Colombia en las Naciones Unidas: 50 años de historia y de participación

Por: Tirado Mejía, Alvaro, 1940-

      



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Iluminación de la Sede de la ONU
en Nueva York en el 50 aniversario de su creación.


   


  El 26 de junio de 1945, los representantes de cincuenta estados, entre ellos Colombia, se reunieron en San Francisco para suscribir la Carta Constitutiva de las Naciones Unidas, uno de los documentos trascendentales de la historia de la humanidad. El nombre de Naciones Unidas fue ideado por el presidente Franklin Delano Roosevelt y se empleó por primera vez en la segunda Guerra Mundial, cuando los representantes de 26 naciones se comprometieron a seguir luchando contra las potencias del Eje. Al momento de la reunión de San Francisco todavía se combatía en Europa contra la Alemania de Hitler y aún no había capitulado el Japón, pero ya se acercaba la victoria. La nueva organización internacional, la más amplia que ha conocido la historia (actualmente 185 estados forman parte de ella) tenía como finalidad el mantenimiento de la paz y la seguridad dentro de la justicia. La delegación colombiana, integrada por Alberto Lleras Camargo, quien la presidió, Eduardo Zuleta Angel, Alberto González Fernández, Jesús María Yepes y Silvio Villegas, cuyas firmas aparecen en la Carta, jugó un papel importante en las deliberaciones y en algunos asuntos trascendentales imprimió su sello.

  En las conferencias de Yalta y Dumbarton Oaks, las grandes potencias -Estados Unidos, Unión Soviética, Ingleterra y China (Francia no asistió)-, se reservaron el derecho de veto. La Carta no menciona expresamente la palabra veto, pero establece que las decisiones del Consejo de Seguridad deben ser adoptadas con el voto afirmativo de todos los miembros permanentes, con lo cual el voto negativo de cualquiera de ellos implica un veto que paraliza la acción del Consejo de Seguridad. Contra esto se levantaron en San Francisco muchos países, en especial los latinoamericanos, los cuales, dentro de su estructura regional ratificada en el Acta de Chapultepec, habían establecido la igualdad jurídica de los estados, con la consecución de un voto igual para todos. Alberto Lleras, en brillantes intervenciones, argumentó jurídicamente y advirtió sobre los efectos negativos que el privilegio del veto tendría en el futuro, pero se impuso el peso de las grandes potencias y se consagró esta figura. A manera de constancia histórica sólo dos estados, Colombia y Cuba, votaron en contra. Jesús María Yepes, a nombre de la delegación colombiana, se convirtió, con sus intervenciones, en el autor del artículo 2 de la Carta, que consagra el principio de la buena fe en el cumplimiento de los tratados.

  Fue en el tema de los acuerdos regionales en el que la delegación colombiana tuvo su más activa participación. En el documento que las potencias elaboraron en Dunbarton Oaks no había lugar para las organizaciones regionales. Las grandes decisiones deberían ser tomadas por ellas en el Consejo de Seguridad. Pero América Latina tenía tradición en el campo de la organización regional, y un momento culminante había sido la reunión de Capultepec, celebrada en la antesala de la Conferencia de San Francisco. Allí se congregaron los representantes de las repúblicas americanas para discutir sobre los problemas de la guerra, la paz y la defensa común, y para consignar que cualquier agresión a un país del hemisferio lo sería contra todos y los obligaría a salir en defensa del agredido. Alberto Lleras redactó el proyecto de Acta de Chapultepec y luego, en la Conferencia de San Francisco, presidió el Cuarto Comité encargado de los arreglos regionales. Tras arduas negociaciones y debates se incluyeron en la Carta de las Naciones Unidas los artículo 51 y 54. En ellos se consignó lo referente a la legítima defensa individual y colectiva, a la existencia de los acuerdos u organismos regionales y al arreglo pacífico de las controversias de carácter local en los organismos regionales, antes de que fueran sometidas al Consejo de Seguridad. En el marco de estas disposiciones se fundó en Bogotá, en 1948, la Organización de Estados Americanos (OEA), de la cual Alberto Lleras fue primer secretario. Y en 1947 se suscribió en Brasil el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR).

