Biombos coloniales

Por:

I TINERARIO ENTRE LA REALIDAD Y LA INTIMIDAD
Biombos
coloniales
Pinturas inéditas de la vida diaria virreinal

María del Pilar López Pérez

 

La palabra biombo proviene del japonés byo, que significa "protección", y bu, "viento". Es un objeto de uso doméstico definido en el Diccionario de Autoridades como "una especie de mampara hecha de tela, o papel pintado de colores que, sostenida de bastidores unidos por medio de los goznes, se cierra, abre y despliega, según la necesidad. Su uso es para atajar las salas grandes, defenderlas del aire, y para cubrir y esconder las camas y otras cosas que no se quieren tener expuestas".

Al parecer, fue el Japón el país que remitió originalmente al mundo este mueble, y a su vez desde España se introdujo a la Nueva España, Perú y el resto de América, inclusive a la Nueva Granada, utilizándose para usos decorativos y utilitarios. El biombo es uno de los objetos más atrayentes que formó parte del menaje doméstico en la Santafé de los siglos XVII y XVIII. Objeto precioso y curioso, es portador de mensajes, soporte de representaciones poco usuales, testigo de la intimidad, amparo y abrigo del ambiente.

Barca con músicos. El mes de abril, en un gobelino francés
El biombo fue considerado un objeto funcional, adjunto principalmente a los ámbitos de los estrados (espacios exclusivos de las mujeres), en las salas de cumplimiento y en las de alcoba. También se utilizó en los espacios religiosos. En las salas de cumplimiento se empleaba para dividir el espacio, utilizándose biombos bastante altos --de hasta dos metros-- de muchos bastidores, separando el lugar ocupado por las mujeres del de los hombres. También servían como rodastrados, no muy altos --de menos de un metro con veinte centímetros-- conformados por muchos bastidores, con el fin de dar cierta privacidad al ámbito femenino. En las salas de alcoba los biombos separaban la cama y el estrado del resto de la sala, para posibilitar la intimidad. Muchas veces fueron aprovechados como canceles ubicados cerca de las puertas para evitar las corrientes de viento.
 
Hombres-aves en una mascarada
del siglo XVII en México.
El biombo fue un objeto corriente en la sociedad colonial americana. Este mueble divisorio era además soporte de pinturas que representaban comúnmente temas profanos, aunque en algunos se trabajaron escenas históricas, mitológicas y religiosas. Eran pintados sobre lienzo, madera, cuero y papel. Estos temas cumplieron, además de embellecer los ambientes, con una función moralizante y didáctica, que describe Marita Martínez del Río en su artículo "Los biombos en el ámbito doméstico, sus programas moralizadores y didácticos".
Entre los muchos biombos que se han estudiado en América y han sido objeto de publicaciones, se destacan el Biombo de las artes liberales, pintado por el mulato mexicano Juan Correa en 1670, de seis cuerpos; el Biombo de los cuatro continentes, del mismo autor, de diez cuerpos; el biombo Entrada de un virrey a la Nueva España, de autor anónimo, realizado en México en 1750, de doce cuerpos; el Biombo con los emblemas de Otto Vaenius, de autor anónimo, del siglo XVIII, de diez cuerpos; el Biombo de las naciones, de autor anónimo, también del siglo XVIII, de ocho cuerpos; el Biombo de los proverbios, de autor anónimo, siglo XVIII, de cinco cuerpos; el biombo de la familia Moctezuma-Tultenco, que trata por una de sus caras la defensa de la ciudad de Viena y por la otra una gran escena de caza, trabajado en madera, con maque embutida en nácar, hecho en México entre 1697 y 1701, que es un objeto incompleto de seis cuerpos; el biombo con Vistas de la ciudad de México, de autor anónimo mexicano del siglo XVIII, de seis cuerpos; y el biombo con La entrada de Felipe V a Madrid, anónimo de la primera mitad del siglo XVIII, de doce cuerpos.

Entre los biombos considerados neogranadinos, dos son objeto de este estudio. El conocido Biombo santafereño, reseñado por Jorge Luis Arango en el artículo "Un biombo del siglo XVIII" y por la autora de este artículo en la exposición y publicación "En torno al estrado", realizada en el Museo Nacional de Colombia en 1996. Este biombo fue pintado en 1738 para don Fernando de Caycedo y Solabarrieta, alcalde ordinario del Cabildo de Santafé, está firmado por el pintor José de Medina (Joseph de Medyna) tiene ocho cuerpos y porta el escudo de armas del comitente.

