CAPÍTULO II
RELACIONES ENTRE EL ESTADO Y LAS COMUNIDADES NEGRAS

 

El 5 de julio de 1978, el periódico El Tiempo de Bogotá publicó un documento titulado "Diagnóstico de la Realidad Colombiana", el cual recogió las conclusiones de los obispos colombianos que serían presentadas en la Conferencia Episcopal de Puebla, México, y que en la parte demográfica afirmaba: "Las diferencias étnicas no son tan fuertes en Colombia como en otros países de América Latina debido al mestizaje, sin embargo las minorías étnicas, han sido secularmente descuidadas como componente poblacional y social". Esta verdad expuesta por los prelados católicos confirma la situación histórica de marginalidad y atraso social en que transcurre la vida de las comunidades negras e indígenas en el interior de la nación, denunciada por diversos sectores intelectuales nacionales e internacionales.

 

"La historia colombiana se ha fraguado tristemente a partir de la violenta sustracción de tierras a los indígenas y de la expatriación obligada de los Negros del Africa, que fueron arrancados de su suelo para laborar en tierras ajenas ".

 

Corte Constitucional Sentencia T-422/96

 

La formación étnica y cultural de la sociedad colombiana es diversa y plural e íntegra en sus relaciones a los descendientes de los grupos étnicos indígenas que componían las culturas precolombinas, los descendientes de los africanos y los descendientes de las etnias europeas, españolas la mayoría. El mestizaje produjo una verdadera revolución étnica y cultural, en la cual el elemento fundamental para la diferenciación social de los grupos étnicos pasó a ser el color de la piel. En Colombia se definen socialmente tres grandes grupos raciales:

 

Primero, las Comunidades Indígenas, en proceso de desaparición al ser víctimas de políticas genocidas y etnocidas. Soportan la angustia de una muerte fisica y cultural incontenida y lenta, producida por la marginación social, la violencia de los terratenientes, el aislamiento y las imposiciones llamadas civilizadoras.

Segundo, la Comunidad Afrocolombiana o Comunidad Negra *, que es el resultado de la mezcla de los diferentes grupos étnicos africanos que se encontraron en América sometidos a la esclavitud. Este sorprendente proceso de mestizaje produjo nuevos grupos étnicos de origen africano, portadores de una cultura dominante enriquecida y recreada con rasgos culturales africanos e indígenas. Es el grupo étnico mayoritario dentro de la formación étnica nacional.

El africano y sus descendientes fueron convertidos en "Negros" en la América esclavista. Fueron ellos quienes levantaron con sus huesos las bases del país económico actual; con su cultura han sido componentes básicos para la construcción de la identidad cultural nacional; con su sangre conquistaron en campos de batalla la abolición de la esclavitud para sí y la independencia para todos los colombianos; y con su inteligencia y capacidad fisica siguen engrandeciendo el territorio y la nación, pero cargando en sus espaldas los efectos dañinos que produjo la esclavitud en la sociedad.

Tercero, la comunidad blanca y mestiza, conformada por relaciones de mestizaje de gran diversidad, donde sobresalen las características de etnias europeas, en la mezcla con las personas negras e indígenas. Los europeos (españoles) mestizados entre sí y con las comunidades indígenas produjeron un nuevo grupo étnico llamado mestizo **, calificado socialmente como blanco. Es el grupo dominante en la vida social, portador del proyecto de organización nacional y estatal y difusor de la versión de sociedad y cultura europea implantada desde la colonia hasta hoy en el país.

La comunidad mayoritaria blanca y mestiza ha concentrado históricamente los instrumentos de dominio en todas las esferas de la sociedad colombiana. El etnocentrismo y la marginación han caracterizado las relaciones con las comunidades étnicas negras e indígenas. Durante la colonia sus clases dirigentes conformaban el sector social de los blancos criollos ricos, que concentraban el poder económico - minas, haciendas, comercio y esclavos - y luchaban por co-gobernar el Estado colonial o desalojar a los españoles de él. Con las guerras de independencia conquistaron el Estado, y una vez arriba, siguieron beneficiándose de las relaciones sociales existentes heredadas de la colonia, y traicionaron las promesas hechas a los esclavos sobre la abolición de la esclavitud a cambio de su participación militar en las luchas anticolonialistas.

