Temas inquietantes.
En la Independencia, Cartago cumplió con su cuota de ardentía
revolucionaria. Su historia contempla una larga lista de hombres de
guerra, desde soldados hasta generales. La época del terror de
Morillo cubre a muchos de sus luchadores populares, que son
enviados presos a Cuba y Puerto Rico. Pero en esa etapa, uno de sus
más altos títulos es que, en 1811, toma parte en la integración de
las seis ciudades confederadas que tuvieron tan decisiva acción en
ese momento trascendental de nuestra historia nacional. El grito de
la derrota de la subyugación estuvo en su vibrante actitud
combatiente. Otro tema que debe sacudirnos y comprometernos en
nuevos aportes al estudio de la historia de la patria, es el
alcance del Chocó en esos momentos cruciales. Tenía una gran monta
aquella región por su producto aurífero. Lo mismo que por su
elemento humano. Igualmente, por la relaciones de comercio. No tuvo
dudas, en muchos momentos, de luchar por su independencia,
inclusive buscando alianzas con pueblos del Valle, con algunos del
occidente de Caldas, con los costaneros y predicó la anexión al
Ecuador. Son períodos aún muy oscuros en el escrutinio de la
formación nacional. Hay apellidos que son parte de la grandeza
colombiana, en el orden intelectual, en el político, en el
cultural, que allí tienen su origen. No nos hemos preocupado de
cómo fue el arribo de los primeros que los ostentaban. Falta
precisar cómo vivieron; cuales eran sus oficios; de qué manera se
comportaron ante una naturaleza tan extraña para ellos. Y cómo se
integraron racialmente. Es una tarea bien sugerente, llena quizás
de leyendas, y con concomitancias en el afán de proyectos hacia el
porvenir. Al menos, así lo hicieron sus descendientes. Esa
abundancia de episodios, la hemos tenido abandonada. ¿Cuándo
aparecerá el investigador que entregue ese soporte al mundo
maravilloso de lo que el Chocó ha contribuido a fortalecer la vida,
profunda, auténtica, de Colombia? Ojalá estas palabras despertaran
algún espíritu de visión que se sumergiera en un período lleno de
sutiles aperturas hacia múltiples temas de la patria.
Las rebeliones populares no se han investigado con rigor en el
país. El concepto "eurocentrista" de la historia,
ha dejado en las afueras a las protestas colectivas. Las ha
desconocido hasta hace pocos años. Hay relación profunda entre
parte de la historia de esta comarca, donde había un sentimiento
esclavista y, además, gentes que se ocupaban del negocio, y que,
desde luego, tenían relaciones con otro sector esclavo como el del
Chocó. Es una materia amplia, con muchos visos de crueldad, de
pasión de subordinar al hombre, de aplicarle los rigores del
negocio a seres humanos, tratados y considerados como bestias. No
hay que olvidar que el siglo XVII fue muy importante en la trata
humana; había divisiones entre los grandes propietarios, que
dominaban el negocio de las importaciones de barcos de África; los
menores, que compraban, revendían y traficaban con los negros
nacidos en el continente. Todo esto coincidía con el auge del Chocó
en la vida aurífera. Hay que hacer el examen de cómo se repartía
este negocio. Muchos payaneses, caleños y cartaginenses tenían
posesiones mineras en el Chocó y compartían el mercadeo de la
esclavitud. Es otra vertiente de esta sugerente investigación. En
1710, don Domingo de Carvajal, esposo de doña Isabel Gómez de la
Asprilla, obtuvo en título de maestro de campo de las provincias
del Chocó, Nóvita y Noanamá. Otras gentes de prestigio en la
ciudad, recibían el encargo de gobernar para controlar el
contrabando de oro en los ríos de Atrato y San Juan. Qué abundancia
inusitada de posibilidades se les abren a los nuevos
investigadores.
Pero aún más: ¿cómo fueron los brotes de protesta y de alzamiento
de los negros? ¿Cómo se manifestaron sus ardores colectivos? ¿De
qué manera -fuera de los palenques- resistieron ellos a la
opresión? Hay un hecho que es necesario revelar: los esclavos no
consintieron subyugar sus expresiones íntimas, su religión no la
abandonaron, su música la siguieron tocando en horas de melancolía.
