EN
OCTUBRE DE 1892 se conmemoró en España el
cuarto centenario del descubrimiento de
América con una serie de exhibiciones
y conferencias en Huelva y Madrid. Entre
los intelectuales que representaron a América
Latina estaba la escritora e historiadora
Soledad Acosta de Samper (1833-1913) como
delegada de Colombia para este y otros eventos
que hacían parte de la conmemoración.
Acosta de Samper, hija única del
general de la independencia e historiador
Joaquín Acosta1 y la británica Carolina Kemble, tuvo
una educación excepcional, dedicándose
a escribir y a impulsar una mejor educación
para la mujer. Su compilación bibliográfica
arroja más de 190 textos entre novelas,
cuentos, ensayos, artículos periodísticos,
textos históricos, obras de teatro
y relatos de viaje, además de traducciones
de obras del inglés, el francés
y el alemán. Entre sus contribuciones
se encuentran también cinco periódicos2 que editó y dirigió específicamente
a las mujeres, con artículos que
iban desde explicaciones del evangelio y
biografías de santas y reinas hasta
textos sobre la educación de los
niños. Adicionalmente, Acosta de
Samper colaboró en La Prensa, La
Ley, La Unión Colombiana, El Deber,
El Mosaico, Biblioteca de Señoritas,
La Nación y El Eco Literario, así
como en diversas publicaciones extranjeras.
A pesar de su impresionante producción
literaria - superada en su tiempo solo por
la de su esposo, José María
Samper - fue una figura relativamente desconocida
hasta hace poco, al surgir interés
académico en su trabajo, señalado
como ‘feminista’.
La
carrera de escritora de Acosta de Samper
inicia con la publicación de su libro
de viaje Recuerdos de Suiza (1859) y su
primera obra importante, Novelas y cuadros
de la vida sur-americana, (1869) apareció
como una serie de novelas e historias cortas
publicadas inicialmente en periódicos
bogotanos bajo diversos seudónimos.3 Después de la muerte de su esposo
en 1888 (seguida de la muerte de dos de
sus cuatro hijas), Acosta de Samper se instala
en París, desde donde viajará
a España en calidad de delegada de
Colombia a la conmemoración del cuarto
centenario; los dos tomos de Viaje a España
en 1892 son fruto de esta experiencia.4 Acosta de Samper continuó escribiendo
(textos históricos, en particular),
hasta su muerte, el 17 de marzo de 1913,
dos meses antes de su cumpleaños
80.
Viaje
a España, narrado con una voz objetiva
e impersonal al describir lugares o relatar
acontecimientos históricos (que acompaña
de citas de viajeros e historiadores), revela
a Acosta de Samper como viajera erudita,
conocedora de la historia local, la cual
le parece, hasta cierto punto, propia: “me
parecía soñar cuando resonaban
en mi oído esos nombres históricos
que evocaban tantos hechos magnos de nuestros
antepasados” [I,104].
La autora, acompañada por su hija
menor, inicia su relato desde la entrada
en tren por Francia el 9 de septiembre,
hasta cruzar la frontera francesa nuevamente
el 19 de noviembre de 1892, ya concluidas
las actividades de la conmemoración.
El recorrido previo a las “fiestas”
del cuarto centenario del descubrimiento
es extenso: San Sebastián, Bilbao,
Burgos, Valladolid, León, La Coruña,
Santiago, Madrid, Córdoba, Granada
y Sevilla y finalmente, Huelva.
“Pero
hay en Santiago costumbres que chocan
al extranjero y que afean los hermosos
monumentos artísticos que allí
se encuentran, y es la espesa capa de
polvo que todo lo cubre, la basura é
inmundicia que impide paso, el hábito
arraigado de no barrer jamás, y
la multitud de mendigos, que son más
numerosos aún que en las Castillas.