  Terminada la reunión de San Francisco, Eduardo Zuleta Angel fue elegido presidente de la comisión preparatoria de la primera Asamblea General, que sesionó en Londres. En tal calidad, intervino activamente en la escogencia de Nueva York como la ciudad que albergaría definitivamente a la Organización. Así mismo, participó en la consecusión de los terrenos para la sede, los cuales fueron donados por la familia Rockefeller, y en la decisión sobre el proyecto arquitectónico referente a los edificios que la albergarían, por lo cual hubo de estar en permanente comunicación con el famoso arquitecto Le Corbusier.

  Además, le correspondió abrir la primera Asamblea General de las Naciones Unidas gracias a su cargo. Tiempo después, en 1978, Indalecio Liévano Aguirre sería nombrado como presidente de la Asamblea General de aquel año.


Participación colombiana

  Colombia ha tenido un perfil mediano en las Naciones Unidas, como manifestación de su posición en el contexto internacional. Ha sido miembro no permanente del consejo de seguridad en cinco ocasiones: 1947-48; 1953-54; 1957-58; 1969-70; 1989-90. Esto significa que es uno de los países que más ha tomado asiento en tan importante órgano. En Latinoamérica, Brasil ha participado siete veces y Argentin, seis. Canadá ha sido elegido en igual número de oportunidades y Japón y la India lo han sido más veces. También ha sido uno de los países que más ha participado en el Consejo Económico y Social (ECOSOC). En éste ha participado en seis períodos de diferente duración: 1946, año en que estuvo representado por Carlos Lleras Restrepo; 1962-64, periodo en el cual, entre 1963 y 1964, fue presidido por Alfonso Patino Roselli; 1974-79; 1982-90; 1992-94; 1995-96. Pero en otras esferas de las Naciones Unidas, Colombia no ha tenido mayor representación. En la actualidad sólo hace parte de seis de los 54 comités existentes.

  Entre los colombianos que han ocupado posiciones destacadas en las Naciones Unidas, aparte de los mencionados, se pueden citar los siguientes:

• Jesús María Yepes, miembro de la Comisión de Codificación del Derecho Internacional, creada por la Asamblea General en 1946, y de la Comisión de Derecho Internacional, elegido por la Asamblea de 1947.

• Edmundo de Holte Castello, quien presidió el Consejo Consultivo de las Naciones Unidas para la Administración Fiduciaria de Somalia.

• Bernardo Zuleta Torres, quien actuó como secretario general adjunto entre 1974 y 1983 para la Conferencia sobre el Derecho del Mar.

• Enrique Peñalosa Camargo, subsecretario general para la Conferencia sobre Asentamientos Humanos (HABITAT), en Vancouver, Canadá, en junio de 1976.

• Belisario Betancur, quién presidió la comisión la Comisión de la Verdad, producto de los Acuerdos de Paz, con el auspicio de las Naciones Unidas, en 1991.

• Augusto Ramírez Ocampo, subsecretario general para elaborar y ejecutar el Plan Especial de Cooperación en Centroamérica.

• Héctor Charry Samper, quien fue presidente del XLII período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra, y director adjunto del Centro Internacional de Migraciones (CIM).

• Luis Fernando Jaramillo, quien presidió el Grupo de los 77, en 1993.

• El magistrado Eduardo Valencia, secretario de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya.

 

 

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Delegación de Colombia en San Francisco: Jesús María Yepes, Alberto González Fernández, Roberto Urdaneta Arbeláez, Alberto Lleras Camargo, Miguel López Pumarejo, Eduardo Zuleta Angel, Silvio Villegas. De pie: Jorge Koppel Holguín, José Joaquín Gori Osorio, Alberto Botero,
Luis Eduardo Nieto Arteta. Foto de Sam Rosenberg, UN, 1945.


