REVISTA HISTORIA CRÍTICA
(selección de artículos de los números 17 , 18 y 19)
Esta es una publicación del Departamento de Historia - Facultad de Ciencias sociales
Universidad de Los Andes
Entre la religión y la política: Hernán Vergara Delgado. in memoriam *
César Augusto Ayala Diago * *
"Estuve en un error todo el tiempo en que me di la identidad de psiquiatra cristiano, identidad intrínsecamente contradictoria. La verdad se expresa en la fórmula cristiano-psiquiatra. Mientras todo lo que constituye esta civilización laica, cientificista, tecnológica y capitalista se opone a que la psiquiatría se haga cristiana, nada impide que un cristiano se haga un psiquiatra. Esta figura podría formularse en términos evangélicos así: ‘buscad primero ser un cristiano que la psiquiatría vendrá por añadidura’". 1
1. Semblanza necesaria
El miércoles 21 de julio de 1999 murió en Bogotá el médico-psiquiatra Hernán Vergara Delgado. Había nacido en Buga en 1910 en un hogar bien constituido y en medio de los valores tradicionales que identificaban por entonces la ciudad "señorial". No fue ajeno a la veneración por el "Señor de los milagros". La simbología que se expresaba en las peregrinaciones que la gente hacía para tener contacto con la imagen sagrada lo impresionaron, de niño, profundamente. Su acercamiento al medio rural, desde temprana edad, lo mismo que con la solidaridad emanada de la vida en comunidad, le distinguirán hasta su muerte.
Desechó el Derecho como profesión por la contradicción irreconciliable entre la verdad de los hombres y la de Dios y prefirió la carrera de medicina, que empezó con las penurias propias por las que pasan los jóvenes pobres de provincia que hacen sus estudios en Bogotá. Su desempeño como profesor ocasional de biología le ayudó a su sostenimiento material, lo mismo que la solidaridad de Juan Manuel Arrubla, un médico de convicciones profundamente católicas que le ayudó a discernir entre los conceptos de la ciencia médica y los de la comprensión de la sociedad. Gracias a él, el joven Vergara conoce la vida y obra de San Juan de la Cruz, uno de sus primeros inspiradores. Se graduó de médico en la Universidad Nacional en 1939 y en el frenocomio de mujeres de Bogotá empezó su experiencia como psiquiatra.
En enero de 1941, contrajo matrimonio con María Carulla, una señorita comprometida también con la fe religiosa. Era hija de padres catalanes y había vivido en España de los 12 a los 24 años. Tenía como profesión el "servicio social", concebido como servicio de amor al más débil y para lo cual se necesitaba de una formación intensa con disciplina estricta y principios de eficacia para solucionar, con pocos recursos, los problemas de las comunidades. Así, María Carulla fundó la Primera Escuela de Servicio Social, anexa al Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, la cual contó con Hernán Vergara como profesor de psicología. Allí se conocieron en 1937.
Poco después, en 1944, el doctor Vergara fundó la clínica de neuropsiquiatría Santo Tomás en la que estuvo acompañado por un grupo de creyentes católicos, pacientes, familiares, profesionales y empleados. Su esposa dejó la Escuela de servicio social del Rosario para dedicarse a sus hijos (siete en total) y a los oficios propios del nuevo proyecto:
La clínica resultó ser, además de su lugar de vida, un ámbito de reflexión, de diálogo, de combate, donde forjó una concepción del trabajo en psiquiatría, disciplina científica nacida en el siglo XIX heredera de la ilustración, en ruptura con la fe cristiana. Su mejor libro de estudio, fue su acercamiento comprometido con cada paciente, estableciendo para su tarea un pensamiento creativo, libre de las modas psiquiátricas y fundamentado en la antropología bíblica, donde vio reconocidos sus procesos de diálogo y de liberación de la persona, ejercicio que lo llevó a cabo hasta sus últimos días 2 .
Este artículo no pretende reconstruir la totalidad de la intensa vida del psiquiatra Hernán Vergara. Trataremos solo de dar algunas pautas para la comprensión de algunos instantes de su vida pública, aquellos que lo marcaron y que pasaron a ser referentes obligatorios en su vida y obra.
2. testimonio, la primera incursión en la política
Poco después de finalizada la Segunda Guerra mundial y ante el evidente avance del comunismo a escala universal, un grupo de intelectuales católicos, entre ellos Hernán Vergara, que consideraban la filosofía de Tomás de Aquino como la síntesis de la sabiduría católica, crearon la Hermandad de Santo Tomás y editaron, en agosto de 1947, la revista Testimonio. Una voz de simples católicos 3 . Estaban bajo la dirección espiritual del sacerdote dominicano de procedencia francesa Fray Gabriel Marie Blanchet y de otros clérigos participantes en el movimiento de la resistencia francesa contra los nazis, como fray León José Moreau.
La revista reflejaba no sólo la angustia religiosa y la desesperada búsqueda espiritual por la que pasaba Vergara y sus amigos, sino además un temor por el avance incontenible del comunismo en todo el mundo. Su constante batallar en esta dirección, cuya huella está en diversos artículos contra ese fenómeno, fue suficiente para ganarse, sin mucho esfuerzo, el mote de anticomunista por excelencia 4 . Sin embargo, su anticomunismo, aunque motivado, además, por la profusa contrapropaganda de la guerra fría, deberá ser comprendido a partir de un ingrediente cristiano que lo hace distinto no sólo del producido en Estados Unidos para consumo colombiano sino también del de procedencia tercermundista.
En mayo de 1949, dos años después de estar en circulación la revista, surgió el Movimiento Testimonio.Los colaboradores propusieron a sus conciudadanos la elección del cristianismo como alternativa a los sistemas políticos imperantes en el mundo:
...Por sobre estos sistemas de invención [fascismo, nazismo, comunismo, capitalismo] más o menos reciente está el cristianismo que en la medida que ha informado verdaderamente la vida social, ha levantado el valor y la libertad del hombre. Y si hoy el mundo está en miseria tan grande, es porque la vida de los hombres se ha alejado mucho del verdadero cristianismo. El mundo podría salvarse hoy también viviendo bajo las leyes divinas que es lo mandado por el espíritu del verdadero cristianismo 5 .