Las actitudes sicológicas y los intereses sociales frente al trabajador negro no variaron en las condiciones republicanas establecidas bajo el control de los criollos ricos. Hasta tanto la esclavitud no constituyó una barrera para el tipo de desarrollo económico capitalista que se pretendía instaurar en el país, las Comunidades Negras, continuaron esclavizadas y sus amos nunca cambiaron. Sólo hay la excepción de los esclavos que pertenecian a propietarios proespañoles. En 1851 se abolió legalmente la esclavitud, provocando profundas contradicciones entre las clases dominantes criollas, sirviendo de acicate, junto a permanentes nuevos motivos para las guerras civiles ocurridas el siglo pasado.

La Comunidad Negra pasó de la colonia española a la república blanca criolla como esclavizada y desde 1851, abolida la esclavitud, pasó del modo de vida esclavo al modo de vida del obrero agrícola o industrial asalariado ocupado en los trabajos nidos y de baja calificación, como campesino pobre, y como ciudadano de segunda categoría dentro de la sociedad nacional.

En el presente siglo, la actitud objetiva e histórica de las clases dirigentes hacia la comunidad Negra, a través del Estado, no ha cambiado significativamente; las relaciones capitalistas la recrean y desarrollan en la actualidad y las consecuencias de los 400 años de esclavitud siguen afectando notoriamente las condiciones de vida de los pueblos negros y las relaciones interétnicas de la sociedad en general. El Estado republicano y las clases dominantes que surgieron del Estado colonial español, después de los procesos independentista, mantuvieron la misma conciencia racista colonial hacia las Comunidades Negras esclavizadas. Las aislaron de los proyectos de organización política, estatal y nacional, de la toma de decisiones sociales y de los mecanismos de participación en los programas de servicio y responsabilidades estatales.

Las Comunidades Negras e Indígenas fueron marginadas como componentes étnico - culturales de la nueva nación, reducida al estrecho marco del mercado y la producción cafetalera, y obligadas a vivir alejadas de los centros de poder político y económico. Al pretender determinar los valores reales e ideales de la identidad nacional, las clases dominantes criollas y sus descendientes adoptaron el llamado sentimiento hispnoamericano, que no se reducía a la comunidad de lenguaje sino también a la versión colombiana de la cultura española, de la cultura de la "madre patria". Consideraron la diversidad étnica y cultural, que brota de la fusión triétnica, como un problema para solucionar con la uniformidad teórica que impone la ley con la categoría de ciudadano, olvidando la historia y creyendo borrar con ello las diferencias culturales que impregnan de sentido y enriquecen al hombre nacional.

Las Comunidades Negras, con las cadenas que ataban sus manos y pies, fueron absorbidas por la marginalidad y los sectores sociales explotados, después de la abolición legal de la esclavitud. El atraso y la pobreza, la desigualdad y la marginalidad, fueron los únicos "derechos" reconocidos por los ex-amos republicanos, y el conjunto de la Comunidad Negra Nacional se dispuso a enfrentar un dificil proceso de readaptación que sigue vigente hasta hoy. La discriminación racial constituye un complejo y soslayado fenómeno social, ideológico y político; la sociedad actual la recrea en el interior del círculo vicioso de las relaciones de clase, donde cambia de forma, pero se mantiene la esencia que reproduce en mayor grado toda clase de desigualdades y discriminaciones, en función de los intereses egoístas de unos pocos.

 

"La discriminación, aplicada a un grupo, se expresa a través de la invisibilidad que los miembros de este adquieren para el grupo dominante y que explica que se puedan negar hechos que son públicos y notorios, como son la presencia negra en el país y su significativo aporte a la cultura colombiana ".