Les permitieron obrar así porque parecía que ello no perturbaba.
Pues bien: estaban plantando sus testimonios, que marcarían, más
tarde, la totalidad de la cultura mestiza; así, como, en el
sincretismo religioso, su huella es poderosa. Ellos oponían una
resistencia, activa o pasiva, a las imposiciones. Zuluaga, el
historiador de la ciudad, rememora que los esclavos de Cartago
tuvieron un gobierno paralelo y con la misma estructura del
español. Ellos organizaban "cabildos", que eran
una especie de organizaciones clandestinas. Jugaban al
autogobierno. El profesor Jaime Jaramillo Uribe puntualiza cómo los
negros tenían sus virreyes, sus gobernadores, sus alcaldes y su
cabildo, en su libro Ensayos de historia social colombiana,
que cita aquél, y en el cual leemos: "Uno de los testigos
hace una descripción muy vívida y completa de lo que eran los
cabildos. Por ella podemos colegir que esta forma de organización
clandestina de los esclavos tenía para ellos el sentido de una
liberación supuesta y de una afirmación de sí mismos. Es también un
documento que manifiesta la capacidad que tenía el negro para
imitar los elementos de la cultura blanca. En el cabildo, especie
de microcrosmos político, el negro se apropiaba de los títulos, las
jerarquías y los nombres de los funcionarios del gobierno colonial
para jugar al autogobierno".
No hubo reposo entre los esclavos. Vivieron en continua agitación.
Como la historia colectiva, la que refrendaba los actos populares,
no contaba con audiencia en los investigadores europeos, - y entre
los españoles, menos, porque era la protesta contra un sistema-,
aquí se fueron abandonando esa inquietas presiones sociales.
Porque, además, perturbaban. Los conflictos sociales en Cartago
tuvieron otras significaciones, derivadas de que se estaban
implantando nuevas relaciones de trabajo. Fuera de las rebeliones
de los indígenas, vino la de la colectividad sin exclusiones en
1781, como una parte básica de la protesta comunera. Se menciona el
levantamiento del Hato de Lares, que encabezaron los cosecheros del
tabaco de aquel sitio. Desde 1726 se oponían a que sólo se
cultivara esta planta. Sentían que los explotaban mediante el
monopolio. Es la presencia del pueblo, que va tomando conciencia de
las limitaciones impuestas y, a la vez, de su reciedumbre como
conjunto humano. Concuerda con el palenque de Cerritos. Más tarde
los del Chocó piden que Cartago sea la capital de su provincia. Y
ya hablamos cómo, en un tiempo, presentan la creencia en la unión
con el Ecuador para derrotar las injusticias.
Nos falta revisar la época colonial en cuanto a la actitud de las
fuerzas sociales. Éstas estuvieron siempre en ebullición:
protestando, luchando, combatiendo, reclamando la defensa, diciendo
sus amarguras, resistiendo a las a autoridades. Despreciando al
español, unas veces honda y abruptamente, y otras, con sigilo y
prudencia calculada. A la primera oportunidad, saltaba la capacidad
de beligerancia. Nos han enseñado que ello no fue así, sino que, al
contrario, se gozó de una vida apacible, serena, marcada por las
horas de silencio. Pues no es cierto. Brincaban las voces duras
contra el virrey, el gobernador, el intendente, el alcalde. Se
hacían las más cautelosas y maravillosas reuniones para ver de
manejar el conjuro. Se volvían los seres recelosos, distantes, con
artimañas para cada etapa social. Lo único que se veía arder, casi
verdaderamente, era la llama de la rebeldía. Ésa es la tarea de
descubrimiento que tenemos que hacer para contar cómo no hubo
reposo en la Colonia. Para que entendamos parte de esta
convulsionada acción, rememoremos cómo nació Arma y cuál era la
conducta de los habitantes de la región. Joaquín Acosta 98, alerta cómo Belalcázar
llegó a esta ciudad y cómo no logró aplacar las tribus:
"Pasó luego a Cartago para averiguar el paradero de
Robledo, cuya conducta comenzaba ya a serle sospechosa. Allí supo
de la fundación de Antioquia y la partida de Robledo para España,
con las miras de obtener el gobierno de este territorio. Irritado
Belalcázar, le declaró desertor, y ordenó que se le considerase
como a tal. Observando después cuán difícil era a los vecinos de
Cartago sujetar y atender a los repartimientos de las tribus de
Carrapa, Paucura, Pozo, etc., decidió que se fundase otra población
en Arma, segregando de la justicia de Cartago por el norte todo lo
que estaba fuera de los límites de la provincia de Quimbaya. A este
efecto comisionó al capitán Miguel Muñoz. Trabajó luego en sujetar
a estos indígenas, que se mostraban siempre hostiles y obstinados,
valiéndose de las enemistades de las diferentes tribus entre sí,
pero no lo consiguió enteramente."
