CAPÍTULO 1
CONDICIONES DE VIDA DE LAS COMUNIDADES AFROCOLOMBIANAS

 

Presencia y etnicidad afrocolombiana

Colombia tiene 37 millones de habitantes. La población afrocolombiana, los colombianos de origen y ascendencia étnica africana, está conformada por 15 millones de personas, lo que equivale al 45% de la población nacional. El Pueblo Afrocolombiano constituye la mayoría étnica de la población nacional, y está integrado por tres grandes poblaciones, ellas son: 

1. Los africanos criollos. La población que ha mantenido las características fenotípicas africanas. Son la mayoría en la región Pacífica, las islas de San Andres, Providencia y Santu Catalina, y en algunos territorios de la llanura del Caribe.
 2. Los afroindígenas. La población resultado del mestizaje entre los africanos criollos y los pueblos indígenas. Son la mayoría de los habitantes de la llanura del Atlántico, y los valles de los ríos Cauca y Magdalena.
3. Los afromestizos. La población resultado del mestizaje entre los africanos criollos y los pueblos mestizos indohispanos, autodenominado como "blanco". Son notorios en las poblaciones de los departamentos de Antioquia y Valle, y en las grandes ciudades y capitales departamentales. En el pasado fueron identificados como mulatos por los españoles.

 

Durante la sociedad colonial esclavista las personas africanas, con toda su diversidad étnica y cultural, fueron convertidos e identificados por los europeos simplemente como "negros". La persona africana fue adjetivizada y estigmatizada como "los negros", "el negro", "la negra", "los negritos" "la negrita", "el negrito". El africano fue reducido al color de la piel, racializado y estereotipado; se le quitó su nombre, su historia, su cultura, su dignidad, el derecho a ser persona y se le redujo a "negro", sinónimo de animal, esclavizado y subordinado. A pesar de la opresión cultural esclavista, gracias a los etnónimos africanos que sobrevivieron y están incorporados en el español y la cultura colombiana, por todo el territorio nacional podemos encontrar huellas y nombres de las regiones, naciones y pueblos de donde, posiblemente, fueron secuestrados en Africa nuestros antepasados: Arará, Lucumí, Carabali, Balanta, Congo, Angola, Bente, Biáfara, Mina, Biohó, Popó, Bran, Mandinga, Conú, Zapé, Aracú; Polú, Ocoró, Aponsá, Kalonge, etc. 

Para los europeos (españoles, franceses, ingleses, holandeses, portugueses, etc.) que organizaron en América el sistema colonial esclavizador, todo mestizaje surgido de la mezcla entre los africanos con los europeos (blancos) y los pueblos indígenas (indios) era identificado y estigmatizado como "negro" y esclavo. No importaba el color que tuviese la persona para considerarlo esclavo y de sangre impura. Para los europeos, en el pasado, y para los mestizos indohispanos o blancos en el presente, se es "negro" porque se tiene origen africano. La definición de "negro" fue sinónimo, y es hoy sinónimo, de Pueblos Africanos, de Pueblo Afrocolombiano. 

Debemos devolvemos el sustantivo, la calidad de personas y anteponerla al adjetivo "negro". Somos personas; Pueblo Negro porque somos personas de origen africano, porque somos Pueblo Afrocolombiano. El concepto afrocolombiano nos permite redescubrir y reencontrar nuestra identidad étnica y cultural africana, fundamento de la construcción y desarrollo de la identidad mestiza de la sociedad nacional. El adjetivo "negro" es la prueba viva, plasmada en el lenguaje y la cultura colombiana, de la enorme explotación, injusticia y opresión cultural que han vivido los afroamericanos y afrocolombianos en la historia de los países del continente americano.

 

Condiciones de vida de las Comunidades Afrocolombianas

El Pueblo Afrocolombiano está presente en 800 municipios del territorio nacional, incluyendo las regiones Oriental y Amazónica. Los principales territorios afrocolombianos son: las llanuras del Atlántico y del Pacífico, los valles medio y bajo de los ríos Magdalena y Cauca, Urabá y Norte del Cauca. Las concentraciones urbanas más importantes están en las ciudades de: Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Montería, Sincelejo, Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Turbo y Guapi.

Durante el siglo XX las clases dirigentes de Colombia se negaron a crear una base de estadisticas aftocolombianas. Ni en el Departamento Nacional de Estadística -DANE- ni en el Departamento Nacional de Planeación -DNP- existe unidades de estadística y planificación sobre la presencia y realidad del Pueblo Afrocolombiano.

Las instituciones gubernamentales y privadas no pueden disponer de datos sobre las Comunidades Negras cuando requieren analizar, planificar y atender la situación de subdesarrollo, pobreza y marginalización en que transcurre la vida afrocolombiana. El 10 de julio de 1998, el DNP hizo un gran lanzamiento de sus publicaciones conmemorando sus 40 años de fundación; entre 80 libros e informes de estudios, no hubo siquiera uno dedicado a la realidad afrocolombiana.

Para analizar las condiciones de vida de las Comunidades Afrocolombianas, lo mejor es hacer un recorrido por la realidad de los municipios de la región del Pacífico.

La Región Pacífica es una extensa llanura selvática que se extiende desde la frontera con la República de Panamá hasta la frontera con el Ecuador. Está integrada por 32 municipios, de los siguientes departamentos:

1. Departamento del Chocó:
Quibdó, Acandí, Alto Baudó, Lloró, Bagadó, Babía Solano, Bellavista, Condoto, Istmina, Juradó, Litoral del San Juan, Novita, Nuquí, Riosucio, Sipí, Tadó, Bajo Baudó, Unguía y Citará.

2. Departamento del Valle:
Buenaventura y Dagua.

3. Departamento del Cauca:
López, Timbiquí y Guapi.

4. Departamento de Nariño:
Santa Bárbara, El Charco, Mosquera, Olaya Herrera, Magui, Barbacoas, Roberto Payán y Tumaco.

La Región Pacífica está poblada por cerca de dos millones de habitantes, de los cuales las Comunidades Negras conforman el 90 por ciento y conviven con un 5 por ciento de indígenas, organizados en resguardos en las zonas montañosas y ribereñas, y con un 5 por ciento de mestizos "blancos", que controlan el comercio urbano y la mayor parte de los medios de producción. En los centros urbanos, de 2.000 a 10.000 habitantes, localizados en las orillas de los ríos y del mar, reside el 30 por ciento de la población mientras el 70 por ciento se concentra en las ciudades de Buenaventura, Tumaco, Quibdó y Guapi.

