- Tratándose de un río que se extiende por un trecho tan largo como el descrito, es de imaginar que las cascadas descubiertas hacia 1961 o 1962 por los expedicionarios del barrio Paraíso, debían ser bastante caudalosas e imponentes:
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- “Se deja usted llegar hasta la última casa del barrio, allá bien arriba, y comienza a subir cogiendo una trochita que tira así como para el sur y hacia la cuchilla de Monserrate. La vegetación es tupida y no se puede ir usted por ahí corriendo sin fijarse dónde van pisado sus pies. Como a los 10 o 15 minutos, se topa la primera casacada que es como de unos 4 o 5 metros de alto. Luego sigue trepando hasta encontrarse la segunda cascada que es un poco más grande que la primera. De ahí ya viene la parte más difícil que a veces toca subir con lazos y se debe cruzar una escalera de madera que ya lleva sus años ahí en el camino. Al poco ya se deja ver la tercera cascada en un punto que llaman La Ninfa o La Chorrera y es la más grande de todas y la más bonita. Eso no deja de tener sus 10 metros y más de altura. Ahí mismo, en la parte de abajo, se encuentra la represa que hicimos entre todos hace ya más de 30 años. A mi nieto le gusta treparse por allá a echarse su chapuzón y a ver los gavilanes o para tomar el desvió que sale a los tanques de El Silencio en el Parque Nacional, arriba de Perseverancia”.
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- Una vez escogido el punto para represar las aguas, la Junta Comunal hace la petición respectiva ante el municipio para poder usar la torrentosa cascada, pero les dicen que no, que eso no es posible porque se trata de aguas nacionales. Entonces, se dirigen a la CAR, entidad que también da una negativa a la petición, diciendo que de conformidad a leyes y resoluciones, esas aguas pertenecen a Bogotá y no podían ser tomadas por las gentes del barrio sin el consentimiento de las autoridades de la ciudad. Se dirige entonces la Junta Comunal una vez más a la administración distrital, pero nuevamente encuentran la oposición con el argumento de que La Chorrera se encuentra en predios de la Fábrica de Cerveza Bavaria y que por tanto es propiedad privada, “razón” por la cual las gentes no puede disfrutar de un bien público como es el agua.
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- A pesar de las negativas, los dirigentes del barrio, encabezados por el inolvidable Absalón Acero y por Marceliano Ruiz, no se desaniman y continuan adelante, hasta que logran demostrarle al Distrito, quien tomaría casi 4 años en aprobar los diseños de la obra, que los predios no son privados sino que pertenecen al Distrito mismo. Además, Don Absalón logra concretar el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos y del programa “La Alianza para el Progreso” :
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- “De los americanos recibimos colaboración no sólo a nivel material, sino en el ánimo que nos dieron. Aportaron para la tubería y para realizar algunos estudios de trazado de las trochas que se tenían que hacer para llegar hasta la catarata y para saber por dónde era que se tenían que mandar los tubos. También ayudaron para que el proceso de construcción de la represa fuera filmado y de eso quedó en una película que se llama “Cota 2700”.
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- Los trabajos se iniciaron en medio del entusiasmo general en el año de 1962 y se asumió colectivamente el desafío que significaba construir una represa de concreto y tender 520 metros de tubería, en el agreste, inclinado, frío y tupido Cañón del Frailejón, con sus 250 metros de profundidad. Nada era capaz de minar los ánimos de los pobladores que perseguían el sueño cristalino y liviano del agua :
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- “Todos, toditos trabajábamos, los señores y señoras que hoy tenemos 35 o 40 años, en esa época eramos niños y jóvenes.Todo nos parecía una aventura. Nuestros papás nos mandaban con uno o dos tarros de galletas llenos de cemento o arena, aunque también nos ponían a cargar el ladrillo o las ollas para que arriba se hiciera el chocolate o la aguadepanela. Otras veces nos mandaban a llevarle el almuerzo a los grandes. Caminábamos con mucho cuidado por las laderas de la montaña para evitar rodarnos, aunque de todas formas siempre había una persona mayor que nos dirigía y estaba pendiente de nosostros. El trabajo se hacia los sábados, domingos y festivos. Don Absalón con su voz de mando, y su carisma, dirigía todo y trabajaba a la par con los vecinos. Los materiales eran dejados por los proveedores en el Parque Nacional, en cercanías de la antigua Ciudad de Hierro, y desde allí los traíamos en el “Yumbo”, el camión del señor Carrillo, que con mucha dificultad subía hasta la parte alta del barrio y de ahí otra vez se descargaban, para llevarlos más arriba. Los tubos, el cemento y las vigas, se transportaban con la ayuda de poleas, manilas y cables que se conseguían prestadas en Cementos Samper y en la Central de Mezclas.... Eso era muy bello ver toda la gente colaborando para un mejor futuro. Nadie hacia mala cara, ni se discutía. Era una fuerza impresionante, porque la gente unida de verdad, hace cosas muy buenas”.
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- Y, como es de suponer, además de los inconvenientes oficiales, no faltaron los naturales. Por ejemplo, un Sábado Santo mientras estaba todo el vecindario en la montaña, se desató una tempestad tan violenta que varios de los pesados tubos de hierro salieron a volar por los aires como si fueran livianas plumas. Uno de ellos se elevó con la ráfaga de viento y fue a caer en la primera catarata, donde quedó clavado en la arena con el empuje de una fuerza sobrehumana y tal como quedó enterrado, permanece hasta el día de hoy.