 

Corte Constitucional Sentencia T-422/96

 

Amparados por la Convención Internacional de Derechos Humanos, por la Convención Internacional por la Eliminación de todas las formas de Discriminación racial y por la Convención contra la Discriminación de la Mujer, es fácil demostrar la práctica de la discriminación racial en Colombia. El Estado y las clases dirigentes practican la discriminación racial cuando mantienen históricamente a las "minorías étnicas" en condiciones de aislamiento territorial y de atraso y marginalidad económica, social, cultural y política. El Estado excluye normalmente a las comunidades de los programas de desarrollo; gobierno tras gobierno son ignoradas y omitidas en los famosos planes presidenciales.

 

Los asentamientos de las Comunidades Negras e Indígenas presentan un lamentable estado de atraso y marginación, cuyas peculiaridades son únicas en el país. La presencia y asistencia gubernamental llegan tenuemente, son insignificantes, y los altos funcionarios visitan las poblaciones en forma oportunista durante los períodos pre-electorales buscando votos para sus partidos.

Instituciones y empresas estatales como Aduana, Colpuertos, Impuestos Nacionales, Telecom e Inderena, recaudan cada año una suma superior a los cincuenta mil millones de pesos en Buenaventura, Tumaco, Guapi, Quibdó y Turbo; este dinero sale hacia Bogotá para redistribuirlo en programas sociales en el interior, sin corresponderle un peso por derechos a las comunidades. Estas entidades estatales practican la discriminación racial abierta en los empleos porque desprecian a los jóvenes negros y sus plantas de personal están compuestas en mayor parte por personal blanco trasladado desde el interior.

Las concesiones forestales y mineras, de vastos territorios pertenecientes a las Comunidades Negras e Indígenas, a compañías extranjeras, constituyen violaciones abiertas de la soberanía nacional, y manifestaciones francas de la indiferencia y el desprecio que le merecen las minorías étnicas a los círculos gobernantes del país. Imponen un régimen de trabajo que sobreexplota la fuerza de trabajo nativa, somete a los trabajadores a condiciones infrahumanas de vida, y son los extranjeros o sus agentes quienes administran y regulan la vida cotidiana en sus zonas de operación.

El aislamiento territorial, la indiferencia del Estado, la complicidad de los partidos políticos tradicionales, la corrupción administrativa y la falta de organización y conciencia de las comunidades, posibilitan el mantenimiento del colonialismo exterior e interior cuya actividad es el saqueo del oro, el platino, los bosques, los peces y la fauna.

Una visible práctica de discriminación racial estatal es la exclusión de las Comunidades Negras de los cargos de responsabilidad en la administración pública nacional y regional. Las oligarquías políticas impiden el acceso de políticos, profesionales, técnicos y personalidades negras a los altos cargos de los ministerios, embajadas e institutos descentralizados.

En las poblaciones negras más importantes existe un sector político, conformado por comerciantes blancos, que controla los directorios políticos y la administración pública, aprovechando la desorganización comunitana para usurpar el derecho a la autodirección de la comunidad; sus miembros ocupan alcaldías y cargos burocráticos de mando, relegando a los profesionales negros a cargos secundarios. Esta clase dirigente pirata piensa que la Costa Pacífica llegará al progreso cuando se logre estimular una fuerte corriente inmigratoria desde el interior del país y desprecian los recursos humanos y las capacidades nativas; utilizan la administración para defender y expandir sus intereses económicos con criterios contrarios a la realidad social, indiferentes ante las necesidades locales y con la visión tradicional creada por los estereotipos racistas contra la comunidad.

