NOTICIAS INCOMPLETAS DE LA GRANDEZA DE BUGA 79
Para cumplir con el mandato reglamentario, al recibir el título de
Miembro Correspondiente del "Centro Histórico Leonardo
Tascón", me referiré sucintamente a varios hechos
históricos y culturales que atan a Buga, en grandeza, con la
nación. Presento excusas por los vacíos que tendrá esta exposición.
Es imposible sintetizar la proliferación de sus dones en un
discurso. Por eso, este pasará de un tema a otro; se detendrá en
algunos detalles. Desechará varios; contará, brevemente, cómo son
las vislumbres de su ingenio intelectual; hará aperturas hacia
múltiples materias básicas para la patria que en este medio
tuvieron su claro origen y llevan el sello de la estirpe. Esto lo
digo sobrecogido ante sus ejemplos y por acercarme con prisa a los
destellos de una ciudad que le ha dado lumbre a la república.
Cuatro veces fue fundada. La primera, en las cercanías del páramo,
en Pan de Azúcar, donde la tierra era amable para producir las
espigas del trigo. Finalmente, donde hoy nos reunimos se detuvo su
trashumancia. Se le apellidó Guadalajara de la Victoria.
Inicialmente estuvo habitada por razas andoperuanas. Después,
llegaron a los Caribes. A don Álvaro de Mendoza y Carvajal se le
considera su fundador, el 4 de marzo de 1570. Él mismo hizo el
trazado de sus calles. Su categoría pronto fue reconocida cuando el
rey Felipe II de España, a fines del siglo XVI, le otorgó, por Real
Cédula, el título de ciudad, con carácter de Plaza de Armas y con
derecho a presentar su escudo.
Los viajeros.
Humboldt pasó por esta plaza. Su descripción no es amplia. En
cambio, Hamilton (1827), se extendió más cuando nos dice:
"Como tuve ocasión de observar arriba, en Buga las casas
por lo general son de un solo piso y en su mayor parte están
rodeadas por amplios jardines que casi las ocultan a la vista por
completo y donde abundan los naranjos, los tamarindos y las palmas.
Hay cuatro iglesias, pero en cuanto a monasterios, desde el
comienzo de la revolución fueron clausurados, y el gobierno detenta
ahora todas las propiedades que les pertenecían. Buga se halla
situada en la cabecera de un borde que forman al abrirse dos
ramales de la cordillera, que caen uno hacia el este y el otro
hacia el oeste y que allí sólo alcanza tres leguas de anchura pero
que se va ampliando a medida que se avanza en dirección norte.
También hay una escuela pública que sigue el método lancasteriano y
donde reciben instrucción ochenta jóvenes. En esta ciudad se
fabrican excelentes sombreros de paja y bellísimas flores
artificiales. En todas partes son muy apreciados los caballos de
los criaderos del Valle del Cauca, al punto de que gran número de
ellos se envían anualmente a Bogotá y otras provincias. Según se
nos dijo, el cauce del río que atraviesa la ciudad es muy rico en
polvo de oro, pero está prohibido su lavado para impedir
contaminación de las aguas; atinada providencia que hace elogio al
buen sentido de los bugueños cuando dan preferencia al agua pura
sobre el oro puro. El clima es apenas templado. Aunque el
termómetro marca ochenta grados a la sombra al medio día, suavizan
la temperatura las brisas frescas del norte. Especialmente por la
mañana y al caer la tarde se disfruta de un ambiente tibio
delicioso."
Revela el inglés Hamilton algo fundamental: el ímpetu y denuedo por
la libertad que caracteriza a sus habitantes. Él lo puntualiza en
torno al empeño con la esclavitud:
"Los habitantes del distrito de Buga eran más laboriosos
que sus vecinos y, en consecuencia, disfrutaban de un nivel de vida
más alto que ellos. El año anterior se había conferido la libertad
a diecisiete esclavos, mediante dinero suministrado por un fondo
público organizado para trabajar en la emancipación de los esclavos
y padres de familia y que, por lo demás, tuvieran antecedentes de
buena conducta."
El nombre.
