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Monseñor Emilio de Brigard
Ortiz con un grupo de voluntarias de la Casa de la Madre y el Niño.
El padre J. Iván Cadavid
G., creador de la granja autosuficiente, con un grupo de niños de sus Hogares Juveniles
Campesinos.
Monumento a José Ignacio
Barberi, fundador
del Hospital de la Misericordia para niños desamparados, 1926.
Agustín Nieto Caballero,
promotor de las Cajas Escolares de Bogotá, entrega
200 vestidos a un grupo escolar de San Victorino, en julio de 1920.
María Michelsen de López
en el Amparo de Niños Abandonados, 1936.
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Ante la
pobreza, la orfandad y el desamparo de la niñez bogotana a comienzos de siglo, las
autoridades, los médicos y las damas caritativas lograron crear toda una red de
instituciones para atender a los niños desde su nacimiento hasta la capacitación en
algún oficio.
Hacia 1920, el doctor
Agustín Nieto Caballero hizo un inventario de los recursos institucionales que le
permitían a la sociedad atender a la niñez desvalida. Algunas de ellas eran la Gota de
Leche para atender a los recién nacidos, el Hospicio donde se atiende a los niños
expósitos, las escuelas de San Vicente, las del Círculo de Obreros y las escuelas
públicas donde se educa a los niños pobres. Los Restaurantes y las Cajas escolares
suplen las necesidades de alimentación y ropa a los niños menos favorecidos. En el
Hospital de la Misericordia y en el Dispensario Luis Montoya se atienden los niños
enfermos que carecen de recursos. En los asilos de San Antonio y San José se capacita a
los niños en labores agrícolas y en el Lorenzo Cuéllar se les da refugio y
alimentación. En la Casa de la Preservación, en la Protectora de Niñas, en el Sindicato
de la Aguja, en la Asociación de Caridad, en la Unión Benéfica de Chapinero, en el
Asilo de las Aguas, en la Colonia de Santa Teresa, se capacita a las niñas huérfanas y
abandonadas en labores domésticas y se les ofrece refugio y alimento.
En el Oratorio Festivo se
llevan a cabo actividades de recreación para los niños pobres. En el Patronato de Presos
se cuida a los hijos de los reclusos. El Club Noel, las Cajas Escolares, la Asociación
del Niño Jesús y los Roperos de la Doctrina reparten ropa y juguetes para los niños
pobres. Las damas del Círculo de Obreros se ocupan de la atención de las familias en los
arrabales de la ciudad. El dormitorio del doctor Emilio Valenzuela da refugio a los niños
callejeros y la Casa de la Señorita Fonseca recibe niñas huérfanas que requieren de un
techo para dormir. El Taller de Artes y Oficios atendía menores hijos de obreros y
capacitaba a la futura clase trabajadora. La Obra del Niño Jesús recogía a los niños
que dormían en la calle y en los zaguanes de las casas. La Casa de Menores de Paiba
reeducaba en talleres de capacitación a los pequeños niños delincuentes. La mayoría de
los asilos eran atendidos porcomunidades religiosas y en algunos de ellos se les educaba
bajo sistemas de organización militar: eran cuarteles habitados por pequeños soldados
equipados con fusiles de madera y sable de latón.
Con el fortalecimiento y la
diversificación del Estado y con la aparición de un sistema tributario que le permitió
adquirir fondos propios, comenzaron a desarrollarse programas especiales para atender las
necesidades de salud, educación, bienestar y protección a la infancia. Se destinaron
auxilios para asegurar cupos y apoyar instituciones como la Casa de la Madre y el Niño,
el Amparo de Niños, Hogares Club Michín, El Redentor, la Casa de la Treinta, las Granjas
del Padre Luna y múltiples refugios, sala-cunas y jardines infantiles que fueron
surgiendo con el correr de los años. Se creó el programa de vivienda del Instituto de
Crédito Territorial para atender las necesidades de techo de las familias más pobres y
se organizó el Instituto de Seguros Sociales para amparar a las familias de los obreros y
de los empleados.
A mediados del siglo, las
señoras de los presidentes de la República y de los alcaldes iniciaron desde su
posición de primeras damas la creación de nuevos centros de atención a la infancia. El
Hospital Infantil fue creado por Lorencita Villegas de Santos, Sendas estuvo a cargo de la
hija del general Rojas Pinilla y se constituyó en la primera entidad nacional a cargo de
la niñez. Estas mujeres notables no sólo intervinieron en la creación de las
instituciones, sino que se convirtieron en presidentes de las juntas directivas encargadas
de la administración de las nuevas instituciones.
La aparición de la clase
obrera y de las organizaciones sindicales, con orientación política, el surgimiento de
una conciencia de clase obrera, con énfasis en acciones de grupo orientadas a modificar
las reglamentaciones laborales de las empresas particulares y estatales contribuyeron a la
modificación de la atención a la niñez. Aparecieron los subsidios familiares, los
subsidios escolares, los jardines infantiles de empresa. Los programas de atención a la
niñez surgieron como un derecho propio de los trabajadores.
Finalmente, Bienestar
Social del Distrito, las Defensorías de Menores, los Hogares Comunitarios, el Instituto
Colombiano de Bienestar Familiar y el Plan Nacional de Atención a la Infancia
representaron la consolidación de un interés estatal por atender todas las necesidades
de prevención, protección y rehabilitación infantil.
A las puertas del siglo
XXI, la quiebra de las instituciones financieras y el empobrecimiento fiscal del Estado
repercutieron directamente sobre el sector de atención a la infancia en manos de
particulares. Es de temerse que muchas de las instituciones se vean obligadas a cerrar sus
puertas por carecer de recursos para cubrir sus necesidades. Aquellas que sobrevivan a la
crisis tendrán que apelar a la responsabilidad ciudadana, concepto laico actual que
remplazó al de caridad religiosa de principios de siglo.
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