Esta minoría, apoyada por los dirigentes políticos regionales y nacionales, ha convertido las concentraciones urbanas negras, en especial a Buenaventura, en tierras de nadie, en islas dentro del país, donde reina la desorganización, el caos urbanístico, la corrupción y la anarquía ciudadana. Ante esta situación es prioritario que la comunidad organice su propia clase dirigente, sus propios grupos de presión y sus organizaciones reivindicativas, políticas y culturales que autodetenuiflen su destino social.

Otra demostración de la política discriminatoria de los sectores dirigentes del país es el llamado "Convenio de Tierras de Misiones", vigente desde finales del siglo pasado hasta 1975. En virtud de la ley 89 de 1890, el Estado entregó a la Iglesia Católica la administración, organización e implementación de la educación de las "minorías étnicas" consideradas salvajes. Así dice su artículo lo "La legislación general de la República no regirá entre salvajes que vayan reduciéndose a la vida civilizada por medio de Misiones. En consecuencia, el gobierno, de acuerdo con la autoridad eclesiástica, determinará la manera como esas incipientes sociedades deben ser gobernadas". Las Comunidades Negras, Indígenas y campesinas blancas situadas dentro de las jurisdicciones de los territorios de misiones quedaron bajo el gobierno y poder decisorio de la Iglesia. Desde 1975 el Convenio de Tierras de Misiones pasó a llamarse "Educación contratada" entre la Iglesia y el Estado, sin que hayan variado las condiciones del control misionero de la educación.

Las misiones católicas compiten en numerosas comunidades con los misioneros protestantes estadounidenses del Instituto Lingüístico de Verano -I.L.V.- cuyas actividades entre los indígenas han sido denunciadas ampliamente por investigadores y estudiosos de las ciencias sociales, por ser violatorias de las de la soberanía nacional y porque atentan contra el patrimonio cultural de las sociedades indígenas. Las protestas no han tenido eco en las esferas gubernamentales, que obedecen sin cuestionar los planes e intereses estratégicos e ideológicos del imperialismo de Estados Unidos.

A las condiciones de la "Educación contratada" se suman la prácticas de discriminación racial en los programas y textos educativos desde primaria hasta la universidad.

Primero, no están elaborados en función de la realidad histórica y las necesidades sociales, económicas y culturales de la Comunidad Negra, enmarcada dentro de la comunidad nacional que conformamos todos los colombianos. En el inconsciente de los niños negros se fija el prejuicio racial contra sí mismos. Segundo, los programas desconocen el aporte histórico desarrollado por la Comunidad Negra en la economía, la cultura y las luchas de independencia del colonialismo español.

Para el sistema educativo colombiano las personas negras no tienen personalidad histórica y cultural y su trascendencia en la vida nacional ha sido insignificante. Aunque Colombia posee una de las poblaciones negras más numerosas de América, las universidades no tienen programas de post-grado en estudios afroamericanos y afrocolombianos, que proporcionen a la nación profesionales especialistas en investigación y docencia. La educación colombiana no ha logrado salir del etnocentrismo europeo y estadounidense y es por ello que no pueden desarrollar en la conciencia de la niñez y la juventud un verdadero sentimiento de identidad nacional. Tercero, el Estado ha incumplido el reconocimiento del derecho a gozar de igualdad educativa dentro del sistema educativo nacional. Hace más de 50 años las comunidades de la Costa Pacífica exigen la fundación de la Universidad del Pacífico en Buenaventura, con facultades de Ingeniería, Geología, Minas, Medicina, Enfermería, Agronomia, Zootecnia, Ciencias del mar, Ciencias educativas, etc., que capaciten a la juventud del litoral y de la nación para la investigación y explotación racional de los recursos forestales, marinos, hídricos, mineros y agrícolas en beneficio de la Comunidad Negra y de los colombianos en general. Contando con valiosos y enormes recursos naturales, los pueblos negros no disponen de oportunidades sociales y estatales para formar sus propios técnicos y científicos, intelectuales y artistas promotores de progreso social.

