Héctor Romero mide apenas 1,34 centímetros y
tiene 35 años. En el espectáculo de los enanitos toreros lo presentan como Nueva
York. Sin embargo, eso de correr con un becerro gulusmeándole el cuello tal vez sea
lo de menos, porque siempre quieren explotarlo, el dinero no le alcanza y tiene que cuidar
a sus dos hijos y a Josefina, su esposa que mide 1,80 centímetros.
De
Blancanieves nunca se sospechó por andar con siete enanitos. De los enanitos podría
pensarse, que el trabajo excesivo en la mina era una forma de liberar emociones
reprimidas, eso que los psicoanalistas llaman ocupación obsesiva. Esta es la historia de
Héctor Romero, quien apenas mide 1,34 centímetros y es uno de los siete enanitos toreros
de la compañía Superlandia. A diferencia de sus fabulosos congéneres del cuento, tuvo
la suerte de casarse con una mujer que mide 1,80 cm.
Hay personas con defectos de crecimiento que son
extremadamente bajas, pero cuyos cuerpos tienen proporciones normales. Otros, en cambio,
tienen cuerpos desproporcionados. Entre estos últimos, algunos tienen brazos y piernas
muy cortos, mientras su torso es de tamaño más bien normal, este es el caso de Héctor.
El defecto de crecimiento más común de este tipo es la acondroplasia. La a, significa
sin; condro, quiere decir cartílago, sustancia suave, gomosa, que primero
forma hueso y luego se torna dura, y plasia se refiere al desarrollo o crecimiento. En
síntesis, acondroplaisa significa sin normal crecimiento del cartílago.
En la Unión de Toreros conseguí su teléfono, al final de
la primera conversación, y después de ponernos de acuerdo en el lugar en que lo
entrevistaría, estuve apunto de cometer la estupidez de preguntarle como iría vestido.
En un mundo de aproximadamente seis mil millones de seres humanos, apenas se calculan
195.313 enanos. No existía mucho riesgo de toparme con dos de estas personas pequeñas en
el mismo sitio a la misma hora. Instalados en un café y después de que mi pequeño
entrevistado se trepó a la silla y los pies se despidieron del suelo le pregunté: