El Frente Nacional

Por: Alarcón Núñez, Óscar

 
EDICIÓN 201
SEPTIEMBRE DE 2006
     
1957-1974 EL FRENTE NACIONAL
Por Óscar Alarcón Núñez
 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 201. Septiembre de 2006

Con el cuento del millón de cédulas falsas el conservatismo consiguió un arma para negociar en igualdad de condiciones con el liberalismo, sentarse a la mesa, y diseñar un sistema de gobierno compartido y bipartidista.

Durante de los gobiernos conservadores de Ospina Pérez, Laureano Gómez, Urdaneta Arbeláez y Rojas Pinilla, el liberalismo había sido victima de la violencia, tanto que sus dirigentes incentivaron y veían con ojos complacientes a la guerrilla de los Llanos Orientales como el camino expedito para contrarrestar la situación de anormalidad que se vivía en gran parte del país.

En la primera de esas administraciones, la de Mariano Ospina Pérez, fue el asesinato de Gaitán; el homicidio en el congreso del representante liberal Gustavo Jiménez, en donde quedó mal herido el ex ministro Jorge Soto del Corral, a consecuencia de lo cual falleció; el cierre del congreso y el asesinato, por confusión, de un hermano de Darío Echandía, de gran parecido con el líder liberal, y quien era el candidato del partido. Y fue también en esa administración cuando el ministro de Justicia, José Antonio Montalvo, habló de defender ese gobierno “a sangre y fuego”. Todos esos acontecimientos determinaron que el liberalismo no participara en los comicios del 27 de noviembre de 1949 que eligieron a Laureano Gómez, sin contrincantes.

Las administraciones de Laureano Gómez y Urdaneta (primer designado, que ocupó en 1951 la presidencia por enfermedad del titular) se caracterizaron también por ser monolíticamente conservadoras no solo en la burocracia de ministerios y gobernaciones, sino también en sus actitudes, tanto que turbas de sus simpatizantes incendiaron las instalaciones de los periódicos liberales El Tiempo y El Espectador, así como las de la sede del partido de oposición, y las residencias de sus dirigentes Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo, ante la mirada benévola del gobierno. Los jefes liberales debieron exilarse en el exterior.


Dictadura y Frente Civil
La anunciada iniciación del trámite de una reforma, considerada y calificada de “fascista”, en la llamada Asamblea Nacional Constituyente, patrocinada por el ejecutivo y contraria a los postulados del liberalismo, precipitó la caída del gobierno de Gómez y Urdaneta y la toma del poder por el comandante de las Fuerzas Militares, general Gustavo Rojas Pinilla, con el apoyo de un sector del conservatismo encabezado por Mariano Ospina Pérez y Gilberto Alzate Avendaño.

Si bien el gobierno de Rojas Pinilla, al inicio, fue aceptado con beneplácito por la opinión pública, y aun por conservadores laureanistas que hicieron el tránsito de la administración anterior a la nueva sin romperse ni mancharse, la desinstitucionalización del país y los hechos de violencia que siguieron produciéndose hicieron que un hombre de la trayectoria y de la respetabilidad de Alfonso López Pumarejo lanzara la propuesta, el 25 de marzo de 1954, de buscar una salida bipartidista al régimen militar existente que permitiera el retorno a la democracia. Dos años después, el 2 de marzo de 1956, la concretó y habló de una reforma constitucional que estableciera un gabinete de coalición con representación proporcional de todos los grupos y sugirió, por primera vez, un candidato conservador con apoyo liberal en cambio del general Rojas Pinilla.

