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Introducción
En esta investigación se examina el ordenamiento socioespacial que presentaba el
resguardo de Chita en la segunda mitad del siglo XVIII. El estudio del resguardo se aborda
atendiendo tanto al problema de la tierra, como de la comunidad y su organización, por lo
cual las palabras pueblo y resguardo se emplean indistintamente al
referirse a la comunidad y al territorio. Para señalar la agrupación de casas en torno a
la iglesia se utiliza, al igual que Marta Herrera, la palabra poblado
(2)
. La relación entre espacio y poblamiento en el
resguardo de Chita se analiza a través de tres aspectos: el territorio y el poblamiento,
el control social de los espacios y las formaciones socioespaciales. En el primero se
estudia la ubicación del resguardo, la conformación administrativa y la distribución de
la población, haciendo una retrospección histórica del poblamiento y de las
transformaciones surgidas en el espacio, resultados de los procesos físicos y culturales
entre indios y vecinos, como se les llamó a los blancos y mestizos en la época colonial.
El control social de los espacios se explica a través de un conflicto surgido por el
interés de un grupo de vecinos, de crear una nueva parroquia para legitimar su
permanencia en el lugar, desagregándose del resguardo y de la autoridad del cura
doctrinero; se destaca, además, el surgimiento de una elite local que buscaba controlar
el espacio geopolítico del vecindario. Finalmente, se tratan las formaciones
socioespaciales: el resguardo, el vecindario y la parroquita; se analiza cómo
las relaciones entre los indios del resguardo y los vecinos de la feligresía
dieron origen a una formación intermedia: la parroquita, espacio de
transición que expresa la síntesis del vecindario y del resguardo, que abarcó los dos
espacios que la formaron y de la que resultó la parroquia de indios y de vecinos.
Este trabajo pretende contribuir al conocimiento de la historia local, en una época de
grandes cambios demográficos, económicos y políticos; muestra el fenómeno cambiante de
las formas de poblamiento, el debilitamiento de la república de indios frente
al fortalecimiento de la república de blancos; a la vez que rescata el papel
del resguardo como institución que modela el espacio y la población en el marco de una
sociedad dual que, finalmente, se articula y se funde en lo que hoy son los municipios
boyacenses.
La documentación más importante utilizada en esta investigación se fundamenta en
fuentes primarias del Archivo General de la Nación, del Archivo Parroquial de Chita, del
Archivo Regional de Boyacá y de fuentes primarias impresas como: Relación de Visitas
Coloniales, de José Mojica Silva, Indios y Mestizos de la Nueva Granada a finales del
siglo XVIII, correspondiente a la visita de Francisco Antonio Moreno y Escandón, y
Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada, del padre Basilio Vicente de Oviedo. La
bibliografía contemporánea facilitó la interpretación de dichos documentos.
Por no haberse encontrado mapas de Chita en el siglo XVIII, los que aquí se presentan se
construyeron a partir de las cartas del IGAC, de la información de los documentos
históricos, y teniendo en cuenta el planteamiento de Silvia Broatbent, sobre la semejanza
de los nombres de las veredas actuales con las parcialidades prehispánicas y coloniales
(3)
. A las citas textuales se les cambió la
ortografía original por la actual y se agregaron algunos signos de puntuación para
facilitar la comprensión de los contenidos.
1. Territorio y Poblamiento
El resguardo consistía en una agregación de varias parcialidades indígenas en un
hábitat territorial limitado, de propiedad inalienable, con el fin de reconstruir una
comunidad según los esquemas europeos de vida urbana, vida en policía y vida en
república, que implicaba un control político y social, la evangelización y protección
de la comunidad, la producción de bienes para la subsistencia y el abasto de un mercado
agrícola y artesanal para el mercado local y regional, la explotación económica a
través del tributo y la utilización de la fuerza de trabajo.
El resguardo de Chita estaba ubicado en tierras altas de la vertiente oeste del ramal
oriental de la Cordillera Oriental, al noreste del departamento de Boyacá, en la
jurisdicción del actual municipio que lleva el mismo nombre; situado a 6º 11´ 22
de latitud norte y a 72º 28´ 36 de longitud occidental; distante de Tunja, la
capital del departamento, 240 Km (mapa 1).
Mapa 1
*
En la segunda mitad del siglo XVIII su extensión total era aproximadamente de 6.025 has.
y comprendía las parcialidades de: Vichacuca, Tágaza, Chichaguí, Vímiza,
Malareque, Chipa
(4)
, las tierras de labranza y
el potrero de comunidad o ejido. El área urbana era un poblado nuevo construido entre
1725 y 1733, por efecto de los deslizamientos sufridos en la antigua población.
El resguardo había sido creado el 24 de enero de 1602 por el Licenciado Luis Henríquez,
dando cumplimiento a las ordenanzas sobre resguardos dictadas por el presidente Antonio
González en 1593
(5)
, cuando ordenó la
reducción de los indios de la Sal y de los de Chita en torno a la iglesia del pueblo de
Chita; pero en esta ocasión se les amparó en todas las tierras que habían
poseído tradicionalmente
(6)
. Sólo hasta 1635
el oidor Juan de Valcárcel delimitó las tierras del resguardo
(7)
y señaló una sectorización interna consistente en: tierras para parcelas individuales,
potrero de comunidad y labranza de comunidad; sus límites y sectores fueron reconocidos
en las visitas de 1755 y de 1777.