Guadalajara, en árabe, quiere decir Río de las Piedras. En 1591,
los vecinos la bautizaron Buga, que en lengua indígena significa
abundancia. Ésta, se hace apreciable en el derroche de las ciencias
sociales, humanas, estéticas, que le dan fisonomía con silueta
propia. Siguiendo la lectura cuidadosa de sus escritores,
comprobamos que algunos de ellos van dejando señalado el marco de
las reminiscencias. Las vinculan a olores amables, a sombras
complacientes, a apelativos de íntimas resonancias. Los jazmines
del Cabo; las huertas de yerbabuena y de manzanilla; las dalias
rojas, las "bellas" multicolores, los lirios del
Valle, las "santamarías" de hojas blancas y
verdes. Los chiminangos o los arrayanes. Entre los parajes,
"La Muralla" o "El Charco del
Burro". Ello entrelazado con la leyenda y con la cultura.
Así se integró esta ciudad.
Su "Centro Histórico".
Para cultivar la memoria colectiva, se forma el Centro Histórico.
Se le acristiana con el nombre de Leonardo Tascón. Se quiso zurcir
su transcurrir al de un ser cuya memoria era propicia para levantar
y estimular las calidades de la raza. Él, pertenecía a los
empecinados de amor a la comarca. Lo recuerdan el
"Batallón Libres de Colombia", peleando al lado
de ese gran prócer del Radicalismo Liberal, don Sergio Camargo. Sus
derroteros fueron claros; en la guerra, solidaridad con su patria y
con sus ideas. En los estudios, la preocupación por lo científico,
lo filosófico y lo histórico. Además del ejercicio profesional en
la medicina. En la prensa, repartir las consignas democráticas
contagiar de propósitos cívicos a sus paisanos; revelar las in
quietudes colectivas. En el Colegio Académico, sostener sus clases
para entregar conocimientos y, a la vez, dar pedagogías de
austeridad, sencillez y rectitud ante los deberes comunitarios. La
organización de su biblioteca y la construcción del claustro las
vigiló como riesgos propios. En el servicio social no existió obra
substancial para Buga que no la peleara. En estos achaques, como en
la defensa de sus doctrinas liberales, no estuvo en cesantía. Sus
libros, Provincialismos y barbarismos y Quechuismos, nos dan
la dimensión de sus desvelos por la lengua. Son textos para volver
a consultar y explicar cómo ha sido la integración mestiza de lo
que viene a constituir los "colombianismos', que ya admite
nuestra Academia de la Lengua. De suerte que él entregó su vida
entera a los mejores apasionamientos. Los dejó en estímulos a su
pueblo y los prolongó en sus hijos, en fortalezas ciudadanas e
intelectuales. De él dijo, acertadamente, Alonso Aragón Quintero -
otro maestro social de esta tierra- que tuvo las "virtudes
excelsas de un varón recto y la noble inteligencia de un ciudadano
ejemplar". A la sombra de su recuerdo, en este centro de
estudios, espero recibir el amparo de sus maestrías.
La Conquista.
Para acomodarnos a la exactitud, en muchos de los aspectos que
debemos tratar, es indispensable recordar que Restrepo Tirado dice
que los límites podían señalarse así: al oriente, con los pijaos;
al norte, con los Quimbayas; al occidente, con los Gorrones; al
sur, con los Calocotos. Los Bugas los integran varias tribus que
tomaron esa denominación genérica. Las contiendas entre ellas, eran
devastadoras. En la Conquista, irrumpen crueldades desconocidas. No
se logró reposo, contra lo que predican algunos analistas,
asentados en la parcialidad española. Para Tascón, se presentó una
emigración caribe, que llegó hasta estos terrenos. Entre los jefes
de expedición que pasaron hallamos a Cieza de León, Belalcázar,
fray Pedro Simón. Alguna referencia se encuentra entre sus páginas
que cuentan "lo real maravilloso" de nuestras
comarcas.
La integración se logró entre grandes combates. Durante sesenta
años se peleó contra los Pijaos. "Siguiendo en persecución
de los Pijaos por las montañas, quebradas y fuentes donde solían
esconderse, nos refiere el mismo Bocanegra que les quemó 'todas sus
poblaciones y rancherías, cortándoles todas sus arboledas,
plátanos, aguacates, frutos y palos de bija, arrancándoles todas
las comidas, raíces y legumbres recién sembradas que se pudieron
hallar sin dejarles ningún género de
mantenimiento'".