El maestro Germán Arciniegas 99, a quien tanto le debe la historia
nacional por haber descubierto nuevos caminos para la
investigación, invoca cómo el pueblo encendía sus voces:
"Aquí se agotan el sufrimiento y la paciencia. Crúzanse
miradas de comprensión los humillados. Salen a las callejas y
conversan, conspiran. Son los indios, los mestizos, los negros, los
mulatos, que sienten hervir la sangre y odian al corregidor. Vamos
a ver, dicen, si nos prohíbe jugar, si nos prohíbe cantar y estar
de juerga, como viene prohibiéndolo en otras villas. El pueblo
quiere desafiar al corregidor. Cuando llega la noche, toda la plebe
se congrega bajo los balcones de la casa en donde se hospeda. Entre
risotadas y mofas, se tiran las ruanas al suelo y empezaron a rodar
los dados y a caer las cartas de naipes. Crece el vocerío
provocador".
El mestizaje.
En mis trabajos históricos y sociales, el mestizaje es una materia
que ha sido de mi predilección. Repito que él nos da personalidad
en el continente. Lo desdeñaron tanto los españoles como los
indígenas. Pero, igualmente, es el que nos identifica en
Indoamérica. El no depende sólo de la mezcla racial: es básicamente
una actitud cultural frente a la vida, y lo es sin importarnos los
grados de sangre. Lo esencial es que haya nacido en Indoamérica o
se confunda en la lucha por su destino. Eso es lo primordial, lo
que nos determina y nos ubica ante los demás valores humanos. La
carga española contra él, se justifica: cambia el arte, dirige las
revueltas constantes en pueblos y aldeas, pone trampas políticas a
los gobernantes, insubordina a la masa para pedir tierra, escuelas,
dirección espiritual religiosa de sus integrantes. Es el
"bochinche" -para usar la palabra predilecta de
los colonialistas- que guía a ese ser humano. En varios de mis
libros hay teorías expuestas al respecto. Valdría mencionar uno en
particular: Memorias del mestizaje 100, que, a la vez, ha llevado a que
muchos escritores se refieran a mis planteamientos. En los últimos
años han aparecido dos publicaciones 101, que se detienen en su
análisis.
Hoy nos interesa es saber qué estaba pasando en relación con
Cartago. Augusto Le Moyne 102, quien caminó por Colombia en 1818,
dice cómo son las uniones raciales y cómo ellas crean una serie de
nuevos motivos para rebeliones populares: "La población de
la Nueva Granada puede calcularse aproximadamente en 2.200.000
almas; está compuesta de varias razas: la de los blancos, la menos
numerosa; la de los mestizos, blancos cruzados con la raza
indígena; la de los indígenas sin cruce alguno; la de los negros y
finalmente la de los mulatos, razas todas que, separadas por mutuas
antipatías, difieren entre sí, tanto por sus costumbres y carácter,
como por la sangre".
Miguel Jerónimo de Granados, en 1780, a quien ya hemos citado,
alertaba que "su vecindario -el de Cartago- está mezclado
de blancos, montañeros o mestizos, pardo y negros libertos Para
repartir la consigna española, más adelante habla de "los
vasallos leales". Lo que no era cierto. En 1875, ME. André
103, sostiene
que "la población de esta parte del Cauca es muy mezclada.