Las tierras de los resguardos en terrenos quebrados se delimitaron tomando como puntos de
referencia las elevaciones notables y los ríos. En terrenos más parejos, por lo general,
tenían una forma rectangular y se medían con una cabuya ajustada en 76 ó 100 varas
(igual a 100 pasos)
(8)
. Un ejemplo de resguardo
en forma de rectángulo es el de Cota (Cundinamarca) en la sabana de Bogotá (mapa 2)
Mapa 2
*
A diferencia del resguardo de Cota, el de Chita tenía la forma de un círculo, según se
desprende de lo dicho por el corregidor Campuzano y Lanz en 1777
(9)
y la descripción de los linderos sobre el paisaje
(10)
.
Flanqueado al norte por el cerro de Rogachude; al noroeste y oeste por el río Loblanco
(llamado entonces Chitano); al oriente con el cerro del Portillo (hoy Jerusalén), el
cerro de Mocuas, la loma de la Carbonera, con oscilaciones entre 3.400 y 4.000 m.s.n.m.;
por el suroeste con el río Higueras y, cerca de la confluencia de los dos ríos, el sitio
de la Salinita que era la parte más baja del resguardo a 2.400 m.s.n.m. (mapa 2).
El vecindario de Chita se fue formando con el poblamiento de españoles y mestizos; en las
declaraciones de la visita de 1635, los indios interrogados afirmaron que desde hacía
más de 20 años vivían en el vecindario españoles labradores y mestizos. En
esta visita se contabilizaron 10 españoles hombres y 16 mestizos; de estos últimos, 13
eran hombres, tres de los cuales tenían esposa mestiza
(11)
.
A partir de este grupo se fue consolidando el mestizaje que con el tiempo fue creciendo
por efecto de las mezclas internas y la inmigración.
Según el padrón de 1777, hecho por el corregidor Campuzano y Lanz, el vecindario de
Chita estaba formado por trece estancias ubicadas al norte, oeste y sur del resguardo, sus
nombres eran: De los Olivos, Artajona, Mortiñal, Quíchova, Tabacal, De los Hernández,
Cuco, La Caldera, Las Higueras, Quindeva, Silverio, Canoas y Agua Colorada y Tierra Negra
(12)
. Atendiendo a la semejanza de los nombres de
las estancias de los vecinos se puede argumentar que, así como en el caso de
las parcialidades, las estancias coloniales dieron origen a algunas veredas actuales. Con
este planteamiento y con la delimitación del resguardo, se calculó el área del
vecindario
(13)
, resultando que el 70% de las
tierras estaban en poder de los vecinos, el 14.5% eran tierras del resguardo y un 15.5%
tierras baldías (mapa 3).
Mapa 3
*
El resguardo de Chita y su vecindario hacía parte del corregimiento o partido de Chita,
uno de los nueve corregimientos de la provincia de Tunja
(14)
,
al que también pertenecían los pueblos de indios de Boavita, Guacamayas, Chiscas, Cocuy,
la Misión de Guicán y la Salina, y las parroquias de El Cocuy, la Uvita y la Capilla
(15)
(hoy San Mateo), es decir, que el partido de
Chita comprendía los territorios que habían pertenecido a la confederación lache.
a) Distribución espacial de la población
En cuanto a la población y su ubicación, según el padrón de 1777
(16)
, el total de los habitantes del pueblo y vecindario de
Chita era de 3.517 personas, distribuidas así: 1.386 indígenas habitaban en las tierras
del resguardo y dos en las estancias de vecinos, para un total de 1.388 indígenas,
equivalente al 39.5% de la población. Los vecinos sumaban 2.129, el 60.5% de la
población, distribuidos de la siguiente manera: 1.258 personas (35.8%) en la
feligresía del vecindario y 871 (24.7%) dentro del resguardo (ver el
siguiente gráfico).
* tildes a distribución y población
Área:
14.5%
Área:
70%
Fuente: A.G.N. Visitas Bolívar T.
3 ff. 453 v a 475 v.
En relación con el territorio y con el total de la población, el 64.2% de los habitantes
vivía en el resguardo, que tan sólo ocupaba el 14.5% del área poblada; mientras que el
35.8% restante vivía en las estancias que comprendían el 70% del territorio. La presión
que ejercía el vecindario sobre el resguardo era motivada fundamentalmente por dos
causas: el arriendo de tierras y el mestizaje. En 1777, los capitanes de las parcialidades
manifestaron al corregidor Campuzano y Lanz, que:
el número de vecinos que habita el resguardo es crecido, pero que no saben con fijeza
cuántos son, ni tampoco las cantidades que por razón de arriendo pagan estos vecinos a
cada indio, particular dueño de las tierras en que viven
(17)
.
Así mismo, Campuzano y Lanz se refería a los vecinos que habitaban en el resguardo como
vecinos de color, lo que indica que eran mestizos. Por estas razones
arriendo de tierras y mestizaje, más la presión fiscal del Estado colonial-
Campuzano y Lanz ordenó el remate de un cuarto del resguardo para el
establecimiento y separación de los enunciados vecinos
(18)
.
Este terreno se extendía desde el nacimiento de la quebrada de Rogachude (hoy
Gusaneque), hasta su entrada en el río de Chita, y por el lado contrario con tierras de
Don Antonio de los Olivos, de los Reverendos Padres de San Agustín
(19)
, ubicadas al norte del resguardo (mapa 2).
b) Evolución del poblamiento
Con la llegada de los españoles, a fines de la primera mitad del siglo XVI, se introdujo
un nuevo sistema de poblamiento mediante la creación de asentamientos urbanos acordes con
el modelo municipal español; así mismo, se procuró la congregación de los indígenas
en pueblos de doctrina para facilitar su evangelización y la disponibilidad
de su fuerza de trabajo
(20)
, aunque se mantuvo
el patrón de poblamiento prehispánico disperso, junto a la aldea nucleada de los
pueblos de indios o alrededor de los centros urbanos españoles.