Como se desprende esta lectura, fue
"ejemplarizante", por su terror, el sistema para
consagrar el imperio.
La Independencia.
Buga estuvo permanentemente vinculada a los acontecimientos para
lograr la independencia. Pero no pretendemos ahondar en sus
múltiples hazañas. Sólo en una que consideramos de mayor
trascendencia. Hernando Figueroa Becerra le da dimensión. Cincuenta
y un días después de la Batalla de Boyacá, los habitantes de Buga
se comprometen en una de alcances singulares. Juan Sámano ha huído
a Cartagena. Su exclusiva preocupación, es conservar la
comunicación con Popayán y Pasto, que le garantizaba vivir en
comunicación con Quito y Lima. Quizás así pudiera armar nuevos
ejércitos beligerantes. La invasión a nuestros territorios no
estaba descartada. En Caloto reaccionan contra el Gobernador Pedro
Domínguez del Castillo, quien viaja a Popayán, desde Buga. El dos
de septiembre de 1819, unos combatientes lo matan con todos sus
acompañantes. Sámano nombra a Sebastián Calzada para que lo
reemplace y ejerce crueldades abiertas. Con el obispo Jiménez de
Encizo, éste repartiendo baculazos y excomuniones, desean someter a
la pacificación. No se escuchan ni los apremios oficiales, ni las
jaculatorias religiosas, entremezcladas de carburientas sentencias.
Como un ambiente de gran sentido mágico de esa revolución, van
consolidándose las guerrillas. Les brota la ansiedad de
independencia. Los soldados españoles enarbolan una bandera negra,
que notifica -sin repliegues tácticos- que su guerra es a
muerte.
Al hijo de la mestiza María Antonia Ruiz lo habían fusilado en la
plaza de Buga. Ella, decidida y sin límites en su ardor patriótico
y de venganza, convoca a la gente. La reúne. Le transmite su furor.
La incita a la hazaña. Localiza a don Joaquín Ricaurte y Torrijos,
quien estaba escondido en los montes del Pescador, evitando las
represiones españolas, precisamente por haber sido general en la
época de la Patria Boba. El inglés Juan Runel colabora. Las
herrerías se convierten en fábricas de puntas para lanzas. Se
improvisan los elementos de guerra. Lo único que no demanda
invención es el heroísmo. Éste crece en el pecho de los bugueños.
Esperaron al enemigo en este sitio, donde, exactamente, las
montañas estrechan más el valle. La Batalla de San Juanito volvió a
consagrar a esta ciudad como portadora de la codicia de
emancipación total. Ya no se dudó de ésta; los españoles fueron
destrozados. La vereda para los chasquis quedó clausurada. El parte
dice que el triunfo sirvió para castigar "de este modo el
orgullo y la osadía de los españoles". Los vientos
sacudían las banderas que los raizales habían llevado o conquistado
en el bajo y el alto Palacé, y en otras confrontaciones, que son
patrimonio del heroísmo colombiano.
Sólo nos referimos a ésta Batalla de San Juanito para reivindicar
el carácter de integridad en la pasión libertaria que primaba por
estos medios. Es una prueba de que no se necesitaban ni caudillos
empenachados, ni líderes engolados en su suficiencia absorbente,
para imponer el castigo que demanda la liberación. Una mestiza, de
acentuado color moreno, indicó cómo era la defensa del carácter
nacional.
General José María Cabal.
Este nombre lo invocamos para encomiar su constancia en los afanes
emancipadores. Que se confunde con los de Buga, pues le dio
impulso. Su decisión dependía del ambiente que lo incitaba. De la
atmósfera donde desarrollaba su acción.