Los jóvenes bachilleres tienen pocas posibilidades de acceder a niveles de cultura universitaria. Tienen 70 veces menos oportunidades de ingresar a una universidad del interior. Los padres, en un 95 por ciento, no estén en capacidad económica para sostenerles el estudio fuera de la localidad. Las pruebas de Estado, el costo excesivo de matrículas y pensiones, los costos elevados de arriendos, alojamiento, transporte y libros son barreras que no pueden salvar los estudiantes universitarios de las Comunidades Afrocolombianas.

Los colegios nacionales, construidos y administrados por el Estado en las poblaciones importantes, han significado un gran avance con respecto a la educación misionera; sin embargo, el 70 por ciento de las localidades carecen de colegios de secundaria y las instituciones educativas funcionan en locales inadecuados, a excepción de algunas localizadas en las poblaciones de Buenaventura, Tumaco y Quibdó; además, no disponen de bibliotecas públicas, ni librerías, ni de instituciones para la promoción estatal de la cultura característica de las Comunidades Negras y de la cultura universal.

Finalmente, es importante anotar que aunque el gobierno colombiano está suscrito a la "Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial", aprobada por la Organización de las Naciones Unidas, no ha promulgado legislación alguna que impida la generación del prejuicio racial en programas de televisión, el cine, la radio, la prensa y las tiras cómicas.

 

Estado, legislación y pueblo afrolombiano

La Constitución Nacional de 1991 y sus leyes reglamentarias establecen el derecho de diferenciación positiva e importantes mecanismos para la protección y desarrollo de los derechos étnicos y culturales de las Comunidades Afrocolombianas, tanto urbanas como rurales, y en todo el territorio nacional. Debemos destacar las siguientes leyes:

 

- Ley 70 de 1993: Ley de las Comunidades Negras
- Ley 99 de 1993: Ley del Medio Ambiente
- Ley 115 de 1994: Ley General de la Educación
- Ley 152 de l994: Ley Orgánica del Plan de Desarrollo
- Ley 191 de l995:Ley sobre Zonas de Fronteras
- Ley 335 de 1996: Ley de Televisión
- Ley 397 de 1997:Ley de la Cultura
- Ley 375 de 1997: Ley de la Juventud

 

 

En cada una de estas leyes, entre otras, se institucionalizan espacios de participación donde las Comunidades Afrocolombianas tienen representación directa a través de sus organizaciones, posibilitándoles el ejercicio y gestión de sus derechos y aspiraciones de desarrollo social y cultural, en el proceso de concertación con las instituciones gubernamentales y los diversos sectores sociales.

 

La ley 70/93, es la ley marco para orientar la atención gubernamental a las Comunidades Afrocolombianas. Es un valioso instrumento legal para el reconocimiento de los derechos y el mejoramiento de las condiciones de vida, y el ejercicio de la participación organizacional y política dentro de la sociedad colombiana. Las políticas fundamentales que institucionaliza la Ley 70 son las siguientes:

 

1. La construcción y legalización de los territorios afrocolombianos mediante la titulación colectiva y la participación en la gestión ambiental y de explotación de los recursos naturales.

 

2. El Plan de Desarrollo Nacional Afrocolombiano, que cada gobierno debe diseñar e integrar al Plan Nacional de Desarrollo en sus primeros meses de gestión administrativa.

3. La Etnoeducación Afrocolombiana como política educativa estatal, y la promoción del acceso de la juventud afrocolombiana a la educación tecnológica y universitaria, a través de cupos especiales y un Fondo de Créditos Condonables.

4. La creación de importantes espacios mixtos - instituciones gubernamentales y organizaciones-, para la concertación, evaluación y proyección de la atención a la problemática afrocolombiana y la implementación de la Ley 70/93, y todos los mecanismos para la protección de los derechos étnicos y culturales afrocolombianos.

5. La creación de la Dirección de Asuntos para las Comunidades Negras, en el Ministerio del Interior. Primera oficina, durante la historia republicana, dedicada a la atención y orientación de la política estatal para las Comunidades Afrocolombianas.

