¿Qué define a las mujeres del siglo XX?

Por: Villamizar, María Alejandra

 

   


 

EDICION 189
SEPTIEMBRE DE 2005

 
   

 

 ¿Qué define a las mujeres del siglo XX?
Por María Alejandra Villamizar M.

 Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 189

Septiembre de 2005

 

Hace apenas unos días, un hombre confesaba que si llegara a tener en su mano una lámpara de Aladino, el único deseo que pediría sería el de lograr entender a las mujeres de hoy. Su comentario generó un murmullo en el público. Los hombres asintieron con la cabeza e invocaron, con actitud arrogante, un poco de sentido común. Las mujeres rieron con una tímida incomodidad y en seguida salieron a la defensiva. ¿Cómo así, por qué? Era evidente que la reflexión de aquel hombre se les metía por los poros, y cada una dentro de sí misma buscaba una respuesta, algo que en palabras sencillas, les diera la formula para explicárselo. “¿Acaso es difícil definir qué son las mujeres? ¿Qué tenemos distinto de los hombres? Por qué es tan difícil entendernos? Pero si las mujeres somos:…”.

Esa es la cuestión. No existe, a pesar de todas las reflexiones machistas y feministas, un concepto que describa íntegramente a la mujer del siglo XX. ¿Dónde encontrar una definición simple, contundente, completa, como la de cualquier ser o cosa en el mundo? Pues... en las enciclopedias, en los diccionarios.
Me propuse examinar en distintos diccionarios editados en el siglo XX el significado de la palabra mujer. Me preguntaba, ingenuamente, si con el paso del tiempo se habrían producido variaciones. La liberación femenina, los derechos políticos, el nuevo rol dentro e la familia, el papel activo en la sociedad, la píldora, en fin, todo lo que aún les queda complicado entender a los hombres.
El recorrido empezó en 1947. Mitad del siglo. La décimo séptima edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española dedica una larga columna de su fino papel de arroz a la definición de “Mujer: Persona del sexo femenino”, y en seguida enumera las acepciones: “Mujer de gobierno: Criada que tiene a cargo el gobierno económico de la casa (ama de llaves)”, “Mujer de su casa: la que manda y ejecuta los quehaceres domésticos y cuida de su hacienda y familia con mucha diligencia”. Y luego: “Mujer del arte, de la vida airada, del partido: Prostituta”, “Mujer de la mala vida, del mal vivir: Prostituta,. “Mujer mundana, perdida o pública: Prostituta”.

No hay miradas muy nuevas nueve años más tarde. El mismo diccionario, pero en su décima octava edición, de 1956, hace la descripción pura de: “persona del sexo femenino”, y luego menciona una veintena de refranes de mujeres. “Mujer, viento y ventura pronto se mudan, quiere decir que las tres cosas pronto se van. La Mujer y el vino, sacan al hombre de tino, dejarse dominar por la liviandad y por la embriaguez”. Y así por una larga página, todos refranes en referencia al gran aporte de la mujer a la humanidad. “A la mujer casta, Dios le basta”, “A la mujer y a la mula por el pico les entra la hermosura”, “La mujer rogada y la olla reposada”.

¡Qué amplitud de mirada! El rol de meretrices, el del agradecido trabajo en el hogar, el cuidado de su virginidad al servicio del Señor y las destrezas culinarias. Muy completitas ellas.

En 1961, el Diccionario Hispánico comienza su descripción con las traducciones de la palabra mujer. F. Femme, I. Donna, I. Woman, A. Weib, P. Mulher. Y en seguida se lanza a exponer 10 derivados que también nos dan una pista de la claridad de los conceptos existentes en la época: “Mujercilla: de poca estimación y porte”, “Mujerzuela: Ramera”, “Mujerón: Grande y corpulenta”, y sigue hasta Mujeriego y Mujeril.

Llegando a los 70 echemos una mirada a la Enciclopedia Quillet: “Mujer: persona del sexo femenino; del latín múlier. La que ha llegado a una edad madura. La casada, con relación al marido”. Y a continuación más refranes; “La mujer honrada, la pierna quebrada y en casa, aconseja el recato y el recogimiento que deben observar las mujeres (ojo al verbo ‘deber’)”. Y cuando llegan referencias muy cultas y elegantes, son reservadas a la ficción: “Mujeres en Asamblea: Una comedia de Aristófanes”, “Mujer sin Sombra: Ópera en tres actos, de Richard Strauss e inaugurada en Viena en 1919”.

Ante este panorama desalentador, busqué en la misma enciclopedia la definición de Hombre. No por contraste, no, sólo por curiosidad. Ocupa 3 páginas completas y tiene 80 acepciones. La primera: “Animal racional. Genérico de la especie humana. Varón: Criatura racional del sexo masculino”. Y sigue: “Entre el vulgo, marido”. Por lo visto el hombre es el ser racional y la mujer, no. ¡Ah, y marido sólo se usa ‘entre el vulgo’. Interesante.

