Las mujeres de la tertulia del buen gusto y sus amores

Por: Buitrago Santana, Laura Daniela

Baile en la casa del marqués de
San Jorge. Óleo de Pedro Alcántara
Quijano, ca. 1938. Colección Academia
Colombiana de Historia.
Baile en la casa del marqués de San Jorge. Óleo de Pedro Alcántara Quijano, ca. 1938. Colección Academia Colombiana de Historia.
Sofá Virreinal, ca. 1800.
Taller Santafereño.
Colección Museo
Nacional de Colombia.
Reg. 673
Sofá Virreinal, ca. 1800. Taller Santafereño. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 673
María de los Remedios
Aguilar, ca. 1800.
Miniatura de Pío José
Domínguez del Castillo.
Colección Museo
Nacional de Colombia.
Reg. 4556
María de los Remedios Aguilar, ca. 1800. Miniatura de Pío José Domínguez del Castillo. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 4556
Tabaquera con la efigie de
Carlos IV, ca. 1790. Fabricación
española. Colección Museo de la
Independencia-Casa del Florero.
Mincultura. Reg. 246
Tabaquera con la efigie de Carlos IV, ca. 1790. Fabricación española. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 246
Manuela Sanz de Santamaría. De un retrato
perteneciente al señor don Rafael Pardo de
Francisco. En José Dolores Monsalve. Heroínas de la
Independencia, Bogotá, Academia Colombiana de
Historia, 2010.
Manuela Sanz de Santamaría. De un retrato perteneciente al señor don Rafael Pardo de Francisco. En José Dolores Monsalve. Heroínas de la Independencia, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2010.
Licorera que perteneció a Camilo Torres, ca. 1800.
Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 955
Licorera que perteneció a Camilo Torres, ca. 1800. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 955
Jorge Tadeo Lozano, s.f.
Colección Museo de la
Independencia-Casa
del Florero. Mincultura.
Reg. 496
Jorge Tadeo Lozano, s.f. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 496
Zapatos de tacón,
ca. 1810. Fabricación
europea. Colección
Museo de la
Independencia-Casa
del Florero. Mincultura.
Reg. 3104 ©imagen Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara ,
Mincultura , 2012.
Zapatos de tacón, ca. 1810. Fabricación europea. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 3104 ©imagen Museo Colonial - Museo Iglesia Santa Clara , Mincultura , 2012.
Retrato de Magdalena
Ortega de Nariño,
1801. Óleo de
Joaquín Gutiérrez.
Colección Museo de la
Independencia-Casa
del Florero. Mincultura.
Reg. 4122
Retrato de Magdalena Ortega de Nariño, 1801. Óleo de Joaquín Gutiérrez. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 4122
Manuscrito sobre la
limpieza de sangre
evacuada por don Jorge
Lozano de Peralta y
Maldonado de Mendoza,
1772. Colección Museo
Nacional de Colombia.
Reg. 1992
Manuscrito sobre la limpieza de sangre evacuada por don Jorge Lozano de Peralta y Maldonado de Mendoza, 1772. Colección Museo Nacional de Colombia. Reg. 1992
Lecherita, ca.1825.
Fabricación inglesa.
Colección Museo de la
Independencia-Casa
del Florero. Mincultura.
Reg. 3377
Lecherita, ca.1825. Fabricación inglesa. Colección Museo de la Independencia-Casa del Florero. Mincultura. Reg. 3377

Desde finales del siglo XVIII las monarquías absolutas europeas se vieron fuertemente influenciadas por el pensamiento ilustrado, que insistía en la necesidad de utilizar el racionalismo crítico y la ciencia para alcanzar la prosperidad y la felicidad. Estas ideas, apoyadas en un principio por sectores burgueses, intelectuales y nobles, fueron llevadas a cabo por algunos reyes europeos quienes vieron en estos principios una vía para introducir cambios en las estructuras políticas, económicas y culturales de los distintos reinos, con el fin de mejorarlos y fortalecerlos. De esta manera aparece el despotismo ilustrado, una forma de gobierno que buscó mejorar las condiciones de vida de los pueblos por medio de fundamentos racionalistas, pero sin modificar las estructuras del poder. La corona española, una de las cortes más importantes de Europa, se introduce en la ilustración con los borbones. Sin embargo, es Carlos III de España (1759-1788) quien se dispone a aplicar las reformas ilustradas (más conocidas como reformas borbónicas), en dominios españoles a través de una serie de políticas que limitaban el poder de la iglesia (expulsión de los jesuitas en 1767), promovían la educación como vía de progreso y restaban poder a las aristocracias criollas.

