-
| | | | -
- UN SIGLO
- HABITANDO LOS CERROS
- VIDAS Y MILAGROS DE VECINOS
- EN EL CERRO DEL CABLE
Un producto del proyecto - “Memoria barrial, convivencia social e
integración juvenil en la parte alta de Chapinero” - Bogotá, 1996-1997
-
- Capítulo 1: SUEÑOS DE LADRILLO Y ARENA
- AVATARES DEL OFICIO
-
- En un principio, a cada fábrica se vincularon cerca de 20 trabajadores, que desempeñaban diversos oficios para garantizar la producción de ladrillos y de tejas. Unos se encargaban de las minas de carbón, otros de encarrar las hiladas de ladrillo en los hornos, los de más allá de alimentar día y noche el fuego con el cisco de carbón que se echaba por la parte superior de los hornos.
-
- “ Los encargados de las minas de carbón que quedaban en las carreras 3ª y 5ª Este con Calle 48, eran los Gutierrez y los Pinzón. De allá bajaban el carbón en unas góndolas que iban por el aire, en cables que llegaban casi hasta la Carrera 7ª. M i hermano Carmelo era el que desocupaba la canasta y la mandaba de nuevo para arriba, que era cuando yo me subía a un barranco y con un brinco me prendía del cable. Cuando cogía cierta altura, me soltaba. Eso era un cable largo, haga de cuenta como un teleférico de Monserrate pero más pequeño y por eso es que a este lugar le dicen el Cerro del Cable. Yo por mi parte, fuí engabadora como mi mamá, o sea encarradora de ladrillos. Otros fueron horneros, mineros y así sucesivamente”.
-
- “En la mina de carbón se acostumbraba a trabajar de noche. A las dos de la mañana uno cogía su trabaja , hasta las seis que desayunaba y a las once salía a almorzar. Pero un día, estando en el almuerzo, la mina se derrumbó y ya jamás se volvió a levantar...”.
-
- Y también estaban los carretilleros que transportaban los ladrillos y las tejas de un lado para otro y los mecánicos que se encargaban de revisar el funcionamiento de las máquinas y los carpinteros que reproducían las piezas de las máquinas que resultaban averiadas :
-
- “ Cuando eso ocurría, el mecánico llamaba al carpintero para que sacara un molde en madera de la pieza dañada, que por lo general eran piñones. Una vez terminado el molde, que debía quedar perfecto, se llevaba donde los Padres Salesianos que tenían una fundición y de allí salían las piezas en metal, listas para ser ensambladas de nuevo en la máquina respectiva ”.
-
- En la Bogotá de aquel entonces había muy pocas ladrilleras y la demanda de ladrillos y tejas para las nuevas casas y edificios crecía día tras día, de modo que las fábricas de los hermanos Pardo se hicieron rápidamente célebres en la ciudad. Eduardo Pardo Rubio, buscaba la manera de agilizar la producción y la distribución de la mercancía hecha de barro colorado. Es así como, hacia 1929, compra una cadena para transportar a mayor velocidad los ladrillos cocidos desde el horno hasta el camión repartidor. Era como una inmensa serpiente, llena de pequeños asientos, que marchaba adherida a las paredes del Horno Continuo. Para comprar esta cadena, Eduardo Pardo contrae una deuda considerable con el Banco Central Hipotecario, deuda que no puede pagar por la crisis económica de 1.930. Entonces, el Banco procede a embargar una parte de sus terrenos en la Hacienda “Barro Colorado”.
-
- Entre tanto, una situación similar es la que vive su hermano Alejandro Pardo, quien para pagar los costos de una nueva máquina para su fábrica, hipoteca parte de las tierras de su heredad al mismo Banco y éste procede a rematarlas. Comenzaba así el largo proceso de desmembramiento de la hacienda que duraría muchos años. Serían muchos los grandes y pequeños lotes vendidos, hipotecados o cambiados por otros bienes. Pero también, muchos los potreros que quedaron abandonados por décadas y décadas.
-
- Las peripecias que debieron afrontar los hermanos Pardo en los inicios de las ladrilleras, fueron diversas. Pero algunas, llegaron a ser insólitas :
-
- “ Hacia 1932 y con el fin de seguir mejorando la distribución de los ladrillos, mi padre vió en una revista extranjera un camión Renault con un remolque gigantesco y se dijo “este es el vehículo que necesito para transportar el producido”, y lo encargó al exterior. Efectivamente, el camión llegó al puerto de Barranquilla donde con miles de trabajos fue embarcado en un planchón que lo llevaría por el Río Magdalena hasta el municipio de Honda. Una vez allí, el camión quedó atascado, pues los caminos de la época eran demasiado pequeños para carrocerías del tamaño de una tractomula. Entonces, eso fue ir pidiendo permiso por fincas y fincas y meterlo por los potreros y caminos más inesperados, hasta que finalmente, después de una odisea completa, llegó a Bogotá. Y cómo le parece que una vez aquí, el municipio no le permitió moverlo alegando que las calles de la ciudad no eran aptas ni para el peso, ni para el tipo de llantas del vehículo. Yo recuerdo que mi papá jamás pudo utilizarlo y esa maravilla tecnológica se fue oxidando con el tiempo, hasta quedar convertida en chatarra”.
-
- Por su parte, quienes laboraban en los chircales vecinos a las ladrilleras de los Pardo, tenían que vérselas con burros, molinos manuales, granzón, greda y gaveras :
-
- “Uy, sumercé, eso era como planchando ladrillos con la mano. Primero se mezclaba bien el granzón y la greda con la ayuda de las mulas y luego se echaba en las gaveras y hágale. Si ve la forma, que tienen mis manos ? Ve cómo tengo levantados los dedos ? Eso es de pasar y repasar en las gaveras, hasta darle la forma precisa a los ladrillos. De ahí se llevaban con gran cuidado al Horno de Pampa, para encarrarlos y meterles candela. No ve que eso eran unos buitrones redondos que humeaban como chimeneas? Uy, sumercé, yo llegue a hacerme hasta 250 ladrillos en la hora y por cada 1.000, me pagaban 40 o 50 centavos. Todos aquí le haciamos a eso y con el tiempo se le tomaba mucha pericia. Ya me comprende ?”.
-
- A pesar de las deudas, los camiones oxidados y las duras jornadas, día tras día aparecen en las faldas de los cerros más y más Hornos de Pampa, a la vez que se consolidan las ladrilleras y se desarrollan otras actividades relacionadas con la industria de la construcción :
-
- “Bien arriba, para el lado del río Arzobispo, estaban las canteras y donde hoy es la Universidad Javeriana, estaba la Central de Mezclas de Cementos Samper. En la Carrera 7ª con Calle 47 hubo una calería. Ahí quemaban unas piedras blancas extraídas de los ríos para obtener la cal. Alrededor de eso había unas casitas de adobe donde habitaban trabajadores y entonces también acostumbraron a nombrarlas así, como calerías”.
-
- Explotación de canteras, minas de carbón, producción de cemento y cal, chircales y ladrilleras, transforman de forma acelerada el verde paisaje. Y , a la vez, crecen las familias de los chircaleños, canteros, mineros y ladrilleros, que trabajan y habitan los cerros con la idea fija de alcanzar, algún día, un futuro digno para su descendencia.
| Volver al Indice | Siguiente parte | | |