Estos asaltan al viajero á cada
paso, le interrumpen, le importunan, le
asedian, le interpelan, le apremian, le
tienden las manos, le dan voces y se interponen
entre él y cada objeto que quiere
contemplar; le siguen y rodean, le llaman
por todas partes, se presentan á
la vuelta de cada esquina, le impiden
la entrada de las iglesias y le quitan
el placer que le causa recorrer aquella
curiosísima ciudad.” (I,
154)
El
primer tomo relata (en veinte capítulos)
el camino hasta Córdoba, refiriendo
en detalle los sitios por donde pasa: el
Santuario de Loyola, la ciudad de Burgos
y su catedral, el museo de Valladolid y
las obras de Rubens, Velásquez y
Murillo que contiene, La Coruña y
su importancia como punto de partida de
las expediciones colonizadoras que poblarían
América e incluso la de “el
Barón de Humboldt con Bonpland para
visitar la América del Sur al principiar
el mes de Junio de 1799” [I, 130].
Para Acosta de Samper cada ciudad importante
es ante todo un lugar histórico y
un compendio de instituciones enraizadas
con el poder y el esplendor de la vieja
España: catedrales, universidades,
conventos, hospitales y museos. Este reconocimiento
tiene además un fuerte tinte didáctico,
al creer Acosta de Samper que la historia
es “una ciencia que cada día
debe considerarse más importante,
no solamente porque registra los hechos
pasados sino porque es la clave de los hechos
presentes” [I, 217].
Ejemplo
de lo anterior es su reseña de la
historia de las conquistas de Galicia por
fenicios, cartagineses, romanos, visigodos,
árabes y normandos, así como
sus capítulos sobre Santiago de Compostela,
la “Jerusalén de occidente”.
La historia del santo apóstol es
narrada desde la edad de Cristo y culmina
con una detallada descripción de
los edificios importantes para el culto
cristiano, así como el Hospital Real
del seminario, las universidades y el Colegio
de Medicina. Afirma Acosta de Samper: “si
nos detenemos más tiempo en Santiago
de Compostela, si me complazco en describir
aquella ciudad y sus monumentos y tradiciones,
es porque allí, más que en
ninguna otra parte, encontré viva
á la verdadera España de la
Edad Media. Allí pude contemplar
aquella civilización nacida de la
fe cristiana” [I, 198]. La fe cristiana,
inspiradora de antiguas hazañas y
guía para las naciones contemporáneas,
es lo que Acosta de Samper busca y admira
en este viaje, por lo que el texto se concentra
en “mostrarle” los iconos del
catolicismo a sus lectores.
España,
aunque cuna del cristianismo tiene una posición
ambivalente en el discurso de Acosta de
Samper, quien al apoyarse sobre el conocido
eje civilización-barbarie, hace que
España ocupe cualquiera de los dos
lados, según el tema: “a cada
paso … nos encontramos con recuerdos
de la ausente patria, y no podemos negar
que somos hijas legitimas de la Península
ibérica, no solamente por los defectos
de que adolecemos, sino también por
las cualidades que hemos heredado de nuestra
madre” [I, 216]. Entre los defectos,
Acosta de Samper evoca las calles de Bogota
al observar el mal estado de los empedrados
madrileños, aunque opina que los
caminos reales y la arquitectura de las
casas son superiores en España. Igualmente,
afirma que alcoholismo no fue heredado de
los españoles sino de los “aborígenes
del Nuevo Mundo”, lo que impidió
el arraigo de la civilización.
Colombia
es sin embargo más avanzada en materia
de modales, como se desprende de sus observaciones
durante un espectáculo de zarzuela:
“Esto … me probó que
en Bogotá hay más cultura
y buena crianza…. Debemos aquí
hacer justicia á América;
y si no dejo de señalar los defectos
propios y heredados de que adolecemos, tampoco
debo dejar pasar las cualidades que tenemos
en las Repúblicas del Nuevo Mundo”
[I, 231]. Acosta de Samper ve a Colombia
como una “hija” rescatada del
salvajismo por una España ahora atrasada
en relación a otros países
europeos (principalmente Francia e Inglaterra,
nuevos modelos de desarrollo político
y económico para las nuevas naciones)5 y en ocasiones, atrasada incluso en relación
a las ex-colonias americanas.