Para Tulio Enrique Tascón, tuvo él más calidades de hombre civil
que afanes de guerrero. En el libro que le dedicó, Nueva
biografía del general José María Cabal, apela a multitud de
cartas de éste, en las cuales va anotando sus peripecias. Es tal su
detallado contar, que podría hablarse de autobiografía. Discurre su
juventud en los claustros de San Bartolomé, donde se inicia con
triunfos en las disciplinas jurídicas. Todo trenzado con
referencias a sus primos Francisco y Miguel Cabal, ayudando a
expandir sus fisonomías.
Desde su primera juventud se pone en contacto con gentes de las más
dinámicas en el pensamiento. En los claustros bogotanos, su
compañero fue don Francisco Antonio Zea, y su maestro, José
Celestino Mutis. Y había gozado, en Popayán, la culta, de la
privanza mental de don José Félix de Restrepo.
Así llegó a las lecciones de los enciclopedistas, que lo libraron
de tener aire de hombre fanático. Su liberación espiritual, estaba
asegurada. Su pensamiento federalista, tenía resonancias de los
cánones de la Constitución de Filadelfia. Su posición política, se
consolidaba, desde el punto de vista doctrinario, con la cercanía a
Camilo Torres y a Francisco José de Caldas.
Comenzando su madurez, defendía en la cátedra tesis acerca de las
servidumbres reales y personales, de los legados y de las
prescripciones. Esta experiencia, nos permite considerar cómo era
de seria su preparación en los laberintos jurídicos. Donde ésta es
más apreciable, es cuando repasamos su a correspondencia, escrita
en los inicios de su vida universitaria, con enfoque diáfano acerca
de los sucesos políticos y sus proyecciones.
Cuando se produjo el juicio contra don Antonio Nariño, por la
publicación de los Derechos del hombre y el ciudadano, lo
detienen con éste, Zea y otros. Tenía veintidós años. Más tarde, lo
exilian. Sale el 3 de noviembre de 1795. La correspondencia se
intensifica. Desde La Habana, habla de sus lecturas y
juguetonamente predica que lo mejor de la isla, son sus hermosas
mujeres.
A su padre le dice que "no se qué desgracia nos persigue
que hace que no tengan fin nuestros trabajos". El 15 de
septiembre de 1797, le cuenta "que no pierdo el tiempo,
pues asisto a las clases más brillantes y que más útiles me
parecen; pero lo que más me ocupa del presente, es el estudio de la
botánica y el diseño".
Sus inclinaciones universitarias se orientaron hacia el derecho.
Pero su decisión íntima lo conducía a otras disciplinas. Descubrió
pronto, igualmente, que, en un estado imperialista como el español,
lo jurídico no tenía libertad de influencia. El ejercicio no podía
adelantarse con las limitaciones que se imponían a un
"indiano".
Cuando vislumbra su retorno, propone a sus primos Miguel y
Francisco, el 20 de noviembre de 1799, crear una librería con
textos elementales de agricultura. Lo desazonaba el poco desarrollo
y tecnificación de ésta en el Valle. Agregaba que "la
historia, los libros de moral, de filosofía, de política y todos
aquellos que son precisos para formar el corazón del hombre, serán
los únicos que compondrán nuestra biblioteca".
Por fin, en 1800 lo absuelven y viaja a la Mancha y a Madrid. Toma
lecciones de historia natural. Pero vuelve a su primera disciplina:
"He frecuentado el foro y los tribunales para imponerme en
las leyes".
En París asiste a las lecciones de minerología. José Antonio
Arroyo, el 20 de agosto de 1804, escribe que José María Cabal podrá
utilizarse en las Minas de las Vegas (Supía y Marmato), pues
"lo que se necesita es un sujeto perito" -son sus
palabras-, y agrega: "En el día están principiando a dar
frutos las minas de la Vega; pues falta (un ser) inteligente que
dirija aquello, sin lo cual no harán progresos, no obstante la
riqueza de dichas minas, mayores que las de Potosí".
Por fin asoma, en 1809, a Santa Marta. Se traslada a Bogotá.
Francisco José de Caldas, quien exaltó a Miguel Cabal, saluda a
José María, con palabras de encomio en El Semanario:
"Al lado de los hombres más grandes, oyendo las lecciones
de Vauquelin, Proust, Berthollet, por espacio de siete años,
familiarizado con Laplace, Hauy, Brot, etc., ha recogido un cúmulo
de conocimientos que lo honran".
