Número 1_diciembre 2003 abril 2004

01._Narrativa
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Giuseppe Caputo Cepeda
Ochenta y seis mil cuatrocientos segundos

Carlos Patiño Millán
Tranquila vida analítica: el
lector conoce el final de la
frase antes que el autor

Mar Traful
Victoria Camps reescribe el Neuromante
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02._Ensayo
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Miguel Mendoza
Tú matas y nosotros cambiamos de canal:
asesinos en medio de
una sociedad feliz

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03._Poesía
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Poemas de
Andrea Cote Botero


Poemas de
Simón Henao Jaramillo


Poemas de
Gustavo Adolfo Garcés


Reflexión poética de
Jorge Cadavid

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04._Periodismo literario
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Pablo Correa
Las faenas de un
enanito torero

Julia Buenaventura
Encrucijada veracruzana


vuelta de tuerca_ensayo
Tú matas y nosotros cambiamos de canal: asesinos en medio de una sociedad feliz
Miguel Mendoza

     El cuerpo de una mujer aparece desmembrado en un callejón, sus órganos internos han sido extraídos, presenta marcas de mordidas humanas, le han atado unas panty-medias en el cuello, su boca ha sido cortada. Las partes reconocibles están contenidas en tres bolsas de basura. Pudo suceder en Los Ángeles o en Bogotá, no importa, el crimen es igual de brutal e igualmente se olvidará pronto; pero si acaso el perpretador es atrapado, el público querrá saber de inmediato de quién se trata. Es indudable la fascinación oscura que rodea a crímenes y criminales que exceden los márgenes de cierta normalidad de la violencia contemporánea; si un sujeto dispara a otro en medio de un riña callejera la atención prestada será poca, pero si otro asesina a varias personas en circunstancias más complejas que un simple disparo, la mirada del público se inclinará de manera más detenida (New York, New York: la atención del mundo se alcanza si tienes transmisión en directo). Cuando se trata de un asesino serial (término acuñado a principio de los ochentas por un agente del FBI, haciendo una analogía entre lo episódico de ciertos asesinatos y las series de televisión), la atención general es inmediata, los medios se desplazan, el público espera expectante un siguiente ataque o su captura, y sobre todo: su entrevista. Si se trata de una aniquilación masiva, la expresión asesino de masas aparece de inmediato y la atención es radical. Cuando la violencia del ataque no presenta móviles sociales claros de algún tipo, la atención general llega a un clímax de recepción impresionante. Primera conclusión preliminar: el crimen sin motivo aparente, o por lo menos de causas confusas, y condicionado por cierto tipo de locura o psicopatía o anomalía de comportamiento, tiene mayor acogida e interés por parte de las masas (el caso Campo Elías y el de Garavito en Colombia, son claros ejemplos) que algún otro homicidio.

Un dato para pensar: el récord en horas de publicidad en televisión en la captura de O. J. Simpson

     La conclusión anterior nos conduce por un camino escabroso, por el que hay que detenerse para acercarse a la fascinación actual por la más clara forma moderna del mal: el Serial Killer.