Ya no se encuentra aquí, como en las provincias del norte y del
este, la simple mezcla del chapetón (español nacido en
Europa) y del todo o criollo con el indígena, cuya descendencia
constituye el mestizo de cualidad, orgulloso de sentir correr por
sus venas un resto de sangre azul. La raza negra ha penetrado hasta
el interior del país, dejando sus huellas vivamente impresas en la
población de las clases medias y pobres. En los matices diversos
que esos cruzamientos dejan en la epidermis de los habitantes del
Cauca Central, no se nota ni por asomo la presencia de los tonos
achocolatados o de hollín rojizo que distingue a los indígenas de
las regiones que llevamos recorridas, sino que sus variedades se
aproximan mucho más a las poblaciones negras y criollas de las
Antillas".
Si aún quedan dudas, y más de éstas, y todavía nos dominan los
prejuicios raciales, apelamos a otra cita: Carl August Gosselman 104, sitúa
igualmente el problema con máxima claridad:
"El origen de la población colombiana tiene tres raíces
diversas: América, África y Europa. Los antepasados se remontan a
las épocas de los indígenas, negros y españoles. Hoy en día no se
puede hacer una clasificación tan rígida y esquemática.
La mezcla de estas razas ha provocado tal dispersión de tonos y
uniones, que se hace imposible en muchas oportunidades señalar a
cuál raza pertenece, o cuál es el origen. Más parece un hermoso
arco iris, que ha visto la luz a través del tiempo y las
generaciones".
Va quedando explícito cómo es lo racial en la Nueva Granada. El
mestizo triunfa, dictamina, gobierna. A su acción se deberán muchas
de las rebeliones populares. A su impulso, alcanzaremos la
independencia. A su denuedo se debe el transcurso social que nos
amalgama, nos ubica en el mundo, nos da una magnitud en las ideas,
en la política, en el arte. Es la cabal autenticidad de nuestra
tierra y nuestro continente.
La colonización.
Otro de los hechos más singulares, que influyeron y siguen
determinando parte de la vida comunitaria de Cartago, es la
colonización. Es trama colectiva amplia, fecunda para las
reflexiones de cómo se ha formado y evolucionado la propiedad; de
qué integrantes han abastecido las diferentes etapas de ésta; cómo
las guerras o la violencia han impulsado desplazamientos que,
luego, se manifiestan en nuevas tierras conquistadas. Es uno de los
hechos sociales y económicos más intensos. Con mayor trascendencia
en las consecuencias políticas. Hay regiones que toman un matiz
ideológico, como una parte de la vida de persecución o de lucha,
internacional. Se relaciona con sistemas habilidosos de compañías
que tratan de explotar títulos. De imponer, mediante los mecanismos
políticos, el sometimiento de los cultivadores pobres. Para ello
ejercen las más disímiles trampas, apoyadas en alcaldes,
corregidores, jueces, sacerdotes, guardianes, inspectores de
rentas, gobernadores, ministros y presidentes de la república. La
mano larga de la influencia, se extiende, apelando a venalidades o
simples simpatías, para que se detenga la justicia social. La
colonización de las gentes sin camisa, ha sido una verdadera
odisea.
No hay que desconocer que en el Cauca, por su cercanía al
Radicalismo Liberal que impuso las leyes más favorables para
cambiar la concentración de la propiedad, la colonización tomó un
empuje colectivo muy peculiar, muy rico en las grandes oleadas
humanas.
Quienes tuvieron mayor sentido de la tierra fueron los antioqueños.
Ellos corrieron a gozar de las ventajas legales que impulsó aquel
movimiento político en la nación y estimularon las medidas legales
del cuerpo legislativo del estado soberano. Éste es el comienzo en
la mitad del siglo XIX de la colonización.
Han venido otros períodos igualmente activos. Siempre coinciden con
un estado e crucial de la patria en cuanto a la agitación, en
materia legal, acerca de la concepción de la tierra. Por lo tanto,
la colonización no podemos continuar analizándola como algo
circunstancial, que corresponde a una localización comarcana
exclusivamente, o como un suceso transitorio. No es así. Sus raíces
nacionales son más estables y es necesario plantear su examen - con
el carácter y matiz local que tenga pero mirando las ramificaciones
con lo nacional-. Sin la política del Radicalismo en el siglo
pasado en tomo a la propiedad, no se habría podido realizar, ni
siquiera concebir, la colonización del Gran Caldas. Cuando Miguel
Antonio Caro, en la Regeneración Conservadora suya y de Rafael
Núñez, señaló otra orientación en cuanto a los derechos adquiridos,
se produjo un estancamiento en las corrientes migratorias.