El ex presidente Alberto Lleras, quien reemplazó a López Pumarejo luego de su renuncia en 1945, y quien acababa de hacer dejación de la secretaría general de la OEA, tomó las banderas de esa lucha y se fue a España a buscar en el exilio al derrocado ex presidente Laureano Gómez para conseguir con ese caudillo conservador el fin de la dictadura militar y el regreso a las instituciones democráticas. Con humildad y con grandeza el liberalismo le ofreció a su anterior oponente un gobierno compartido y en igualdad de condiciones, como si fuera cierto aquello del millón de cédulas falsas, que fue una leyenda que exponía Laureano Gómez con reiterada insistencia para justificar los triunfos liberales luego de la hegemonía conservadora. En una población de España cercana a Alicante, el 24 de julio de 1956, los dos jefes, enemigos en otras épocas, firmaron la que se conoció como Declaración de Benidorm que dio comienzo a lo que se llamó en sus comienzos como el Frente Civil.

Allí nació el Frente Nacional, cuando en esa nación gobernaba Franco. El Liberalismo hizo perdón y olvido con tal de buscar la paz y retornar a la democracia. Coincidencialmente, veinte años después los mismos españoles debieron hacer lo mismo, perdonar y olvidar, al adoptar la Constitución de 1978. Todo gracias a un rey, don Juan Carlos, y a un pueblo deseoso de “ingresar” a Europa. Por eso el ingenio popular ha dicho que fue don Juan Carlos el rey más barato del mundo: solo costó un Franco.

El 10 de mayo de 1957 cayó la dictadura de Rojas Pinilla, quien, tras su renuncia, dejó en el gobierno una Junta Militar de cinco miembros, los generales Gabriel París, Luis Ordóñez, Rafael Navas Pardo, el mayor general Deogracias Fonseca y el contralmirante Rubén Piedrahita Arango.

El ingenio de la época les cambió el nombre a dos de la Junta. Los llamó el Piedralmirante Contraíta y el general Pavas Nardo.

Caída la dictadura de Rojas, el liberalismo, encabezado por Alberto Lleras, buscó poner en práctica la Declaración de Benidorm para hallar el camino hacia la restauración del sistema democrático; pero, ante las nuevas circunstancias, debía optar por continuar las conversaciones con el ex presidente Laureano Gómez, aún en el exilio, o con los sectores ospinista y alzatista que habían colaborado con la dictadura. Prefirió seguir haciéndolo con el primero así se agudizara la división, como en efecto ocurrió. Lleras y Gómez suscribieron en una fecha que tiene mucha significación en nuestra historia, 20 de julio, lo que se llamó el Pacto de Sitges por haberse firmado en esa población española vecina a Barcelona.

Como resultado de lo anterior se convocó al pueblo colombiano a votar un plebiscito en donde se disponía que las corporaciones públicas serían paritarias entre liberales y conservadores hasta 1968 inclusive y que los cargos del ejecutivo que no pertenecieran a la carrera administrativa debían reflejar equilibradamente la composición política del congreso. No se habló allí de la alternación ni de la duración de ese sistema por 16 años. Se votó el 1º. de diciembre de 1957: 4.397.090 lo hicieron a favor y 206.864 en contra.

La fuerte división conservadora hizo que el ospinismo reclamara escoger el primer turno presidencial, como contraprestación por no haber participado en las conversaciones. En las elecciones de cuerpos colegiados, realizadas el 6 de marzo de 1958, antes de las presidenciales, se demostró cómo el liberalismo había sido complaciente con su socio de coalición al tratarlo en igualdad de condiciones: obtuvo el 60 por ciento de mayoría, mientras que el conservatismo el 40 por ciento restante, dividido entre laureanistas, ospinistas y amigos de Jorge Leyva que, a pesar de su cercanía con Gómez, resolvió hacer tolda aparte por no compartir los términos del acuerdo bipartidista.

Los ospinistas, que tenían como candidato a Guillermo León Valencia porque al final de la dictadura había sido un fogoso enemigo de Rojas Pinilla, vieron frustrados sus propósitos con los resultados de esos primeros comicios por cuanto no solo fueron derrotados por el laureanismo sino que sacaron ínfimos cincuenta mil votos más que los amigos de Jorge Leyva. Laureano Gómez, que por todos los medios buscaba torpedear la candidatura de Valencia, ante los hechos políticos presentados, abrió el camino para que el candidato fuera liberal y, por consiguiente, Alberto Lleras.