 

Es importante tener en cuenta que la Ley 70/93 tiene serios vacíos de formulación, contenidos, aplicación y financiamiento, que desde las Comunidades Afrocolombianas debemos precisar y lograr su superación a través de propuestas legales y de acciones concretas que desarrollen el derecho a la diferenciación positiva, establecido en el artículo 13 de la Constitución Nacional y refrendado e interpretado por la Corte Constitucional en la sentencia número T-422/96, que en algunos apartes sienta jurisdicción en los siguientes términos:

 

 

"La diferenciación positiva corresponderá al reconocimiento de la situación de marginación social de la que ha sido víctima la población negra y que ha repercutido negativamente en el acceso a las oportunidades de desarrollo económico, social y cultural... Como ocurre con grupos sociales que han sufrido persecución y tratamientos injustos en el pasado que explican su postración actual, el tratamiento legal, especial, enderezado a crear nuevas condiciones de vida, tiende a instaurar la equidad social y consolidar la paz interna y, por lo mismo, adquiere legitimidad constitucional... Las mayores oportunidades de participación en los procesos sociales que se brindan a grupos antes marginados, constituyen medios a través de los cuales se busca reducir el deflcit de poder efectivo que ostentan en la sociedad global".

 

Corte Constitucional. Sentencia Nro. T-422/96.

 

Las organizaciones afrocolombianas de todo tipo, las autoridades y los políticos de los territorios afrocolombianos deben convertirse en grupos permanentes de presión y gestión ante el gobierno nacional y los gobiernos departamentales y municipales, para conquistar la implementación de la Ley 70/93. Es necesario fortalecer el proceso organizativo y potenciar la capacidad de movilización de los sectores afrocolombianos para poder conquistar la voluntad política y presupuestal suficientes para su implementación en toda la Nación.

 

 

"Debemos darnos unas instituciones que correspondan a los anhelos y a las aspiraciones del Pueblo Colombiano, que resuelvan problemas ancestrales, que le den cabida y expresión a sectores de la vida colombiana que por décadas o por centurias han sido marginados de la vida de nuestra Nación. Es el caso específico de las Comunidades Negras, a quienes la sociedad colombiana sometió al abandono, al marginamiento, al desconocimiento de sus derechos, y nunca quiso reconocer sus particulares condiciones. Y las Comunidades Negras, abnegadamente, por décadas y décadas, fueron dejando pasar esa situación de indiferencia e injusticia ".

 

César Gaviria Trujillo Presidente de la República Quibdó. Chocó. agosto 27 de 1993. Promulgación de la Ley 70/93.

 

 


La etnoeducación afrocolombiana, un reto nacional

 

En desarrollo de los mandatos de la Constitución Nacional, la ley 70/93, y la ley 115/94, Ley General de la Educación, la Etnoeducación Afrocolombiana es integrada al sistema educativo nacional como política educativa de Estado que debe implementarse en todas las instituciones docentes públicas y privadas. Una de las medidas más importantes es el decreto 1122 de 1998, que crea la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, de obligatorio cumplimiento en los niveles de primaria y secundaria.

La tarea etnoeducativa es uno de los retos mas exigentes que tenemos los colombianos en los próximos años. Debemos superar el crimen que se ha venido cometiendo de negarle a los colombianos el derecho a descubrir y reconocer su Africanidad y Afrocolombianidad. Cada colombiano(a) y la Nación en su conjunto, tenemos el derecho a comprender y asumir nuestra Afrocolombianidad como un patrimonio histórico y cultural inalienable e irrenunciable, que llevamos dentro de nosotros mismos y ejercemos en todas las facetas y esferas de la sociedad colombiana, indistintamente del querer personal o del color de la piel.