La colonización no es una simple enunciación legal. Sería torpeza
hacer tal afirmación. Hay muchos otros factores que la aceleran. No
se puede generalizar. En la medida en que he ido acercándome a las
diferentes características de ella en mi departamento, he
descubierto que hay más de quince matices, fuertemente separados,
que la impulsan, la frenan, la vuelven a activar, hasta que,
finalmente, por presión popular de las clases campesinas, se
estabiliza. Por ello, es tiempo de poner orden en el análisis de lo
que ha sucedido en el Valle - con tan hondas disparidades de una
región a otra - que da margen para adelantar estudios de carácter
económico, político-social, humanos, de migraciones, de luchas y
rechazos, que producirán una visión muy singular.
Gladys Melo P. 105, ha escrito un trabajo para optar
el título de antropología en lo referente a un matiz de la
colonización en el Valle. Trae varias afirmaciones que resumimos: a
finales del siglos XVIII se siente su influencia. Ella favorece la
organización de tambos, posadas y fondas, que son el origen de los
futuros pueblos. El análisis comprende demasiadas y disímiles
materias como los territorios inexplorados durante la Colonia y que
así permanecieron en el comienzo de la República. Cómo se hace la
expulsión del campesino pobre por la voracidad de unos
terratenientes y la falta de defensa del estado de los sectores más
estremecidos de necesidades. Esto evoluciona, según las doctrinas
políticas que primen en el gobierno. Sobre esta materia, la autora
no se detiene, pero la consignamos para futuras investigaciones.
Ella, cuando la manejan con apoyo político, o con sistemas
económicos de explotación, lo que logra es fortalecer más el
latifundio. Hay una observación de la antropóloga Melo que habrá
que desarrollar, en futuros estudios, acerca de cómo la
colonización en el Valle, la que se cumple en la ladera, debido a
la diversificación de la producción, favoreció la concentración en
la parte plana, mediante la ganadería, inicialmente. Después con
otros cultivos. En Caldas, la colonización tiene un gran personaje,
hombre de historia y de leyenda, como Fermín López. En cuanto se
avanza en los estudios locales, van apareciendo nuevos nombres que,
en el futuro, recibirán la consagración de la biografía humana,
confundida con el drama de la tierra. En cambio, en el Valle, se
carece de un epígono o de líderes con nombradía. O, simplemente, no
se han explorado aún las raíces humanas de esta reivindicación
económica.
En ocasiones, los que presumían de ayudar a la tarea colectiva,
desataban controversias agrarias, que conducían a formas
monopólicas de apropiación. Hoy hay muchas otras conclusiones,
enunciaciones, formulaciones que valdría analizar con afán de
confrontación histórica.
Para mí no es aceptable que las compañías -la Burila, por ejemplo-
hubieran sido como mediadores en los litigios. No conozco en
detalle lo relacionado con la Overo. Al contrario. Aquélla lo que
hacía era suscitar pleitos contra los colonos pobres. Con el poder
político y judicial, arremetía contra éstos. Por lo tanto, no es
cierto que favorecieran la distribución de la tierra. Existían
abogados especializados en despojar a los cultivadores. Otros los
defendían. Éstos sufrían crueldades, acusaciones y contra ellos se
empleaban sistemas inhumanos. Los conflictos se desatan desde que
comenzaba el desmonte. Con títulos emanados desde la Colonia -unos
heredados y otros comprados- comenzaban la acción titánica para
impedir que se cultivara la tierra. Como no existía concepto claro
de cuál era la función de ésta, el funcionario se amangualaba o,
simplemente por incapacidad de interpretación, destruía el esfuerzo
comunitario. Estas acciones fueron de una ardentía, que merece una
consagración de respeto a las gentes humildes del campo
colombiano.