Al incorporarse a Buga, su hogar está incompleto. Han muerto sus
progenitores. De inmediato entra a actuar públicamente. Miguel
lanza el 12 de octubre de 1810 una catilinaria contra el poder de
Popayán. Propicia un rompimiento, creando otra jurisdicción
administrativa. José María viaja al Chocó para proponer ese
proyecto.
El 11 de febrero de 1811, asiste, en Cali, a la reunión de las seis
ciudades amigas del Valle del Cauca. Como lo hizo en nombre de Buga
don Joaquín Fernández de Soto. La ciudad andaba comprometida en los
grandes sucesos que aseguraban la independencia nacional. En los
foros o en las batallas. Los del sur, contaron con la acción y la
valentía de los varones de la comarca.
De esa reunión, sale a ejercer la vicepresidencia de la Junta
Liberadora en Popayán. Es cuando manifiesta al gobierno de
Cundinamarca: "Este gobierno tiene la dulce satisfacción
de comunicar a V. E. que, ocupada la ciudad de Pasto y restituida
allí la tranquilidad común, se acerca el día de librar por la
fuerza o de grado a la de Barbacoas, la última en donde se sostiene
el fanatismo religioso".
Existía preocupación en cuanto a la actividad del clero en las
arremetidas contra la Independencia. Se les expulsaba y perseguía
por sus actos políticos. No por su posición religiosa, aun cuando
era evidente que no siempre atormentaban los dogmas a los
liberadores. Cabal entre éstos. Se produjo una orden en la cual se
hacían advertencias contundentes: que no había cargos sino para los
amigos de la libertad; que no pueden reclamar el título de
ciudadanos si no se es amigo de ésta; que su falta de decisión se
castigará con la confiscación de los bienes y la muerte.
Entre resplandores de espadas que brillan y consignas, asume Cabal
la Comandancia General. Expulsa a varios clérigos, entre éstos a su
paisano Racines que, finalmente, llegará a ser un buen patriota.
Las reacciones contra las medidas se consagraban en verso:
"Eran, pues, los expulsados por Cabal
Fray Francisco Pugnet, un sabio amable,
Fray Baltazar Guirán, en todo igual
y Fray Lucas Domingo, inalterable.
Y otros tres que la pena general
del injusto destierro irrevocable,
como fieles con ellos sufren ahora,
son Velasco, Racines y Zamora".
A los pocos días, Cabal es presidente de la Junta de Gobierno.
Viene, entonces, el librillo de la hazaña y de la valentía. Con
sólo pronunciar los nombres de la campaña del sur, nos sentimos
estremecidos por las resonancias heroicas que despiertan esos
sitios en el recuerdo de fidelidad a la patria y a la libertad:
Alto Palacé, Calibío, Juanamhú, Tasines, los Ejidos de Pasto, el
Palo. Por estos abruptos caminos, vuelve a concordar con su
compañero de prisión: don Antonio Nariño. Están en el mismo ímpetu.
No han perdido sus identidades. Todo este continuo desvelo por la
patria, lo conduce a la amistad del Libertador.
En una reversa guerrera, es puesto preso. Juan Sámano lo califica
de "aquel grande revolucionario". Uno de sus
compañeros es José Hilario López, quien cuenta en sus
Memorias que fue fusilado el 19 de agosto de 1819.
Cuando se había ejecutado el acto, apareció la orden de perdón. Se
salvó López, este caucano eminente, y quien, en el futuro,
ascendería a la Presidencia de Colombia. Algunos creen que la
absolución llegó antes. Cabal despertaba tales sentimientos de
temor por su ardor, su capacidad táctica y su pensamiento político,
que difícilmente podían ser generosos con él quienes habían
confrontado sus acometidas.
Cabal tuvo gran dignidad en el momento de la muerte. A Tomás
Cipriano de Mosquera, le dijo: "Mosquerita: su tierna edad
lo salvará. Acuérdese de su general para vengarlo". Cuando
avanzaba hacia el patíbulo, quisieron vendarle, y Cabal lo rehusó
con al el sacerdote que lo acompañaba tuvo a mal esto y le
manifestó que en el momento de comparecer ante el Juez Supremo
debía ser todo mansedumbre, a lo cual replicó el general: 'Padre,
es que quieto ver la luz alta hasta el último momento; quien
desafió a la muerte tantas veces, no tiene por qué temerla
ahora'.