 

El segundo es un biombo que he denominado tentativamente de Escenas costumbristas y frutos tropicales, posiblemente de finales del siglo XVII y/o comienzos del XVIII, de autor anónimo, y puede considerarse hecho también en Santafé. Tiene tres cuerpos y no es posible saber si está completo.

Estos biombos tienen una estructura de bastidor, pintura aplicada sobre lienzo burdo de factura casera, de trama abierta, y cada cuerpo se organiza en varios recuadros. En el Biombo santafereño cada bastidor tiene tres escenas por lado y lado, completando un total de cuarenta y ocho. En el biombo de Escenas costumbristas y frutos tropicales cada cuerpo posee por cara y cara dos escenas, también enmarcadas en recuadros, para un total de doce, aunque en la actualidad hay diez, ya que uno de los cuerpos del paño inferior se perdió.

En el Biombo santafereño cada bastidor está conformado por maderos ensamblados con espigo y clavados; son dos largueros y cuatro travesaños vistos por el reverso del biombo cuya superficie está pintada, y cada cuerpo está articulado al siguiente con cuatro goznes. El lienzo está cortado a ras por una de las caras y clavado; de esta manera, por el reverso del biombo, los travesaños son visibles, dividiendo la superficie en tres secciones. El biombo tiene un lado con lienzo continuo, creándose tres zonas en cada bastidor por medio de falsos marcos pintados de rojo y dorado. En el biombo de Escenas y frutos la estructura de madera del bastidor no es original, pero el sistema de ensamble es igual al primero, como se deduce por las huellas que quedaron sobre la tela.

Detalle de la traza de las fuentes del Biombo de Escenas y frutos y del Biombo santafereño
Estos dos objetos de uso tienen varios elementos en común: las escenas representadas en ambos hacen referencia a aspectos de la vida cotidiana, principalmente actos y eventos urbanos que reflejan las costumbres y las tradiciones existentes en la época, aparentemente dispuestas en los bastidores sin ningún orden; en segundo lugar, predominan los colores tierras y el color del lienzo forma parte de la pintura; en tercer lugar, las representaciones son ingenuas y en muchos casos torpes en su factura, predominando el dibujo sobre lo pictórico; y, último punto en común, los protagonistas de cada uno de los recuadros provienen de todos los estamentos sociales de la época, como indígenas, virreyes, obispos, artesanos, religiosos, lavanderas, maromeros e importantes damas, entre otros.

En los dos biombos existe una clara jerarquización de sus dos caras, un anverso y un reverso. El escudo de armas y la cartela con el nombre de Fernando Solabarrieta, ciudad y fecha, enfrentados y ubicados en la parte central y superior de uno de los lados, son indicativos del frente del Biombo santafereño. Para el biombo de Escenas y frutos existe una diferenciación temática entre un lado y otro, pudiéndose considerar como principal el de las escenas costumbristas, que además del recuadro están enmarcadas entre cortinajes y roleos con pliegues de rollos. Por el reverso de cada recuadro existen grandes recipientes y un canasto colocados sobre mesas, y contienen frutos tropicales como papayas, aguacates, granadillas y plátanos, entre otros. Estas representaciones pueden considerarse como un tema secundario, ya que estos motivos también se observan como elementos decorativos en la pintura mural, en las puertas, en el intradós de los arcos y en las paredes, organizados a manera de cenefas, y en algunos páneles de muebles como los laterales de los escritorios y arcas.

 

LOS BIOMBOS EN LA VIDA COTIDIANA

 

Se sabe que el biombo fue un objeto utilizado en Santafé principalmente por familias cuyos recursos les permitían tener las salas de sus viviendas bien dotadas con un completo menaje que las caracterizaba. En las casas de familia los biombos, como ya se dijo, formaban parte de las salas de alcoba y de cumplimiento, únicos lugares de la casa donde existían los estrados, que eran ámbitos exclusivos de la mujer. En las salas de alcoba los biombos eran utilizados únicamente en las alcobas principales y en las de mujeres e hijas.