Debemos comprender y asumir la Etnoeducación Afrocolombiana como el proceso de investigación, enseñanza y socialización a todas las colombianas(os) de la Afrocolombianidad, a través de los sistemas educativo, cultural, familiar y de los medios de comunicación. La Afrocolombianidad es un patrimonio de todos los colombianos(as) indistintamente de la diversidad racial y cultural que poseamos.

La Etnoeducación Afrocolombiana es el enaltecimiento y desarrollo de los valores históricos, culturales, etnológicos, sociales y políticos; del extraordinario aporte de los pueblos africanos y afrocolombiano en la construcción y desarrollo de la nacionalidad y de todas las esferas de nuestra sociedad colombiana. La incorporación de la Afrocolombianidad en el sistema educativo debe ser y asumirse como el reconocimiento, autoestima y legitimación nacional del protagonismo, identidad y creatividad de la persona y el Pueblo Afrocolombiano, legitimándolos en la conciencia personal a través de los planes de estudio, la Cátedra Afrocolombiana, y las políticas culturales, oficiales y privadas.

La Etnoeducación Afrocolombiana se inscribe en el proceso de construcción de valores éticos y estéticos para erradicar las múltiples formas de violencia que nos afectan por doquier y aprender a respetarnos y a convivir en paz. No debe confundirse con la sola Cátedra Afrocolombiana, o con la mera introducción de valores tradicionales de las culturas locales en los contenidos de las asignaturas. Debe ser una estrategia integral que transversalice el sistema educativo y convoque la construcción de un movimiento pedagógico departamental y nacional, que provoque una nueva actitud ética y una visión sin prejuicios raciales de los colombianos(as) mestizos o blancos, en sus relaciones con las personas y Comunidades Afrocolombianas. Debe ser propósito fundamental de la Etnoeducación Afrocolombiana propiciar el entendimiento interracial e intercultural entre las diversas etnias y poblaciones que integran la formación étnica y cultural de la Nación Colombiana. (Ver libro La Etnoeducación Afrocolombiana. Juan de Dios Mosquera Mosquera).

La implementación responsable de la Etnoeducación Afrocolombiana debe generar una revolución cultural que destruya los prejuicios y la estigmatización del "Ser Afrocolombiano", de la persona y la Comunidad Afrocolombiana, que persisten en la sicología social como nefasta herencia racista de la sociedad colonial esclavista. El proceso etnoeducativo exige la atención adecuada de los Ministerios de Educación, Cultura y Comunicaciones. Se deben crear las Direcciones Nacionales de Etnoeducación con presupuestos suficientes y las condiciones operativas necesarias. Las universidades públicas y privadas deben fundar licenciaturas, postgrados y centros de investigación sobre la Etnoeducación y los Estudios Afrocolombianos. Devolvernos nuestra Afrocolombianidad debe constituir un gran propósito nacional.


La discriminación racial en las fuerzas armadas

Las condiciones de atraso y marginalidad que afrontan las Comunidades Negras expulsan permanentemente a la población económicamente activa, en especial a los jóvenes en edad de cumplir el servicio militar o de estar estudiando la secundaria. Abandonan las localidades rumbo a las zonas agro-industriales y urbanas, con la esperanza de alcanzar las anheladas oportunidades de progreso y de contribuir al sustento de las familias abandonadas. Viajan huyendo del mundo del aislamiento y la pobreza, de los cascajales y pedregales dejados por las compañías mineras extranjeras, y de los bosques arrasados, donde obtenían trabajo y sustento.

Después de laborar durante la semana, los jóvenes salen a los pueblos y ciudades vecinas a descansar y distraerse, siendo detenidos por las redadas militares que los obligan a inscribirse para el servicio militar obligatorio. No comprenden por qué deben ir, y en últimas, se resignan pensando que la libreta militar de primera clase les abrirá las puertas de las fábricas y empleos remunerados sin tener que exponerse al sol, o piensan que en el ejército se vuelven hombres, ignorando que desde tierna edad lo han sido.