En 1882, en desarrollo de la ley 61 de julio de 1864, se repartió,
como doctrina general por el Radicalismo, que la "ley
mantiene el principio de que la propiedad de las tierras baldías se
adquiere por el cultivo, cualquiera que sea su extensión y ordena
que el Ministerio Público ampare de oficio a cultivadores de dichas
tierras....". Esto en cuanto a las propiedades del estado.
Antes Manuel Murillo Toro había impuesto la tesis jurídica de que
la tierra era de quien la trabajara, si estaba abandonada por el
dueño del título. La inscripción, durante muchos años, determinó el
derecho a la propiedad. Este era absoluto, como una consecuencia
del mandato divino en la totalidad de la vida colectiva: el poder,
la tierra, la raza, la jerarquía intelectual. Es decir, el resabio
del imperio de la élite. Éste lo habían repartido los
españoles.
El cambio en la visión de lo que es el destino social de la tierra,
comienza cuando se produce la política contra la esclavitud. Es
cuando se habla de las parcelas del pan coger. Antes era el dominio
del imperio español y de algunos pocos favorecidos por las mercedes
reales. La "desamortización de manos muertas",
aceleró la desconcentración. Como lo advierte el profesor Luis
López de Mesa, España no tuvo sentido económico de la tierra, pues
andaba detrás de los metales. Por ello, no se creó en el campo la
infraestructura suficiente para el porvenir. Así lo encontró la
República. Los vicios se prolongan durante muchos años, porque
varias de las instituciones económicas de España sólo se vinieron a
mutar cuando se impuso el Radicalismo Liberal.
Hay otro proyecto bien sugerente y comprometedor. Hemos visto que
la construcción del camino del Quindío, desató muchas reacciones
internas. Pues bien: los colectivos del tabaco, del Hato de Lares,
esclavos e indios, ayudaron, voluntariamente, a la construcción de
aquél. En cambio, en 1776, los obligaron a participar con su
trabajo en el que conducía Chocó. Son dos circunstancias
diferentes, pero con una modalidad que es igual en ambos casos: los
propietarios favorecían que aquéllos se abrieran, porque, a la vez;
iban tomando posesión de grandes extensiones de tierra. Era una
manera de ejercer el acaparamiento. Más tarde, utilizando títulos,
papeles del estado, bonos, se hicieron en la Regeneración remates
de muchas extensiones. Éstas, generalmente, se ampliaban más allá
de los límites reales. Compañías que exhibían títulos de propiedad
sobre la tierra que invadían los colonos demandaban inclusive lo
que no les pertenecía. Son investigaciones que apenas comienzan. El
"desentanco" de algunos productos, produjo un
nuevo tipo económico; el jornalero y el aparcero. Es lo que llama
el escritor vallecaucano Luciano Rivera y Garrido con una palabra
llena de ternura, pues lo que hacen es su
"labrancita". Pero ésta no era respetada ni por
las compañías que tenían otro negocio diferente al de impulsar la
colonización. El "rompemontes" a veces se
utilizaba por éstas, para tener un control sobre las otras tierras.
En ocasiones, propiciaban la 'fundación' de pueblos, y donaban
terrenos, solares, plazas, lugares para las edificaciones públicas
y las iglesias, porque ello establecía el precedente de que se les
reconocía la propiedad. Se extendía la creencia de que no había
duda de que era de ellos. Así sucedió en Salamina, Caldas, y en
Caicedonia, Valle. Si como "fundador", yo dono
terrenos, estoy fortaleciendo la tesis de mi propiedad. Era otro
ardid inteligente.
Esta agitación por la tierra, tenía varias causas: existía un
sentimiento nacional de que ella debía tener otro destino diferente
al de la inutilidad que había tenido hasta ese instante. De suerte
que correspondía a una agitación nacional de tipo doctrinario. Era
una concepción ideológica que primaba en el gobierno y que
correspondía a la formación de quienes lo dirigían. Otras
motivaciones influían y determinan: la presión demográfica; el
empobrecimiento de la comarca que explotaban; la monopolización que
ejercía sobre ella, que impedía llegar a la pequeña propiedad y la
inestabilidad social que conmovía a la comunidad.