El Movimiento Testimonio participó activamente en la Semana Santa de 1950. Desde las ceremonias solemnes, Vergara aprovechó la oportunidad para predicar "una religión más vivida y una vida más religiosa"; lo mismo que para hablar de la recuperación del cristianismo primitivo. A diferencia de la vivencia apocalíptica de la religión en la mayoría de la feligresía católica nacional, Vergara propuso una religiosidad como "suprema expresión de vida, ligada al sentido vital que debe encontrar en todas las manifestaciones de la existencia: en el trabajo científico, en la observación de las flores, de las abejas, del amor, de los juegos infantiles. Vivir en ese espíritu es triunfar sobre la muerte" 6 .
Testimonio saludó el advenimiento de los militares al poder en 1953:
Lo que sucedió en Colombia el 13 de junio ha sido atribuido por su principal actor, Teniente General Gustavo Rojas Pinilla, a la Divina Providencia. La opinión unánime de los ciudadanos da también el mismo testimonio, señalando como hecho muy significativo el que ese acontecimiento se haya cumplido impremeditadamente al día siguiente de haber celebrado en Colombia, por primera vez en la historia, como fiesta nacional, la festividad del Corazón de Jesús, a quien está oficialmente consagrada nuestra patria. Nosotros adherimos sin reservas a la apreciación providencialista de ese acontecimiento y vemos en él nada menos que una oportunidad ofrecida por Dios a Colombia para que vuelva a nacer 7 .
Así, el movimiento aprovechó las circunstancias para promover la idea de una reconstrucción del país a través del significado del "nacer de nuevo" como misterio fundamental del cristianismo. Emilio Robledo Uribe, uno de los colaboradores doctrinarios de Testimonio consideró llegado el momento de constituir en Colombia una democracia orgánica:
Solo Dios produjo el desenlace del drama. El Señor al poner en evidencia el 13 de junio, la catástrofe a que nos conducía inexorablemente la dialéctica de los viejos partidos; al darnos la posibilidad de salvación conteniendo el desastre, mostrándonos clarísimamente, la necesidad de una transformación nacional, y poniendo al frente de las máximas responsabilidades nacionales nuevas fuerzas y nuevos hombres, nos está demostrando, al mismo tiempo que se debe emplear todo esfuerzo y todo poder para impedirles a los viejos partidos que se conjuren de nuevo contra la República y que impidan la formación del verdadero pueblo, que se conjuren contra esta integración nacional de sus estructuras naturales, contra su reconstrucción mediante la democracia orgánica 8 .
El Movimiento Testimonio contó con más de 20 células en todo el país y desarrolló una serie de actividades, entre ellas seminarios de capacitación en asuntos sociales y económicos para obreros. Las cosas parecían ir bien, hasta cuando la alta jerarquía de la Iglesia entró en contradicciones con el régimen en el momento en que éste tocó sus intereses. Testimonio no entendió el comportamiento de los altos jerarcas al adherir al Frente Civil que lideraba la caída de Rojas, los mismos que ellos consideraban los verdaderos enemigos de la Iglesia. El Movimiento Testimonio decidió marginarse antes que mostrarse adverso públicamente a la Iglesia. Un editorial de Vergara se quedó escrito y no vio la luz. La revista alcanzó apenas a sobrevivir a la caída del régimen. En octubre de 1957, después de 10 años, salió el número 72, el último de la revista, sin ningún comentario sobre el 10 de mayo.
Hernán Vergara se dedicó a su profesión, continuó sus estudios bíblicos e hizo realidad una añorada pasión: trabajar el campo, gracias a una finca que compró en Viotá. Nuevas preocupaciones lo harían retornar, sin embargo, a la política.
3. el control de la natalidad, más allá del anticomunismo
Una década después de la experiencia de Testimonio, Hernán Vergara decidió aparecer de nuevo ante la opinión pública colombiana. Esta vez, le preocupó el espacio que iba ganando, en la conciencia de los colombianos, la salida que ofrecían los Estados Unidos al problema del crecimiento de la población: el control natal. Solución avalada por el expresidente colombiano Alberto Lleras Camargo, principal ideólogo del Frente Nacional en el poder. No había sido fácil para la Jerarquía de la Iglesia y menos lo era para los fieles católicos orientarse en medio de los condicionamientos del Frente Nacional. En 1966, el turno en el ejercicio del poder correspondió a los liberales. Entre las candidaturas de López Michelsen, aliado del exguerrillero Juan de la Cruz Varela y del Partido Comunista, y la de Carlos Lleras Restrepo, la Iglesia se inclinó por la última, no obstante que Lleras era considerado masón y enemigo declarado del conservatismo. El candidato del oficialismo liberal, sin embargo, se las ingenió para lograr la absolución de los altos prelados.
El 6 de julio de 1965, el Episcopado Colombiano trazó las directrices que en materia social deberían seguir quienes aspiraban a la Presidencia de la República 9 . Invitado a opinar al respecto, Lleras Restrepo aprovechó la oportunidad para decir:
El examen de la declaración episcopal, como el de las grandes encíclicas pontificias cuyos principios se reflejan en ella, me convence de que existe una identidad completa entre la presente doctrina social católica y la del neo-liberalismo colombiano 10 .
Sostuvo el líder frentenacionalista que los principios de la doctrina social de la iglesia eran los mismos que los liberales colombianos habían procurado consagrar en la legislación del país. Con su intervención, Lleras Restrepo pudo matar varios pájaros de un solo tiro. En primer lugar, neutralizó a los católicos liberales que veían con buenos ojos la prédica mesiano-política del cura Camilo Torres y del general Rojas Pinilla. En segundo lugar, neutralizó, también, cualquier sospecha de persecución religiosa que pudiera poner en ejecución el liberalismo al regresar al poder. Encíclicas en mano, interpretando sus textos, cual versado en teología, Lleras demostró que entre la doctrina social de la Iglesia y el pensamiento liberal no había diferencia alguna, ni en la teoría ni en la práctica. Por supuesto, el objetivo de Lleras era cercar lo más estrechamente posible el espacio de los anapistas, que fundamentaban toda su actividad teórica y política en los legados papales 11 .
Aunque Lleras Restrepo manifestó en su campaña que adelantaría en su gobierno una "política demográfica", Hernán Vergara no se enfrentó al candidato frentenacionalista en el curso de la contienda electoral. Poco después, cuando Lleras fue elegido presidente y nombró al hermano de Hernán, Jorge, director y jefe de la "Comisión de Médicos para el estudio de las leyes pertinentes a la salud del pueblo", Hernán Vergara detectó los contenidos de la "política demográfica" del nuevo Presidente.