Pero vale la pena hacer gala de otras muy importantes definiciones: “Hombre gentil, hombre de armas, buen hombre, hombre bueno, hombre de campo, hombre de capa y espada, hombre de guerra, hombre de fortuna, hombre de negocios, hombre de palabra, hombre de pelo en pecho, hombre de letras, hombre de lunas, hombre espiritual”... y así por 80 acepciones, todas a cual más elogiosas, cuando no compasivas: “pobre hombre, hombre al agua, hombre menudo, hombre viejo, ¡hombre!”. Así es, las definiciones de hombre eran 80 en 1973 para los editores de la Enciclopedia Quillet, mientras las de mujer, sólo 15.

Me voy al Diccionario de María Moliner en 1998: “Mujer: A diferencia de la niña, es un ser femenino adulta”. Moliner agrega la acepción de señora como una forma de trato más respetuoso. Referencia siete acepciones y amplía el concepto de la utilización de la palabra en las Notas de Uso: “Tienes tres hijas ya mujeres”, “Algunas mujeres están de luto toda la vida” y “La mujer de la limpieza”.

Casi al final del recorrido diccionárico, por fin hay noticias nuevas. En 1999, un año antes del nuevo siglo, a la mujer le adjudican la gracia de la ‘razón’ y de la ‘animación’. Los autores de tal milagro son tres españoles: Manuel Seco, Olimpia Andrés Puente y Gabino Ramos González. Su Diccionario del Español Actual define Mujer como un “Ser animado y racional del sexo femenino”. Este mismo diccionario también dice que animado significa: “dotado de alma”. ¡Qué bueno! Debemos estar agradecidas con estos españoles. Ah, pero chequeemos ‘razón’, para estar seguros: “Facultad de discurrir, acto de discurrir el entendimiento”. Mejor aún, ahora que tenemos alma, además podemos participar del entendimiento. Esto conduce a la primera conclusión de esta informal investigación. La humanidad, o por lo menos el mundo hispanohablante, le otorgó, con el paso del tiempo, definiciones nuevas a ‘Mujer’.

Consulté, para terminar, el diccionario on line de la Real Academia Española de la Lengua, actualizado en agosto de 2005. Encontré siente novedades, a saber: “Mujer: que tiene las cualidades consideradas femeninas por excelencia: ¡Esa sí es una mujer!”, “Mujer de honor, de tesón, de valor”, “Mujer de campo, y Mujer de digo y hago”, definida como fuerte, resuelta, y osada. Aparece la Mujer de letras. la que cultiva la literatura o las ciencias humanas. Una más moderna: “Mujer objeto: la que es valorada exclusivamente por su belleza o atractivo sexual”. Y finalmente, la “Mujer fatal: aquella cuyo poder de atracción amorosa acarrea fin, desgracias o a sí misma o a quienes atrae”.

Cincuenta años después del primer diccionario consultado, ‘Mujer’ tiene nuevas definiciones. La mayoría apunta a la independencia, aparecen valores positivos como el honor, el tesón, referencias a su cuerpo como objeto y hasta se le otorga la condición de la fatalidad. ¿Será mucha exigencia preguntar cómo se definirían la mujer productiva, la mujer trabajadora? Para no dejar así, revisamos el Diccionario Económico, Ediciones, Orbis 1987, recopilado por Arthur Seldon. Por la M no aparece ninguna referencia a la palabra mujer, pero por la H aparece la descripción en cuatro extensos párrafos del “Hombre económico: Aquel que se preocupa por el objetivo inmediato de obtener el máximo dominio posible sobre los recursos con un sacrificio mínimo”. Entendemos que es una aproximación técnica a la generalización del individuo económico, pero bueno, se le atribuye esto al hombre y no a la mujer. Entonces, si no nos definen como ‘mujeres económicas” no estamos insertadas en el sistema? ¿Y lo que trabajamos? ¿Cómo lo definimos?

En pleno siglo XXI, es claro que los diccionarios que lo definen todo, no nos definen. En estos tiempos sabemos que hay derechos iguales para todos, que nos la jugamos por igual por vivir la vida con independencia y que no es suficiente la condición natural de ser hembra. Sigue siendo un desafío encontrar palabras exactas para lo que somos hoy. Además de cargar con lo que nacimos y utilizarlo a nuestro antojo para la conservación de la especie, nos enfrentamos a los múltiples dilemas que nos imponen los roles: La casa - la oficina; mujeres - madres; profesionales - madres; bonitas - más bonitas; feas - inteligentes; bonitas - brutas; feas - felices; solteras - solteronas. Además de los que nos impone la guerra: viudas - madres; huérfanas de hijos, abuelas de huérfanos.