En Nueva Granada, territorio del Virreinato homónimo, se empezaron a difundir paulatinamente las ideas de la ilustración dentro de los grupos sociales de elite gracias a la literatura, los periódicos y las noticias que llegaban de Europa. Además, la llegada entre 1761 y 1810 de virreyes y catedráticos como Pedro Messía de la Cerda y José Celestino Mutis, impulsó la difusión de un ideal científico y reformista que estimuló el proyecto emancipador entre una generación de jóvenes criollos como Antonio Nariño, Camilo Torres y Francisco José de Caldas, que bajo el ideario de la igualdad, la libertad y la razón, incentivaron la formación de la opinión pública, la posibilidad de un autogobierno y la igualdad entre los ciudadanos de la elite criolla.

Las tertulias o círculos literarios

Una de las actividades a través de las cuales se fomentó el intercambio y el debate de ideas fue la de las tertulias o círculos literarios, reuniones sociales en donde se disfrutaba de algunos bocadillos y se discutían temas políticos, intelectuales y cotidianos que permitían el establecimiento de importantes vínculos sociales, puesto que el diálogo que allí se propiciaba generaba relaciones políticas, amistosas, antagónicas e incluso amorosas entre los personajes que participaban.

Santafé albergó las tertulias más conocidas del territorio neogranadino: el Arcano sublime de la filantropía, a cargo de Antonio Nariño, la Tertulia Eutropélica de Manuel del Socorro Rodríguez y la Tertulia Del buen gusto de Manuela Sanz de Santamaría. En todas ellas se trataban aspectos científicos, literarios y políticos y entre sus miembros se encontraban varios de los líderes que más adelante conformarían el movimiento independentista. Sin embargo, la Tertulia de doña Manuela resultó interesante en particular, en tanto queacogió a algunas de las intelectuales más conocidas de la época.

María Manuela Santamaría Ricaurte nació en Santafé. Era hija de don Francisco Sanz de Santamaría y de doña Petronila Prieto Ricaurte, reconocidos personajes de la sociedad santafereña. Su educación fue un asunto de gran menester para sus padres, especialmente para su madre, quien “quiso que sus hijas brillasen por los primores del espíritu, más que por cualquier otro adorno1”. Sabía latín, italiano y francés y traducía diversos textos para sus hijos estudiantes. Fue una destacada intelectual, propietaria de una biblioteca de Historia Natural que visitaban tanto locales como foráneos de la talla de Alejandro de Humboldt, quien no escatimó elogios al conocer tanto a la dueña como a su biblioteca. Estaba casada con el doctor Francisco González Manrique, abogado de la Real Audiencia de Santafé e hijo del presidente de la misma. Distinguido como un “sujeto honorable y calmoso2”, celebraba y apoyaba las actividades intelectuales de su esposa, tal como nos cuenta José Manuel Groot en su Historia eclesiástica de la Nueva Granada.

Hacia 1801, fundó y presidió la Tertulia Del buen gusto, en donde surgieron tanto nuevas ideas como sociabilidades, pues los espacios en donde se llevaban a cabo las reuniones habían roto la división masculina y femenina antes imperante. El estrado femenino3, lugar de la sala exclusivo de las mujeres, amoblado con cojines, costureros y pequeñas mesas en donde se recibían visitas, se educaba a los hijos y se hacían las oraciones, así como el espacio masculino, de escritorios pesados y sillas altas en donde conversaban los hombres, se fusionaron dando origen a un solo salón que permitía la convivencia entre ambos sexos y propiciaba un nuevo ambiente adornado, entre otras cosas, por una “opulenta araña de cristal de roca (…) espejos biselados, altas consolas doradas al fuego, alfombra de Esmirna, silletería y sofá de damasco carmesí, bargueños de bronce, jarrones de china y candelabros de cristal tallado”4, objetos que se popularizaron entre las mansiones coloniales desde mediados del siglo XVIII.