En las fuerzas militares existe la práctica abierta de la discriminación racial y de clase. En las escuelas de formación de oficiales de la armada, el ejército y la policía, los jóvenes negros son rechazados y discriminados, precisamente por ser negros y por ser pobres. En Colombia sólo 1 de cada 1.000 oficiales es negro; en la oficialidad de las Fuerzas Navales no existen porque no los admiten.

Los campesinos blancos, negros e indígenas, en su calidad de soldados, policías y suboficiales, son utilizados como carne de cañón por la élite militar y las clases dirigentes. Los jóvenes destacados fisicamente son ascendidos a dragoneantes y, al cumplir el tiempo del servicio, les ofrecen continuar como suboficiales. Una persona que haya concluido la escuela primaria en el cuartel, que procure el sustento como jornalero, minero o aserrador, en el ejército es responsabilizado del comando de soldados; cuando le reconocen autoridad y mando, siente realizarse un sueño considerado imposible: ascender socialmente, asegurarse un empleo digno en la sociedad y como respuesta, defiende su posición siendo un agradecido y eficiente suboficial, que automáticamente cumple las órdenes de sus superiores. Aunque tenga un desempeño ejemplar y cumpla muchos años servicio jamás podrá aspirar a ser oficial.

Los militares negros son víctimas del prejuicio racial en las guarniciones. Las expresiones inferiorizantes y los estereotipos son el pan de cada día en las órdenes superiores y el trato cotidiano, especialmente por parte de la oficialidad. La práctica del prejuicio es evidente en los casos siguientes:

El estereotipo "negro fuerte, negro esclavo", se aplica cuando son destinados a los trabajos pesados y rudos en forma preferencial; así mismo, cuando son enviados numerosos soldados negros a los frentes de guerrillas porque, según los oficiales, pueden soportarlos climas malsanos y los medios geográficos difíciles.

El estereotipo "negro doméstico, negro siervo" se aplica en el hecho generalizado de destacar soldados negros para las labores de cocina y aseo.

El estereotipo del "negro deportista" se ejemplifica en las escuelas militares en los deportes donde el 70 por ciento de los atletas seleccionados son negros.

Las Comunidades Negras, a través del servicio militar, son obligadas a contribuir con lo mejor de su juventud al sostenimiento de las clases dominantes y el Estado, que les niegan el derecho a vivir dignamente en sus pueblos. Los jóvenes ofrendan sus vidas defendiendo a los "ciudadanos de bien" y el orden institucional de desigualdad e injusticia, que les discrimina y margina.

El Ministerio de la Defensa debe establecer en todas las escuelas de formación de oficiales militares y de policía un programa institucional de diferenciación positiva en favor de los y las jóvenes afrocolombianos para estimular su ingreso y permanencia en los centros docentes. Se les debe otorgar el cupo y una beca suficiente que cubra los gastos del matrícula, sostenimiento y dotación de uniformes. Los altos costos de los aspectos mencionados son los que obligan a las jóvenes negros a desertar antes de concluir los estudios, o a pensar que no pueden ingresar a las escuelas.

Otro aspecto de especial significación es la incorporación en los planes de estudios de las escuelas de formación de la Etnoeducación Afrocolombiana y la reflexión, con proyectos especiales, sobre temas como la Afrocolombianidad, el racismo y las formas de la discriminación racial dentro de la sociedad colombiana. La institución militar y policial debe asumir como propósito oficial la lucha contra el racismo y la incorporación, en todas sus esferas y niveles superiores, de todas las caras de la Nación.

 


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NOTAS

* El término negro, tiene dos sentidos en la actualidad: primero, sentido de diferenciación de personas por el color oscuro de su piel y su ascendencia africana. Segundo, sentido peyorativo, portador de estereotipos denigrantes contra la persona negra. El término debe revalorarse antecediendo los sustantivos comunidad, persona, joven, mujer, niño, niña, etc. (Regresar)

** El término mestizo significa mezcla entre grupos étnicos y raciales. (Regresar)

 

 

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