 

 

 

Primer quinquenio

  Durante los cinco primeros años, Colombia tuvo un alto perfil en la Organización. Fue una época de excepcional importancia porque se trataba del fin de la guerra, del inicio de la confrontación bipolar y de la guerra fría que marcarían al mundo durante cuatro décadas, y del período en el que las Naciones Unidas tenían que definir su rumbo y sus prácticas. En 1946 se celebró la primera Asamblea General y la delegación colombiana quedó conformada así: Alfonso López Pumarejo, quien la presidió, Eduardo Zuleta Angel y Alberto González

  Durante los cinco primeros años, Colombia tuvo un alto perfil en la Organización. Fue una época de excepcional importancia porque se trataba del fin de la guerra, del inicio de la confrontación bipolar y de la guerra fría que marcarían al mundo durante cuatro décadas, y del período en el que las Naciones Unidas tenían que definir su rumbo y sus prácticas. En 1946 se celebró la primera Asamblea General y la delegación colombiana quedó conformada así: Alfonso López Pumarejo, quien la presidió, Eduardo Zuleta Angel y Alberto González Fernández. López se retiró poco después del 9 de abril y fue sucedido por Roberto Urdaneta Arbeláez. En ese mismo año de 1946, Colombia fue elegida por primera vez para ocupar un asiento en el Consejo de Seguridad, con 53 votos sobre 54. Tanto en la Asamblea como en el Consejo de Seguridad, López Pumarejo intervino en forma destacada durante los debates sobre las sanciones a España y su petición de admisión a la Organización, el veto, la discriminación racial en Surafrica, el conflicto de los Balcanes y la guerra civil en Grecia, la independencia de Indonesia, el conflicto entre la India y Pakistán, la cuestión Palestina y la creación del Estado de Israel.

  A propósito de la admisión de España, Colombia sostenía que, de acuerdo con la Carta, no se trataba de valorar su sistema, sino de saber si el Estado en cuestión ponía en riesgo la paz. Esta misma posición la tuvo Colombia en San Francisco, a través de Alberto Lleras, respecto a la Argentina, cuyo ingreso era impugnado por Polonia y la Unión Soviética a causa de las simpatías de su gobierno con Alemania. En el debate sobre este punto, Lleras se enfrentó a Molotov. Este se oponía también a que la India y Filipinas formaran parte de las Naciones Unidas, pues dudaba de su independencia. Alberto Lleras le respondió que esta no sería menor que la que podrían tener Bielorrusia o Ukrania, países que acababan de ser admitidos con representación independiente respecto a la Unión Soviética. Tiempo después, durante las agitadas sesiones de la Asamblea General de 1961, al delegado colombiano Francisco Umaña Bernal le tocaría también recibir la formidable andanada de los soviéticos, esta vez por boca del mismo Kruschev. Fue éste el año en el que Fidel Castro y el líder soviético acapararon la atención en una Asamblea General famosa, entre otras cosas, por la beligerancia de Kruschev, quien pedía la palabra con golpes en la mesa propinados por el zapato que acababa de quitarse. En aquella ocasión, la propuesta del vocero colombiano para que un tema de descolonización se tratara en una comisión y no en la plenaria, suscitó la ira de Kruschev, quien descalificó no solamente al orador, sino también a la delegación colombiana en pleno, al régimen y al conjunto de los gobernantes colombianos.