 

Escenas del reverso del Biombo santafereño ( ala izquierda )
Las salas de alcoba principales estaban divididas en dos o tres ámbitos, el de la cama con el estrado separado por un biombo del resto de la estancia, casi siempre conformado por algún escritorio, sillas o taburetes y alguna mesa. El estrado que se ubicaba junto a la cama era conocido como estrado de cariño, y era el lugar más íntimo y de mayor privacidad de la mujer; éste no era exclusivo de la alcoba principal, ya que se encontraba con frecuencia montado en otras alcobas de la casa y estaba dotado de una alfombra con varios cojines para sentarse en el piso, algún bufetillo, cofres, frisos de pared, espejos y, en algunos casos, un biombo. Todos estos objetos se caracterizaban por ser de uso exclusivo de las mujeres.

Las salas de cumplimiento no eran espacios muy comunes en las casas del Nuevo Reino. En estos espacios se reunían en visita hombres y mujeres, separados sus ámbitos por un biombo; este espacio estaba dotado con muchos cuadros de temas principalmente religiosos, escritorios con sus bufetes y sillas para los hombres; ellas se sentaban en cojines sobre una alfombra, y en algunos casos podría haber algún canapé o taburetes que reemplazaban los cojines. Los canapés eran bancos bajos y alargados, bastante anchos, con respaldo o sin él, que se utilizaban para sentarse o recostarse, pues estaban acolchonados tanto el asiento como el respaldar y complementados con cojines o almohadas; estos asientos llegaron a ser muy elaborados, trabajados con ricas maderas y tapizados de terciopelo. Los taburetes eran asientos que servían tanto a hombres como a mujeres, muebles ligeros y fáciles de mover y, al igual que los canapés, alcanzaron un gran refinamiento en su factura. Estos objetos finamente elaborados eran característicos del estrado doméstico.

Escenas del anverso del Biombo santafereño, pintado para Fernando de Caicedo y Solabarrieta, capitán de infantería, corregidor de Chita, gobernador de Santiago de las Atalayas y alcalde de Santafé.
El biombo se utilizó también en ambientes y espacios que no respondían a la estructura de los estrados, como el usado en una casa de Santafé en 1760, según inventario de los bienes de Antonio de Salazar Laguera, chantre de la catedral. Se presenta un ambiente en el que existieron muchos cuadros de escenas religiosas, santos y vírgenes y se relacionan algunos pocos objetos bastante diferentes, entre ellos el biombo que pudo tener la finalidad de posibilitar intimidad en algún ámbito.
Es indudable que los biombos fueron objetos comunes en nuestro medio y fueron reseñados en los documentos de la época a partir del siglo XVII. No se conoce si fueron traídos o fabricados en el Nuevo Reino. Se podría afirmar que algunos fueron importados, pero otros fueron de fabricación local. El avalúo puede ser un indicador, ya que existen grandes diferencias de valor entre unos y otros. Llama la atención que en algunos casos el avalúo fue realizado conjuntamente por el carpintero y el pintor, diferenciando el bastidor de madera del lienzo pintado, hecho que indica la esmerada factura de cada una de las partes.
Hace falta información para saber cómo y quiénes fabricaron los biombos. Figuran muchos pintores que realizaron avalúos, y entre los bienes avaluados están los biombos. Algunos de estos pintores son poco conocidos: Nicolás de Ochoa Soasti, 1733; Juan Francisco Toro, maestro pintor en 1796; José Antonio Suárez, quien trabajó en 1801; sobre otros se tiene más información y se les conocen varias obras, como Joaquín Gutiérrez en 1758 y el maestro de pintura Ignacio Pozadas en 1805. A ellos debemos sumar ahora el nombre de José de Medina, pintor del Biombo santafereño. Por otro lado, se sabe que los artistas coloniales eran artesanos que en algunos casos se dedicaron a actividades complementarias, buscando algún beneficio económico adicional, y es posible que los pintores de paredes trabajaran en el embellecimiento de mobiliario, como armarios, cajas, biombos, mesas y escritorios.
Existen varios elementos en común que acercan la pintura mural al trabajo pictórico en el mobiliario, y en particular en estos dos biombos, como la técnica, los materiales y la forma de ejecución, y también los programas formales y temáticos. Los colores, en los dos biombos, son de pigmentos elaborados con tierras minerales aglutinados posiblemente con una cola de tipo orgánico animal, que presentan superficies mates y sin relieve, técnica que también se utilizó en la pintura mural. En cuanto a los programas formales, se observa que en el Biombo santafereño, tanto en la composición de la cartela como en la decoración aplicada sobre la madera, se pintan formas efectistas y escenográficas, recurso que así mismo utilizó la pintura mural y que se observa también en los roleos y pliegues de los cortinajes en el biombo de Escenas y frutos.
 