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- Para el desarrollo de las obras, cada vecino hizo un aporte económico de $ 43 pesos, por medio de pequeñas cuotas que se pagaban a lo largo de 30 meses, que fue el plazo acordado. Al comienzo, se sacó un préstamo con el Fondo Rotatorio de $ 16.000 pesos, los cuales fueron invertidos en la compra de materiales y tubos de 16, 14, 8, 7, y 4 pulgadas.
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- “Los del Acueducto al comienzo no nos quería ayudar. Pero ya luego los convencimos y fueron colaborando en algo de materiales. Ya cuando vieron que la tubería pasó de la montaña para este lado del barrio, entonces dijeron que si, que ellos contribuían con la red de tubería para las casas, con la condición de que cada vecino pusiera el material para su acometida domiciliaria. Y bueno, todos conformes. Pero más tarde querían dejar una parte del barrio solo con piletas regadas por las calles. Entonces nosotros con Don Absalón, nos paramos en la raya y dijimos “o todos en la cama o todos en el suelo”. Si o no ? O usted que opina ? ”.
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- Y, a medida que pasaba el tiempo, a la epopeya colectiva se sumaban habitantes de los barrios San Martín y Pardo Rubio e integrantes de comunidades religiosas, como los padres Escolapios que hacía poco habían establecido en las cercanías, el Seminario Calasanz.
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- Todo el trabajo duró cinco largos años, hasta que por fin las casas tuvieron cada una su propia conexión. Entonces, el sueño se deslizó desde lo alto de la montaña, cruzó raudo el Cañón del Frailejón, se introdujo por las calles del barrio y entró por fin, como una caricia, a las casas de los habitantes, el 16 de abril de 1967, fecha en la que el Acueducto Comunitario del Barrio Paraíso, fue solemnemente inaugurado. Así lo registró la prensa :
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- “El día de ayer se inauguró oficialmente.... el acueducto autogestionario del Barrio El Paraíso, con la presencia del Alcalde Mayor Virgilio Barco Vargas, culminando así un largo proceso de trabajo colectivo. Aunque el acueducto con toda su red y acometidas, estuvo listo en febrero de este año, fue sometido a dos meses de pruebas y ajustes, que terminaron por fin ayer, con una gran fiesta en la que hubo toros y baile, entre otras diversiones, y que se llevó a cabo junto a la escuela del barrio, la cual fue bendecida” (“La República”, abril 17 de 1967) .
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- La tenacidad de Absalón Acero y de los demás líderes y habitantes de este barrio de ex-canteros y ex-chircaleros, había vencido. Y de esa tenacidad se beneficiaron también los barrios San Martín y el naciente Mariscal Sucre, que se conectaron al Acueducto Comunitario y pudieron llevar agua hasta pilas ubicadas en diferentes sitios de sus respectivos vecindarios. A cambio de ello, debían colaborar en el mantenimiento de la represa que debía hacerse cada ocho o quince días :
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- “Para hacerle mantenimiento a la represa, alguno de nosotros tenía que sumergirse en el agua helada para cerrar la válvula de salida y así poder limpiar las rejillas del tubo que se taponaban cuando caía mucha hoja de chusque. Le cuento que eso era bien difícil, porque en ese entonces los vientos y la llovizna eran tan fuertes que la gente tenía que protegerse con sombrillas que se hacían con grandes hojas y la persona que se metía en el agua no se podía demorar más de dos o tres minutos porque se congelaba. Pero había otras veces más terribles en que nos tocaba desviar las aguas de su cauce normal, con el fin de desocupar la represa y poder tapar los huecos y las filtraciones”.
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- Durante varios años los habitantes del Paraíso, con el apoyo de los barrios vecinos, manejaron su acueducto. El servicio costaba apenas $ 20 pesos mensuales, que se le cancelaban a la Junta Comunal.
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- Sin embargo, a los cinco años, es decir hacia 1972, se firmó un convenio con la Empresa de Acueducto de la ciudad, para que fuera ella la encargada del manejo de la represa :
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- “Yo creo que los de la Empresa vinieron fue a robarnos el agua y a cobrarnos tarifas más caras. Argumentaban que le iban a dar tratamiento al agua, que tenían que cobrar por la tubería y que el agua no era de ninguna Junta del Barrio, ni de los vecinos, sino de la Nación. Y empezaron a cobrar por el servicio, pero nunca trataron el agua, porque dijeron que ellos no iban a arriesgar a sus trabajadores mandándolos a un lugar tan peligroso en donde sólo se subían los micos. Una vez vinieron unos contratistas y les dio vértigo. Pero el trabajo lo hizo fue la comunidad. Yo espero que la gente no se olvide que hace años, un grupo de vecinos logró lo que muchos creyeron imposible”.
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- En un acto de injusticia sin par, la represa va quedando abandonada. Años después, cuando la Alcaldía decide hacer un gigantesco túnel subterráneo, precisamente, para abastecer de agua a un sector de la ciudad, la máquina perforadora conocida como “El Topo” pasa por debajo del río Arzobispo, produciendo las filtraciones que lo dejarían casi seco. Así, en 1988, el Acueducto Comunitario que tanto había costado y que con tanta ilusión se construyó, deja de funcionar en manos de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.
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- En la actualidad, algunos líderes zonales piensan en cómo recuperar esta obra titánica para colocarla nuevamente al servicio de la vida. Y es que, a pesar de todo, sobre la tercera cascada de este río de aguas escazas y jamás tratadas, el cielo es aún traspasado por el vuelo majestuoso de los gavilanes.