Número 1_diciembre 2003 abril 2004

01._Narrativa
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Giuseppe Caputo Cepeda
Ochenta y seis mil cuatrocientos segundos

Carlos Patiño Millán
Tranquila vida analítica: el
lector conoce el final de la
frase antes que el autor

Mar Traful
Victoria Camps reescribe el Neuromante
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02._Ensayo
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Miguel Mendoza
Tú matas y nosotros cambiamos de canal:
asesinos en medio de
una sociedad feliz

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03._Poesía
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Poemas de
Andrea Cote Botero


Poemas de
Simón Henao Jaramillo


Poemas de
Gustavo Adolfo Garcés


Reflexión poética de
Jorge Cadavid

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04._Periodismo literario
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Pablo Correa
Las faenas de un
enanito torero

Julia Buenaventura
Encrucijada veracruzana


vuelta de tuerca_narrativa

Victoria Camps reescribe el Neuromante

Mar Traful
     Cada mañana me despierta puntual el reloj. En la oscuridad percibo sus dígitos indicando la hora y el coste del sueño de la noche. Me levanto para dirigirme al baño y realizar la rutina de todos los despertares. Ante el espejo me miro, considerando si no empiezo a quedarme desfasado ante la moda que se impuso hace tres semanas: cierre craneal translúcido. Todo el mundo en mi trabajo va siempre a la última moda en lo que se refiere a los cierres craneales. No hacerlo así podría significar una severa amonestación por parte del jefe, tolerante con muchas cosas, pero jamás con la falta de entusiasmo y adhesión que representa un descuido semejante en la continua puesta a punto de su equipo de trabajadores. Hace un mes todos llevábamos cierres craneales cromados, relucientes. Ahora todos son de plástico translúcido, de diferentes colores, imitando los huesos extirpados del cráneo, dejando entrever el cerebro y los implantes. Los que pueden, presumen así de que sus implantes son los más caros del mercado, el último hardware, el más potente, el que permite ejecutar el software más sofisticado, aquél que se conecta mejor con las sinapsis de las neuronas y optimiza tus recursos mentales.
     En la cocina me encuentro ya con el desayuno preparado y servido. El programa que gobierna los electrodomésticos está coordinado con el reloj despertador. Menú cuidadosamente elegido, equilibrio nutricional perfecto, ni una caloría de más. Una ligera obesidad es motivo automático de despido según marca el convenio firmado por los sindicatos. Me apresuro comiendo, no quiero llegar tarde a la reunión. Tres días por semana nos reunimos todos los del equipo para poner en común nuestras ideas. El teletrabajo se reserva para las vacaciones y los días festivos. En una empresa de tanto prestigio como la mía, es imprescindible la presencia personal, única manera de comprobar que todo marcha bien, que el equipo es inmejorable, que nuestra entrega a los objetivos de la empresa es total e incondicional. En el coche, camino de la oficina, mientras el piloto automático conduce a través de las autopistas, conecto la terminal del ordenador. Debería repasar el orden del día de la inminente reunión, pero no puedo evitar el deseo de repasar el estado de mis finanzas.