En cuanto a los temas y composiciones, hay mucha similitud entre lo representado en el reverso del biombo de Escenas y frutos, que muestra grandes recipientes con pie y canastas con frutos, con los recipientes o jarrones con flores que existen en la pintura mural de la parte superior de los coros, a manera de cenefa, y con los canastos de abundantes frutos en los nichos de pared, en el santafereño templo de Santa Clara. En este tipo de pintura, y sobre todo en la que corresponde al período tardío del siglo XVII, los fruteros y floreros son temas frecuentes, basados principalmente en tapices, telas, paños y encajes europeos de la época.
Escenas del reverso del Biombo santafereño
(ala derecha )
Muchos de los pintores de caballete o de pared, principalmente en las épocas tempranas de la colonia, trabajaron imágenes de pintura mural en los templos, debido a la falta de recursos, materiales apropiados y mano de obra especializada, que no hicieron posible realizar esculturas, retablos o grandes pinturas de caballete. Se recurrió a la pintura mural que, independientemente del desarrollo de un programa iconográfico, fue un medio para embellecer los volúmenes y superficies, resaltando formas, recursos que se aplicó también a los acabados de muebles domésticos. Muchas de estas imágenes se realizaron con gran simplicidad y en muchos casos sin conocer las normas académicas. Otra fuente de inspiración, quizá la más importante, derivada del mestizaje, fue la libre iniciativa con un alto grado de creatividad basada en el entorno de vida, cuyos temas y tratamiento no fueron apreciados académicamente, creándose un grupo de artistas que expresaron el arte popular: imágenes de aves, animales domésticos, plantas, frutos y diversas festividades de la comunidad fueron motivos permanentes. Como lo manifiesta Juan Martínez Borrero en sus estudios del arte colonial, se ha ignorado la vertiente popular: "Si bien es cierto que las principales obras manejan elementos académicos, es importante considerar que solamente el arte popular permite un alto grado de creatividad que refleja las condiciones reales de la sociedad colonial".

 

LA VIDA COTIDIANA EN LOS BIOMBOS

 

Gran diversidad de aspectos de la vida cotidiana están registrados en los biombos, y particularmente en el Biombo santafereño y en el de Escenas costumbristas y frutos tropicales, en los que hay 53 escenas dedicadas a eventos urbanos. En ellos se aprecian escenas derivadas de estampas, paños o tapices, o que toman referencias reales de la vida diaria. Estas pinturas son una obra híbrida en la medida en que muestran una sociedad mestiza. Hay imágenes que tienen referencias locales, como la riña o pelea de indios y los grandes recipientes o canastos con frutas tropicales; en las primeras, los indígenas portan una ruana ligera y una vestimenta que identifica su raza así como objetos domésticos, totumos y calabazos, y la escena se desarrolla en el ambiente de un sencillo poblado de casas con techos de paja, paisaje que no pudo ser tomado de estampas traídas de Europa, sino que más bien serían imágenes de pueblos de indios, como el de Teusaquillo; los temas de recipientes y canastos con frutas son de tradición popular y, como se ha dicho, tienen importantes referencias a la pintura mural. De otra parte, hay imágenes que bien pudieron ser copiadas de estampas o cuadros extranjeros, como las escenas galantes o de músicos, paseos y procesiones, en los que siempre aparece una arquitectura con teja de barro, que identifica los pueblos de blancos.

Aunque la técnica de representación es la misma en los dos biombos, la organización de las figuras y elementos de la superficie varía de uno a otro: en el Biombo santafereño, las escenas son dinámicas, con una perspectiva que busca la profundidad y una combinación de figuras, unas de frente junto a otras de espalda al observador, siempre trabajadas en primer plano, en donde los elementos de la composición son mucho más elaborados.