Las elecciones del 4 de mayo de 1958 le dieron el triunfo a Alberto Lleras con 2.482.948 frente a 616.861 votos que logró el candidato conservador Jorge Leyva, quien siguió con su tolda aparte, con el respaldo de aquellos de su partido, recalcitrantes y sectarios, que por nada del mundo se atrevieron a votar por un liberal, así se los pidiera el jefe Laureano Gómez.

Lleras no solo fue el primer presidente del Frente Nacional –le dio posesión Laureano Gómez como presidente del Congreso—sino que además llegó a tener tanto poder en los años de ese sistema de responsabilidad compartida --influyó notablemente en la política y en la determinación de los candidatos a la Presidencia—que lo llamaron El Monarca.

El congreso elegido en marzo, con el apoyo del gobierno, y en desarrollo de los acuerdos, aprobó una reforma constitucional, sancionada el 15 de septiembre de 1959, en donde se dispuso que en los tres períodos constitucionales siguientes, es decir hasta el que se iniciara 7 de agosto de 1974, el cargo de presidente de la República fuera desempeñado alternativamente por ciudadanos que pertenecieran a los dos partidos tradicionales, el conservador y el liberal, de tal manera que el mandatario que se eligiera para uno cualquiera de dichos períodos perteneciera al partido distinto del de su inmediato antecesor.

Era, pues, una alternación de 16 años, iniciada con el liberal Alberto Lleras, gobierno llamado de Restauración Nacional, y que debía concluir con un conservador. La reforma constitucional mantenía la paridad en los cargos públicos que no pertenecieran a la carrera administrativa y también en las corporaciones públicas.

En el gobierno de Alberto Lleras surgió entre los grupos de oposición al Frente Nacional el llamado Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, dirigido por Alfonso López Michelsen, quien se hallaba en el exilio, en México. Había advertido: “Mientras mi padre desempeñara funciones directivas dentro del Estado o dentro de nuestra colectividad, yo no debía aspirar a ningún cargo de elección popular ni desempeñar función administrativa alguna”. Desaparecida esa premisa, regresó al país y comenzó a combatir el Frente Nacional por cuanto consideraba antidemocrático y contrario a los más elementales principios de participación el gobierno compartido y la alternación en el poder de los dos partidos históricos. La bandera y los propósitos de esa disidencia se resumieron en la sigla SETT (salud, educación, trabajo y techo) que eran, y siguen siendo, las metas del pueblo colombiano. Así mismo los viudos de la dictadura también iniciaron la oposición al gobierno y al sistema al tiempo que en el Congreso se realizaba el juicio político a su jefe, el general Rojas Pinilla. Resultó condenado y se le quitaron los derechos políticos, pero después se los restableció la Corte Suprema de Justicia.

Gobierno de la milimetría

En las llamadas elecciones de mitaca de 1960 --en donde se elegían concejales, diputados y representantes a la Cámara, todos con período de dos años—los grupos de oposición comenzaron a debilitar al gobierno. Y en esos comicios se produjo también un hecho político importante: el ospinismo, unido a los amigos de Jorge Leyva y Gilberto Alzate Avendaño, le ganaron al laureanismo. En esas condiciones aquellos comenzaron a reclamar el derecho a la candidatura. El escogido parecía ser Alzate, mas desgraciadamente este manizalita, inteligente y de gran cultura, pero robusto por su afición a comer en demasía, murió en noviembre de 1960. Se le abrió entonces el camino a Guillermo León Valencia cuando los mismos ospino alzatistas, en las elecciones de cuerpos colegiados de 1962, previas a las presidenciales, volvieron a derrotar al laureanismo.