"En el Pacifico colombiano se encuentran entre siete y ocho mil especies de plantas (de las 45.000 que puede haber en Colombia). El Departamento del Chocó contiene 3.866 especies. También se encuentra una de las mayores concentraciones de plantas y animales endémicos, es decir, con una distribución geográfica pequeña. Por lo menos la cuarta parte de las plantas son exclusivas de la región. La fauna, aunque menos conocida, es muy rica y los anfibios muy diversos. También hay gran cantidad de especies endémicas y otras aún sin describir, especialmente en las selvas de la cordillera. Entre las aves, hay varios centenares de especies en las tierras bajas. Es una de las áreas con grandes concentraciones de especies endémicas de Sur América.

Revista Ecológica No. 15-16
mayo octubre 1993.

La Región del Pacífico es uno de los territorios más ricos en biodiversidad en el mundo, y uno de los pocos pulmones verdes productores de oxígeno que aún quedan en el planeta; posee enormes recursos de flora y fauna; pesqueros, madereros, hidrológicos y mineros. Sin embargo, su mayor riqueza es su población, las Comunidades Negras e Indígenas, sus dueños ancestrales, que han vivido sumergidos en la más absoluta pobreza, ignorancia y marginalización.

 

Condiciones económicas

En la Costa Pacífica hay dos tipos de economías: la economía capitalista de enclave, o de saqueo colonial, y la economía tradicional de subsistencia. Las Comunidades Negras del interior del país forman parte del campesinado pobre y del proletariado, explotados por empresas agroindustriales, mineras y de la construcción. 

La economía capitalista de enclave o de saqueo colonial la realizan empresas extranjeras y nacionales, las cuales sobre-explotan los recursos naturales y a los trabajadores nativos, teniendo como bases las ciudades de Buenaventura, desde donde envían al interior maderas, pescado y oro; y Tumaco, centro de exportación de maderas a Estados Unidos y otros países. La Costa Pacífica y las Comunidades Negras son víctimas del colonialismo interior y del colonialismo exterior. 

Buenaventura moviliza el 80 por ciento de las exportaciones e importaciones del país generando en la comunidad las deformaciones inherentes a las economías portuarias de los paises subdesarrollados: contrabando, tráfico de drogas, prostitución, altos salarios para una minoría de obreros portuarios, exagerada carestía de la vida, creciente aumento poblacional por el flujo migratorio que recibe, déficit de servicios públicos y sociales, hacinamiento de viviendas, angustioso desempleo que afecta especialmente a la juventud, y pérdida de la identidad cultural comunitaria. 

El problema del desempleo es agudo. Por cada 100 jóvenes hay 45 desempleados, muchos de ellos dedicados al comercio de mercancías baratas ofrecidas en las calles. "La única fuente segura de trabajo es el muelle" sobre el cual presionan los trabajadores en paro forzoso. Cientos de jóvenes son enrolados por las mafias de drogas y contrabando, o emigran a los Estados Unidos, Venezuela y Panamá, países desde los cuales cada semana llegan ataúdes con jóvenes asesinados en las calles por la policía o los mafiosos. Numerosas mujeres van al interior o emigran a Venezuela a trabajar en el servicio doméstico, y un alto porcentaje termina en poder de los negocios de prostitución. 

Como si estuviésemos en Bogotá, Medellín o Cartagena, en las ciudades que controlan la riqueza de la Región Pacífica, Cali y Buenaventura, se practica abiertamente la discriminación racial. Los empleadores mestizos, poniendo en práctica sus prejuicios racistas, niegan el empleo a la juventud negra porque los consideran "perezosos y no saben atender a los clientes". Esto ocurre no solo en las empresas privadas, sino también en entidades estatales como Telecom, Impuestos Nacionales. Esta situación lentamente se viene transformando por la creciente influencia de líderes negros en los destinos políticos del departamento del Valle.

No hay fábricas que procesen las materias primas extraídas y demanden fuerza de trabajo masiva. Las fuentes de trabajo son escasas y los jóvenes que logran terminar una profesión tienen ante sí la perspectiva única de conseguir un empleo estatal o trabajar en las instalaciones portuarias. La mayoría de los egresados negros son educadores, constituyéndose el magisterio en la primera fuente de empleos. Un importante núcleo de los desempleados es absorbido por las fuerzas militares que los utilizan como soldados y policías sin permitírseles ascender a los grados de la oficialidad y alta comandancia. 

La economía tradicional o de subsistencia la desarrollan las comunidades. El campesino de la Costa Pacífica es agricultor, pescador, minero, artesano, leñador, boga, marino, cazador y jornalero. Según sus necesidades realiza una u otra actividad. Las técnicas rudimentarias que utiliza le obligan a emigrar de una a otra zona de la región, de acuerdo con las épocas de siembra y la rotación de los suelos. La mujer trabaja en las actividades domésticas y participa junto al hombre en las labores agrícolas, mineras, artesanales, pesqueras y comercia al por menor, casa a casa, los productos. 

Los niños en edad escolar, estén o no estudiando, colaboran en las tareas productivas del hogar. Todos en la familia, desde temprana edad contribuyen de acuerdo a sus capacidades en la economía familiar. Es una economía natural donde predominan los valores de vida comunitarios de respeto y armonía con la naturaleza y los conceptos de solidaridad colectiva, de la reciprocidad en las relaciones interpersonales. La producción va hacia la familia y un reducido porcentaje al mercado. Los pocos programas de crédito implementados por la Caja Agraria y el Incora son restringidos e insuficientes para satisfacer las necesidades del campesino que los solicita. 

Las prácticas culturales de la agricultura moderna no son acogidas por los campesinos, si tratan de imponerse desde fuera, como alternativas únicas de progreso opuestas a las prácticas de la agricultura tradicional. La incomprensión e ignorancia de las instituciones y sus técnicos sobre la concepción del uso de la tierra y la cultura agrícola de la comunidad, conllevan a rotundos fracasos en los intentos de organización de pequeñas empresas agroindustriales. 