A mediados del siglo XVIII el poblado de Chita se hallaba ubicado en el altiplano de San
Antonio, en el mismo sitio donde se encuentra el pueblo actual. Su estructura tenía traza
reticular, plaza e iglesia; era un poblado nuevo, porque el pueblo viejo
había sido arrasado casi por completo por un derrumbe o volcán, como lo
llamaron entonces. Veamos cuál fue el proceso de conformación del poblado y el
poblamiento. Desde 1571, cuando se hizo la visita del Licenciado Juan López de Cepeda, el
pueblo de Chita tenía una iglesia de piedra y contaba con 388 indios
(21)
. En 1577 se realizó un contrato entre el mayordomo del
conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada, encomendero de la región, con el albañil Diego
Mejía, para la construcción de una Iglesia de tapias y rafas de adobe y ladrillos
cubiertas de teja
(22)
.
El modelo de poblamiento urbano español de traza reticular había sido ordenado en las
Instrucciones del oidor Tomás López de Cepeda en 1559
(23)
.
Cuando el licenciado Luis Henríquez visitó la región en 1602, Chita contaba con 968
indígenas, 10 blancos y 16 libres o mestizos y el pueblo de la Sal con 232 indígenas
(24)
. El visitador describió la iglesia del
pueblo de Chita, la cual tenía las características de la contratada en 1577;
así mismo, mandaba y mandó que todos los indios pertenecientes al pueblo de la Sal
se pueblen y pasen a vivir al de Chita en lo más acomodado y cercano a la iglesia,
haciendo los unos y los otros sus casas y bohíos, señalando sus calles derechas
(25)
. Esta disposición de implantar el
plano reticular, cuando desde 1559 se había ordenado, puede ser indicio de
que el modelo español fue objeto de resistencia y que se impuso en los pueblos de indios
en un tiempo de media o larga duración. La orden de agregación también fue objeto de
resistencia porque los indios del pueblo de la Sal no la cumplieron.
En 1681, junto a la iglesia, había un convento que comprendía una casa grande de
estantillos, cubierta de paja en que están dos celdas grandes, cada una con dos alcobas,
y en cada celda su puerta de madera y su ventana volada a la plaza
(26)
. En la plaza de los poblados de indios se ubicaba la
iglesia, la casa del cacique, la casa del cabildo, la cárcel y las casas de los indios
principales
(27)
. De esta manera, en la
superposición de poderes hispanos sobre los indígenas, la iglesia se convirtió en
el nuevo centro del cacicazgo por analogía con la función del cercado o casa del
cacique
(28)
.
Para los curas doctrineros de Chita, la iglesia era una preocupación especial; la primera
gestión de los visitadores pastorales fue la revisión del estado de la iglesia, del
baptisterio y de los adelantos de la sacristía. En 1683 los caciques y
gobernadores informaban al visitador eclesiástico que el padre Alonso de Lara
viendo en esta Sa. iglesia que no teníamos donde sentarnos los domingos y días
festivos, nos hizo el bien de que se [hicieran] escaños y bancos que hoy están
fomentando el aseo de la Sa. iglesia
(29)
.
Son frecuentes en los documentos las denominaciones vecino de Tunja residente en el
valle de Chita
(30)
. En estos casos,
según el padre Vicente de Oviedo, los vecinos pagaban la mitad del estipendio al cura
doctrinero del pueblo al que estaban agregados, y la otra mitad a la parroquia a la que
pertenecían
(31)
. La pertenencia de los
vecinos al pueblo de indios seguía la normatividad religiosa; el visitador don José de
Vergara y Azcárate ordenaba en 1734: primeramente sean precisados los vecinos a
oír los más días de fiesta misa en su pueblo como en propia parroquia, lo que tendrá
más fuerza atendidas bien las pastorales de los S.S.P.P. Pontífices Pío V y Alexandro
VIII
(32)
. Con este cumplimiento, desde
época temprana, los vecinos establecieron funciones de cooperación con los indígenas en
torno a las actividades de la iglesia, como lo demuestra el traslado del poblado. Este fue
hecho por un deslizamiento ocurrido a finales del mes de agosto de 1706, en el sitio
conocido hoy como Pueblo Viejo. El fenómeno se repitió en el mismo sector,
desde el 21 de noviembre de 1724 hasta el 30 de enero de 1725, cuando bajaron
crecientes poderosas de barro y piedra, que gracias al trabajo de desagüe de
naturales y vecinos, hizo reventar el volcán por la parte de
Vichacuca. Por efecto del terremoto se despedazaron las paredes de la
iglesia y quedaron sepultadas 32 casas
(33)
.
Los indios del pueblo de Chita, representados por don Domingo Núñez, protector de
naturales, solicitaron inmediatamente ante don Antonio Manzo Maldonado, Mariscal de Campo,
Presidente, Gobernador y Capitán General en Santafé, el traslado del pueblo al
sitio del Ensayadero, localizado en las tierras del resguardo; licencia que
les fue concedida el 2 de septiembre de 1725
(34)
.