Las inclinaciones de Cabal; su celo científico; sus inquietudes
académicas; sus clases de Madrid y París, indicaban que su
transcurrir lo consagraría como gran caballero de la vida civil. No
fue así. Les dio en cambio, a Buga y al Valle, la fortuna de haber
albergado y consentido al más alto carácter de la milicia en la
Independencia. Su precisión ideológica queda en sus mensajes. Su
fuerza, en la intrepidez de sus combates. Su apego a su tierra, en
haber escuchado las voces de la libertad.
Para percatamos de su alcance mental, repitamos las estrofas que
escribió don Andrés Bello - que se pueden leer en un libro,
Poesías, que editó en París, en 1870-. Dice el
Maestro:
"Yace Cabal de Popayán llorado
Llorado de las ciencias...".
Lucha contra la dictadura de Urdaneta.
En el proceso de integración de la nacionalidad, en Buga se cumple
un acto trascendental, en el cual se hace evidente que la vocación
del pueblo, se inclinaba por las expresiones democráticas, con las
cuales aparecimos en la vida civil, cuando otras de gobierno
preponderaban en el mundo. Por nuestros países, la concepción
estuvo inspirada en una visión del estado y de los deberes de éste
en relación con los ciudadanos.
Derrotada la tendencia del Libertador a volver a ser consagrado
dictador por el Congreso Admirable de 1830, se eligió presidente a
don Joaquín Mosquera, quien, desde el periódico, El Meteoro, en
Popayán, se expresaba contra el absolutismo. Fue vicepresidente el
general Domingo Caicedo. No hay para qué regodeamos contando los
errores que se cometieron en el manejo de situaciones de orden
público, de levantamientos contra el estado. Rafael Urdaneta, quien
inspiraba los movimientos sediciosos, fue comisionado,
equivocadamente, para negociar con los rebeldes. Lo hizo bien con
su marrullería y su desbordada ambición. Terminó en el poder,
desconociendo la democracia. El Libertador había viajado enfermo
hacia Cartagena. Aquél, comenzó a urdir la posibilidad de obtener
el apoyo de los diferentes estados. En Popayán ya había amagos de
resistencia, que, más tarde, fue dinámica y definitiva para
reencontrar el sistema elegido por el pueblo neogranadino.
Urdaneta se queda con el poder. Invoca para su acción de gobierno
decretos que habían sido derogados por la constitución de 1830.
Pero no le interesaba gobernar con leyes sino mandar dura,
ariscamente. Él, había acompañado al Libertador en su dictadura.
Éste, en carta al General Justo Briceño, le dice: "...que
se reconcilie de buena fe con el General Urdaneta y que se reúna en
torno del actual gobierno para sostenerlo"
(subrayamos).
La situación era intrincada. Hay un libro de Roberto Botero
Saldarriaga, El Libertador presidente. El instruso. República de
la Nueva Granada, en el cual se puntualizan varios sucesos. En
el año 30 se produce la "cossiatta" de Valencia,
y su Congreso declara que no tendrá más relaciones con nosotros
mientras por aquí viva don Simón Bolívar. Flores, desde el Ecuador,
formula promesas, halagos. Susurra palabras de aliento a los
descontentos, llamando al Valle, a Popayán, a Pasto, para que
adhieran al Ecuador. La disolución de la Gran Colombia, no la
detenía ningún intento de unión. Algunos pocos, por estas tierras,
acolitaron a Flores. Debo declarar que de Buga no se mencionan
nombres de adictos.
A la vez, desde la dictadura de Bolívar, se habían eliminado de los
mandos a los generales neogranadinos, remplazándolos por algunos
venezolanos y extranjeros. En manos de éstos, estaba la
administración. Los testimonios de crueldad son escalofriantes. La
censura de prensa, como de los gobiernos omnipotentes, era
imperativa.