Por indicación de Lleras, Jorge Vergara Delgado creó una "Subcomisión para el estudio de los problemas demográficos" e invitó a su hermano para que se vinculara a ella. Los integrantes de la Subcomisión, que no compartían sus posturas de católico militante, no vieron con agrado la llegada de Hernán Vergara, quien, rápidamente, se enteró de los planes oficiales: producir, con el respaldo de la autoridad de los médicos, la práctica masiva del uso de anticonceptivos. A partir de este momento, Hernán Vergara se puso a la tarea de desentrañar los orígenes y la esencia de la campaña acerca del control de la natalidad.
Gracias a sus conexiones con la Secretaría de la Comisión de Ayuda al exterior del Senado norteamericano, Vergara estudió las actas de las sesiones en donde se debatió el tema de su interés. Advirtió los temores que sentían los senadores norteamericanos de un posible fracaso de sus campañas de control natal en Colombia por la condición de mayoría católica del pueblo y por el gran ascendiente que se suponía tenía la jerarquía eclesiástica en las costumbres públicas y obviamente en la política colombiana. Los senadores norteamericanos temían que la campaña fuera asimilada en el país como una campaña francamente imperial decidida en Estados Unidos para ser aplicada en los países del tercer mundo, no en su beneficio sino en el de los grupos hegemónicos del gobierno norteamericano, pues pensaban que el nacionalismo local sería factor de resistencia política a estas campañas. También constató Vergara el aporte invaluable de Lleras Camargo en las sesiones de la mencionada Comisión. Allí, el expresidente colombiano supo decir lo que los políticos norteamericanos no atinaban expresar. Lo dijo con palabras que fueron recogidas como bandera para la campaña en todos los países: "Latinoamérica está alimentando miseria, presiones revolucionarias, hambre y muchos otros problemas potencialmente desastrosos en proporciones que superan nuestra imaginación aún en la edad de la guerra nuclear". Lleras Camargo halaga el sentimiento de superioridad de los norteamericanos por su condición de blancos. En la revista Visión, de la que era director, había escrito un año antes:
Hay una crisis hoy causada por la explosión de población que está afectando principalmente al cinturón racialmente mezclado, tropical y extremadamente pobre que circunda el globo y que separa las dos zonas blancas de la tierra, la rica región industrial del norte y la del lejano sur. Este es también el motivo de que las naciones industriales encuentren un camino saludable de convivir con los dos tercios de un mundo agriamente apremiado por profundas frustraciones y tensiones sociales extremas 12 .
Todos estos pormenores fueron conocidos cuando Vergara decidió enterar de su experiencia a los colombianos a través de artículos suyos publicados en la Revista Javeriana y finalmente en un libro publicado en abril de 1968 con el título de El Complejo de Layo 13 .
A través de sus escritos, Vergara se preocupó por hacer claridad en la esencia del problema. Para él, se trataba de una cuestión doctrinaria:
...si el hombre, a diferencia de las plantas y de los animales no es un dato estático correlacionable matemáticamente con otros datos estáticos, ello se debe a que tiene la propiedad, o al menos la posibilidad de obrar en conciencia: y es esto, precisamente, lo que lo sustrae del Estado y de la técnica para someterlo exclusivamente al dominio de Dios 14 .
No aceptaba Vergara que el intervencionismo de Estado llegara a tocar aspectos sagrados manejados desde siempre por la Iglesia como el de la conciencia. Temía el ideólogo católico que de un momento a otro la tradición desapareciera definitivamente. Era la Iglesia, en su esquema, interventora del Estado, y no al revés. Vergara se apoyó también en los documentos producidos por los obispos norteamericanos para oponerse a las campañas gubernamentales de Birth Control. De allí, Vergara consideró pertinente resaltar lo siguiente:
...Rechazamos aún más enfáticamente la sugerencia de que toda familia tenga que ser considerada demasiado pobre para tener los hijos que según su conciencia quiere tener […]. La asistencia médica y social no debe estar condicionada ni siquiera en forma indirecta a la conformidad con puntos de vista de una agencia pública sobre la limitación de la familia o sobre el control de la natalidad; ni el derecho a establecer una familia grande puede ser puesto en tela de juicio porque contradiga los niveles de vida arbitrariamente deducidos de las estadísticas generales de población. Ningún trabajador social del gobierno ni representante alguno del poder público tiene derecho por ningún motivo a imponer su juicio a las familias que buscan ayuda en una materia tan próxima a los valores personales y a las mismas fuentes de la vida, ni debe permitirse hacer sugerencias que hagan creer que la autoridad pública está a favor de las recomendaciones de restringir el número de vidas en una familia 15 .
Vergara respaldó sus argumentos en las resoluciones emanadas del Concilio Vaticano II:
Dado que muchos afirman que el crecimiento de la población mundial o al menos el de algunos países, debe frenarse por todos los medios y con cualquier tipo de intervención de la autoridad pública, el Concilio exhorta a todos a que se prevengan frente a las soluciones propuestas en privado o en público y a veces impuestas, que contradicen a la moral. Porque, conforme al inalienable derecho del hombre al matrimonio y la procreación, la decisión sobre el número de hijos depende del recto juicio de los padres y de ningún modo puede someterse al criterio de la autoridad pública 16 .
En particular, acató la recomendación del Concilio que estimaba que en el problema del control natal, los laicos deberían aportar esfuerzos para ayudar a la Iglesia en los ambientes en donde se debatiera el asunto. Para Vergara ese ambiente era el político. Consideró entonces, que para el diálogo con el gobierno "la Iglesia tendría que haber estado representada por un equipo integrado por obispos, sacerdotes y seglares en que éstos tuvieran una efectiva posición de mayores de edad" 17 . Es decir, según Vergara, la jerarquía católica colombiana no estaba preparada para hablar con el gobierno como en efecto lo había hecho:
El Presidente y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal fueron a ver al Presidente de la República animados seguramente del nuevo espíritu, el del servicio humilde, el del diálogo, y el Presidente Lleras, que es hombre de presa, interpretó esta actitud seguramente como debilidad. La iglesia, debió pensar, ya no es lo que era. Ya perdió esa seguridad, ese poder que la hizo temida en Colombia. Ya no es más que un grupo de ex-presión.... 18
Finalmente, frente a la política de la natalidad, Vergara considera que la Iglesia estaba siendo puesta a prueba: "la democracia -escribió en la conclusión de su libro- está destinada a lograr regímenes políticos que faciliten a todos los ciudadanos su presencia en la organización de la sociedad civil; la Iglesia está destinada a la defensa de la vida en cuanto la vida es una invalidez, una indigencia, una pequeñez, una infancia, un desguarnecimiento, una soledad, un abandono, una vergüenza de haber pecado, una pobreza, el dolor de no ser lo que se tendría que ser" 19 . Obligaciones estas olvidadas por la Iglesia colombiana. Para Hernán Vergara la Iglesia había dejado de tener presencia en la sociedad. La falta de esta presencia se debió, según él, a que los católicos colombianos habían "alienado en el clero nuestra personal presencia de Iglesia" 20 . En definitiva, Vergara entendió que había un vacío de religiosidad en el país como ya lo habían advertido a su manera el padre Camilo Torres, los sacerdotes que militaban en la "Alianza Nacional Popular" y el mismo Rojas Pinilla.