Así las cosas, Valencia fue escogido --¡por fin!—candidato bipartidista y se enfrentó al del MRL, Alfonso López Michelsen ,quien, ante la negativa de las autoridades de no dejar inscribir su candidatura, presentó un recurso, cuyos argumentos aceptó el Consejo de Estado, en donde señalaba que a pesar de ser liberal y de que la Constitución establecía el turno para un conservador, en el evento de salir electo, el constituyente primario, que es quien vota, estaba por encima de una norma constitucional adoptada por el constituyente derivado, que es el Congreso. Valencia salió electo con 1.636.081, López logró 683.436 y Leyva 308.992.

La administración de Valencia, llamada originalmente Gran Coalición, fue conocida como el Gobierno de la Milimetría porque ante el fraccionamiento reflejado en el congreso con los distintos grupos políticos, buscó darle representación en el ejecutivo a cada uno de ellos en proporción al número que tenían en las corporaciones públicas. Fue este un cuatrienio con muchos problemas de tipo económico (devaluación y comercio exterior), así como de orden público, en donde nació y se consolidó la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ejerciendo un poder omnímodo en varios municipios (“repúblicas independientes”, las llamó Álvaro Gómez). También surgió otro grupo subversivo, el Ejercito de Liberación Nacional, ELN, inspirado en la revolución cubana, muy en boga en esa época, y del que haría parte el cura Camilo Torres.

A pesar de todo, Valencia se hizo llamar el Presidente de la Paz y pasó a la historia como un gobernante que se bajaba de su pedestal para romper una cámara fotográfica a un reportero indiscreto que, como los modernos paparazzi, quiso dejar el testimonio de una salida del jefe del Estado de una casa de dudosa reputación; o que le daba un viva a España en un banquete en homenaje al presidente francés Charles de Gaulle, durante una visita oficial que hizo al país el legendario héroe de la Segunda Guerra.

Le tocó a valencia enfrentar a un intento de golpe de estado en el que supuestamente estaba comprometido su ministro de Guerra, general Alberto Ruíz Novoa. Valencia lo destituyó, y lo que ese militar pretendía por la fuerza lo buscó después por las urnas, sin éxito, secundado por Álvaro Uribe Rueda, dirigente santandereano, fundador con López Michelsen del MRL, y quien dividió el movimiento entre la línea dura y la línea blanda. Naturalmente, Uribe Rueda hizo parte de la primera.

Transformación Nacional

En las elecciones presidenciales siguientes, las de 1966, el bipartidismo con 1.891.175 votos ganó la Presidencia con el liberal Carlos Lleras Restrepo frente al candidato del sector rojaspinillista, José Jaramillo Giraldo, quien logró 742.133. Lleras Restrepo llamó a su gobierno Frente de Transformación Nacional. Era un estadista, serio, con formación jurídica y económica, que contrastaba con su antecesor. Desde los inicios de su administración buscó desmontar algunos principios del Frente Nacional y robustecer el ejecutivo, siguiendo los postulados del nuevo derecho constitucional francés de la Quinta República.

En la discusión de esa reforma constitucional encontró el escollo del sector oposicionista que encabezaban el alvarismo –antiguo laureanismo—y la Anapo, sigla de la Alianza Nacional Popular, creada por el general Rojas Pinilla. Pero al mismo tiempo tuvo la fortuna de hallar un aliado ideológico que en desarrollo de los debates encontraron identidad de principios y propósitos, el disidente MRL, dirigido por Alfonso López Michelsen. Se logró de esa manera la unión liberal.

Lleras Restrepo consiguió finalmente sacar adelante la reforma constitucional en 1968 y hacer la reorganización administrativa del Estado. Se dispuso prolongar la paridad en la administración pública hasta el 7 de agosto de 1978, y con posterioridad a esa fecha, el ejecutivo debía dar participación adecuada y equitativa al partido que le siguiera en votos al del presidente de acuerdo a la representación que tuviera en las cámaras.

El manejo económico tuvo también un cambio radical y nuevas políticas, tanto que a los inicios del gobierno el presidente Lleras Restrepo se enfrentó con el Fondo Monetario Internacional, por cuanto el organismo recomendó unas políticas económicas que no eran del agrado del jefe del Estado. A nivel internacional fue propulsor del llamado Pacto Andino, suscrito entre los países de la subregión, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia.