Don Antonio Manzo Maldonado, el 22 de septiembre de 1725, ordenó al corregidor de
naturales del partido de Chita, don Fernando de Caicedo y Solabarrieta, a petición de don
Domingo Núñez, que los terrenos asignados para el poblado tuvieran las cuatro leguas que
prevenía la ordenanza en estos casos, y que para el cuidado de los ganados se les diera
una estancia de ganado mayor para potrero, y así evitar los daños en las sementeras; se
ordenó, además, que los indios hagan sus ranchos y ferias en los sitios más al
propósito e inmediatos a la iglesia y hasta que no esté todo ejecutado no permitirá se
pasen para que no experimenten ninguna incomodidad ni tengan dimisión alguna
(35)
.
El eje en torno al cual se construiría el nuevo poblado era la iglesia; después de
algunas gestiones, el remate de su construcción se hizo a nombre de don Tomás Muñoz,
vecino de Santafé, residente en el valle de Chita, quien antes de haberse concedido dicho
remate que propuso en 2.000 pesos, había iniciado la construcción de la casa cural y
contaba con un tejar, piedra rajada y labrada y la traza o el plano que había
sido consultado con el cura, los vecinos principales, los caciques y gobernadores
(36)
. Los 2.000 pesos, como era la costumbre, se
repartieron en tres partes, cada una de 665 pesos y unos reales; una parte se asignó a la
Real Hacienda, otra al encomendero, quien renunció a las demoras mientras
cumplía con la cantidad, y los indios que trabajaran en la obra eran relevados del pago
del tributo que les correspondía
(37)
. La
tercera parte se asignó a los vecinos a quienes se les fijó individualmente una
cantidad, de acuerdo a sus posibilidades. La parte de la Real Hacienda fue la única que
se entregó oportunamente
(38)
.
Diligenciadas buena parte de las recomendaciones necesarias para el traslado, el 17 de
enero de 1734 el corregidor don Fernando de Caicedo y Solabarrieta certificó que el padre
Francisco de Arce, cura doctrinero de dicho pueblo, había comenzado el transporte del
poblado; para entonces, ya se había construido un convento y la iglesia se hallaba
adelantada
(39)
. El traslado del poblado
implicó una serie de gestiones político-administrativas, la construcción de la iglesia,
el convento y las viviendas, que involucraron a los indios, a los vecinos, a las
autoridades civiles de Chita, Tunja, Santafé y a las autoridades eclesiásticas, en un
proceso que duró cerca de diez años. Los capitanes e indios principales tomaron parte en
las determinaciones del traslado y construcción de la iglesia y del poblado, como quiera
que la iglesia era el eje del pueblo de indios al que estaban agregados los
vecinos, y por lo tanto el poblado: espacio de socialización de todos los grupos
socio-raciales.
La obra de la Iglesia continuó a lo largo del siglo XVIII con la ayuda económica de los
indios del pueblo, de los vecinos y de los curas. En las visitas pastorales se hacía un
inventario de las alhajas y de los adelantos de la construcción; así, en el informe de
la visita de 1800, algunos de los adelantos fueron: la enladrilladura de la
Iglesia, una capilla de Nra. Sra. del Rosario, el pasadizo y
puerta para la sacristía, la capilla del Sor. Crucificado de la Salina,
a costa de varios devotos como indios, vecinos y forasteros, y el trabajo personal de
indios y vecinos
(40)
. En torno al
traslado del poblado y a la construcción de la nueva iglesia, se tejieron una serie de
actividades y trabajos de cooperación donde participaron indios y vecinos, reflejando que
las relaciones interétnicas en el marco de la realidad local fueron debilitando la
separación de las dos repúblicas, la república de españoles y
la república de indios, promovidas por las leyes de segregación desde el
siglo XVI.
Las disposiciones oficiales ordenaban que los indios debían vivir en el poblado
(41)
; pero, según declaración de los capitanes y alcaldes del
resguardo hecha al corregidor Campuzano y Lanz en 1777, los indios que tienen casas
en el asiento de este pueblo son pocos y los más están radicados en sus estancias unas a
corta y otras a mayor distancia
(42)
. En
el juicio de residencia seguido al corregidor don Ignacio de Andrade en 1781, un testigo
afirmaba: que sabe que dicho corregidor, consintió a que los indios del pueblo de
Chita de que viviesen en su población vieja
(43)
.
Esto indica que pasado el peligro del deslizamiento, los indios volvieron a su antigua
población.
La existencia de un solo asentamiento urbano en Chita indica que, en un comienzo, los
indios lo ocuparon, porque en el traslado del pueblo sólo se menciona a los
indios, pero muy pocos de ellos se quedaron a vivir allí; la mayoría regresó a su
antiguo poblado y es posible que los blancos y mestizos que se hallaban asentados en sus
propiedades rurales fueron ocupando el espacio urbano. La resistencia de los indios a
adaptarse al modelo de poblamiento español demuestra la presencia de un espacio abstracto
que actúa como un campo de fuerza dentro del cual es libre una cultura y en
el que se resguarda de la destrucción de sus prácticas tradicionales, de su
organización familiar y de sus relaciones y roles de producción
(44)
.