El Incora introdujo un sistema de cultivo industrial intensivo de palma africana y cocos, desadaptando al campesino del cultivo de productos de primera necesidad como arroz, plátano, maíz, yuca, etc. ; la alteración del ambiente ecológico produjo la plaga del "anillo rojo", que arrasó con los cocales y arruinó al campesino que participaba en el programa. Las instituciones oficiales han amenazado con quitar las tierras a las familias, las cuales exigen la condonación de las deudas por su incapacidad para pagarlas. Las palma africana fue sembrada sin instalarse previamente las factorías de procesamiento. El fantasma del hambre está rondando en los hogares del litoral atraído por la improvisación y la indiferencia oficial. 

Para agravar la situación del campesinado, los cultivos de cacao, tradicionales en la región, fueron destruidos por las plagas denominadas "escoba de bruja" y "monilia". Hasta hoy, los campesinos siguen esperando el socorro de los institutos especializados del Estado. 

En las zonas rurales todos los habitantes son propietarios de tierras de pequeña extensión, situadas en las orillas de los ríos y sembradas de cultivos de pancoger como chontaduro, plátano, coco, yuca, caimito, papachina, borojó, cacao, arroz, banano y frutales. Los ingresos por familia son inferiores a 100.000.oo pesos mensuales y por persona llegan a un promedio de 24.500 pesos mensuales. El 56 por ciento de los campesinos y trabajadores devenga menos del mínimo legal. 

Las condiciones culturales e históricas que ha vivido el campesinado afrocolombiano en relación con la tierra, el mar y los ríos, le han permitido crear su propia percepción y conciencia de la realidad, diferente e incomprendida en el interior del país. El inmigrante blanco llegado del interior y llamado "paisa" en la región, aprovecha estas características culturales para explotar y especular en las localidades. Como depositario y difusor de las relaciones económicas capitalistas, llega en actitud colonialista y avara, decidido a conseguir plata fácilmente. Es dueño del comercio al por mayor y al detal, de los medios de producción, y controla los deficientes medios de transporte. En las zonas urbanas, en cada esquina, hay una tienda en la que se especula y abusa con los precios de los artículos de primera necesidad y se adquieren por sumas irrisorias los productos locales. 

Por otra parte, los salarios pagados a los trabajadores de las pesqueras, aserraderos y en las pocas fábricas de la zona franca de Buenaventura son inferiores al mínimo decretado cada año por el gobierno; lo mismo ocurre en hoteles, restaurantes, cafeterías, griles y supermercados. Es de anotar que nos referimos a los trabajadores negros quienes ocupan en la empresas los cargos inferiores; los trabajadores que son contratados en el interior del país, reciben tratamiento especial, buenas oportunidades laborales y excelentes sueldos.

 

Explotación de los recursos naturales

 

Explotación forestal:

Hay dos formas de explotación de los recursos forestales: la realizada tradicionalmente por los campesinos y la de los aserraderos y compañías como Cartón Colombia, Industrias de Mangle y otras que veremos más adelante, casi todas compuestas de capital extranjero disfrazado en empresas con nombres nacionales, que se dedican a extraer la madera en bruto sin instalar en la región industrias procesadoras de materias primas intermedias.

Los aserraderos y compañías madereras hacen del campesino aserrador, también llamado "cortapalos", su víctima. Aprovechan sus angustias, ignorancia y necesidades económicas para explotarlo conjuntamente con sus propios bosques. El proceso de explotación a que está sometido el campesino es el siguiente:

1. Cortar los árboles, con hacha, machete o sierra eléctrica, selva adentro, donde pueda conseguirlos y sin tener en cuenta normas sobre protección de los recursos naturales.

2. Arrastrar la madera hasta el rio, caño o estero cercano.

3. Sacarla por el río hasta el mar, rumbo a Buenaventura,Tumaco y demás centros de acopio, en canoas, lanchas y balsadas, las cuales muchas veces son destruidas por los barcos de cabotaje o pesqueros que no reconocen indemnización alguna.

4. Al llegar con la madera al sitio de compra de la población, queda a merced de los supervisores y compradores de la empresa, quienes seleccionan a su voluntad las maderas: "este palo no sirve", "no compramos de este palo", "esa madera está muy mala".

5. Como le es imposible arrastrarla nuevamente por el mar y los ríos hacia el monte se ve obligado a vender la madera al precio que impone la compañía.

Esta es la rutina diaria de miles de condenados de la tierra. Largas caravanas de camiones se llevan día a día el sudor y las fuerzas de la comunidad, trasladan su riqueza rumbo al mercado nacional e internacional.

Cuando el proceso de exportación se realiza dentro de las concesiones forestales, las condiciones se tornan más graves para los campesinos. "Las concesiones son un mecanismo por medio del cual el Estado entrega a una persona natural o jurídica una extensión de bosques naturales para que explote la madera existente, exigiéndole en contraprestación el pago de un canon y la obligación de efectuar el corte de madera que asegure la reproducción forestal. Bien sabemos que lo primero es burlado, con base en informes de explotación subavaluados, y que lo segundo no se cumple, lo cual ha llevado a una vertiginosa extinción de los bosques de casi una mitad en los últimos decenios".   ( 1 )

Colmenares presenta una relación de empresas que tienen concesiones de bosques en el territorio nacional; entre ellas seleccionamos las que afectan a las Comunidades Negras:

- Triplex Pizano 139.290 hectáreas
- Cía. Maderera del Atrato 52.000 hectáreas
- Cía Exportadora de Maderas de Urabá - Madurabá -48.110 hectáreas
- Productora de papel - Propal - 48.000 hectáreas
- Láminas del Caribe - Madeflex - 47. 283 hectáreas
- Cartón Colombia 40.000 hectáreas
- Industrias del Mangle (Curtientes) 30.000 hectáreas
- Chapas de Nariño (Triples cóndor) 26.554 hectáreas,
- Tomny Beck (exportador) 20.595 hectáreas,
- Cía. Colombiana de Maderas Compensadas (Triplex Codemaco) 13.800 hectáreas
- Diego Calle Restrepo (exministro de Hacienda y destacado dirigente liberal) 11.050 hectáreas
- Masson Duplessis Exportaciones 8.342 hectáreas
- Indumaco 2.180 hectáreas

En la lista encontramos los monopolios que manejan las industrias del papel, el cartón y las láminas de madera, como es el caso de Cartón Colombia, Propal, Triplex Pizano y Láminas del Caribe.