Bolívar trató de alcanzar el consentimiento para continuar. No lo
acolitó el Congreso Admirable. Cuando Urdaneta asesta el golpe de
mano contra el Presidente Joaquín Mosquera, trata de organizar la
opinión nacional a su favor. Se mueve. Escribe. Pide el apoyo de
Bolívar. Éste, se le otorga, dirigiéndose a sus amigos como lo
acabamos de leer y recomendando a Urdaneta, otro dictador
venezolano.
El sentimiento antidictatorial es muy fuerte en la Nueva Granada.
Se lo hicieron sentir al Libertador los constituyentes. No era
posible prolongar los gobiernos lejanos de la ley. Las provincias
reaccionaban contra el sistema. Para patentizar su desagrado contra
Urdaneta, declaraban que deseaban la incorporación de Bolívar,
cuando se sabía que era imposible por su salud. Era una sutileza
para expresar su repulsa a aquél. Ello no permitía pensar que se
inclinaran por las soluciones de fuerza.
En esas circunstancias de gran confusión política, Buga juega un
gran papel en la defensa, otra vez, de la libertad y del imperio de
las leyes. Es otra presencia de la ciudad en el rescate de
orientaciones básicas de la nacionalidad.
Se cita a los cantones a una reunión en Buga. Del actual occidente
de Caldas, era el de Anserma. Asiste el presbítero José Gregorio
Benítez. Urdaneta no tiene certeza de lo que sucederá. Le
manifiesta el general Pedro Murgueitio -quien presumiblemente es su
hombre de confianza- sus instrucciones: "Si usted duda -le
dice en carta del 2 de noviembre de 1830- de las buenas intenciones
de la Asamblea Caucana que me dice debe reunirse, impida Ud. dicha
reunión y sobre todo esfuércese por librar al Cauca de los
monstruos que le oprimen y deshonran, de los asesinos de Obando y
de López y su pandilla".
Leyendo los documentos de este acto histórico, es confusa la
posición de Murgueitio. Porque así como Urdaneta le entrega sus
delegaciones, a la vez recibe mensajes de Obando y de López. El
primero le dice el 23 de octubre de 1830: "La Asamblea va
a reunirse. Ella nos salvará y hará una cosa legal a lo menos y que
no traiga aparejada nulidad. Demos tiempo a que el torrente pase, y
usted pueda obrar mucho bien. Allí se nombrará a usted, pero no por
autoridad de Urdaneta. Si el Libertador viene plegaremos, porque al
menos llevará esto moderadamente. Pero Urdaneta. ¡Dios
Santo!". El mismo día le manifiesta López: "Cada
vez me es más insoportable el peso de la Comandancia general, y así
yo quisiera que usted se encargue de ella, mas no bajo la
obediencia de Urdaneta, porque ni eso nos hace honor ni hay
seguridad alguna bajo su autoridad despótica e
intrusa".
La situación es angustiosa; hay enfrentamientos entre el Valle y el
Cauca. En el Japio se transan: la asamblea que se reunirá en Buga
determinará el derrotero político. "El Cauca no había
aceptado de plano, como lo hicieron otros departamentos, el
gobierno de Urdaneta. El prefecto, doctor Arroyo, por decreto de 21
de septiembre, convocó para noviembre una Asamblea de diputados de
los cantones del departamento, que debería reunirse en Buga, y
resolver sobre la actitud que asumiría el Cauca, en presencia de
los acontecimientos de Bogotá y de las excitaciones que de allá le
hacía el gobierno de Urdaneta para que lo secundara". Se
instala el 11 de noviembre. El 13 se acordó por mayoría -es de
hacer notar que no se alcanzó la unanimidad- proclamar a Bolívar
Jefe Supremo. Fue la manera que se ingeniaron en las provincias de
rechazar a Urdaneta. A la vez, se dijo que Urdaneta gobernase entre
tanto, pero se exigió expresamente que fuera conforme a la
constitución y a las leyes. Esta proposición demandó tiempo en la
discusión. Se vigorizó la tendencia republicana. Buga se unía a
este radical acto de demanda del restablecimiento de la
democracia.
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Lectura en Buga, el 11 de noviembre de 1987. |