Madres, esposas e hijas que avivan la revolución

Entre los asiduos contertulios, se destacó Francisca Prieto y Ricaurte, prima de doña Manuela y descendiente de una de las familias más adineradas del reino. Lectora incansable, era conocida por sus notables conocimientos y su carácter servicial y bondadoso. Humboldt también se había cruzado con ella y se refería a ella como una dama “amable, culta e interesante”. Custodió, junto con otras damas santafereñas, a la virreina Francisca Villanova y Marco, luego de que esta fuera trasladada de la cárcel al palacio5, con el fin de evitar que fuera agredida por las mujeres de la plebe que antes habían lanzado contra ella agravios e insultos. También se reconocía por sus dotes de anfitriona, pues amenizaba las reuniones clandestinas que organizaba en casa su marido, Camilo Torres, a quien se dice había conocido en la tertulia de Santamaría.

Otra dama de gran talento era Josefa Ballén de Guzmán, santafereña distinguida tanto por sus virtudes como por su erudición. En la Tertulia participaba activamente y discutía con elocuencia y criterio sobre política, poesía y literatura junto a sus compañeros allí congregados. Era una mujer animada que había sido partícipe, durante el 20 de julio de 1810, de las manifestaciones vividas en calles y plazas en contra del gobierno español, en compañía de otras señoras de la capital. Era partidaria de la independencia y estaba casada con Frutos Joaquín Gutiérrez, también integrante de la Tertulia Del buen gusto.
Doña Josefa Antonia Baraya, más conocida entre sus allegados como ‘Chepa’, fue otra integrante femenina de este círculo. Natural de Girón, era distinguida por su entusiasmo y persuasión. Participó en las manifestaciones del 20 de julio con Josefa Ballén y junto a Francisca Prieto había custodiado a la virreina desde la cárcel hasta el palacio, indignada hasta las lágrimas por el maltrato que había sufrido la señora Villanova. Una anécdota cuenta que el día de la reyerta por el florero de Llorente, le pidió a su hermano, el capitán Antonio Baraya, que pusiera la tropa a su cargo a favor de la revolución, pues ella apoyaba a aquellos que se manifestaban descontentos. Era cuñada de Manuela Santamaría, pues estaba casada con su hermano Pantaleón Sanz e Santamaría, quien también asistía a las reuniones organizadas por la santafereña.

Cabe también nombrar a la joven Tomasa, hija de doña Manuela, quien ya era distinguida por los contertulios por su habilidad para la poesía e incluso porque “tenía más talento aun que la madre”6. Todos los indicios sugieren que al igual que su madre, tenía un especial gusto por las letras y su participación debía deleitar tanto a sus padres como a los congregados.


Esta notable participación femenina evidencia la trascendencia de las mujeres en el proceso independentista, en tanto que resalta su contribución y participación en el movimiento ilustrado neogranadino. Sin embargo, su importancia no se restringe a su participación política, pues el apoyo y la compañía que brindaron a sus esposos fueron factores cruciales que impulsaron a estos a ejecutar proyectos revolucionarios como el de la independencia. Desde sus roles “tradicionales” de madres, esposas e hijas, propiciaron entornos de discusión y tejieron vínculos sociales que favorecieron la difusión de las ideas emancipadoras. De esta manera, no solo se proyectaron como intelectuales y activistas sino que favorecieron la transgresión de sus esposos, que sin ellas, no hubieran podido llevar a cabo la independencia. •

Referencias

  1. AnclaMonsalve, José Dolores. Heroínas de la independencia. 2ª ed., Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2010, p. 22.
  2.  AnclaLiévano, Roberto. “Tertulias literarias en Santafé y en Bogotá”, en Revista Cultura, vol. 5, núm. 25-30, Santafé de Bogotá, enero-junio de 1918.
  3. AnclaLara Betancourt, Patricia. “La sala doméstica en Santa Fe de Bogotá, siglo XIX, el decorado: la sala barroca”, en Historia Crítica, Universidad de los Andes, núm. 20, julio-diciembre, 2001.
  4. AnclaUribe Pinto, Roberto. “Las tertulias literarias en Bogotá”, en Boletín de la Academia Colombiana, tomo XLVII, núm. 195, Santafé de Bogotá, enero-febrero-marzo de 1997.
  5. AnclaLa virreina había sido recluida en el convento de monjas de Santa Gertrudis el 25 de julio de 1810 a petición del pueblo. Sin embargo, el 13 de agosto una multitud enardecida se aglutinó a las afueras del convento amenazando con entrar forzosamente si no era trasladada Villanova a la cárcel del Divorcio. Sin la autorización de la junta de gobierno, fue obligada a caminar hacia la cárcel siendo agredida en el camino. Al enterarse la Junta, se pidió la restitución inmediata de la virreina al palacio con el fin de remediar el incidente y dejarla marchar hacia Cartagena de donde luego partiría hacia España, junto con su esposo el virrey Antonio Amar y Borbón.
  6. AnclaVergara y Vergara, José. Historia de la literatura en Nueva Granada. Bogotá, Talleres Gráficos del Banco Popular, 1974, p. 102.