Estas concesiones comprenden enormes extensiones de tierras de las cuales las compañías informan al Estado de una mínima parte. Cuando los campesinos asierran maderas en estos bosques, son obligados a venderlas a los representantes de las compañías a los precios que ellos determinan o de lo contrario son decomisadas. La Comunidad Negra ha sido despojada de sus recursos naturales; los propios poblados forman, en muchos casos, parte de las concesiones, sus tierras constituyen una gran reserva forestal y minera de los monopolios extranjeros.

Si recorremos las tierras del Litoral Pacífico Sur podemos observar la siguiente situación:

Industrias del Mangle S.A. arrasó en su totalidad con 241.900 hectáreas de bosques de manglares, alterando el entorno ecológico y destruyendo los esteros, que son los nichos criaderos de los peces y de diversas especies de fauna y flora marina y terrestre.

De 789.500 hectáreas de bosques mixtos de Guandal han sido explotadas incontroladamente 424.900, quedando para defender 354.600. Entre las explotadas se incluyen los bosques de fácil extracción que han sido totalmente agotados.

De igual forma, las reservas actuales son propiedad en concesiones de la empresa Cartón de Colombia S.A. que "pertenece en un 66 por ciento a la empresa estadounidense Container Corporation; como accionistas colombianos se destacan los Carvajal, los mayores impresores del país, con 4 por ciento, Suramericana de Seguros 2 por ciento, y con sendos 1 por ciento Mario Uribe Uribe, familia Bedout ; otros impresores, familia Sardi y familia Eder". ( 2 )

Cada año las regiones habitadas por las Comunidades Negras pierden más de cuatro millones de metros cúbicos de madera, sin recibir beneficios económicos y sociales, ni la reparación de los enormes daños causados a la naturaleza. El entorno ecológico se ha alterado, los ríos pierden caudales, los peces se extinguen y las gentes siguen condenadas a la pobreza y a la miseria.

"Da risa que el valor del bosque intacto, sin tocar, sin desarrollar ni mejorar, es 300 veces más que cualquiera de los usos "productivos" de este.

Significa que cuando tumban los bosques para practicar la ganadería, se está destruyendo su valor económico, siendo por ello una pésima inversión. No solamente por su valor como fuente de belleza estética, ecológica o como fuente de agua, sino por su valor económico en términos de dinero reembolsable si se comercializaran los productos del bosque intacto "

Alwyn Gentry.
Revista Ecológica Nros. 15-16 de 1993.


La explotación minera

En busca de oro y platino, las comunidades explotan a los ríos y quebradas, valiéndose de herramientas utilizadas hace 400 años durante el régimen de trabajo minero esclavista - la batea, el almocafre, el mate, baldes para sacar agua, la barra, el recatón -y de técnicas como el hoyo, el cacavón, el canalón, el zambullidero y el barequeo o mazamorreo.

Cada mañana los campesinos mineros se reúnen en "grupos de trabajo" que recorren durante el día las orillas de los ríos, haciendo gran derroche de energía fisica, de capacidad de trabajo, y obteniendo a cambio una pírrica producción cuyo peso lo determinan aún con medidas coloniales, tales como el castellano, el grano, y otras inventadas entre las gentes, como la cuchilla. El esfuerzo colectivo e individual de los mineros queda siempre en manos de intermediarios compradores.

En claro contraste observamos los estragos producidos por las enormes dragas de "la transnacional estadounidense International Mining Co. de Nueva York, que desde 1886 ha mantenido el control absoluto sobre la producción de metales preciosos a través de sus filiales Cía. Minera Chocó Pacífico S. A., Frontino Gold Mines Ltda., Pato Consolidated S.A., Novita Mines Corporation, Cía. Promotora Colombiana S. A., Mineros Ltda., y Pacific Metals Corporation. De acuerdo con algunos estudios, la I. M. C. ha sacado del país más de 3.000 millones de dólares en oro y platino, con una inversión insignificante" . ( 3 )

Dueña de grandes extensiones de tierra en forma de concesiones, ha destruido los ríos y convertido la tierra en pedregales inservibles, arruinando a cientos de poblaciones, que derivaban el sustento diario de la minería tradicional. Miles de familias han quedado sumidas en la pobreza, sus miembros sin trabajo, perplejos ante los nuevos desiertos y ante la complicidad de las altas esferas gubernamentales.

En la zona minera del Chocó la transnacional suspendió operaciones en 1975; se declaró en quiebra cuando ya tenía agotadas las zonas de explotación, desconoció los derechos económicos y sociales de los trabajadores, y a cambio les ofreció las viejas y obsoletas dragas.

Todo ocurrió con la complicidad del gobierno de Alfonso López Michelsen, y de un influyente jefe político local, Jorge Tadeo Lozano Osorio, quien en vez de defender los derechos de los trabajadores del pueblo chocoano, representó a la Compañía gringa, como su abogado asesor, traicionando los intereses y aspiraciones de su propia gente. La opinión pública del Chocó y los trabajadores fueron engañados, y las aisladas voces de protesta no tuvieron eco en la opinión pública nacional.

