Cada
mañana me despierta puntual el reloj. En la oscuridad percibo sus dígitos indicando la
hora y el coste del sueño de la noche. Me levanto para dirigirme al baño y realizar la
rutina de todos los despertares. Ante el espejo me miro, considerando si no empiezo a
quedarme desfasado ante la moda que se impuso hace tres semanas: cierre craneal
translúcido. Todo el mundo en mi trabajo va siempre a la última moda en lo que se
refiere a los cierres craneales. No hacerlo así podría significar una severa
amonestación por parte del jefe, tolerante con muchas cosas, pero jamás con la falta de
entusiasmo y adhesión que representa un descuido semejante en la continua puesta a punto
de su equipo de trabajadores. Hace un mes todos llevábamos cierres craneales cromados,
relucientes. Ahora todos son de plástico translúcido, de diferentes colores, imitando
los huesos extirpados del cráneo, dejando entrever el cerebro y los implantes. Los que
pueden, presumen así de que sus implantes son los más caros del mercado, el último
hardware, el más potente, el que permite ejecutar el software más sofisticado, aquél
que se conecta mejor con las sinapsis de las neuronas y optimiza tus recursos mentales.
En la cocina me encuentro ya con el desayuno preparado y
servido. El programa que gobierna los electrodomésticos está coordinado con el reloj
despertador. Menú cuidadosamente elegido, equilibrio nutricional perfecto, ni una
caloría de más. Una ligera obesidad es motivo automático de despido según marca el
convenio firmado por los sindicatos. Me apresuro comiendo, no quiero llegar tarde a la
reunión. Tres días por semana nos reunimos todos los del equipo para poner en común
nuestras ideas. El teletrabajo se reserva para las vacaciones y los días festivos. En una
empresa de tanto prestigio como la mía, es imprescindible la presencia personal, única
manera de comprobar que todo marcha bien, que el equipo es inmejorable, que nuestra
entrega a los objetivos de la empresa es total e incondicional. En el coche, camino de la
oficina, mientras el piloto automático conduce a través de las autopistas, conecto la
terminal del ordenador. Debería repasar el orden del día de la inminente reunión, pero
no puedo evitar el deseo de repasar el estado de mis finanzas.
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