2. Control social de los espacios
Germán Colmenares plantea que en el Nuevo Reino de Granada, a fines del siglo XVII,
comenzaron a erigirse parroquias como consecuencia de los cambios provocados en la
configuración étnica y cultural de la población, para dar asentamiento urbano a
estancieros y propietarios independientes
(45)
;
este hecho provocó que el visitador Berdugo y Oquendo ordenara, en 1755, que algunos
pueblos de indios por su poca población, se convirtieran en parroquias
(46)
. Jaques Aprile también señala que durante los siglos
XVI y XVII las composiciones de tierras, la reagrupación de la escasa población
aborigen encomendada, su reducción en parcialidades, resguardos y pueblos de doctrina, el
concierto y el nuevo sistema de contratación laboral, ocasionaron en el siglo XVIII
un nuevo modelo de hábitat rural nucleado, un nuevo tipo de asentamiento: la
parroquia o villa de vecinos libres, que predominó desde fines del siglo XVII hasta
el período de la Independencia
(47)
. Por su
parte, Marta Herrera plantea que una de las consecuencias del cambio en la composición
demográfica de la población, a mediados del siglo XVIII, fue el surgimiento de una nueva
elite local dentro de la república de españoles y la disminución de la
importancia relativa de la república de indios. El peso económico alcanzado
por esta elite le había permitido cierto ejercicio del poder a nivel local
(48)
.
En Chita, en 1780, los vecinos dieron un poder al Capitán
(49)
Juan de Dios Rodríguez para que los representara en
todas las diligencias relacionadas con los beneficios del vecindario. En 1781, dicho
Capitán solicitó la desagregación del vecindario y la erección de una
parroquia que se llamaría Nuestra Señora de la Paz, que comprendería las estancias de
los vecinos agregados al pueblo de indios y el poblado sería construido en el sitio de
La Ramada de Quindeva. Los vecinos se comprometían a levantar: iglesia, casa
del cura, cárcel; organizar las tres cofradías (de Nuestro Amo, de la Virgen y de las
Animas), y cumplir con todas las obligaciones del culto católico
(50)
.
El arzobispo Antonio Caballero y Góngora, autoridad competente, ordenó al cura de
Socotá, José María Plata, delimitar el territorio de la nueva parroquia y levantar el
padrón de los vecinos. Los límites serían: de la peña de Cúdica en derechura a
dar a el alto de Rechíniga, de las Lajas, y de este a dar a el Portachuelo del Cocuy y de
este a el sitio de las Ventanas y quebrada de la Mina, agua abajo, hasta donde entra en el
Río de Chita, y de este Río arriba hasta donde se encuentra la quebrada de Ura, y de
esta agua arriba a dar a la laguna Larga y de esta a el sitio de Buenavista en las Piedras
negras y de este hasta encontrar con el Río de Castro y de este a dar a la Laguna de
Cuvida y de esta a dar al alto de Salazar y de este a dar a la estancia de el Cuco y de
esta corriendo la cuchilla abajo a dar a el Río de Chita y de el Río arriba a dar a el
primer lindero de la Peña de Cúdica
(51)
(mapa 4).
Mapa 4
*
El padrón totalizó 391 cabezas de familia. Los partidarios de la nueva parroquia
incluían la estancia de Cusaguí, que hacía parte de la parroquia de la Uvita y contaba
con 40 cabezas de familia; pero estos vecinos no estaban interesados en pertenecer a la
nueva parroquia. Fuera de esta población, quedaban 382 cabezas de familia que habitaban
las tierras del cuarto del resguardo que había sido rematado a favor de los vecinos en
1777, los cuales quedarían agregados al pueblo de indios de Chita
(52)
.
A raíz de este proyecto, los vecinos se dividieron en dos grupos: los que apoyaban al
capitán Juan de Dios Rodríguez y los que no querían la nueva parroquia y acompañaban
al cura doctrinero Fray José Leal. Cada grupo defendía su posición con documentos que
enviaban a las autoridades pertinentes y con manifestaciones que llegaron a los
enfrentamientos armados, como lo narra un documento firmado el 7 de agosto de 1781 por 207
vecinos en el que pedían la anulación del poder otorgado a Rodríguez y rechazaban el
proyecto de la nueva parroquia. Este grupo de vecinos manifestaba, refiriéndose a Juan de
Dios Rodríguez,
... que de ningún modo lo admitimos de capitán, ni que en adelante tenga algún dominio
sobre nosotros, ni tampoco admitimos como capitanes a Nicolás Escobar, ni a Juan Ignacio
Olivos, ni a ninguno otro de los nombrados en el levantamiento pasado para evitar los
escándalos, alborotos y guerras que han sido manifiestas a todo este lugar, de tal modo
que para suspender el estrago que se esperaba, fue necesario que nuestro cura corriera
presuroso a ponérseles de rodillas entre el barro, descubierta la corona, puestas las
manos y derramando abundantes lágrimas, pidiéndoles por amor de Dios se sosegase aquel
gran tumulto de vecinos, mestizos y algunos indios e indias a quienes había convocado un
perverso capitán, todos los cuales estaban con cadejas coloradas, tambores, caracoles,
armados de escopetas, espadas, machetes, rejones, garrotes y montones de piedra,
prevenidos. Fue especial providencia de Dios que aquel día no hubieran sucedido mil
muertes; después de todo esto procedieron los incendios y discordias en tanto grado que
dicho nuestro cura estuvo determinado a consumir a nuestro Amo y Señor Sacramentado y
salir a pie de este lugar, lo cual hubiera ejecutado si algunos vecinos que se hallaron
presentes derramando lágrimas y abrazos de su paternidad, no lo hubieran suspendido.
Estos son los motivos por los cuales no queremos semejantes capitanes, pues ellos han sido
los motores de todos los escándalos precedidos
(53)
.
Esta cita, además, informa sobre la lucha intensa frente a los intereses de cada grupo,
sobre los mecanismos de protesta, y el liderazgo que ejercían los capitanes. La
participación de algunos indígenas, que no serían retribuidos con beneficio alguno,
pudo haber ocurrido por relaciones de trabajo con españoles y mestizos involucrados en el
conflicto.