Veamos la realidad. "En la Bolsa de Metales de Nueva York se comunicó que "empresarios colombianos le habían comprado a la Internacional Mining el 10 por ciento de las acciones de la Chocó Pacifico por 10 millones de dólares". De esta manera parece que la tal "colombianización" ha sido una forma de "reencauchar" a la desprestigiada International Mining, siendo aprovechada la oportunidad por la oligarquía colombiana para participar en el jugoso negocio minero. De acuerdo con cálculos conservadores, las reservas probadas de oro y platino (fuera de las probables) de las minas de la Chocó Pacífico pasan de 1.000  millones de dólares. Al mismo tiempo, otros hechos sugieren que la International Mining no piensa retirarse del país. No, obstante que la Chocó Pacifico dizque había vendido la totalidad de sus acciones a Mineros Colombianos con fecha 13 de junio de 1974 ;el 5 de agosto del mismo año el gobierno concedió, según contrato No 2714, una concesión minera de 450 hectáreas. Es posible que la empresa extranjera continúe como dueña o concesionaria de las minas, cobrando cuantiosas regalías, y la empresa nacional sea un simple operador. Como es obvio, Mineros Colombianos S. A. no está conformada por pequeños mineros. Es una empresa constituida por los grupos financieros Grancolombiano, Bogotá y Suramericana... " ( 4 )

Y en 1985, el Chocó seguía siendo saqueado por el colonialismo exterior. Con el título "Atropellos y vejámenes de empresa extranjera en la Equis" el periódico Presente de Quibdó denuncia la acción de una nueva transnacional, que saquea silenciosamente las riquezas minerales del suelo chocoano. En la edición de marzo de 1985, el trabajador José Blandón relata el tratamiento que reciben los trabajadores: "El administrador es un extranjero a quien llaman Sebastián y tiene un estilo nazi en el tratamiento a los obreros. Hay que trabajar 10 horas diarias, a pesar de que las leyes en Colombia establecen jornada diaria de ocho horas. A todo momento se escuchan gritos amenazantes del administrador. Apenas cada dos semanas hay un descanso de dos días que el obrero pierde trasladándose hasta Quibdó. La compañía prometió transporte y no ha cumplido. No pagan horas extras ni días festivos, aunque obligan a trabajarlos. Enganchan personal sin examen médico y si el obrero se enferma es despedido inmediatamente. Si se accidenta queda advertido que la próxima vez será desvinculado de la empresa. Allí no se paga ningún tipo de prestaciones sociales. Pedimos que la oficina del trabajo y los Seguros Sociales remedien este infierno". (Presente, marzo 1985)

Mientras el Estado permite a las compañías mineras y forestales la violación de las leyes colombianas y el atropello a la población, las comunidades sienten la crudeza de la vida en las condiciones del atraso y la marginación oficial. La Empresa Mineros del Chocó, heredera de las chatarras de dragas gringas de la Chocó Pacífico, y de sus obligaciones prestacionales con jubilados y obreros, es un ahogado que baja río abajo; para sus trabajadores es una enorme frustración, y una injusta pesada carga impuesta sobre sus espaldas por la confabulación entre los explotadores extranjeros y sus agentes nacionales y chocoanos; no sobra decir, que los propios trabajadores, sus hijos y sus nietos se organizan para cobrar la venganza, más temprano que tarde.


La explotación pesquera

Es de dos clases: la pesca tradicional del nativo, llamada también artesanal, y la pesca industrial realizada por empresas pesqueras. El pescador costeño trabaja con técnicas e instrumentos artesanales casi siempre fabricados por él o por artesanos especializados. Los más usuales son el anzuelo, el calabrote, el cabo o galandro, el chinchorro o red de arrastre, la red agallera, la nasa, y el catango o corral. Como medio de transporte utiliza la canoa, llamada también champa o potro, que por su fragilidad le impide adentrarse en el mar en busca de los bancos de peces y lo limita a pescar en los ríos y esteros. Algunos pescadores han formado cooperativas pequeñas, pero en general reina la desorganización y aislamiento en la actividad.

El pescador tradicional está desapareciendo como consecuencia de la pesca industrial. Los barcos pesqueros no respetan las normas estatales que delimitan las zonas vedadas a la pesca industrial. Penetran en los esteros y desembocaduras de los ríos destruyendo los criaderos y capturando peces pequeños con mallas prohibidas en esas zonas; destruyen los instrumentos del pescador nativo y, en muchos casos, han llegado a ahogarlo al inundar las canoas con el oleaje levantado a su paso.

En un informe del técnico pesquero Arnold Janson sobre la pesca en la Costa Pacífica, citado en un estudio del litoral hecho por el Banco Ganadero, leemos: "En la costa del Pacífico se encuentran reunidas todas las condiciones ideales con que sueñan los industriales pesqueros de otros paises: fondos variados, unos planos, otros rocosos; fondos profundos para la pesca trawe; fondos apropiados para la pesca con nasas; playas arenosas convenientes para la pesca con chinchorros y parajes ideales para la pesca con redes de arrastre. A las condiciones ideales anteriores se agregan las especialísimas topografias y las de metereología e hidrología. Las corrientes frías del golfo crean ciertas condiciones de vida marina que favorecen la propagación de los peces".

Los trabajadores de los barcos pesqueros no devengan salarios justos ni se les reconocen derechos de seguridad social e industrial. Las empresas "embarcan" en los buques a los trabajadores con el compromiso de reconocerles porcentajes de la pesca obtenida; pero muchos son chantajeados y obligados a permanecer en los barcos al no poder pagar deudas contraídas.

La pesca como actividad industrial apenas comienza a desarrollarse y la producción consumida por los colombianos es capturada en un 80 por ciento por pescadores tradicionales. El pescado es un costoso alimento sólo accesible a las clases adineradas; mientras, en contraste, el Estado es indiferente ante el saqueo de nuestros recursos pesqueros por grandes buques de diversas banderas y de paises tan distantes como Japón, que explotan la Costa Pacífica como si fuese parte de sus mares y sin ningún impedimento.

En la década de los 90´s surgieron en Tumaco las empresas camaroneras, que en grande estanques producen camarones cautivos para la exportación a los mercados internacionales, en especial de Japón y los Estados Unidos.

Las empresas camaroneras se han establecido sin estudios sobre el impacto ambiental y social que provocarían. La industria camaronera destruye la biodiversidad y el equilibrio ecológico y comunitario. Para instalar los estanques es necesario desalojar a las familias poseedoras de los territorios y destruir totalmente el paisaje y el eco sistema de los manglares. Los campesinos sin tierra se han desplazado forzosamente hacia la zona urbana de Tumaco. Los propietarios de las camaroneras son empresarios del interior del país que suelen llevar mano de obra foránea para operar las empresas, negando a la juventud afrotumaqueña el derecho al trabajo en su propia tierra.

