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La imagen y el reconocimiento del desempeño de
Colombia en los foros multilaterales, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas, como presidente del Grupo de los 77, como sede de la VIII UNCTAD,
fueron consideraciones que incidieron en la elección del país como presidente del
Movimiento de Países No Alineados. Esta responsabilidad la asumirá el país en la Cumbre
de Jefes de Estado y de Gobierno del Movimiento, que tendrá lugar en Cartagena de Indias
en el mes de octubre, y la ejerceremos por un lapso de tres años hasta 1998.
Resulta útil
remontarse a los orígenes del Movimiento. Como primera referencia, se encuentran los
trabajos que en diciembre de 1954 adelantó en Bogor (Ceyián, hoy Sri Lanka), el comité
preparatorio de la Conferencia Asia-Africa, que en 1955 reunió en Bandung (Indonesia) a
los líderes de veintinueve naciones asiáticas y africanas, y delineó los principios e
ideales que inspiran el No Alineamiento. La Conferencia de Bandung se caracterizó por la
adopción de una marcada postura anticolonial y por la definición del principio de la
coexistencia pacífica. In vitó a la cooperación económica entre los países asiáticos
y africanos con base en el respeto a la soberanía nacional, en la ayuda extranjera, en la
lucha anticolonial conjunta y en el respeto de los derechos humanos. A este hito en la
historia del NOAL, le sigue el encuentro tripartito entre Tito, Nehru y Nasser en Brione,
en 1956. Allí se determina el contenido sustancial de la filosofía no alineada, que se
convierte en objeto de consultas en las Naciones Unidas.
El XV período
de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en él que participan Tito,
Nehru, Sukarno, Nkrumah y Nasser, se constituye en otra etapa de significación para el
NOAL, al demostrar su aplicación práctica en el sistema de las Naciones Unidas y a nivel
mundial. La coordinación adelantada en esta oportunidad conduce a la aprobación de
resoluciones históricas en materia de descolonización, progreso económico y equidad
entre los países.
Sin embargo, el
Movimiento de Países No Alineados sólo cobra la forma con la que se la ha conocido
durante más de tres décadas en su primera conferencia cumbre, en Belgrado, en 1961. En
aquella oportunidad se trataron temas como la paz mundial a la luz de los principios de la
Carta de las Naciones Unidas, el desarme, la guerra fría, la no creación de bloques, la
cooperación económica y el principio de la universalidad de las Naciones Unidas. Los
fundadores del Movimiento no lo dotan de una carta constitutiva propiamente dicha, ni de
estatutos o reglamentos internos. Su estructura es muy simple. Tiene como órgano supremo,
la Reunión de Jefes de Estado o de Gobierno que se celebra cada tres años. Su
realización marca el inicio de la Presidencia, que es rotativa entre las cuatro
regiones geográficas de las que proceden sus miembros. La Reunión de Ministros de
Relaciones Exteriores, que se celebra al mediar un período presidencial para revisar
las realizaciones, introducir correctivos y planificar la gestión hasta la Cumbre
siguiente. El Buró de Coordinación, con sede en Nueva York, que atiende el
funcionamiento diario del Movimiento y se reúne a nivel ministerial tantas veces como se
requiera, para atender temas específicos o, cuando menos una vez al año en el marco de
la Asamblea General, para coordinar posiciones sobre los tópicos más importantes que
aborda la Organización mundial.
Colombia, como país No
Alineado
Colombia
inició su participación en el Movimiento desde 1974, año en que el país fue admitido
en calidad de observador. En 1983, con ocasión de la VII Cumbre en Nueva Delhi, fue
aceptado su ingreso como miembro de pleno derecho.
Asumir la
presidencia del Movimiento de Países No Alineados es uno de los mayores retos en la
historia de las relaciones internacionales de Colombia. Representa un desafío de grandes
magnitudes, porque coincide con un período en que el sistema internacional se encuentra
en una compleja dinámica de cambio y porque tiene lugar en un momento en que nuestra vida
se ha internacionalizado como nunca antes.
Los retos
fundamentales de extender el desarrollo social a las mayorías de nuestra población y de
garantizar la autonomía del país, encuentran sus más grandes obstáculos y desafíos,
pero también las más importantes oportunidades, por fuera de nuestras fronteras
nacionales. La presidencia del Movimiento de Países No Alineados le llega a Colombia en
un momento en que la universalización de nuestras relaciones exteriores y la
diversificación de nuestros vínculos internacionales han dejado de ser objetivos
simplemente deseables, para convertirse en verdaderos imperativos para alcanzar el
desarrollo.
Objetivos que no
dan espera son la definitiva desparroquialización de nuestra mentalidad y la búsqueda de
una verdadera internacionalización, que no se limite a aumentar los vínculos comerciales
con los países más cercanos, sino que logre una sólida proyección del país en
variados escenarios del sistema internacional.