La reforma agraria, que fue una bandera del Frente Nacional y que tuvo en Lleras Restrepo uno de sus principales propulsores y defensores, se convirtió al final de su gobierno en el origen de sus desgracias. El ministro de Agricultura, Enrique Peñalosa, resultó enfrentado al senador samario José Ignacio Vives Echeverría, y a pesar de que el primero acusó al segundo de hacer negocios como miembro de la junta directiva del Incora (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria), el parlamentario le hizo un habilidoso debate en donde mostró las influencias que ejercía ese miembro del gabinete conjuntamente con el director del IFI, Miguel Fadul, en las altas esferas del ejecutivo. Los hechos repercutieron políticamente en las elecciones parlamentarias y presidenciales de 1970 cuando Vives terminó de anapista, robusteciendo la votación de Rojas Pinilla, que puso en peligro el triunfo del candidato bipartidista Misael Pastrana Borrero en unos comicios calificados de “fraudulentos”, tanto que, como resultado o pretexto de ellos, nació el Movimiento 19 de Abril, conocido como M-19.

Frente Social

Las de 1970 han sido de las más cuestionadas elecciones presidenciales de nuestra historia. El conservatismo, además de Pastrana, quien contó con el apoyo bipartidista, se presentó con dos candidatos más: Evaristo Sourdis y Belisario Betancur. Ganó Pastrana con 1.625.025 frente a Rojas Pinilla quien obtuvo 1.561.468, es decir, con una ínfima diferencia de 63.557 votos, lo que dio margen para que se hablara de fraude. Betancur sacó 471.350 y Sourdis 336.286.
Tanto a Lleras Restrepo como a Misael Pastrana les dio posesión Eduardo Abuchaibe Ochoa como presidente del Congreso porque el reglamento de la época determinaba que cuando la corporación no había elegido a sus dignatarios, las sesiones las presidía el primero de la lista por orden alfabético. Abuchaibe lo era no solo por su primer apellido (que comenzaba por AB) sino por el segundo, que era 8-A.

Contrario a los dos gobiernos liberales anteriores del Frente Nacional, que infructuosamente buscaron realizar programas de reforma agraria, Pastrana se empeñó en hacer reforma urbana, propósito con el cual impulsó la construcción para adquisición de vivienda. Fue así como estableció un sistema económico para “dormir con la inflación” en donde las deudas de vivienda se reajustaban en unidades de valor constante. Se les llamó UPAC (Unidades de Valor Adquisitivo Constante). Mientras la inflación estuviera moderada la clase media, deseosa de adquirir lugar de habitación propio, podía responder a esas obligaciones, pero cuando aquella se disparaba, o cuando se le juntó con el Índice de Precios al Consumidor, IPC, hizo crisis, como sucedió en los años noventa.

Cuando joven, siendo aun estudiante del Colegio San Bartolomé, el presidente Pastrana fue víctima de un accidente al norte de Bogotá, en Santa Ana, ocasionado por una avioneta que participaba en una revista militar el 6 de agosto de 1938, en vísperas de la posesión de Eduardo Santos, como consecuencia de lo cual quedó con un rictus en la cara que daba la sensación de estar siempre sonriendo. Por eso se dijo en su gobierno que había un presidente sonriente y un ministro Llorente (Rodrigo Llorente fue uno de los titulares de la cartera de Hacienda).

Paradojas La historia del Frente Nacional es una historia llena de paradojas. Su inspirador fue el ex presidente Alfonso López Pumarejo y uno de los primeros que lo combatió fue su hijo Alfonso López Michelsen, para lo cual creó el MRL. Luchó en contra de ese monopolio bipartidista y como jefe de su movimiento participó en su desmonte en el cuatrienio de Carlos Lleras Restrepo, durante el trámite de la reforma constitucional de 1968. Después le tocó realizarlo cuando fue elegido como el primer presidente, luego de los 16 años de responsabilidad compartida.