 

Protección de los recursos naturales

 

El Ministerio del Medio Ambiente es la entidad oficial encargada de la vigilancia y control de la explotación racional de los recursos naturales, y está representada en las localidades por las Corporaciones Autónomas Regionales. En el litoral pacífico no hay control sobre las formas de explotación de los recursos forestales, mineros y marinos. Las compañías extranjeras y nacionales ejercen su propio poder, de acuerdo con sus intereses en los territorios de concesiones, explotando y sojuzgando a personas y comunidades; sus mecanismos de gobierno son independientes de las leyes nacionales.

Los inspectores de bosques y los funcionarios ambientales responsables del control son sobornados fácilmente, o cuando actúan, las sanciones que imponen no intimidan a los infractores. Los alcaldes, concejos municipales y la policía nacional son indiferentes ante la destrucción del entorno ecológico; en Buenaventura y Tumaco los grandes barcos mercantes y los pequeños de cabotaje y pesca, sueltan desechos en las bahías, sin recibir sanciones o recriminaciones de las autoridades que los obliguen a reparar los daños ocasionados.

 

Condiciones sociales

 

Servicios públicos:

El 80 por ciento de las Comunidades Afrocolombianas carecen de acueducto, aunque están surcadas por toda clase de corrientes de agua; en las poblaciones que lo poseen, el agua no tiene sistema de tratamiento y recibe infiltraciones del exterior, causa de las enfermedades gastrointestinales, que hacen de los niños sus víctimas permanentes.

El servicio de alcantarillado es prácticamente inexistente. En los pocos municipios que lo tienen, la cobertura se reduce al sector central de la población, mientras el 70 por ciento de la localidad no dispone de tan vital servicio. En la Costa Pacífica, apenas siete municipios tienen alcantarillado, con la característica anotada, incluyendo el puerto de Buenaventura donde más de la mitad de la comunidad no goza de él. Si no fuese por los flujos de las mareas, las epidemias harían estragos entre las gentes, pues ellas arrastran las suciedades de debajo de las casas hasta el mar. Tumaco se sirve de aguas lluvias para el consumo doméstico y el sistema de alcantarillado es la marea ; la ciudad de Puerto Tejada, en el Cauca, no posee acueducto, ni alcantarillado, a pesar de su constante movilización popular; en Quibdó el agua que consumen las gentes la aportan las lluvias, porque el acueducto funciona unas pocas horas.

Miles de pobladores de las Comunidades Negras no conocen la energía eléctrica y sus beneficios revolucionarios de la vida cotidiana. Pequeñas plantas Diesel alumbran cuando pueden en las noches en algunas poblaciones; pero los inconvenientes para el transporte de los combustibles, los costos adicionales y las dificultades para la adquisición de repuestos las mantienen paralizadas gran parte del año y, cuando funcionan, lo hacen de tres a cinco horas durante la noche.

Los pueblos negros del interior están conectados a la red de lnterconexión Eléctrica S.A., que en los últimos años llegó a Quibdó, Istmina, Tadó, Andagoya, Condoto y Buenaventura. A pesar de estos progresos las gentes siguen condenadas a vivir a oscuras aunque son dueñas de envidiables recursos hídricos, en especial caudales y caídas de agua, que permitirían la instalación de microcentrales o aun de grandes centrales hidroeléctricas de enormes rendimientos.


Comunicación y Transporte:

Las localidades de la Costa Pacífica están aisladas entre sí y con el interior del país. No hay carreteras ni caminos transitables, las comunicaciones fluviales y marítimas son deficientes y los ríos y esteros carecen de servicio de dragado, afectados por la sedimentación y las obstrucciones ocasionadas por los troncos y desechos. En la región predomina el transporte fluvial y marítimo en barcos pequeños de cabotaje o embarcaciones menores como lanchas y canoas; los muelles de cabotaje son improvisados e inseguros.

La navegación aérea es peligrosa por el pésimo estado de los aeropuertos y la falta de mantenimiento de los aviones que cubren las rutas; además, los altos costos de los pasajes son malcanzables para la población campesina.

La movilización por mar, aire y tierra es motivo de angustia para los viajeros del litoral pacífico debido a las condiciones de inseguridad reinantes en los sistemas de transporte. Las poblaciones no disponen de sistemas de guardacostas ni de movilización de urgencias, tales como patrullas de avionetas, helicópteros y lanchas que presten auxilio y vigilancia en beneficio de las comunidades.

 

Problemática educativa:

Las condiciones de educación y cultura de las comunidades afrocolombianas, específicamente de la Costa Pacífica, son notoriamente inferiores y desiguales con respecto al resto del país. Por indiferencia o conscientemente, como política oficial en todo el proceso del desarrollo histórico nacional, el Estado colombiano ha mantenido a las Comunidades Negras en la oscuridad de la ignorancia. Para demostrar estas afirmaciones, tomemos el caso de Buenaventura:

El Puerto de Buenaventura, con más de 350.000 habitantes, ha sido el más importante del país y goza de prestancia mundial; sin embargo, en 1999, aún carece de librerías y bibliotecas públicas y escolares. En 1931 se inauguró la primera escuela, inicialmente para blancos, y apenas en 1946 fue creado el colegio Pascual de Andagoya, cuya primera promoción egresó en 1952.

Poblaciones del interior del país que no tienen la importancia del Puerto, cuentan desde hace varios siglos con excelentes instituciones educativas. La comunidad no goza de vida cultural organizada, ni formas populares de recreación, y sus expresiones culturales propias son mantenidas por grupos aislados y son despreciadas por las juventudes. En los espacios urbanos no hay zonas verdes ni parques infantiles, ni escenarios deportivos. Los arenales donde jugaban los muchachos fueron absorbidos por las viviendas y, a pesar de estar a orillas del mar, éste es inalcanzable para las gentes, que no pueden pagar los altos pasajes para trasladarse a las playas situadas fuera de la contaminada bahía.

Las Comunidades Negras, después de las Comunidades Indígenas, tienen el porcentaje de analfabetismo más alto del país. En las zonas rurales es del 75 por ciento y en las urbanas alcanza el 45 por ciento. A semejanza de Buenaventura, el 98 por ciento de los centros urbanos carecen de bibliotecas y librerías; en ambas zonas hay déficit de escuelas y colegios.