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Retos de la posguerra fría
La
etapa actual del Movimiento No Alineado debe interpretarse como un punto de llegada,
porque muchos de los objetivos planteados en Bandung en 1955, y luego en Belgrado en 1961,
hoy están cumplidos. Pero también como un punto de partida, porque ahora tenemos más
motivos para aunar nuestros esfuerzos y buscar nuevos objetivos por medio de la
cooperación entre nuestras naciones.
Muchos de los
objetivos originales se han alcanzado exitosamente. Por ejemplo, han sido vencidos el
apartheid y el colonialismo clásico. Sin embargo, también es cierto que varios de los
principios y metas que animaron la Conferencia Afro-Asiática están siendo amenazados por
un sistema internacional cada vez más inequitativo en lo económico, más injusto en lo
social, más centralista en lo cultural y más autoritario en lo político. Representan
factores de preocupación, entre otros, las prácticas neointervencionistas, la
profundización de la pobreza, el monopolio de los avances en ciencia y tecnología, el
neoproteccionismo de los países industrializados, el resurgimiento de los nacionalismos.
Todavía son varios los desafíos pendientes, como la conservación del medio ambiente, la
defensa y promoción de los derechos humanos, y la lucha contra las drogas ilícitas,
contra el tráfico de armas y explosivos, contra el lavado de dinero, y contra las mafias
internacionales del crimen organizado.
En 1955 y 1961
se dio énfasis a la necesidad de la cooperación para el desarme nuclear. Hoy, la
cooperación entre nuestros países y con el mundo industrializado debe ser el instrumento
principal para afrontar los actuales retos a la paz y la seguridad mundiales.
Paradójicamente, algunos de los argumentos por los cuales se considera que el Movimiento
ha perdido su vigencia, operan a la vez como los más fuertes argumentos para sostener
exactamente lo contrario: que en la etapa actual no sólo no han desaparecido los motivos
del No Alineamiento, sino que incluso ahora son bastante más fuertes que en el pasado.
Lo que
corresponde ahora al Movimiento de Países No Alineados, y en ello Colombia tendrá un
papel protagonice que cumplir, es redefinir su agenda y sus objetivos con el fin de
encontrarle una nueva viabilidad y extenderle la vigencia al espíritu que animó a los
países afro-asiáticos hace cuarenta años. Tener un Movimiento acorde con las nuevas
realidades internacionales implica redefinir las prioridades y reordenar los objetivos
pasados, a través de nuevos marcos teóricos y estrategias. De la forma como se afronte
este reto dependerá que el mundo en desarrollo participe como constructor del nuevo orden
internacional y no como simple observador del mismo.
Si aceptamos que
son ciertas las premisas que definen a la interdependencia y la globalización como
características centrales del sistema internacional que está en formación desde el fin
del enfrentamiento bipolar, también debe aceptarse como hecho evidente que un Movimiento
que reúne a 112 de los 185 países de la ONU tiene un papel fundamental que jugar en este
fin de siglo y la posibilidad de proyectarse con fuerza para el comienzo del próximo
milenio. En el orden de la posguerra fría, la importancia del mundo en desarrollo ya no
se define por ser la región en la que se libra la lucha por el equilibrio de poder entre
las potencias, sino porque es en esta parte del mundo donde se encuentran los principales
retos y las mejores oportunidades para el futuro de la humanidad.
El mundo
afro-asiático
Las
supuestas grandes distancias que nos separan con zonas del mundo como Asia y Africa han
sido creadas por nosotros misinos a causa de nuestro tradicional aislamiento y
etnocentrismo, que nos impidió durante décadas recibir los vientos del mundo entero. Sin
embargo, Asia y Africa están más cerca de lo que siempre hemos asumido. Estas regiones
son de vital importancia para nuestro desarrollo, paz y estabilidad, y desde luego debemos
ocuparnos de ellas con seriedad y decisión. Tal objetivo requiere de un esfuerzo
sostenido que tenga a la Presidencia del Movimiento No Alineado sólo como el comienzo de
una estrategia de largo plazo.
Una verdadera
apertura, un verdadero proceso de internacionalización, la verdadera universalización de
nuestros vínculos con el mundo, la diversificación de nuestras relaciones exteriores,
son procesos que no pueden ser exitosos si olvidamos que el mundo en desarrollo es
protagonista fundamental de la historia de estos nuevos tiempos del sistema mundial. De
ser líder en la búsqueda de la independencia de las naciones del mundo en desarrollo y
de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, el Movimiento de los No Alineados debe ser
ahora el abanderado de la cooperación entre todos los países. Hoy por hoy, a pesar de
las diversidades étnicas, religiosas y culturales que existen entre nuestros países en
desarrollo, el reto vuelve a ser que todos hablemos un mismo idioma: el lenguaje de la
cooperación internacional.
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