En
el segundo tomo (catorce capítulos),
donde se relata el recorrido de Granada
a Sevilla, las viajeras pasan por Santa
Fe, población que evocara Jiménez
de Quesada al bautizar la capital de la
Republica, y donde se realiza una indispensable
visita al archivo de Indias. Ya en Huelva,
(6 de octubre) y a tiempo para los preparativos
del cuarto centenario, Acosta de Samper
visita el monasterio de La Rábida,
dando pie para un largo recuento de los
preparativos de Colón antes de su
primer viaje cuatro siglos atrás.
Es
allí donde sesiona del 8 al 10 el
IX Congreso Internacional de Americanistas,
donde se presentaron memorias históricas,
arqueológicas, antropológicas
y etnográficas relacionadas con el
nuevo continente y donde ella presentó
dos escritos. La emoción crece con
la llegada de la corte real a Huelva y con
la posterior declaración de la Reina
Regente Cristina del 12 de octubre como
fiesta nacional en España; a la clausura
del Congreso, Acosta de Samper tendrá
la memorable oportunidad de intercambiar
felicitaciones y agradecimientos con la
Reina Regente.
La
viajera debe regresar seguidamente a Madrid,
para participar en la quinta sesión
del Congreso Pedagógico Hispano-Lusitano-Americano,
“Concepto y límites de la educación
de la mujer y de la aptitud profesional
de ésta”, cosa que la entusiasma,
ya que “siempre me he interesado en
estos asuntos, y bien sabido es en Colombia
cuánto he trabajado, en la medida
de mis escasas fuerzas, para que la MUJER
obtenga entre nosotros una educación
adecuada á su inteligencia y sus
aptitudes” [II, 156].
Acosta
de Samper sufrirá sin embargo un
desencanto al ver la oposición del
público a la ponencia de Emilia Pardo
Bazán (1852–1921) sobre el
derecho de la mujer a desempeñar
cargos públicos. Comenta la respuesta
de una maestra de escuela:
Dio á entender que la mujer sólo
valía por sus encantos físicos,
y que era preciso dejarle todo trabajo intelectual
al varón, rey del universo. Semejantes
conceptos, que en otros países hubieran
sido acogidos con indiferencia como vulgaridades
pasadas de moda, produjo entusiasmo loco
entre los oyentes masculinos y aun entre
muchas de las damas allí presentes.
[II, 158]
Su
indignación crece con el aplauso
del público y la intervención
de un rector de universidad, quien intenta
comprobar la “inferioridad física
de la mujer”, “¡Como si
la organización corporal de ésta
tuviese algo que ver con su parte moral
y con sus dotes intelectuales!” [II,
159]. Cuando llega su turno, siente temor,
aunque sus ideas sobre la educación
profesional de la mujer son más moderadas
que las de Pardo Bazán.
Entre
los últimos eventos del cuarto centenario
está el Congreso Literario, en el
que participaron figuras como Rubén
Darío y Juan Zorrilla de San Martín,
así como Ricardo Palma, quien defendió
la inclusión de palabras de uso común
en Perú en el fortín de la
“lengua española”. Acompañaban
el Congreso exposiciones de historia y artes
para las cuales se le solicitaron a las
repúblicas del Nuevo Mundo colecciones
de objetos etnográficos que posibilitaran
la comparación entre pueblos de ambos
lados del Atlántico en la era previa
al descubrimiento. Acosta de Samper hace
mención de las exhibiciones de los
Estados Unidos y de México, pero
afirma que la colombiana era la que más
objetos de valor tenía, al tratarse
de la entonces recién descubierta
colección de 122 piezas de oro indígena
conocida como el tesoro quimbaya, que el
presidente Jorge Holguín obsequió
a España en agradecimiento por la
posición favorable que tomó
en la disputa sobre la frontera en la Guajira
y el Orinoco,6 y que Acosta de Samper califica como muestra
de “afecto filial”. La reina
Cristina, al recibir el legendario tesoro
en la apertura de la exposición del
11 de noviembre, exclamó: “Yo
siempre creí que vuestro país
era fabuloso en bienes artísticos,
pero veo que lo es aún más
en la nobleza e hidalguía de sus
gentes.”