Las ciudades de Buenaventura y Tumaco no tienen universidades que capaciten a la juventud en la investigación y explotación racional de los recursos forestales, marinos, hídricos, mineros y agrícolas. La comunidad de Buenaventura hace años exige el funcionamiento real de la Universidad del Pacífico con facultades de Ingenierías, Geología y Minas, Medicina, Agronomía, Piscicultura, Zootecnia, Ciencias del mar, Ciencias educativas, etc.; un centro científico que domine el mar y los recursos naturales del Pacifico en beneficio de la región y de todos los colombianos. A poblaciones de menor importancia en el conjunto nacional e internacional, el Estado les ha creado centros universitarios (Santa Rosa de Cabal, Cartago, Palmira, Málaga, etc.), mientras niega este derecho al puerto.

La insuficiencia de colegios en los principales centros urbanos deja sin cupos al 50 por ciento de los aspirantes, y los rechazados deambulan por las calles sin trabajo y sin posibilidades de educación. El promedio de estudiantes por profesor, tanto en primaria como en secundaria, llega a 50 alumnos, mientras en el interior es de 30; en las zonas rurales el 90 por ciento de las escuelas están en manos de sólo un maestro que tiene a su a cargo varios grupos y varios cursos.

El 90 por ciento de las escuelas y colegios funcionan en locales inadecuados que no reúnen las condiciones técnicas y pedagógicas normales. No están dotados de materiales y ayudas educativas y, en la mayoría de las escuelas, los estudiantes no poseen pupitres y existen casos en que desconocen el mapa de Colombia. Las poblaciones de dificil acceso no tienen escuelas o, si las poseen, los educadores no son nombrados, y mucho menos estimulados para laborar en ellas.

En estas condiciones, el porcentaje de deserción es muy alto y se acentúa por las dificultades de acceso a los establecimientos. Para llegar a la escuela, numerosos jóvenes y niños deben hacer diariamente, a pie o en canoa, un recorrido que varía entre una y tres horas. Y todo esto, sin comprender para qué les servirá ir a estudiar.

Gran parte de la educación en las Comunidades Negras sigue administrada y controlada por la Iglesia Católica Misionera, bajo la llamada "Educación Contratada", forma jurídica que adoptó, desde 1975, el antiguo "Convenio de Tierras de Misiones" que regía desde 1886.

El modelo educativo misionero tiene como ideal enseñar a leer, escribir y contar rezando. "La educación se concibió como medio auxiliar de la evangelización. Los agentes de la evangelización eran al propio tiempo maestros de escuela (nativos) y la educación se llevó adelante como rama dependiente del apostolado, de ahí la idea tan difundida de considerar al educador como apóstol" ( 5 )

El modelo no ha sido liberador, estableció un sistema de Escuelas Normales formadoras de maestros cuya misión ha sido educar personas para ganarse el cielo y no personas para ganarse el pan de cada día, en condiciones de ejercicio de sus Derechos Humanos y de vida con dignidad e identidad.

Los maestros no han sido preparados para orientar la conciencia del pueblo trabajador y campesino en torno a las complejas y angustiosas situaciones que afronta, en la perspectiva de transformar la sociedad; al contrario, son indiferentes ante la problemática comunitaria y predican la resignación y conformidad con la voluntad de Dios, como si El y Jesucristo estuvieran de acuerdo con las injusticias.

Los educadores no saben determinar qué tipo de valores e ideales deben inducir y reflejar en la conciencia de los estudiantes y son meros transmisores de una ideología dominante, la ideología de la deshumanización y el individualismo, la ideología que volvería a crucificar a Cristo si renaciese en los corazones de la juventud impulsándole para organizar y movilizar a sus comunidades por la justicia y la dignidad. Los pueblos reclaman de sus educadores la formación de jóvenes con conciencia de personas libres y no personas con conciencia de autoesclavos.

De otra parte, la educación en las comunidades no ha correspondido a la exigencia de luchar contra el atraso histórico, ni estimula y promueve el progreso económico, social, cultural y político partiendo de las propias potencialidades y capacidades comunitarias. Es un modelo al margen de la realidad, que impone pautas de comportamiento y valores culturales y sociales considerados "civilizados" en oposición a los creados y desarrollados por las comunidades en su batalla por sobrevivir, y que secularmente han sido juzgados como "incivilizados". La educación religiosa ha ignorado y desconocido la identidad étnica, la historia, la cultura y el aporte histórico de la Comunidad Negra colombiana; nos ha inducido a avergonzarnos de nuestra Negritud y africanidad, comenzando con nuestro pelo ensortijado y nuestra piel oscura, inculcándonos la renuncia a cualquier sentimiento de identidad. En los últimos años, gracias de la política de pastoral afroamericana impulsada desde el CELAM, y a los reclamos de los movimientos comunitarios, la mayoría de los religiosos y religiosas están comprometidos con sembrar la conciencia de la Afrocolombianidad y apoyar el proceso de organización y reivindicación.

 

Problemática de salud:

La asistencia médico - sanitaria es precaria y de cobertura reducida a las grandes poblaciones, donde está concentrado el 80 por ciento de los deficientes recursos técnicos y humanos. En la Costa Pacífica cada médico debe responder a la demanda de 32.000 habitantes. En las zonas rurales de dificil acceso no hay puestos de salud ni asistencia médico - sanitaria. Los centros urbanos carecen de puestos de salud en los barrios y de programas de medicina preventiva. Los hospitales de Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Guapí, Turbo, como otras localidades negras del interior del país, no tienen personal médico y paramédico especializado y capacitado eficientemente. Las farmacias y equipos de movilización de urgencias no existen en poblaciones pequenas.

En las Comunidades Negras, enfermedades como el sarampión, la malaria, la tuberculosis, el piam y la leishmaniasis siguen cobrando víctimas. El 70 por ciento de la población infantil presenta algún grado de desnutrición y por cada 1.000 niños nacidos, 200 mueren antes de cumplir el primer año de vida. El Instituto de Bienestar Familiar ofrece atención a sólo el 15 por ciento de la población infantil menor de 7 años, limitando su acción a los centros urbanos importantes. El servicio de guarderías infantiles es inferior en un 50 por ciento al prestado en las ciudades del interior y no existen programas de comedores infantiles y de asistencia a las madres embarazadas y con lactantes.