  Especial mención merecen las intervenciones de López Pumarejo en 1947, a propósito del problema de Palestina y de la fundación del Estado de Israel. López aconsejó prudencia antes de tomar una decisión definitiva. Manifestó su solidaridad con el pueblo judío y con su derecho a poseer un hogar, pero advirtió que debería tenerse en cuenta la opinión adversa de los pueblos árabes y musulmanes, los cuales constituían la tercera parte de la humanidad. Puso de manifiesto el hecho de que importantes estados dendas para auxiliar a Corea del Sur e imponer el retiro de las tropas agresoras. En lo más álgido de la guerra fría, Laureano Gómez, quien se posesionó como presidente el 7 de agosto de ese año, aprovechó la oportunidad para congraciarse con el gobierno de los Estados Unidos, que conservaba reservas respecto a él por la posición de simpatía que le había observado con las potencias del Eje durante la guerra, y envió un batallón y una fragata a la guerra de Corea. El nuestro fue el único país latinoamericano que envió tropas a la península asiática. Al terminar la guerra en 1953, se realizó una Conferencia de Paz en Ginebra, en la que intervino Colombia como uno de los países que habían participado en la contienda.

  Egipto fue invadido en 1956 por tropas de Israel, Francia e Inglaterra, como consecuencia de la nacionalización de la Compañía del Canal de Suez. El gobierno del general Rojas Pinilla envió tropas de infantería, las cuales, bajo la di visa de las Naciones Unidas, estuvieron en la franja de Gaza, entre el 16 de noviembre de 1956 y el 13 de mayo de 1958. Uno de los temas importantes durante el período fue la descolonización. Europa salió debilitada de la segunda Guerra Mundial. Durante ésta, muchos habitantes de los territorios coloniales fueron incorporados a los ejércitos que luchaban contra las potencias del Eje, y en esa actividad no sólo obtuvieron el entrenamiento militar que luego utilizarían en las luchas de liberación nacional, sino que también tomaron conciencia de sus derechos. Por eso no es casual que el fin de la guerra coincida con el movimiento de descolonización que tendría su apogeo en los años cincuentas y sensentas.

  Colombia apoyó tradicionalmente el movimiento de descolonización y la lucha contra el racismo, aunque tuvo un retroceso en su posición durante los años cincuentas. Cuando Colombia hizo parte del Consejo de Seguridad en 1947-48, se presentaron los asuntos de la independencia de Indonesia frente a Holanda y de discriminación en Suráfrica. Ante ellos el representante de Colombia, Alfonso López Pumarejo, tomó posiciones claras y democráticas. Tanto Holanda como Suráfrica, argumentaban que las Naciones Unidas no podían ocuparse de los respectivos asuntos por tratarse de un problema interno de esos estados. La argumentación colombiana fue la de que tanto el colonialismo como el racismo eran un problema universal y no doméstico y que la Carta autorizaba a la Organización para actuar. Frente a ese mismo tipo de problemas, la posición colombiana varió a principios de los años cincuenta. Por ejemplo, cuando se presentaron los casos de Argelia y de Marruecos, el representante de Colombia sostuvo la incompetencia de la; Naciones Unidas para ocuparse del problema por tratarse de un asunto interno de Francia. Y cuando una vez más se presente el problema del apartheid en Suráfrica, e embajador Juan UribeCualla se opuso a que el tema fuera tratado, por considerarle un asunto interno de Suráfrica, porque según sus palabras, «...es el Gobierno de esa nación, organizada democráticamente el que puede decir, dentro de sus atribuciones soberanas, qué reclamos son justos y cuáles peticiones son aceptables». (Memorias de Relaciones Exteriores, julio 1953-julio 1956. p 84).

 

 

 

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Clausura de la IX Conferencia Panamericana: Pómulo Betancur, Eduardo Zuleta Angel y Claudio de Brigard, secretario de la Conferencia. «Semana», mayo 8 de 1948.


 
 

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Intervención del presidente Belisario Betancur ante la Asamblea General
de Naciones Unidas. Nueva York, octubre 5 de 1983.