Concluyamos que el siglo XX logró construir con dificultad, las respuestas a las preguntas reales de las mujeres sobre sus roles y avanzó en la elaboración de fórmulas para combinar los anteriores dilemas. Ha sido el siglo del sí, de la apertura, de la política, de la liberación y, por todo eso, también de la confusión. En el camino se ha acertado, hoy muchos escenarios del pasado son impensables, pero también se ha errado, se ha exagerado y se ha faltado. La superación de la mujer ha convertido en obsesión su perfección. En el libro Rosas y Espinas, la escritora Ángela Carmona, narra 100 historias de mujeres del siglo XX: la primera que votó, la primera que se graduó, y la de Aurora Rodríguez Carballeira, una mujer española que quería formar la mujer perfecta. En 1914 recurrió a la eugenesia (aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana), su hija Hildegarth nació y antes de cumplir un año hablaba y escribía muy bien su nombre. A los dos años ganó un concurso de mecanografía y a los trece años era licenciada en Derecho. A los 14, ingresó en las Juventudes Socialistas y daba charlas por todo el país. Inició una relación sentimental con un diputado socialista, pero su madre, que no se sentía satisfecha, la asesinó en 1933. “Si un arquitecto, una vez realizado su más extraordinario proyecto, se da cuenta de que el edificio va a hundirse, antes lo vuela. Así hice yo con mi hija”,

¿Hasta dónde llegar para ser iguales? ¿Para ser perfectas? ¿Cómo quieren los hombres que sepamos con facilidad lo que somos ahora que somos lo mismo que los hombres sin serlo? De pronto los poetas, que desafiaron la rigidez de los diccionarios, y le atribuyeron a mujer todos los significados, inverosímiles, románticos, veraces, sublimes, le respondan al hombre de la lámpara de Aladino.
Nosotras, por ahora, estamos pensando en el nuevo siglo, porque aun queda mucho por hacer.



















































 



Alumnas de la Escuela Normal Superior pasan por frente al Palacio de la Gobernación, durante el desfile olímpico del 20 de julio de 1945. Cromos.


Elegantes bogotanas en el Bosque de San Diego
. Dibujo de Fídolo Alfonso González Camargo. El Gráfico, 1916.


Las mujeres de la primera mitad del siglo XX estuvieron en la primera línea de las acciones por el bienestar de los infortunados. Grupo de promotoras de la casa de menores de Medellín acompañan al Gobernador de Antioquia en el acto de beneficiode esa institución.
Foto de Francisco Mejía M. El Gráfico
, 1925


Damas boyacenses en colecta de fondos para las obras sociales de su departamento. El Gráfico, 1922.


Grupo de maestras del departamento de Cundinamarca agasajadas por el director de Instrucción Pública.
El Gráfico, 1925.



Grupo de señoritas de Zipaquirá que tomaron parte del homenaje a los próceres zipaquireños fusilados el 3 de agosto de 1816. El Gráfico 1916.


Elegantes damas de los dorados años veinte bogotanos, en una fiesta ofrecida en la legación de Francia. El Gráfico 1925.


Doña Conchita Bernal Ramírez, quien obtuvo con calificaciones brillantes su grado de profesorado. Cromos, 1935.


En la década de los treinta la mujer colombiana se incorporó de manera muy activa en los distintos deportes. Equipo del Colegio de la Merced que venció en sensacional partido al centro Moderno. Cromos 1935.


No menos importante fue la participación femenina en actividades artísticas. Damas del Club Unión de Medellín que ofrecieron un gran concierto para clausurar el año de estudios de la Academia de Música Mejía. Cromos, 1935.


La Hilandera. De la serie Tipos del Pueblo bogotano. 1938. Foto Luis B. Ramos - Banco de la República.


Redulja Ramírez, de Tipacoque, 1950. Foto Luis B. Ramos - Banco de la República.


A partir de los años 70 la participación de la mujer en la política fue cada vez mas ideológica, militante y combativa. Grupo de madres trabajadoras, en la plaza de Bolívar, exigen del gobierno la devolución de sus parientes desaparecidos. Archivo El Tiempo.


También se incorporó la mujer, desde los años ochenta, en actividades que durante lo corrido del siglo habían sido impensables para ella. Ejercicios de adiestramiento de mujeres en el ejército.


 
 

© Derechos Reservados de Autor

 

Banco de la República  Biblioteca Luis Ángel Arango

 

Colombia

       
Título: ¿Qué define a las mujeres del siglo XX?


Comentarios (0) | Comente | Comparta