Bibliografía

  • Lara Betancourt, Patricia. “La sala doméstica en Santa Fe de Bogotá, siglo XIX, el decorado: la sala barroca”, en Historia Crítica, Universidad de los Andes, núm. 20, julio-diciembre, 2001.
  • Liévano, Roberto. “Tertulias literarias en Santafé y en Bogotá”, en Revista Cultura, vol. 5, núm. 25-30, Santafé de Bogotá, enero-junio de 1918.
  • Monsalve, José Dolores. Heroínas de la independencia. 2ª ed., Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 2010.
  • Uribe Pinto, Roberto. “Las tertulias literarias en Bogotá”, en Boletín de la Academia Colombiana, tomo XLVII, núm. 195, Santafé de Bogotá, enero-febrero-marzo de 1997.
  • Vergara y Vergara, José. Historia de la literatura en Nueva Granada. Bogotá, Talleres Gráficos del Banco Popular, 1974.
     

Agradecimiento especial a Leonor Hernández, Ricardo del Molino y Gloria Vargas.
 

El caso del medallón de
Magdalena Ortega de Nariño

En 1995, Carmen Ortega Ricaurte, en ese entonces directora del Museo del 20 de Julio (ahora Museo de la Independencia), causó gran controversia al afirmar, ante la Sociedad Nariñista, que Magdalena Ortega le había sido infiel a su esposo, Antonio Nariño, con Jorge Tadeo Lozano. Su hipótesis estaba sustentada en el cuadro de una dama del siglo XVIII que se encuentra en el citado Museo y a quien se le había atribuido la identidad de Magdalena. Luego de un proceso de restauración llevado a cabo en 1973, se descubrió que antes había sido intervenida y sobre su pecho se había pintado un pañolón negro que ocultaba el medallón. De vuelta a su forma original, se observa una figura femenina adornada con un medallón que dejaba entrever un retrato y en su regazo sostenía un niño de brazos. Carmen Ortega afirmaba que el del medallón no era Nariño sino Lozano y que la criatura era hijo de este, pues Nariño para ese entonces estaba encarcelado.

Distintos columnistas e interesados en la historia alzaron una voz de protesta en los periódicos de circulación nacional, calificando de precipitadas e inadecuadas las conclusiones de la investigadora. Otras personas llevaron la situación al extremo y amenazaron con levantar una denuncia por calumnia histórica contra ella. También hubo voces de apoyo que manifestaron la total aceptación de la infidelidad de Magdalena, pues no consideraron un acto agravioso su eventual conducta extramatrimonial sino que, por otro lado, las acusaciones contra la investigación de Carmen Ortega resultaban un tanto machistas. No obstante, la polémica dejó ver que la discusión trascendía el carácter histórico y se entablaba en términos morales, pues la crítica y la defensa se dirigían a reafirmar la imagen de esposa y mujer ejemplar de Magdalena, mas no en verificar la autenticidad del cuadro o su devenir histórico.

Por su parte, la investigadora mantuvo sus argumentos y en el 2000 publicó un libro titulado El enigma del medallón, en donde sustentaba su teoría y hacía frente a las diatribas lanzadas en su contra. Sin embargo, al año siguiente, Felipe Racines Osorio publicó el libro Apología de Magdalena Ortega de Nariño o el fraude del enigma del medallón, con el cual pretendió tumbar la afirmación de Carmen Ortega y dar por concluido el mal entendido. Como podemos ver este sigue siendo un secreto, de los tantos que en cuestiones de romances tiene nuestra historia.

 

Laura Daniela Buitrago Santana. Estudiante de historia, Universidad Externado de Colombia.

Título: Las mujeres de la tertulia del buen gusto y sus amores
Fecha de publicación: 2012-09-01


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