 

El Frente Nacional

  Al caer Gustavo Rojas Pinilla el 10 de mayo de 1957 y a partir de la Junta Militar, la Cancillería se esforzó por mostrar que la posición colombiana sobre los anteriores tópicos había cambiado. Alberto Zuleta Angel, como embajador alterno en las Naciones Unidas, hizo una brillante intervención para corregir el rumbo anterior. Expresó que para Colombia temas como derechos humanos, recismos y descolonización estaban dentro de la órbita de competencia de la Organización, por estar consagrados en la Carta desde su preámbulo, y que mal podría un Estado alegar como asunto interno lo relacionado con ellos. Por otra parte, en una serie de intervenciones, Germán Zea Hernández expresó la posición favorable a la descolonización y recordó que también a las repúblicas latinoamericanas se les había dicho en su momento que no estaban maduras para la independencia. Colombia formó parte desde sus inicios de la comisión formada por las Naciones Unidas para el asunto de la independencia de Namibia.

 

Embajadores permanentes ante las Naciones Unidas, en Nueva York

 
Alfonso López Pumarejo 1946-1948
Roberto Urdaneta Arbeláez 1948-1949
Fernando Londoño y Londoño 1949-1950
Elíseo Arango 1950-1952
Carlos Echeverri Cortés
(ad interim)
1952-1953
Evaristo Sourdís 1953
Francisco Urrutia Holguin 1953-1957
Alfonso Araújo 1957-1961
Germán Zea Hernández 1961-1965
Alfonso Patino Roselli (a.i.) 1965-1967
Julio César Turbay Ayala 1967-1969
Joaquín Vallejo Arbeláez 1969-1970
Augusto Espinosa Valderrama 1970-1973
Aurelio Caicedo Ayerbe 1973-1975
Germán Zea Hernández 1975-1977
José Fernando Botero (a.i) 1977-1978
Indalecio Liévano Aguirre 1978-1982
Carlos Sanz de Santamaría 1982-1983
Carlos Albán Holguin 1983-1987
Enrique Peñalosa Camargo 1987-1990
Fernando Cepeda Ulloa 1991
Luis Fernando Jaramillo 1992-1994
Julio Londoño Paredes 1994

 

 Podría decirse que en el decenio de los sesentas una de las preocupaciones centrales de la política hemisférica fue Cuba. Por una parte, existía un conflicto bilateral entre Cuba y los Estados Unidos y, por otra, había una situación de enfrentamiento del gobierno cubano con la mayoría de los países latinoamericanos por la política de Fidel Castro de exportar la revolución. Estos asuntos se trataron fundamentalmente en la OEA, organismo del cual fue suspendida Cuba en la reunión de cancilleres en San José de Costa Rica. En estos acontecimientos, Colombia jugó un papel protagonice por medio de los ministros de Relaciones Exteriores del presidente Alberto Lleras, José Joaquín Caicedo Castilla y Julio César Turbay Ayala.

  En 1960 y 61, Cuba presentó sendas quejas por agresión de los Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Colombia, por medio del canciller Julio César Turbay Ayala, insistió en que estos asuntos deberían ser tratados en el seno de la organización regional, es decir la OEA, para ser concordantes con lo que se había consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, con base en la posición que Alberto Lleras había liderado en San Francisco. Esta había sido también la posición colombiana cuando, en 1954, el gobierno de Jacobo Arbenz llevó al Consejo de Seguridad el caso de la agresión a su país por parte de tropas procedentes de Honduras. Colombia procedió en la misma forma en 1964, ante un caso llevado al Consejo de Seguridad por Panamá contra los Estados Unidos, por agresión armada. En tal ocasión, Colombia y Brasil presentaron un proyecto de Resolución que fue aprobado en el Consejo de Seguridad para que el asunto fuera tratado en la OEA y no en la ONU.

 

 

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Intervención del presidente Virgilio Barco ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
Nueva York, octubre 2 de 1986.