Creo que quienes trabajamos el tema histórico de la colonización,
debemos poner límites en su definición. Lentamente se están
introduciendo confusiones; se les da categoría a los elementos que
no pueden constituir parte de ella; se ha ido extendiendo, con mano
ancha de aventura, la posibilidad de que aparezcan integrándola,
aquellos que tienen otros objetivos. Hemos leído que algunos
capitalistas la han realizado. Creo que a este burgués no se le
puede presentar como su hacedor, director o impulsador. Puede
ayudar con recursos, para rescatar unos terrenos que tienen títulos
débiles o para impedir que se aplique la tesis de que la tierra es
de quien la trabaja. Buscan impulsarla para que les abran caminos,
descuajen montañas, localicen aguas, para ellos beneficiarse. Al
colono lo despojan mediante la estrategia judicial, o la compra a
menos precio, o el asedio de autoridades complacientes. Aquél es un
personaje extraño a su verdadero fin social, a su alcance
comunitario, y que aún no tiene ubicado históricamente su papel.
Como participante en negocios, su actividad es ajena a ese fenómeno
del manejo de la tierra. Es un capitalista. Su interés es otro,
unido a la especulación.
Lo primero que hay que recalcar es que la colonización de Antioquia
sobre lo que vino a ser el Gran Caldas 106, fue un acto comunitario de gentes
pobres. Por ello es tan hermosa su epopeya, pues tienen que pelear
contra los que levantan las escrituras contra el hacha
descuajadora; contra los levitas que, a veces, se plegaban a los
poderosos; contra los inspectores, alcaldes y jueces, escogidos
minuciosamente, que se aliaban con aquéllos, a través de sus
ligazones políticas. Por ello, su combate es heroico. No sólo por
enfrentarse a una selva intrincada y llena de peligros, sino por
lograr imponerse contra alimañas humanas 107.
La causa primordial para vincularse a un proceso de colonización es
siempre, invariablemente, la pobreza, como lo hemos dicho 108. El verse
despojado de otra posibilidad de reivindicación. O para ocultar un
rótulo político cuando crece el asedio del gobierno. También opera
la intimidación religiosa. O para esconder un mal pasado judicial.
Lo que prevalece, entre ellos, es el sentido comunitario; su
capacidad de unidad.
Someto con respeto la necesidad de hacer una clasificación de quién
hace la colonización. Estoy convencido de que no son los
capitalistas. Ellos están ejecutando una inversión que conducirá a
un tráfico económico posterior. Pueden facilitar crédito,
herramientas, protección política, transportar al campesino, etc.
etc. Es una empresa económica ejercida sobre la tierra. Pero no es
la colonización. Ello se puede llamar apertura de nuevas tierras,
ensanchamiento de la frontera agrícola, desplazamiento de los
límites de los cultivos hacia otras regiones que el capitalista
trata de valorizar; puede ser una manera de sanear los títulos - ya
vimos cómo fundaban pueblos para aparecer muníficos-, pues, al
donar, mejoran la "prueba" de pertenencia, como
decimos los abogados. Como tampoco las compañías -pongo como
ejemplo la "González y Salazar y Cía" que estuvo
en el norte de Caldas impidiendo la colonización de los pobres, o
la "Burila', que realizó la misma tarea en el Quindío-
ayudan a ella. Al contrario, levantan todas las trabas para
despojar al verdadero colono. De suerte que cuando hay un propósito
económico tendiente a la futura especulación, no se da el sentido,
justo y exacto, de lo que es la colonización. Es otra cosa y así
debe juzgársele históricamente.
En Cartago, estos problemas se sienten con mucha fuerza de
tradición, pues ha sido centro de inmigrantes que vienen atisbando,
cómo crear su parcela para derrotar la pobreza. Ésa es la realidad.