Solamente una escena es común a los dos biombos: la caza del ciervo. Similar no sólo por el tema, sino por la composición y el vestuario, siendo la representación del biombo de Escenas costumbristas y frutos más primitiva e ingenua. La caza del ciervo ha sido representada desde la Edad Media europea, y la estampa grabada permitió la difusión de las imágenes del animal y del ritual de caza en el medio artístico americano. El viajero John Potter Hamilton hace referencia en el siglo XIX a los bosques en los que existían venados: "El día Viernes Santo era un día de caza en Bogotá, había una reunión de jauría de perros en la ciudad para la cacería del venado en las montañas adyacentes". La caza del ciervo ha tenido muy variada representaciones, desde las alegorías con seres fantásticos, a la caza del ciervo con perros o por cazadores de a pie o a caballo. En ellas se utilizaron diferentes armas, como la ballesta, el arco y la flecha, la lanza y la espada. La dinámica de la acción y la furia que invade al cazador, propias de la representación italiana, no se observan en estas dos escenas, que parecen cuadros diseñados según rígidos patrones de composición.

 

 

Escenas del anverso y reverso del Biombo de escenas costumbristas y frutos tropicales, de autor no identificado. Colección particular, Bogotá.
Las escenas de la caza del ciervo se trabajaron en algunas representaciones como simples motivos decorativos, mostrando una de las actividades esenciales de la aristocracia, a la cual el virrey se dedicaba en los ratos de ocio, volviéndose éste un tema convencional. En los biombos, la caza ha perdido su fuerza dramática y su reflejo de lucha, para convertirse en una composición antinatural, un típico encuadre en el que todos los elementos están dentro de la tradición española que consideraba la caza "como un deber de los soberanos, que los entrenaba y endurecía para la guerra", de tal manera que la caza y la equitación formaban parte de la educación de un soberano.

En los dos biombos existen también detalles como la representación de las fuentes de agua que están pintadas en las escenas de galanteo y de músicos; los trazos generales del dibujo que las recrean son muy similares en los dos biombos, como si fueran pintadas a partir de patrones. Se sabe que en Santafé, en torno a la fuente de agua, se congregaban aguateros, religiosos, mujeres, niños y cargadores, y que servían como centro para espectáculos públicos. La fuente era un elemento urbano muy importante, no sólo por el servicio básico que prestaba a la ciudad, sino como hito urbano. Al parecer también se construyeron en espacios privados, como en los patios de la casas, y junto a ellas se realizaban actividades de recreo, tocatas musicales y diálogos, situaciones éstas que fueron representadas en los biombos. En las pinturas de los biombos hay una clara intención de caracterizar cada fuente; por ejemplo, en el Biombo santafereño, una de estas fuentes tiene un niño colocado en la parte superior, que nos hace referencia a la conocida fuente del Mono de la Pila que se encontraba en la Plaza Mayor de Santafé, hoy en el patio del Museo de Arte Colonial de Bogotá.

Otro tema pictórico particular del Biombo santafereño está relacionado con los toros. La cacería de toros bravos se consideró un tema exótico en las representaciones de los siglos XV y XVI, desarrollándose una gran cantidad de trabajos en los que el típico tema fue el cazador a caballo armado con una lanza, ayudado por perros y hombres a pie que rodeaban al toro para dominarlo. La imagen de este biombo presenta una escena de toreo a caballo ayudado por un hombre a pie, caído sobre el capote, que el toro ha corneado por las nalgas, humorística situación que al parecer se presentaba con frecuencia.

En los recuadros del Biombo santafereño se aprecian varias escenas con el tema del galanteo, recorridos en carroza y paseos en barca con músicos, éstos últimos frecuentes en la época y que forman parte de los temas de tapices y estampas. Los paseos por la alameda fueron una necesidad del estamento superior: salir a pie o en carroza luciendo vestidos y carruajes se volvió un ritual. Existían en Santafé dos alamedas, lugares reglamentados por el Estado que se volvieron indispensables en las ciudades donde residía el gobierno español. Varios viajeros hacen referencia a este espacio urbano. Miguel María Lisboa habla de las dos alamedas ubicadas, una en el eje entre la ciudad y Facatativa, y la otra entre la ciudad y Tunja, comenzando en el sector de San Victorino, hasta San Diego, cada una de cerca de media legua, con paseos organizados entre sauces y rosales, y frecuentados por caballeros y damas ataviados con sus mejores galas. "Uno de los paseos más lindos de Colombia lo tiene Bogotá en una alameda que se encuentra en el camino a Tunja; según descripciones, era una alameda ancha casi en línea recta que se extendía por casi veinte kilómetros en las afueras de la ciudad; a sus costados se encontraban frondosos y antiquísimos álamos, cuyos troncos se unían por una red impenetrable de arbustos y rosales", describía Carl August Gosselman. Al final de estas alamedas existían sendas glorietas que facilitaban la maniobra de regreso de la carroza del virrey Caballero y Góngora cuando salía a pasear fuera de la ciudad. También hasta el río Arzobispo iba de paseo este prelado en su lujosa carroza tirada por tres parejas de mulas ricamente enjaezadas (a este hecho el río Arzobispo debe su nombre).

