seriamente su clausura. Se recurrió entonces a
la solidaridad de algunas entidades internacionales a las que se les presentó un proyecto
titulado Desarrollo Rural Integrado Granjas I, para dotarlas de las técnicas modernas de
producción y administración y llevarlas a una autogestación y autosuficiencia, bajo el
concepto de unidad mínima de producción: mínima inversión, máxima eficiencia del
recurso humano, óptimo empleo de recursos materiales y técnicos, para maximizar la
producción. El proyecto fue acogido por la ONG española Manos Unidas de Madrid, y desde
entonces en las granjas de Albán, San Francisco y Guasca se está desarrollando la
capacitación, sin costo alguno, de niños y niñas de entre ocho a diecisiete años,
simpre bajo el mencionado concepto de autogestión y suficiencia.
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