Laureano Gómez suscribió los acuerdos del Frente Nacional a nombre del Conservatismo, pero su grupo político fue minoría, tanto que durante los 16 años no pudo lograr la Presidencia. Solo en 1958 el laureanismo fue mayoría y en cambio, a partir de 1960, el ospinismo logró siempre las votaciones superiores en su partido.

Se diseñó el Frente Nacional para combatir la dictadura de Rojas Pinilla, y en el último período de los cuatro pactados el mismo general estuvo a punto de salir elegido presidente en los controvertidos comicios de 1970. La Anapo, considerado como grupo independiente, obtuvo en promedio 17.72 por ciento de la votación, superado ampliamente en 1970 cuando logró 35.18 de la votación total.

Y también el Frente Nacional se adoptó para buscar la paz, pero la exclusividad burocrática no solo en el gobierno sino en todo el estado, creó el caldo de cultivo para que los sectores independientes, que no eran ni liberales ni conservadores, tuvieran que ir a la guerrilla para expresarse. Fue así que en sus dieciséis años de régimen nacieron las FARC, el ELN, el M-19 y otros grupos subversivos. También tuvo el Frente Nacional la intención de consolidar el bipartidismo, y resultó ser su tumba.

 


1957. El expresidente Laureano Gómez en Bogotá, de regreso del exilio.
Foto Cromos.


1958. El presidente electo para el primer período del Frente Nacional, Alberto Lleras, con los miembros de la Junta Militar que asumió el Gobierno el 10 de mayo de 1957. De Izquierda a derecha, generales Rafael Navas Pardo, Luis E. Ordóñez, Gabriel París (presidente de la Junta), Deogracias Fonseca y Contralmirante Rubén Piedrahita Arango.
Foto Cromos.


1958. Los expresidentes Alfonso López Pumarejo y laureano Gómez estrechan sus manos después de dos décadas de enconada enemistad política. Los observan el presidente Alberto Lleras y el filósofo Mario Laserna Pinzón.
Foto Cromos.


1957. El expresidente Gustavo Rojas Pinilla durante sus primeros días de exilio, en un restaurante de Madrid.


1959. El expresidente Laureano Gómez, presidente del Senado, conversa con el expresidente Eduardo Santos. Con ellos el político liberal Álvaro García Herrera.
Foto Cromos.


1957, El expresidente Alberto Lleras Camargo, y el jefe conservador Guillermo León Valencia, quienes lideraron el frente civil contra la dictadura, se reúnen en Bogotá el 11 de mayo.
Foto Cromos.


10 de mayo de 1957. Una multitud liberal proclama en la Plaza de Bolívar el fin de la dictadura y pide la candidatura de Alberto Lleras.
Foto Cromos.


1958. El Presidente del Senado, Laureano Gómez, toma el juramento de posesión del Presidente de la República, Alberto Lleras. A la derecha el presidente de la Cámara, Alberto Galindo.
Foto Cromos.



1961. El presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, y su esposa Jacqueline, son recibidos en el aeropuerto de El Dorado por el presidente Alberto Lleras.
Foto El Tiempo.


1962. Guillerno León Valencia.


1966. Los expresidentes Eduardo Santos y Mariano Ospina Pérez, doña Bertha Hernández de Ospina y el expresidente Alberto Lleras, escuchan el discurso de posesión del presidente Carlos Lleras Restrepo.
Foto Cromos.


1966. Presidente Carlos Lleras Restrepo.
Cromos. Foto Manuelhache.


1970. Misael Pastrana Borrero, último presidente del Frente Nacional.
Cromos. Foto Rabelo.


Laureano Gómez.


Jornadas de mayo de 1957. Carro tanque de la policía baña con tinta roja a estudiantes que en los alrededores de la Universidad Javeriana gritan abajos a la dictadura.
El Tiempo - Lecturas Dominicales.




 
Comentarios (0) | Comente | Comparta