La interpretación de la política del control natal llevó a Hernán Vergara a posiciones de corte antiimperialista. Se trataba, para él, de una política de penetración de los Estados Unidos facilitada por un expresidente colombiano; y de un golpe de fuerza tanto de Lleras Camargo como de su primo, el presidente Carlos Lleras Restrepo. Se trataba, también, del encuentro de dos situaciones:
La necesidad sentida por los privilegiados sectores blancos no católicos de la zona templada, altamente desarrollada, de ponerle freno o término a la procreación de los latinoamericanos, racialmente mezclados, tropicales y católicos; y la imposibilidad de lograrlo por los caminos de la democracia 21.
4. el movimiento por "un voto en conciencia" y la campaña electoral de 1970
Al calor de la campaña electoral para suceder a Carlos Lleras Restrepo, Hernán Vergara, junto con una serie de correligionarios suyos, lideró el movimiento por "un voto en conciencia". Más adelante, en agosto de 1968, sus organizadores lanzaron el folleto de divulgación: Por un Voto en Conciencia en las próximas elecciones para presidente de la República. En el documento se señalaba que el próximo mandatario estaría abocado ineludiblemente a tomar partido frente a la cuestión demográfica y, como Lleras Restrepo se había alineado a favor de la política antinatalista, exigía de los candidatos un pronunciamiento en uno de los dos sentidos siguientes: o continuar esa política de Lleras Restrepo o cambiarla por otra que se ajustara a las exigencias de la encíclica Humanae Vitae.
Para Vergara, un católico no podía votar en conciencia por un candidato que no garantizara cambiar la política antinatalista del Frente Nacional, así ofreciera las mejores perspectivas en otros frentes de la vida nacional 22 . Bajo esta mira, examinó con detenimiento las dos candidaturas con mayor opción para 1970. La oficial de Misael Pastrana Borrero, la identificó con la Casa política de Ospina Pérez, que se había pronunciado a favor de la política antinatal. Anotaba, además, que Pastrana había podido consolidar su nombre gracias al respaldo del expresidente Alberto Lleras Camargo, al punto de convertirse en el candidato oficial del liberalismo: "La deuda de la candidatura Pastrana con quien acaba de ser nombrado Alto Comisionado de las Naciones Unidas para el control natal a escala planetaria, o cosa por el estilo es de tal magnitud, que solamente con testimonios de significación equivalente puede su candidatura limpiarse de amenazas para el católico que vote en conciencia" 23 .
Vergara invalidó la candidatura de Pastrana por el hecho de ser expresión de las gentes de las clases media y alta "asimiladas a la mentalidad anticonceptiva". En cambio, la candidatura del general Rojas Pinilla la calificó como "la más favorable a la exigencia católica". En ese sentido, el autor del folleto que reseñamos recurrió a apartes del discurso del general Rojas pronunciado el 11 de octubre de 1969:
...Y sea esta igualmente la oportunidad propicia para declarar que durante mi gobierno acataré el mandato constitucional sobre libertad de cultos y no me apartaré de las normas fijadas por el pontificado en lo que respecta a la planificación familiar, y control de la natalidad […]. Yo no creo ni siquiera en gracia de discusión, que el Estado para procurar el bienestar de los asociados tenga que apelar a la práctica anticonceptiva como se vienen realizando ahora por parte de ciertos organismos gubernamentales. Apelar a esta forma anticristiana para avanzar hacia el desarrollo es la más clara demostración de la ineficacia del gobierno para mejorar los intereses de la comunidad 24 .
En realidad, concejales y parlamentarios rojistas venían oponiéndose a la política antinatal del establecimiento. Los líderes del Movimiento dedicaron, durante la campaña de 1970, considerable espacio a la denuncia del problema. Vergara destacó los pronunciamientos del rojismo por estar constituido "por esa parte del pueblo colombiano cuyo crecimiento inspira terror a los grupos imperialistas y racistas, es decir, por el cinturón tropical, al que está dirigida la agresión genocida de la política anticonceptiva" 25 .
Las interpretaciones dadas por Vergara al problema del control natal y sus críticas a la manera como el gobierno afrontaba el problema, lo colocaron de frente a la política. Sus posturas de matices populares y su concepción de la democracia con acento social, consiguieron que sus planteamientos entraran al debate político e ideológico del momento. Vergara empezó a hablar de la necesidad de un "cambio de sistema". Argumentó que los métodos artificiales para el control de la natalidad que imponía el Frente Nacional eludían la responsabilidad del Estado para sacar a los pobres del analfabetismo y de la pobreza. Consideró que la respuesta de la Iglesia a ese reto era elevar el nivel de vida y educar a las clases pobres a un ritmo altamente superior al que traía el sistema político y administrativo que imperaba y llamaba al cambio del sistema 26 .
En este orden de ideas, invitaba a los pobres a que se preguntaran por la candidatura más receptiva a la influencia de la Iglesia y la que reunía el mayor compromiso de fidelidad al magisterio de Paulo VI. Vergara se pronunció a favor de una educación que contemplara a la base popular agente o gestor de su propia educación.
Cualquier sistema de gobierno ‘oligárquico’ da por sentado que corresponde a las clases más ricas y más ilustradas el papel de educar al pueblo. Sólo un gobierno seriamente popular tiene la posibilidad, aparentemente paradójica, de hacer pasar a la base de la apatía y la resistencia al cambio cultural que es propio de toda población marginada, a la toma de iniciativas y responsabilidades frente a su propia elevación moral. Es obvio que este cambio va aparejado con el cambio en otras líneas del desarrollo 27 .
Estudiadas las candidaturas, la del general Rojas Pinilla emergió en el análisis de Hernán Vergara como la opción de mayores características cristianas. Los promotores del movimiento "voto en conciencia" encontraron que esta candidatura era discriminada por parte de los otros candidatos. Para éstos y para los organizadores de sus campañas, el general Rojas no era tratado como el contrincante, sino como "una calamidad nacional. Calamidad a punto de convertirse en una amenaza social que llevaría a las gentes honestas y serias de las clases media y alta, divididas en tres candidaturas, a unirse en una sola cuando se percataran "de la magnitud real de su común adversario" 28 .