Como fiscal del proyecto de creación de la nueva parroquia fue nombrado Miguel de la
Rocha, quien había sido cura del pueblo de Chita en 1772 y en aquella ocasión había
desaprobado tal iniciativa. En 1781 el doctor de la Rocha manifestó que era necesaria la
nueva parroquia, entre otras razones porque el pueblo de Chita es de los más
numerosos de el Reino, así de indios como de mestizos que viven dentro de las tierras de
sus resguardos, y por este motivo, aunque se verifique esta desmembración, queda sobrada
congrua al padre cura de dicho pueblo
(54)
.
De esta manera, el doctor de la Rocha justifica la aprobación del proyecto y, además,
confirma que los vecinos que vivían en el resguardo eran mestizos, los que Campuzano y
Lanz, denominó vecinos de color. De otra parte, don Juan Antonio Gómez,
alcalde y juez partidario del valle de Chita, estaba a favor del grupo que no quería la
parroquia; al respecto, en enero de 1782, decía:
El común de este vecindario no quiere parroquia pues todos han premeditado muy bien lo
que es comenzar nueva fábrica y que se hallan muy contentos en este pueblo, en donde
están connaturalizados gozando de unión, paz y quietud con los indios y también de la
gran fertilidad de sus tierras que producen buenas cosechas; pero esto no impide la suma
pobreza en que se hallan para emprender nueva fábrica de parroquia, pues ésta pide
vecinos ricos
(55)
.
Aunque el proyecto fue aprobado en algunas instancias, se suspendió el proceso hasta la
siguiente visita pastoral. Finalmente, en un documento fechado en 1802 se da por aprobada
la nueva parroquia, y Juan de Dios Rodríguez otorga poder a los procuradores de número
para que hagan efectiva su erección, pero no se llevó a cabo, posiblemente
por los gastos que ocasionaría la construcción de la iglesia, la cárcel y las demás
dependencias del nuevo poblado.
Con el propósito de crear la nueva parroquia, se advierte el poder de una elite local que
había adquirido importancia económica y política, que buscaba protagonismo y aspiraba a
desligarse de la autoridad del cura del pueblo de indios, y así controlar el espacio
geopolítico del vecindario de Chita y parte del vecindario de la parroquia de la Uvita.
El conflicto entre los vecinos obedecía a la pugna por el control de los espacios,
liderada, de una parte, por el cura doctrinero que vería disminuidos los ingresos de su
doctrina o parroquia de indios, y, de otra, por algunas personas con poder económico que
se hacían elegir capitanes, llamados también orejones, motivados
por el ejercicio del poder local y por la importancia estratégica de su ubicación, pues
la jurisdicción de Chita era un paso obligado en la ruta que comunicaba los Llanos con el
altiplano, y era además sitio de entrada del contrabando procedente de Europa por la vía
de las Guayanas
(56)
.
3. Formaciones socioespaciales
Jaques Aprile plantea que el espacio surge del desarrollo de las fuerzas productivas; es
en las relaciones sociales, en las necesidades, en las exigencias de los grupos donde se
genera la formación socioespacial. Considera que en la época colonial no hubo una sola
formación social, sino que debido a la dinamización de las fuerzas productivas, aparecen
formaciones sociales paralelas o periféricas
(57)
.
En Chita, el espacio estaba controlado por: el resguardo, el vecindario que había
intentado crear una parroquia y los vecinos de color o mestizos del
cuarto del resguardo que había sido rematado. En el libro de Bautismos de
1791 a 1803, se encuentra un dato interesante: al hacer el inventario de las alhajas y
bienes de la iglesia, el 7 de mayo de 1798 se registran los aumentos de las cofradías,
repartidos en tres partes: del pueblo, del vecindario y de la
parroquita; específicamente, uno de los aumentos era:
Cuatro mil ladrillos para enladrillar la Iglesia, su costo a cinco reales cada mil, con
esta advertencia: que mil pagaron las cofradías del pueblo, dos mil las cofradías del
vecindario y mil las cofradías de la parroquita
(58)
.
Confrontando los límites de la vereda actual llamada Parroquita, ubicada al
noroeste del área urbana, parecen coincidir con los límites del cuarto de
resguardo que había sido rematado a favor de los vecinos en la visita del corregidor
Campuzano y Lanz en 1777. Pudo ocurrir que el cuarto del resguardo se hubiera convertido
en parroquita, nombre que deriva, seguramente, de la poca extensión del
territorio que ocupaba dicha parroquia. De ser así, las tres formaciones socioespaciales:
pueblo, vecindario y parroquita existieron
simultáneamente, pero dependiendo de la misma autoridad religiosa y de la misma
iglesia, pues no hay señales de la existencia de otra iglesia, ni de un cura
o teniente para la parroquita, y en el Archivo Parroquial tampoco se
encuentran libros de la parroquita.
La situación anterior permite concluir que la alta concentración de españoles y
mestizos en el vecindario y dentro del resguardo indígena de Chita dio lugar, en la
segunda mitad del siglo XVIII, a una serie de conflictos por el control de los espacios,
los cuales determinaron una transformación socioespacial, en la que no se dio un cambio
radical de pueblo en parroquia. Allí, la alta concentración de
vecinos condujo a una formación socioespacial intermedia: la parroquita,
integrada por los vecinos mestizos que habían ocupado y comprado posteriormente el cuarto
del resguardo segregado y que gozaban de cierta independencia y derechos, como organizar
sus cofradías, pero sin salir de la jurisdicción global, pues las tres formaciones
el pueblo, el vecindario y la parroquita- dependían de la misma autoridad religiosa
y de la misma iglesia.