El
texto de Soledad Acosta de Samper concluye
con otras tantas descripciones: el Museo
Nacional, Toledo, Alcalá de Henares
(sitio de nacimiento de Cervantes), el encuentro
con Concepción Jimeno de Flaquer
(escritora española igualmente preocupada
por temas de la mujer), y los últimos
eventos del centenario como la cabalgata
histórica donde se hace una rendición
de La Rábida, las tres carabelas,
los Reyes Católicos y el descubrimiento
de América clausurando con la procesión
de una tropa de caciques indios con sus
plumas, armas y “vistosos atavíos”.
Después de dos meses y medio de viaje,
la autora nos deja un interesante recordatorio
de lo que fue la última vez que el
evento se “celebró” con
poca crítica contrastando la quinta
conmemoración que cuestionó
más adecuadamente el legado de la
conquista.
-
En
1901, Acosta de Samper publicó
la biografía de su padre, Biografía
del General Joaquín Acosta. Prócer
de la Independencia, historiador, geógrafo,
hombre científico y filántropo.
La contribución de éste
a la historiografía colombiana
es el famoso Compendio histórico
del descubrimiento y colonización
de la Nueva Granada en el siglo decimosexto.
-
La
Mujer (magazín quincenal dirigido
por mujeres que apareció entre
septiembre de 1878 y mayo de 1881),
La Familia, El Domingo de la Familia
Cristiana, Lecturas para el Hogar, y
El Domingo.
-
La
escritora usó diferentes seudónimos
al escribir, por ejemplo, S.A.S (sus
iniciales), Aldebarán, Bertilda,
Olga, Andina y Renato.
-
Tomo
I, Bogotá: AM Silvestre, 1893
y Tomo II, Bogotá: Imprenta de
La Luz, 1894. Se ha conservado la ortografía
original en todas las citas.
-
José
María Samper, esposo de la autora
escribió el famoso “Ensayo
sobre las revoluciones políticas
y la condición social de las
repúblicas colombianas (Hispano-Americanas)”
donde analiza los aspectos negativos
del legado español. Véase
Jaime Jaramillo, El pensamiento colombiano
del siglo XIX (Bogotá: Temis,
1974:pp. 64-66).
-
Véase
“Oro colombiano en manos extranjeras”
por María Elvira Bonilla en Boletín
Cultural y Bibliográfico. No.
3, Vol. XXII, 1985.
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Soledad Acosta de Samper, 1833-1913. Óleo
sobre lienzo de Rafael Díaz Picón,
Academia Colombiana de Historia.
Soledad Acosta de Samper, Colección
J.J. Herrera, Biblioteca Luís Ángel
Arango.
Biblioteca luís Ángel Arango.
Porta
del libro Viaje a España en 1892 de
Soledad Acosta de Samper.
Inaguración de la Exposición
Histórica-Americana de IV centeneraio
de América, el 12 de octubre de 1892,
por la reina María Cristina de Habsburgo,
acompañada por los reyes de Portugal,
Luis I de Braganza y María Pía
de Saboya.
Emilia Pardo Bazán (1852-1921).
Pieza del tesoro quimbaya regalado a España
en 1892.
Pieza del tesoro quimbaya regalado a España
en 1892.
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