Para Vergara, el país no estaba dividido en cuatro candidaturas sino en dos comunidades políticas: una, que se identificaba a sí misma como "gente de bien", gente "honesta", semejantes y compatriotas entre sí y que miraba a la otra como una "banda de indignos", una "horda amenazante", cualquier cosa menos semejantes o compatriotas y otra, que se identificaba así misma como la Anapo y que juzgaba a la otra como la "oligarquía". El ambiente político que vivía el país, indujo a Vergara a afirmar que "Cuando Cristo vino al mundo, encontró a la población israelita dividida en dos grupos. Uno el de los virtuosos u honestos: los fariseos, saduceos, escribas, sacerdotes y ancianos los cuales, por encima de discrepancias accidentales, se reconocían como semejantes o prójimos al integrarse en el sanedrín. Otro, el de los publicanos o pecadores y el de los samaritanos o herejes" 29 . Anotaba Vergara, que una de las acciones fundamentales de Cristo había sido desorganizar esta estructura y compartir su trato y sus comidas indistintamente con fariseos y con publicanos. En resumen, Vergara veía al país dividido en "sociedad y marginados", lo que según él interpelaba directamente a la conciencia cristiana: "Cuando presentaban al señor gentes convictas de robo, de asesinato, de adulterio, de prostitución, les reprochaba ciertamente su pecado y les decía que no lo hicieran más. Pero frente al fariseísmo, era El quien tomaba la iniciativa de identificar y desenmascarar esa estructura mental, más abominable a sus ojos que aquellos delitos, y que es en realidad la fuente primera de todas las injusticias económicas, políticas y sociales" 30 .
Finalmente, para Hernán Vergara la discriminación que se hacía de la candidatura Rojas, reflejaba la mentalidad anticristiana reinante en el ambiente político colombiano. En esa dirección criticó, también, a los marxistas que descalificaban a los anapistas por no presentar la revolución en términos de conciencia y de lucha de clases. El folleto Por un voto en Conciencia, en circulación por el país, y al que ya hemos hecho alusión, terminaba con la siguiente advertencia:
El General Rojas Pinilla y sus colaboradores transmiten la idea de que su objetivo es realmente la integración de la comunidad colombiana en una nueva estructura, necesariamente distinta a la actual, en la que todo colombiano de buena fe encuentre su sitio bajo el sol 31 .
Como era de esperarse, el movimiento por "un voto en conciencia" adhirió a la candidatura del general Gustavo Rojas Pinilla. En la tarde del 4 de abril de 1970, quince días antes de las elecciones presidenciales, Hernán Vergara estuvo entre los oradores que intervinieron en una apoteósica manifestación con la cual el general Rojas cerraba campaña en la Plaza de Bolívar de Bogotá. En su discurso, Vergara aprovechó la oportunidad para reproducir verbalmente lo que hasta la saciedad había expresado por escrito. Explicó que apoyaba la candidatura del general Rojas por entenderla como un compromiso de desmontar "la gigantesca maquinaria anticonceptiva" del gobierno 32 y orientar la política de población según las encíclicas pontificias, en particular Mater et Magistra, de Juan XXIII, y Populorum Progressio y Humanae Vitae, de Pablo VI 33 .
5. la antropología cristiana y la vida de rojas pinilla
En realidad, Vergara no había llegado al rojismo de manera espontánea y oportunista. Hacía tiempo que como psiquiatra venía trabajando en un proyecto intelectual que denominaba "antropología cristiana" y para el cual la vida de Rojas Pinilla, como parábola y como personalidad, era digno de análisis. Así, el 14 de abril, en la recta final de la campaña, Vergara empezó a diseñar lo que podría ser el marco teórico para la elaboración de una biografía del general 34 . Se propuso, en un principio, darle expresión conceptual a los hechos que en el país rodeaban el fenómeno Rojas.
Un personaje político es la resultante de valores reales de su personalidad y de cierta mitificación por parte de sus adeptos, haciendo necesariamente algún nexo significativo entre la realidad y el mito 35 .
Le llamó particularmente la atención que, no obstante ser permanentemente presentado por los medios como paradigma de violencia y de codicia, el pueblo, que sólo disponía de manifestaciones y voto en las elecciones para expresar su voluntad, viera en Rojas "el enviado de Dios"; que además de acogerlo como "liberador" y "pacificador", sentía que sus ojos eran "los únicos abiertos para ver sus miserias". Observó que el uso del proverbio "la voz del pueblo es la voz de Dios", corriente entre quienes seguían a la Anapo, tenía especial importancia en un momento en que las masas se estaban moviendo en contravía de los medios de comunicación y de los grupos de presión. Anotaba que cuando la voz del pueblo decía algo insólito o contrario a lo que sugerían los medios había lugar para pensar que su voz coincidía con la de Dios.
Conocemos a una persona más por las reacciones que suscita que por lo que ella dice de sí misma o por lo que otros dicen de ella. Hay en lo que es el núcleo de una personalidad, un cierto mensaje que sólo es descifrado en las reacciones del destinatario 36 .
Para Vergara, la parte real de Rojas, como personaje, estaba constituida por una "sólida alegría de vivir" que lo caracterizaba. Así lo mostraba su propia vida. Había experimentado el doble paso por la prosperidad y por la adversidad; había sido adulado y discriminado. En ambas oportunidades el personaje supo responder como un enamorado de la vida: "Sólo un amor genuino a la vida hizo que Rojas se arrojara a las fauces de su enemigo hasta obligarlo a montar todo el aparato de un juicio sobre sus actos de gobierno cuando la tendencia común habría sido hacerse a un acomodo, olvidando y olvidado" 37 .
La persecución contra Rojas -en el análisis del psiquiatra- debía haberlo aniquilado mentalmente con alguna forma de reacción depresiva. Las asechanzas, la traición de antiguos aliados o copartícipes de su prosperidad, la intimidación y el desencanto debían normalmente haberle quitado el gusto de la vida. En vez de eso, se afirmó su amor por la vida, amor que extendió al mundo de los discriminados que él había descubierto desde que entrara a "la clase de los experimentados en el sufrimiento". Y no sólo afirmó el valor de la vida para sus compañeros de discriminación sino para sus enemigos, a quienes ha ofrecido el perdón tantas veces cuantas ha evocado las ofensas. De ese sentimiento de amor por la vida, nació en Rojas una compasión por las miserias que impedían a otros el goce de la vida y que lo llevaban a imaginarse con entusiasmo de soñador un estado de cosas en el que vivirían plenamente todos los agobiados en niveles de vida infrahumanos.