 
 

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Indalecio Liévano Aguirre, presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas en 1978.
Oleo de Inés Acevedo Biester. Palacio de San Carlos,



  Las relaciones de Colombia con la Cuba de Fidel Castro han sido difíciles y contradictorias. Colombia rompió relaciones con Cuba en 1962. Luego, éstas se restablecieron en el gobierno de Alfonso López Michelsen en 1975 (también con China), para ser rotas de nuevo en 1981, durante el gobierno de Julio César Turbay y restablecidas en el gobierno de César Gaviria, en 1993. Esta tensa relación y sus protagonistas explican un episodio inusual que vivieron las Naciones Unidas por cuenta de los dos países. En 1979, durante la administración Turbay Ayala, Cuba presentó su candidatura para ser miembro del Consejo de Seguridad, con el apoyo del grupo regional, es decir el latinoamericano, como es usual. Posteriormente, Colombia presentó la suya y la Asamblea General fue sometida a un espectáculo jamás visto en la historia de las Naciones Unidas: se dieron 154 votaciones de la cuales Cuba ganó 153, pero sin alcanzar en ninguna las dos terceras partes necesarias para ser elegida. Después de dos meses y medio de votaciones, que se llevaron a cabo inclusive el 31 de diciembre, ambos países se retiraron, y fue elegido México.

 

 

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Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Fotografía: G. Reed, UN.


 
   

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Firmas de los delegados de Colombia en la Carta de las Naciones Unidas: Alberto Lleras Camargo, Alberto González Fernández, Eduardo Zuleta Angel, Silvio Villegas,
Jesús María Yepes. San Francisco, junio de 1945.



La apertura

  Para finales de los años sesentas, el panorama del mundo había cambiado sustancialmente. La guerra fría fue suplantada por la distensión. El bloque soviético se debilitó con el conflicto chino-soviético. El proceso de descolonización se consolidaba y daba lugar al nacimiento de decenas de nuevos estados que aumentaron el tamaño de las Naciones Unidas y fortificaron el Movimiento de los No Alineados. En occidente, Europa pasó de la postración a convertirse en potencia económica.

  Durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, la política exterior de Colombia comenzó a evolucionar. Se hizo un especial énfasis en el aspecto económico, se creó el Pacto Andino y se ampliaron las relaciones exteriores. Se reanudaron relaciones con la Unión Soviética y se volvió más abierta la actitud respecto a la admisión de la República Popular China en las Naciones Unidas. Alfonso López Michelsen, como ministro de Relaciones Exteriores, enunció como lema de la política exterior de Colombia el réspice similia (mirar a los semejantes), en lugar del respice polum (mirar hacia el polo, es decir, hacia los Estado Unidos), que había sido propuesto a principios de siglo por Marco Fidel Suárez. Lleras Restrepo fue el primer presidente colombiano en ejecicio que visitó las Naciones Unidas, y allí habló ante el Consejo de Seguridad. Entre sus preocupaciones estuvo la reforma de la Carta, temática que fue continuada por Alfredo Vázquez Carrizosa, canciller del presidente Pastrana, y reiterada durante el gobierno del presidente Gaviria por el embajador Luis Fernando Jaramillo. En todas ellas está presente la crítica al veto, por antidemocrático y por paralizante de la Organización.

  En 1983, el canciller Rodrigo Lloreda formalizó en la reunión de Nueva Delhi el ingreso de Colombia al Movimiento de los No Alienados. Por esa misma época tomaba fuerza el Grupo de Contadora, surgido en gran parte por la iniciativa del presidente Belisario Betancur. Con estos hechos se daba un vuelco a la diplomacia colombiana y a los parámetros que la habían regido. La filosofía del Grupo de Contadora se basaba en buscar una salida latinoamericana para un problema de la región, como era la guerra de Centroamérica, y no ya en el marco del panamericanismo o de la organización regional, es decir, en la OEA.