Estas tres formaciones socioespaciales serían el resultado de la evolución del
poblamiento que había pasado por tres momentos: 1) en el cacicazgo con la parcialidad
como unidad territorial administrativa y de parentesco, y con el modelo de aldea nucleada
y poblamiento disperso; 2) como encomienda y pueblo de doctrina, con la parcialidad como
unidad básica frente al vecindario y a las estancias, con el modelo de poblado de indios
y poblamiento disperso de indios y de vecinos; 3) el pueblo y resguardo de indios donde
todavía subsistía la parcialidad frente al vecindario y sus estancias, con el modelo de
poblado de indios, que van ocupando los vecinos y un poblamiento disperso de indios y de
vecinos.
La presión del vecindario por tierras y por mestizaje sobre el resguardo y, a la vez, las
relaciones entre los dos grupos socio raciales, dieron origen a una formación intermedia:
la parroquita, que finalmente comprendió los dos espacios geosociales que la
formaron y dio lugar a la parroquia de indios y de vecinos. Este podría ser el proceso de
formación de las parroquias (llamadas posteriormente municipios boyacenses) en la segunda
mitad del siglo XVIII, a partir de la síntesis de los pueblos de indios que lograron
mantener una población indígena considerable a los que se agregó una población de
blancos y mestizos, cada vez más numerosa y con poder de decisión en las cuestiones
políticas y administrativas de su localidad.
En todo el proceso, la parcialidad indígena subsistió como unidad
territorial y de parentesco que funcionaba como agrupación social y administrativa; no
obstante hallarse articulada al poder español, la parcialidad indígena logró mantenerse
como una estructura de larga duración; en ella los indígenas conservaron el sentido de
pertenencia a su territorio y a su comunidad, y lograron conservar parte de sus
tradiciones.
De esta manera, el ordenamiento territorial del resguardo de Chita y de su vecindario
sufrió una transformación en la que, en determinadas coyunturas, se estrecharon las
relaciones interétnicas y, en otras, se dirimieron conflictos que, al igual,
contribuyeron a los cambios socioespaciales y culturales. Todo esto suscitado por el
establecimiento de vecinos que buscaban legitimar su pertenencia al lugar y el surgimiento
de una elite local que quería controlar los diferentes espacios físicos y sociales, como
expresión del fortalecimiento de la república de blancos frente al
debilitamiento de la república de indios, así como al ejercicio del poder
económico y político de sus dirigentes.
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Magíster en Historia UPTC.
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HERRERA, Marta, Poder local, población y
ordenamiento territorial en la Nueva Granada. Siglo XVIII, Bogotá, Archivo General de la
Nación, 1996, p. 56.
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|
BROATBENT, Silvia, Los Chibchas.
Organización sociopolítica, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Imprenta
Nacional, 1964, p. 34.
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|
Archivo General de la Nación en adelante
A.G.N., sección Colonia Visitas Bolívar, T. 3, ff. 453 r. a 464 r.
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|
GONZALEZ, Margarita, El Resguardo en el
Nuevo Reino de Granada, 1970, Bogotá, El Ancora, 1992 tercera edición, pp. 29-37, 42-43.
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|
A.G.N. sección Colonia Visitas Boyacá T.
13, f. 445 r. Copia hecha en 1635 del original de la orden de eeducción del Licenciado
Luis Henríquez.
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|
Ibid., f. 597 v. a 599 r.
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|
COLMENARES, Germán, La Provincia de Tunja
en el Nuevo Reino de Granada. Ensayo de Historia Social 1539-1800, Tunja, Publicaciones de
la Academia Boyacense de Historia, 1984, p. 179.
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A.G.N. sección Colonia Visitas Bolívar T
3, f. 485 r.
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Se hizo el recorrido siguiendo los
documentos de las visitas de 1755 y 1777 y, en efecto, desde el alto del Chital o
Rubachura, según Berdugo y Oquendo donde se situaron los visitadores, se observa todo el
globo del resguardo que forma una gran terraza de acarreo y comprende el territorio que
hoy se llama resguardo, el llano de San Antonio y parte de la vereda de Parroquita.
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A.G.N. sección Colonia Visitas Boyacá T.
13, ff 467 r., 474 r., 481 v.
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A.G.N. sección Colonia Visitas Bolívar
T. 3, ff. 468 r. a 475 v.
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Las veredas de Chipa Viejo, Minas y
Monserrate ubicadas en la parte sur del municipio actual mapa 1 no se tienen en cuenta
para este cálculo porque no se mencionan en la delimitación y parece que hasta fines del
siglo XVII estaban vinculadas al pueblo de Pisva-Chipa-Mona; ver RUIZ RIVERA, Julián,
Encomienda y Mita en Nueva Granada en el siglo XVIII, Sevilla, Escuela de estudios
hispanoamericanos de Sevilla, 1975, pp. 49, 357.
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Los nueve corregimientos de la provincia
de Tunja eran: Turmequé, Sáchica, Paipa, Sogamoso, Chivatá, Duitama, Gámeza, Tenza y
Chita; ver MORENO Y ESCANDÓN, Francisco, Indios y Mestizos de la Nueva Granada a finales
del siglo XVIII 1779, COLMENARES, Germán, VALENCIA, Alonso compiladores, Bogotá, Fondo
de la Cultura, Vol. 124, 1985, pp. 144-170, 336-353.