6. el robo de las elecciones: "en una situación en la que tantos jefes pierden la cabeza, que al menos, usted, general, no la pierda"
El 19 de abril de 1970, de manera conjunta, se llevaron a cabo en el país elecciones legislativas y presidenciales. En oscuros escrutinios, el general Rojas perdió las elecciones. Convertida su residencia en cárcel y confinada la mayoría de los líderes anapistas en la selva colombiana, el pueblo ultrajado y confundido decidió intervenir. Los principales centros urbanos del país fueron testigos de enfrentamientos entre la fuerza pública y quienes se habían manifestado a favor de las listas del anapismo. Aunque el presidente Lleras logró reprimir las espontáneas manifestaciones inmediatas al fraude, la base electoral del movimiento esperaba, momento a momento, el desenlace de una intervención de mayor envergadura.
La circulación de un manifiesto donde se llamaba a la insurrección, produjo la reacción instantánea de Hernán Vergara, quien se había librado de ser aprehendido. El 24 de abril, el líder espiritual de la Anapo hizo llegar una extensa carta al jefe del movimiento. En ella, de manera pormenorizada, Vergara, a quien Rojas sabía escuchar, le indicaba los pasos a seguir en esos días de incertidumbre. Según Vergara, Rojas no debía apartarse del comportamiento que le había distinguido como hombre de profundas convicciones religiosas. Llamar al pueblo a la insurrección, como rezaba el manifiesto, era una actitud concomitante con una generación novísima de la Anapo, pero no con el estilo de los políticos integrados al modo de pensar y actuar del general.
Fueron usted y María Eugenia -leemos- quienes con el simple pero genuino amor a los pobres, amor servido por una entrega sin reservas a su educación política y al alivio de sus necesidades, sacaron a las masas de la apatía y la intimidación en que las sumiera la violencia de años anteriores. Es a esa acción a la que han respondido las multitudes no a la prédica de utopías revolucionarias 38 .
Vergara demandaba de Rojas la reflexión y lo empujaba a intervenir: "Si el manifiesto obedece a influencias foráneas, o sea a personas que adhirieron a última hora y a la vista del triunfo, ¿cómo admitir que quienes construyeron durante 10 años de aciertos ininterrumpidos el Movimiento que produjo el milagro político y cívico del 19 de abril a la hora de prueba se pongan a la escuela de quienes no han logrado construir más que efímeros conciliábulos? ¿Cómo admitir que quienes se han mostrado expertos en conseguir derrotas les quiten el timón de las manos a quienes se han mostrado expertos en lograr victorias?" 39 . Así las cosas, Vergara le escribe al frustrado candidato: "Si usted no fuera un cristiano, si no hubiera tantas veces invocado a Dios como supremo vigilante de la justicia humana, no me atrevería a pedirle que se enfrentara a esta prueba sobrehumana como lo han hecho los verdaderos creyentes a partir de Abraham. Porque la diferencia entre la acción política de un materialista y la de un cristiano se marca en el momento en que, enfrentados a una legalidad que se tiene firmemente por inicua, el primero no tiene más camino que la acción humana, en tal caso la violencia, mientras el segundo puede luchar dentro del marco de la legalidad confiando en que Dios, que está por encima de toda legalidad, sabrá hacer finalmente su Justicia" 40 .
Con todo, era extraña la lectura que de la actividad política de Rojas hacía Vergara. Si bien el general equilibraba los ímpetus violentos de los anapistas, como líder del movimiento, nunca le fueron extraños los llamados a las vías de hecho. La etapa conspirativa del anapismo, por ejemplo, transcurrió bajo su custodia. No estaban lejanos los días de "la dialéctica de las pistolas y de los puñales" 41 . Desde que entró el anapismo a la participación electoral, el tema del fraude aparecía en sus órganos de expresión. Incluso, a raíz de los resultados del 19 de abril de 1970, se recordaban declaraciones recientes de Rojas en las que aseguraba que se sentía en condiciones de garantizar el comportamiento pacífico de sus seguidores hasta el 19 de abril, fecha en que daba por sentado que sería elegido presidente, pero que no podía garantizar lo mismo en caso de que el triunfo de su candidatura fuera desconocido por el gobierno. El mismo día de las elecciones, reiteró que respondía por su propio comportamiento pero que no estaba en condiciones de impedir los desbordamientos de la cólera del pueblo ante las perspectivas de que, mediante el fraude, le fuera desconocido el triunfo.
Vergara le reprochó al excandidato tal declaración. Le manifestó que no correspondía al jefe de un movimiento jerarquizado y disciplinado como la Anapo: "Usted ciertamente no puede impedir cosas que ni el mismo Ministro de la Defensa podría impedir, pero el comportamiento de sus seguidores será distinto si usted rechaza inequívocamente la violencia, que si usted le da un casi explícito visto bueno. Yo no invoco a la historia ni al pueblo como jueces supremos de los actos del hombre, porque esas son entidades abstractas sin existencia concreta. Yo invoco a Dios, a quien usted también invoca, para pedirle que le dé a usted las luces extraordinarias de que tiene necesidad en esta hora extraordinaria para que no vaya usted a encontrarse un día culpable de omisión" 42 .
En la realidad, aunque bastante religioso, Rojas no era el místico que deseaba Hernán Vergara. Su religiosidad no daba para exigirle un comportamiento de naturaleza eminentemente mística. Al contrario, el exmandatario se había constituido, de tiempo atrás, en una personalidad atada al ejercicio de la política. En vano, Vergara pedía en su carta, que Rojas imitara al Mahatma Gandhi: "...cuando en varias ocasiones [Gandhi] se vio puesto entre la fidelidad de su conciencia y las exigencias de su movimiento, no dudó en quedarse solo y finalmente cayó víctima del puñal de un seguidor que se sintió traicionado. Gandhi es hoy, y usted lo sabe, una gloria de la humanidad y un gigante de la fe en las realidades del espíritu" 43 . Finalmente, el doctor Vergara proponía al general, aceptar el fallo electoral "como un acto de realismo político": "Las elecciones -escribía- son una costumbre o una ley de la que no es posible eliminar totalmente el fraude. Si algunas civilizaciones han adoptado el método del sufragio universal o de la democracia, lo han hecho a sabiendas de que en política no habrá nunca posibilidad de escoger entre métodos totalmente puros y métodos totalmente impuros, sino entre un mal menor y un mal mayor. Hay que convenir en que al escoger usted la vía del sufragio, admitió implícitamente cierta posibilidad de fraude. Quienes no acatan el riesgo de cierto fraude, simplemente se niegan a tomar el camino de las elecciones como medio de conquistar el poder" 44 .