  En ese momento las circunstancias regionales se habían modificado radicalmente con respecto a la época de San Francisco. La OEA se había vuelto inoperante e ineficiente. Las dictaduras que poblaron el hemisferio a partir de los años setentas le imprimieron su sello a las representaciones que enviaron ante la Organización, la cual se desacreditó hasta en sus más altas esferas. SÍ en los cincuenta y sesenta los problemas regionales se remitían a la OEA, a partir de los setentas los países latinoamericanos acudían directamente a la ONU para resolverlos. Tal fue el caso de Ornar Torrijos, quien logró que el Consejo de Seguridad, haciendo una excepción, sesionara en Panamá, como una muestra de apoyo a la causa panameña por la recuperación de la Zona del Canal y del Canal. La guerra de las Malvinas asestó el golpe de gracia a la credibilidad de la OEA y del TIAR. Respecto a la primera, por su inoperancia; con relación a la segunda, porque en contra de lo que establecía su organización en el sentido del apoyo militar hemisférico ante un ataque del exterior, uno de sus miembros, los Estados Unidos, habían hecho causa con Inglaterra en contra de otro miembro, la Argentina. En el diagnóstico de Contadora sobre la situación centroamericana, uno de los elementos sustanciales era el de que el territorio servía de base a un conflicto entre las superpotencias. De allí que la respuesta fuera una solución latinoamericana, con participación de las Naciones Unidas y con apoyo europeo, pero no ya un asunto de la OEA, en el marco del panamericanismo. En adelante los problemas de la región tomaron ese rumbo para su resolución: los acuerdos de Esquipulas, los acuerdos de paz en El Salvador, el proceso Nicaragüense, que dio tránsito del sandinismo al gobierno de Violeta Chamorro, las conversaciones de paz de Guatemala, todos ellos fueron prohijados por la ONU, y en ellas Colombia tomó parte activa.

  La droga es uno de los problemas más fuertes de la época contemporánea y por ello no es casual que su problemática de haya convertido en tema de las más importantes reuniones internacionales y que haya sido llevado a las Naciones Unidas por las implicaciones que tiene en el ámbito internacional. En el proceso de la droga, que abarca producción, transformación, transporte, consumo, lavado de dinero y actividades anexas, como tráfico de agentes químicos (los llamados precursores) y tráfico de armas, se ha llegado a la conformación de verdaderas multinacionales del crimen. Todo ello, por supuesto, ha atraído el interés de la comunidad internacional, en la medida en que se trata de una problemática de la cual es muy difícil que un país pueda sustraerse.

 

   
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Eduardo Zuleta Angel preside la Conferencia Preparatoria de Naciones Unidas,
Londres, enero de 1946.


   

 

  Por fuerza de las circunstancias, Colombia ha participado activamente en el debate sobre este asunto y sobre las políticas a seguir. Además de su participación en los foros especializados y en la Conferencia de Viena, de la cual surgió la Convención del mismo nombre sobre estupefacientes, Colombia ha llevado el tema a la Asamblea General. Por la época del asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla, el canciller Augusto Ramírez Ocampo expresó ante la Asamblea General la preocupación colombiana. Pero especialmente han sido los presidentes Virgilio Barco y César Gaviria los que más a profundidad se han referido al tema en ese recinto. Ambos han explicado al mundo los perjuicios que esa actividad acarrea a Colombia, el costo social, económico, político y moral que ha debido pagar el país, los asesinatos que ha producido y, sobre todo, cómo hay una especie de doble moral para ver el problema, al ubicarlo en un aspecto del proceso, el que nos corresponde, y olvidando problemas sustanciales como el consumo o el lavado que se sitúan fundamentalmente en el exterior. El 29 de septiembre de 1989, el presidente Barco se dirigió a la Asamblea General en un discurso que tituló «La lucha internacional contra el narcotráfico no es una guerra de palabras». Como un hecho inusual en ese escenario, cuando el presidente terminó de hablar, los asistentes se pusieron de pie y le ovacionaron, en reconocimiento por su valor para enfrentar al narcotráfico y a sus expresiones terroristas. Dos años antes, ese mismo auditorio también había roto la tradición para ovacionar de pie a otro presidente colombiano, Belisario Betancur, por su discurso sobre las causas y los efectos del subdesarrollo. 

 

 

Título: Colombia en las Naciones Unidas: 50 años de historia y de participación
Palabras clave: Colombia; ONU
Temas: ONU
Lugar: Colombia


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