Los maromeros, equilibristas y saltimbanquis son temas representados en el biombo de Escenas costumbristas y frutos. La maroma constituyó un esparcimiento común en las ciudades coloniales, para distracción principalmente de los artesanos. Sus protagonistas, por lo general, eran personas que pertenecían al estamento bajo, que iba de un lugar a otro mostrando sus habilidades y atraían con su espectáculo a un gran público con destreza, libertad de movimientos e improvisación logradas en cada salto, maroma o pirueta. Al parecer, la escena representada en una plaza al aire libre, observada por mujeres que parecen estar sentadas en el piso, nos muestra a unos hábiles maromeros, pequeño grupo que deambulaba de un sitio a otro, como era tradicional, mostrando su espectáculo.

Otra escena representada en el Biombo santafereño corresponde al enfrentamiento de dos hombres con dos espadines o dagas cada uno. En los estoques de los siglos XVI y XVII, las espadas se utilizaron ocasionalmente con una daga y una espada en la otra mano. La pintura puede describir un duelo de dagas. Hasta bien entrado el siglo XX, la esgrima se practicó en nuestro medio como una forma de defensa, siendo remplazada por el duelo con machete. Maribel Carvajal, en su estudio "El duelo con machete", comenta que en el Quindío fue, y es, una practica en la que intervienen dos contenedores; ambos toman un machete en cada mano y existen variedades en las que se ataca con un machete en una mano y en la otra un cuchillo. Esta modalidad de duelo puede ser pervivencia de los practicados en el período colonial.

 

CONCLUSIÓN

Algunos biombos neogranadinos, a diferencia de los que se han estudiado en América, nos permiten entender la vida común debido a su riqueza y diversidad de detalles; pues, más que mostrar grandes eventos de la sociedad, se detienen en los más ínfimos y sutiles gestos de la vida diaria. Los temas que se plasmaron en estos dos biombos son diversos y cada uno de ellos nos muestra facetas interesantes sobre la vida cotidiana santafereña. Las escenas nos describen, además de los temas ya reseñados, las fiestas y las actividades de recreo, los paseos, el galanteo, los juegos, las danzas y las procesiones. Además, nos muestran una serie de elementos y objetos que constituían el paisaje urbano de la época, como árboles, quebradas, pequeños ríos, animales domésticos, casas, iglesias, plazas, vallados, puentes, fuentes, espacios interiores, trajes, sombreros, calzados, parasoles, instrumentos musicales, utensilios domésticos, armas y herramientas. En estos biombos se sintetizó el paisaje local, haciendo posible una lectura de la realidad social en la Santafé colonial. El biombo, ese objeto doméstico especie de mampara plegable y desplegable a discreción, esa membrana que cubre y esconde las cosas que no se quieren mostrar, pero a la vez portador y contador de historias, se insertó en la vida cotidiana con mensajes moralizadores y didácticos. En él se recogieron vivencias y recuerdos, se condensaron valores profundos y sentimientos afectivos de la sociedad colonial. El biombo, objeto precioso y curioso, soporte de representaciones poco usuales y testigo de la intimidad, se vivió en su tiempo como un paisaje de recreo y como tema de conversación y reflexión, insertado en los pliegues más íntimos de la vida privada.

LECTURAS ADICIONALES

De la misma autora de esta edición de Credencial Historia:

El estrado doméstico en Santafé de Bogotá, Nuevo Reino de Granada. Revista Instituto de Investigaciones Estéticas (1996).

En torno al estrado. Cajas de uso cotidiano en Santafé de Bogotá, siglos XVII al XVIII. Museo Nacional de Colombia, octubre 16 a noviembre 30 de 1996.

El objeto de uso en la colonia. Gran Enciclopedia Temática Norma, Tomo V. Bogotá, 1996.

Las salas y su dotación en las casas de Santafé de Bogotá. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, N 24 (1997).

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