Vergara sostenía que el acatamiento de los resultados electorales abriría "el paso a la consolidación de la victoria del pueblo y a la derrota de la clase dirigente". Para él, no se trataría de una claudicación frente al gobierno sino de "un paso más en el camino del cambio profundo y total de estructuras que se ha inaugurado el 19 de abril". Le argumentaba a Rojas que la prolongación "del actual impasse", desmoralizaría a los sectores "más realistas" de la Anapo, echaría a perder la llegada de nuevas gentes al movimiento y favorecería "solamente brotes de resentimiento y de violencia que les darían a ustedes la pagana satisfacción de verse vengados en los sufrimientos de sus enemigos pero también de sus amigos". La carta de Vergara terminaba en los siguientes términos: "Tome usted plena conciencia de la responsabilidad que Dios le ha confiado como conductor popular más amado del pueblo y como cristiano de todos los momentos. ¡Que El lo asista y lo guarde!".
Aceptados los resultados electorales del 19 de abril de 1970 por parte de los anapistas, el Movimiento empezó un proceso de reconfiguración y readaptación a las nuevas circunstancias. Varios elementos concurrían a tal proceso: 1o. La necesidad de canalizar el aluvión electoral; 2o. Contingentes jóvenes, políticamente hablando, habían llegado a las Corporaciones Públicas en nombre y representación de la Anapo. De repente, la organización se vio sometida a una normatividad ideológica poco familiar para el colombiano que se había identificado hasta entonces con las formas de hacer la política que tenía el general Rojas. Se podría decir, que si la Anapo anterior a las elecciones de 1970 constituía una de las tantas, la más acabada, variables de populismo político, el anapismo que irrumpe después de estas elecciones decide configurarse como populismo teórico. En esta dirección fue decisivo el aporte de Hernán Vergara. Fue señalado por el Consejo Supremo del movimiento para que ejerciera la Secretaría de Asuntos Obreros y Campesinos y participó con gran entusiasmo en la redacción de los documentos ideológicos relevantes desde entonces en el movimiento.
7. el tercer partido o un socialismo a la colombiana
Para su conversión en el "tercer partido" de Colombia, la cúpula anapista se propuso la elaboración de una nueva plataforma, acorde con los tiempos modernos y con las nuevas circunstancias nacionales. Se nombró, a principios de 1971, una Comisión para la discusión y redacción del nuevo documento. Entre los comisionados se encontraban consagrados ideólogos del populismo nacional e internacional, como Antonio García, Guillermo Hernández Rodríguez, Hernando Echeverry Mejía, ex-dirigente del Movimiento Democrático Nacional de los tiempos del general Alberto Ruiz Novoa; los viejos gaitanistas Jorge Villaveces y Milton Puentes.
Sobre la base de un borrador donde aparecía la fórmula de un "Socialismo a la Colombiana" como propuesta del nuevo partido para los colombianos, empezaron las discusiones. Hernán Vergara fue adverso a la fórmula. Dirigió a su copartidario Hernando Echeverry Mejía, una carta donde plasmaba sus puntos de vista sobre el contenido que debía tener el nuevo documento.
No era fácil para los anapistas la confección de un nuevo documento programático. Este debería responder a las militancias -vieja y nueva- y tendría, por la fuerza de la época, que atender a los vientos renovadores de la política tanto en el continente como en el mundo. La Anapo acusada de indoctrinarismo por parte de los críticos venidos de la dispersa izquierda colombiana, estaba decidida a presentar su variante ideológica. "¡Cuidado!, exclamó Hernán Vergara, debemos cuidarnos del peligro del ideologismo. Debemos ser muy exigentes en cuanto a la operatividad de cada idea que adoptemos". Para Vergara, importaba en primer término conceptualizar en torno a la personalidad y obra de Rojas Pinilla. "Si él ha llegado al concepto de socialismo a la colombiana, debemos tratar de desarrollar conceptualmente esa denominación de manera que mejor traduzca su personalidad y su obra, especialmente en el período que siguió al 10 de mayo de 1957, pues a esa personalidad y a esa obra es a la que ha respondido el pueblo colombiano desde las diversas fuentes de recaudación de la Alianza Nacional Popular" 45 . Para Vergara, se trataba de un problema de lealtad al jefe del movimiento y a las masas anapistas que le seguían. Según él, cualquier deslealtad se manifestaría en el éxodo de la masa anapista del Movimiento, convirtiéndolo en otra "minoría izquierdizante marginada del poder".
La historia siguiente del país y de la Anapo mostró que Vergara no estaba equivocado. La vida continuó y vinieron los balances:
Durante dos años estuve acompañando al general Rojas en el Comando Nacional de su movimiento, dejándome la impresión de que era un convencido católico a la manera colombiana y de que su apoyo a las enseñanzas de la Santa Sede tenían la buena fe de su catolicismo familiar y tradicional. Las cosas tomaron hacia 1972 un giro en que ya no se justificaba mi presencia de católico en un partido político. Lo que hubiera de obtener ya estaba conseguido. La respuesta al punto controvertido era claramente que el catolicismo colombiano es un anexo de la clase social, y que hay tantos catolicismos como clases sociales; que la Iglesia, como pueblo de Dios, era un proyecto que aún no había empezado a construirse46 .
Y así como cuando cerró la revista Testimonio junto con el movimiento del mismo nombre en 1957, volvió a su finca de Viotá, y empezó otra etapa de su vida cristiana y profesional: la consagración a conformar una comunidad cristiana en la que como antes de la agitada actividad política de los años sesenta lo acompañaron familiares, pacientes, campesinos y empleados.
El primero de diciembre de 1998, se reunieron en la sede de la clínica Santo Tomás 30 colombianos de diversas procedencias convocados por Hernán Vergara para hablar sobre la guerra y la paz en Colombia. De esa reunión salió un interesante libro que recoge esa experiencia. En su última intervención político-religiosa, el doctor Vergara propone un nuevo método para acercarse a las FARC y, en particular, un tratamiento diferenciado entre éstas y su máximo líder, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo 47 .
Un estudio más reposado y, por supuesto, más amplio y profundo se merece este insigne colombiano que nos ha dejado una herencia intelectual riquísima.