Las condiciones de salud son agravadas por la anarquía urbana, la alta contaminación ambiental producida por las basuras y por los comportamientos culturales que rechazan determinadas pautas médicas y de sanidad.

Los elementos predominantes en la alimentación son el pescado fresco o salado, el arroz, los plátanos, el maíz, queso salado, harina de trigo; son escasos la carne, los huevos, las hortalizas y los frutales. En aquellas comunidades que no tienen acceso al pescado, ya sea de río o de mar, la base alimenticia se reduce al plátano y al arroz, acentuándose así el grado de desnutrición de la población.

 


Condiciones de vivienda

 

Las condiciones de vivienda constituyen uno de los grandes problemas de las concentraciones urbanas de las Comunidades Negras. Una reforma urbana con un programa de mejoramiento de la vivienda afectaría al 85 por ciento de las casas. El déficit en Buenaventura está calculado en 25.000 y en Quibdó es del orden de las 10.000 viviendas.

Buenaventura, Tumaco, y Quibdó, exceptuando los núcleos urbanísticos llamados "centros" de la población, están formados por extensas zonas tuguriales de precarias casas. Tienen como características comunes la anarquía y el desorden urbanístico, la deficiencia o inexistencia de servicios públicos y la proliferación de basureros; carecen de zonas verdes, parques y campos de recreación popular y las calles de los barrios populares no están pavimentadas. El 70 por ciento de las viviendas albergan una "familia extensa", con más de 12 miembros como promedio.

La vivienda es de madera, guadua, palma o material. En las localidades importantes la falta de techo ha obligado a las gentes a construir palafitos, casas sobre pilotes de madera sumergidos en las orillas de los ríos o en el mar; estas habitaciones son afectadas por las inundaciones y las pujas o mareas altas.

El tipo de construcción tradicional es inadecuado para atenuar las condiciones climáticas cálido - húmedas, e insuficiente para acomodar los miembros de la familia. Alrededor de la casa, en el solar y debajo del piso, existen los focos de problemas fitosanitarios, pues allí son depositadas las basuras. Los barrios populares no gozan del servicio de recolección de basuras y limpieza de las calles, por doquier se crean basureros al aire libre, o se obstruyen los caños por donde suben las mareas, alcantarillas naturales de las localidades costeras.

 

 

La administración pública

 

En las Comunidades Negras no existe una clase dirigente nativa que oriente, dirija y proyecte su progreso. Nuestros pueblos no han definido el camino por recorrer y los objetivos que se han de alcanzar en el diario trajinar por la existencia. Al frente de los partidos políticos, divididos en diversos grupos, están las personas que no son de la región ni residen en las localidades, o cuando son de las comunidades son personas sin ninguna idea de los objetivos e intereses del quehacer político como servicio comunitario. No existen dirigentes políticos que defiendan los intereses regionales, se aprovechan de la ignorancia de las gentes y comercian con sus necesidades, angustias y miseria. Por indiferencia ignoran los problemas del pueblo y practican el prejuicio racial y los estereotipos contra la persona negra a quien consideran incapaz. Son promotores del nombramiento de funcionarios del interior, en los cargos de dirección administrativa y de responsabilidad estatal y privada, y subestiman las capacidades profesionales, intelectuales y administrativas de los profesionales nativos.

Los concejos municipales son instituciones improductivas manejadas por personas sin calidades intelectuales y técnicas, y sin visión del progreso de las poblaciones; los concejales desconocen sus funciones y su actividad se reduce a defender las cuotas burocráticas en la administración municipal.

Los políticos, alcaldes y concejales de los municipios afrocolombianos deben asumir la visión y el liderazgo por el desarrollo de la Afrocolombianidad, y la gestión de un proyecto de vida con equidad y dignidad para las comunidades del Pueblo Afrocolombiano.

En todos los municipios afrocolombianos las autoridades deben erradicar las diversas formas de corrupción administrativa que caracteriza la actividad política y gubernamental, promoviendo la organización comunitaria para la participación ciudadana y enalteciendo y difundiendo los valores afrocolombianos y la Etnoeducación Afrocolombiana. Es necesario provocar la elevación de la autoestima social y cultural, y el espíritu de liderazgo, superación y autogestión de nuestras Comunidades Afrocolombianas.

Pasará mañana

Cada día, en cada noche,
cada hora y segundo,
debemos pensar en el futuro
en lo que pasará mañana
a nuestros niños,
a todos si hoy organizados no luchamos.

Cada día, en cada noche,
en cada hora y segundo,
debemos pensar en el futuro
cuando arrasen los bosques,
cuando terminen de saquear el oro,
cuando los ríos y los peces
se mueran por el lodo, y jamás
podamos volver a nadar en el arroyo.
Cuando ya no podamos labrar una canoa
porque no crecen palos ni nacen artesanos,
cuando ya no podamos echar una batea
porque las orillas se volvieron piedras.

Cada día, en cada noche,
en cada hora y segundo,
no debemos olvidar el futuro
cuando las manos se nos queden solas,
porque sólo las manos nos dejó el despojo
para venderlas al patrón de oro.
Cuando sólo nos quede el hambre
porque la comida que había se fue lejos,
cuando ya la esperanza se haya ido
y no tengamos respuesta a nuestros hijos.
Cuando sigan viviendo aquí los mismos
cerca pero tan lejos de nuestra, en otro tiempo, madre tierra
condenados al desempleo, el hambre, la pobreza y el desprecio.

Cada día, en cada noche,
cada hora y segundo,
no debemos olvidar el futuro
de todos nuestros hijos, nuestros nietos,
nuestros niños todos,
cuando ellos nos reclamen con un grito
que porqué no luchamos por el nido
para sembrar la historia,
para cosechar con dignidad el compromiso
de vivir luchando por lo más querido.

JUAN DE DIOS MOSQUERA M. 1988


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NOTAS

La Costa Pacífica aporta los ejemplos y principales puntos de referencia utilizados en este trabajo. Es una extensa región donde habita la mayoría de la población africana criolla.

1 Colmenares Silva, Julio. Los verdaderos dueños del país , p. 241. (Regresar)
2 Ibid, p. 242. 
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3 Ibid., p. 270.
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4 Ibid., p. 271.
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5 Kobayashi, José Mario. La educación como conquista, p. 5.
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