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A.G.N. sección Colonia Visitas Bolívar
T. 3, f. 477 r.
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Ibid., ff. 453 v. a 475 v.
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Ibid., ff. 483 r .v.
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Ibid., ff. 485 v. a 486 v.
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ARCHIVO PARROQUIAL DE CHITA en adelante
A.P.C., Libro 2º Bautismos de Indios, Años: 1768-1793, f. 81 v.
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|
COLMENARES, Germán, La Provincia de
Tunja..., op. cit., pp. 72-73.
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|
MOJICA SILVA, José, Relación de Visitas
Coloniales, Tunja, Imprenta Oficial, 1946, p. 11.
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|
ANTOLÍNEZ, Jesús, Apuntes y
documentos históricos importantes sobre la actual provincia de Gutiérrez, en
Repertorio Boyacense, Vol. VI, Nº 59, 1920, pp. 548-549.
|
|
|
HERRERA, Marta, Ordenamiento
espacial de los pueblos de indios. Dominación y resistencia en la sociedad
colonial, ponencia Seminario sobre poblamiento y entidades territoriales coloniales,
Cúcuta, 1996, pp. 10-11.
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|
|
A.G.N. sección Colonia Visitas Boyacá,
T. 13, f. 441 r.
|
|
|
Ibid., f. 445 r.
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|
A.P.C. Libro 3º General de Indios, Años:
1691-1699, ff. 235 v. a 236 r.
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|
|
HERRERA, Marta, Ordenamiento
espacial..., op. cit., pp. 10-13.
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|
|
WIESNER, Luis, Historia y producción del
resguardo indígena de Cota Cundinamarca 1538-1876, Bogotá, 1981, Tesis de Antropología,
Universidad de los Andes, p. 289.
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|
|
A.P.C. Libro 3º General, Años:
1691-1699, f. 237 r.
|
|
|
A.G.N. sección Colonia Tierras Boyacá T.
14, ff. 552 r., 567 r., 574 r., 663., 675., 708 r., 711 r.
|
|
|
OVIEDO, Basilio Vicente de, Cualidades y
riquezas del Nuevo Reino de Granada 1761, CUERVO, Luis Augusto compilador, Bogotá,
Imprenta Nacional, 1930, p. 117.
|
|
|
A.P.C. Libro 4º General, Años:
1723-1757, f. 41 r.
|
|
|
A.G.N. sección Colonia Fábrica de
Iglesias T.1, f. 874 r.
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|
|
Ibid., ff. 870 r. a 873 r.
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|
Ibid., 883 r. a 885 r.
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|
Ibid., ff. 910 v. a 911 r.
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|
Ibid., ff. 881 r. v.
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|
Ibid., ff. 943 r. v.
|
|
|
Ibid., f. 943 r.
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|
|
A.P.C. Libro 4º Bautismos de españoles e
indios por secciones, 1791-1803 ff. 23 v. a 24 v.
|
|
|
COLMENARES, Germán, Historia económica y
social de Colombia 1537-1719, Medellín, La Carreta, 1975 segunda edición, p. 52.
|
|
|
A.G.N. sección Colonia Visitas Bolívar
T. 3, f. 483 r.
|
|
|
A.G.N. sección Colonia Residencias T. 1,
f. 717 v.
|
|
|
THOMPSON, Edward, Tradición, revuelta y
conciencia de clase, Barcelona, Crítica, Grijalbo, 1979. pp. 45-46.
|
|
|
COLMENARES, La Provincia de Tunja..., op.
cit., p. 92.
|
|
|
CHAVES DE BONILLA, Josefina compiladora,
Informe del Visitador Real Don Andrés Berdugo y Oquendo sobre el estado social y
económico de la población indígena, blanca y mestiza de las provincias de Tunja y
Vélez a mediados del siglo XVIII, en A.C.H.S.C. Anuario Colombiano de Historia
Social y de la Cultura, Nº 1, Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1963. pp.
183-185.
|
|
|
APRILE, Jaques, La ciudad colombiana
prehispánica de conquista e indiana, Bogotá, Biblioteca del Banco Popular, 1991, p. 430.
|
|
|
HERRERA, Marta, Poder local..., op. cit.,
p. 105.
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Capitán en este caso se refiere a un
vecino de prestancia económica y política, no implica grado militar; también se les
llamó orejones A.G.N., sección Colonia, Curas y Obispos T. 45, f. 728 v.,
A.P.C. Expediente sobre erección de parroquia en el sitio de Quindeva, 1781, Legajo
suelto, f. 35 r., HERRERA, Marta, Poder local..., op. cit., p. 106.
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A.P.C. Expediente sobre erección de
parroquia..., ff. 15 v., 16 r.
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Ibid., ff. 5 v., 6 r.
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|
Ibid., f. 56 r.
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|
A.G.N. sección Colonia Curas y Obispos T.
45, ff. 715 v. a 716 v., A.P.C. Expediente sobre erección de parroquia..., ff. 27 v. a 28
r.
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|
Expediente sobre erección de
parroquia..., f.20 v.
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A.G.N. sección Colonia Curas y Obispos.
T. 45, ff. 724 r.v.
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|
A.G.N. sección Colonia Fábrica de
Iglesias T. 1, f. 874 v., Contrabandos T. 26, f. 697r.
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|
APRILE, Jacques, op. cit., pp. 157-246.
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A.P.C. Libro 4º Bautismos de Españoles e
Indios por secciones, años: 1791-1803, f.24 v.
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