La cuartilla del lector

Por: Credencial Historia

 

 

Revista Credencial Historia

 

 

 

 

EDICION 213
SEPTIEMBRE DE 2007
     

LA CUARTILLA DEL LECTOR

 

Tomado de:

Revista Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia).
Edición 213

Septiembre de 2007

En 1868 el célebre escritor, periodista y diplomático colombiano Anibal Galindo (1834-1901) publicó la primera traducción al español de El paraíso perdido de John Milton. Su esfuerzo de varios años fue plagiado poco después y apareció publicado en Barcelona en una hermosa edición con grabados de Gustave Doré, en la que no se le otorgó ningún crédito al traductor. En las memorias que escribió Galindo sobre su estadía en Europa como Encargado de Negocios y Secretario de la Legación de Colombia en Inglaterra y Francia, 1866-1868, relató el despojo que se hizo de su autoría intelectual. El lector Ricardo Alonso Cuéllar envió un extracto del testimonio sobre uno de los primeros plagios en nuestra vida intelectual. 

Careciendo de ocupaciones oficiales como Encargado de Negocios in partibus, pues era bien poco lo que tenía que hacer como Secretario de la Legación, donde el señor Mosquera no pretendió nunca emplearme como amanuense, además de que habría sido inútil pretenderlo, por mi absoluta carencia de aptitudes para ese oficio, pensé en concluir una obra de largo aliento, en la que había venido ensayándome de algunos años atrás, y de la cual poseía ya numerosos fragmentos, á saber: Dotar á la lengua castellana de una traducción completa, literal, pero elegante, de El Paraíso Perdido de Milton, trabajo que después de constante labor llevé á cima y edité en un volúmen de 500 páginas, texto inglés y español, en Gante (Bélgica), tipografía de Eug. Vanderheghen, Rue des Champs 66, 1868. 

Antes de mi traducción sólo existía en castellano la paráfrasis del Canónigo Escoiquiz, el preceptor de Fernando VII, que es una verdadera rapsodia del poema…

En el prefacio que encabeza el libro, titulado: Qué entiendo por una traducción literal, quise probar, con el estudio á fondo que allí hice del genio de las dos lenguas, que me era familiar el inglés, y que poseía los conocimientos léxicos suficientes para acometer tan delicada tarea…

El corresponsal parisiense de La Reforma de Madrid dió cuenta de la aparición del libro en su correspondencia de 19 de Mayo de 1868, inserta en el número del 24 del mismo, del que conservo un ejemplar, y del cual copio lo siguiente:

"Otra obra más clásica, de más relevante mérito literario y de vida más duradera, ha sido puesta igualmente á la venta en estas semanas en las librerías de París. Es una traducción literal del Paraíso Perdido de Milton, hecha por un escritor neogranadino, de erudición y gusto exquisito el señor Aníbal Galindo".

En una traducción del libro, capital de Milton, no cabía medianía; tenía que ser, ó una rapsodia infiel é indigesta, ó un trabajo perfecto, de un valor extraordinario. La traducción del señor Galindo merece esta segunda calificación y no soy yo quien le otorga este certificado de nobleza literaria, sino autoridad de gran peso en los dos países, a quienes el libro de Galindo interesa, Inglaterra y España, un escritor versado en ambos idiomas, un erudito de gran fama, Lord Clarendon

Y finalmente, mi noble y generoso amigo el Conde Enzemberg, Ministro de Hesse, que, como Lord Clarendon, se preciaba de conocer y gustar las bellezas de la lengua castellana, y á quien le era igualmente familiar el inglés, habiendo hecho llegar á manos de Su Majestad la Emperatriz Eugenia un ejemplar de la traducción, recibió de la noble señora, para que me fuese obsequiada en su nombre, como premio de aquel trabajo, una hermosa medalla de oro de 5 centímetros de diámetro y 50 gramos de peso, que lleva en el anverso su precioso busto, y en el reverso esta leyenda:

LA EMPERATRIZ EUGENIA, AL TRADUCTOR DE MILTON. 1868.

….Y sin embargo, ninguno de estos títulos pudo protegerme contra el clandestino despojo de la propiedad y del honor de la obra. Pocos años después apareció en Barcelona la magnífica edición de lujo de El Paraíso Perdido, ilustrada con los soberbios grabados de Gustavo Doré, sin decir de quién es la traducción que copia la obra. Atraído por la curiosidad fui á examinar aquel texto, y ¿con qué me encuentro? Pues con mi propia traducción, producto de veinte años de constante estudio de la lengua inglesa y de los demás conocimientos históricos y literarios indispensables para acometer tan ardua labor; naturalmente disfrazada, alterando a trechos la redacción de algunas frases, mudando adjetivos, cambiando giros, pero todo el fondo de la obra, el mío; páginas enteras servilmente copiadas de mi traducción. De los cuarenta y tres errores capitales, de errónea inteligencia, de errónea comprensión del texto inglés, anotados por mí en la traducción francesa de Mr. de Chateaubriand, todos ellos están traducidos conforme á mi opinión.

Se preguntará entonces por qué he guardado silencio sin reclamar contra el plagio por tantos años; y la respuesta es muy sencilla: porque además de que mis derechos de propiedad no estaban asegurados en España, nada adelantaba con hacer la reclamación por medio de un articulo de periódico que dura veinticuatro horas, y esperaba que algún día podría hacerla, como la hago hoy, con la resonancia y la duración de un libro.

He dicho que la traducción barcelonesa es anónima, y lo sostengo, porque la portada del libro se limita a anunciarla simuladamente así: "texto tomado de las traducciones más acreditadas, nueva traducción anotada y precedida de la vida del autor, por D. Cayetano Rosell." ¿El señor Rosell es autor de la "nueva traducción", ó simplemente anotador de ella? La simulación del anuncio se presta a una y otra inteligencia. ¿Cómo es que un texto puede ser a la vez composición de otros textos y texto de nueva traducción? Mas yendo al fondo del asuntó, ¿cuáles son, dónde se encuentran las traducciones anteriores? quién hizo la nueva traducción? cuándo aparecieron aquellas y ésta, dónde fueron editadas, qué periódicos las anunciaron, etc. etc?”.

Anibal Galindo. Recuerdos históricos. Imprenta de La Luz. Bogotá, 1900.

 

 

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