* Los contenidos del artículo fueron presentados en la "Segunda Conferencia General de la Historia de la Iglesia en América Latina y el Caribe: 1945-1995", realizada en Sao Paulo, Brasil, en julio de 1995. Esta versión es actualizada a raíz de la reciente muerte del psiquiatra. El material no había sido publicado. El autor realizó con el personaje una serie de entrevistas en varias ocasiones. Quiero expresar mis agradecimientos a la doctora Catalina Vergara, hija de Hernán Vergara, por su información y por sus atenciones para que este texto fuera posible.
* * Profesor asociado del Departamento de Historia de la Universidad Nacional.
1.VERGARA, Hernán, "Informe a la Asamblea de Accionistas de la Clínica Santo Tomás S.A. por el doctor Hernán Vergara en 1988".
2.VERGARA, Catalina, "Memoria de papá para la Revista de la Provincia Dominicana. El Centro de la Historia es Cristo", manuscrito. Entrevista del autor con la Catalina Vergara, octubre 21 y 28 de 1997.
3.Su primer director fue Manuel Mosquera Garcés, quien sería ministro de Educación en 1950.
4.Algunos artículos al respecto aparecen en los editoriales de la revista publicados con el antetítulo de "Posiciones".
5.Véase Manifiesto de Testimonio, Revista Testimonio, Nº 16, enero de 1949, p. 66. Entre los miembros más destacados del movimiento cabe mencionar a: Alberto Luque Peña, odontólogo de 41 años; Emilio Robledo Uribe, abogado de 43 años; Gustavo Ibarra Merlano, periodista de 30 años; José Carulla, ingeniero químico de 46 años; Manuel José Corrales Gil, hotelero y excomunista de 30 años; Jaime Vélez Sáenz, filósofo de 32 años; Jorge y Hernán Vergara Delgado de 34 y 40 años, respectivamente.
6 .Semana, Nº 181, abril 8 de 1950, pp. 22-27.
7."Posiciones: Compromiso con Dios", Editorial Revista Testimonio, Nº 52, junio de 1953, p. 1.
8.ROBLEDO, Uribe Emilio, "Desenlace de un antiguo drama. Hacia la democracia orgánica", enRevista Testimonio, Nº 52, junio de 1953, p. 15.
9.Véase prólogo al libro de LLERAS RESTREPO, Carlos, BIGO, Pierre, GOMEZ, Alvaro, PASTRANA, Misael, ¿Revolución Violenta?, Bogotá, Uniandes, 1965.
10.LLERAS RESTREPO, C., El Cambio Social, Bogotá, Editorial Agra, 1965, p. 101.
11.AYALA, César, "La candidatura de Carlos Lleras Restrepo como respuesta del Frente Nacional al discurso de la oposición", en Revista Problemas Latinoamericanos, Popayán, Universidad del Cauca, Nº 4 y 5, diciembre de 1998, pp. 141-169.
12.Citado por VERGARA, Hernán, El Complejo de Layo. Antecedentes e Interrogantes para la Política Demográfica, Bogotá, Tercer Mundo, 1968, p. 24.
13.El nombre del libro hacía alusión al Rey de Tebas y padre de Edipo quien enterado de su destino quiso eludirlo con el asesinato de su hijo. Consideró Vergara que así como se hablaba del complejo de Edipo, se podía hablar ahora del complejo de Layo. "Es posible, anotaba en la Introducción, que el egoismo, la ambición de poder y dinero, el odio a los pobres y el desprecio por las consideraciones morales y religiosas estén hoy representando al infame rey de Tebas y que el Estado colombiano esté representando al criado, ojalá que tan ineficientemente como aquél, quien apenas encadenó a Edipo, pero lo dejó pronto para el castigo", VERGARA, Hernán, El Complejo de Layo…, op. cit., p. 12
14.VERGARA, Hernán, "La Planificación familiar: ¿desafío de la Iglesia?", en Revista Javeriana, Vol. 67 Nº 332, marzo de 1967, p. 185.
15."El Gobierno de los Estados Unidos atenta contra la libertad de los menos privilegiados. Los Obispos norteamericanos frente a las campañas gubernamentales de Birth Control", en Revista Javeriana, ibid., p. 226.
16 . Revista Javeriana, ibid., p. 227
17. VERGARA, Hernán, El Complejo de Layo..., op. cit., p. 106.
18 .Ibid., p. 106.
19 . Ibid., p. 112.
20. Ibid., p. 113.
21 . Ibid., p. 102.
22. Véase folleto "Por Un voto en Conciencia", p. 2 (mimeo).
23 . Ibid., p. 4.
24 . Ibid., p. 3.
25 . Ibid., p. 4.
26. Ibid., p. 7.
27 . Ibid., p. 8.
28 . Ibid., p. 9
29 . Ibid., p. 10.
30 . Ibid., p. 11.
31 . Ibid., p. 11.
32. Vergara se refería a las organizaciones que bajo el estímulo del gobierno de Lleras Restrepo implementaban los métodos anticonceptivos: Profamilia, la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, el Ministerio de Salud, el Instituto Colombiano de los Seguros Sociales y el Instituto de Bienestar Familiar.
33. "Discurso Pronunciado por Hernán Vergara D. en la manifestación del general Rojas Pinilla", el 4 de abril de 1970, en Alerta , abril 10 de 1970.
34. Original de "Biografía del General Rojas Pinilla", por el Dr. Hernán Vergara D. Enviado al diario El Espectador, abril 14 de 1970. El autor pudo consultar los borradores de este trabajo en la biblioteca de la Clínica Santo Tomás de Bogotá.
35 . Ibid. p.2.
36 . Ibid. p. 2.
37. Ibid. p. 3.
38. Véase carta de Hernán Vergara Delgado a Gustavo Rojas Pinilla, Bogotá, abril 24 de 1979.
39 . Ibid.
40. Ibid.
41. AYALA, César, Nacionalismo y Populismo. ANAPO y el discurso político de la oposición en Colombia: 1960-1966, Bogotá, Línea de Investigación en Historia Política, Universidad Nacional, 1995.
42. Véase carta de Hernán Vergara Delgado a Gustavo Rojas Pinilla, Bogotá, abril 24 de 1979.
43 . Ibid.
44 . Ibid.
45. Carta de Hernán Vergara Delgado a Hernando Echeverry Mejía, fechada el 29 de marzo de 1971, p. 3.
46. VERGARA, Hernán, "La gracia de un encuentro", Bogotá, junio 2 de 1987, documento inédito.
47 . Las Verdaderas Intenciones de las FARC, Bogotá, Intermedio Editores, Corporación para la Paz, 1999.
