| Abre los ojos. Intenta tocar el techo con las uñas.
Pone el pie derecho en el piso de madera y el izquierdo en el tapete holandés. Da cuatro
pasos. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Extrae una mota de su ombligo. Inicialmente, el agua está
helada. Espera cinco segundos. Fría. Templada. Tibia. Caliente. Vapor, mucho vapor.
Primero, las extremidades derechas; luego, las izquierdas. Sigue la cabeza; por último,
el resto del cuerpo. Las manos se extienden buscando capilaridad. Primero un brazo,
después el otro. Acto seguido, cabeza, torso y pies. Extirpa bellos faciales. Cubre su
zona erógena por antonomasia. Camiseta blanca. Medias. Suéter. Inserta su correa café
en un pantalón café. Zapatos. Chaqueta. Concede a sus dientes un vago sabor a menta.
Contempla su reflejo. No. No lo contempla. Lo analiza insatisfecho. Practica gestos y
sonrisas. Cara triste, amargada, fúnebre y jocosa. Abre la puerta. Trota. Corre. Trota.
Corre. Inhala. Exhala. Alza una mano. Sube al bus. Busca monedas. Paga. Se deja caer en un
asiento empolvado. Espera. Sigue esperando. Timbra. Trota. Corre. Trota. Corre. Inhala.
Exhala. Inserta la llave en una cerradura. Sube las persianas y abre el maletín. Papeles
afuera, zapatos al aire. Hunde un botón, después otro y otro más. Oprime una tecla,
luego otra y otra más. Redobla el proceso. Una llamada. Dos llamadas. Toma tinto. Abre un
cajón y sustrae pan. Primer mordisco. Sus dientes lo cortan, trituran y muelen en trozos
pequeños, la saliva lo descompone en sustancias químicas y la lengua lo empuja hacia el
esófago. Monta las piernas en el escritorio. Dibuja trazos sueltos en un papel diminuto.
Segundo mordisco. Último bocado. Llega Fulano. Sale Fulano y entra Zutano. Se despide
Zutano y llega Mengano. El intestino grueso expulsa desechos al recto y su cuerpo siente
la necesidad de acomodarse en un inodoro. Acata la potencia de la fuerza gravitacional.
Sostiene su propio peso con las piernas. Calza los artefactos de cuero. Un paso, dos
pasos, tres pasos. Entra al baño. Desabrocha la correa. Separa botón y ojal. Manipula la
cremallera. Baja los pantalones. Se sienta. Una gota de sudor. Retrae los pies, golpea sus
muslos. Otra gota de sudor. Otra más. Cierra los ojos. Arruga la frente. Termina el
sufrimiento. Del rollo original, despega dos metros de papel higiénico. Limpia lo que
debe limpiar. Eleva los pantalones. Une botón y ojal. Abrocha la correa. Manipula la
cremallera. Agua. Jabón. Agua. Toalla. Contempla su reflejo. No. No lo contempla. Lo
analiza insatisfecho. Practica gestos y sonrisas. Cara triste, amargada, fúnebre y
jocosa. Abre la puerta. Un paso, dos pasos, tres más. Se acomoda ante un ordenador. Hunde
un botón, después otro y otro más. Oprime una tecla, luego otra y otra más. Redobla el
proceso. Lee. Descifra los sentidos de una letra unida a otra letra, de una frase unida a
otra frase, de un párrafo unido a otro párrafo. |
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