Considero que para ir aproximándonos a la definición de qué es una
verdadera colonización, es indispensable que concurran varios
elementos. De éstos presento algunos: que sea realizada por gentes
del común, atadas por la urgencia económica, tratando de superar su
miseria y la de la familia. Que emprendan la tarea, con sentido
comunitario, que debe irse fortaleciendo en la defensa de sus
intereses contra capitalistas o compañías que exhiben títulos y que
reciben apoyo de los más disímiles factores de poder: el político,
el judicial, el policivo, el clerical, el de los medios que
controlan económicamente como bancos y cajas agrarias, etc. El
colono busca civilizar una parte de territorio que es del estado, o
del particular que lleva muchos años sin utilización económica. En
ambos casos, su trabajo le da derecho a la propiedad. El registro e
inscripción no es suficiente elemento para detener la demanda de
justicia social de los pobres. Con ese criterio nos hemos impuesto
la defensa de los sectores desvalidos al escribir, al legislar, al
pelear el sentido de la justicia de los que no tienen medios. La
colonización es un sistema de reivindicación social que el pobre,
con sus precarios elementos, acomete para defender el derecho de
vivir él y su grupo humano, contra todas las batallas que le libra
el estado reaccionario y el capitalista como su aliado
favorecido.
Antioqueños y caucanos.
Hay una trama histórica que me viene inquietando hace muchos años:
las disputas entre antioqueños y caucanos. Son viejas posiciones
humanas, políticas, sociales, religiosas, de negocios, de celos, de
amor -todo entrelazado-, que le ha dado a su lucha una temperatura
agresiva en muchas ocasiones. Así lo he ido comprobando. Veamos
algunos temas: lo político dio acentos humanos muy diferentes a
ambas regiones. En una, en el Cauca, predominaba una influencia
directa del radicalismo. En Antioquia, fuerzas reaccionarias, en
ataduras con el clero, crearon un clima de derecha, que no toleraba
sino la transigencia. Era un verdadero enfrentamiento doctrinario.
Aunque así no se expresarse en todas las oportunidades. Las guerras
-la de 1876- tuvieron un aire pendenciero en las dos comarcas. Los
negocios, la manera de afrontar éstos, la esclusividad de ellos,
ayudaron a marcar las diferencias. Alfred Hettner 109, quien nos visitó entre
1882 y 1884, anota que sin duda alguna prevalece la situación de
Manizales en inmediaciones de la frontera entre los estados de
Antioquia y Cauca, como factor favorecedor de la importancia
adquirida, ya que el comerciante antioqueño, promotor del
intercambio, por más complaciente que sea su actitud para con el
productor caucano, no se aviene a trasladar su negocio hacia otro
lado de la frontera, con perjuicio de sacrificar tanto la garantía
legal como las facilidades del servicio de pagos que le viene
brindando su tierra.... En consecuencia, toda la región comprendida
entre Cartago y Manizales forzosamente ha de abastecerse de
mercancías por intermedio de esta última.... El comercio de
Manizales está, al igual que el de Medellín, exclusivamente en
manos de antioqueños, formando así un contraste característico con
el movimiento comercial de las ciudades costeñas y de la Cordillera
Oriental, lo mismo que de Cali en el Valle del
Cauca...".
Aprovecho esta ocasión para lanzar una sugestión: alguien que se
dedique a la historia local -de la cual ya señalé su trascendencia
en los actuales estudios- podría reunir una serie de datos que nos
permita reconstruir cómo fueron esas beligerancias. Cómo
irrumpieron y si tuvieron manifestaciones hostiles generales; o si
fueron episodios particulares de persona a persona; o de boicoteo
económico; o de enfrentamientos callejeros en determinadas fechas
de jolgorios colectivos. Tomar lo general y lo particular y unirlo
sobre la base de que esas leyendas irán, armando parte de lo
esencial en el entendimiento entre nuestras comarcas.
Hay dos hechos históricos, referentes a Cartago, como son las
viejas relaciones con Arma y con Santa fe de Antioquia. La primera
se funda como una manera de desvertebrar el poderío caucano y la
segunda tiene mucho imperio durante muchos años. ¿Quedaron fuerzas
oscuras como sentimientos subconscientes para las futuras
confrontaciones? Es bueno que lo vayamos pensando y ordenando los
materiales. O simplemente descartar su influencia. La división de
los departamentos, cuando nacimos los caldenses a la vida civil,
¿qué pasiones, posiciones y durezas se batieron entre una y otra
región? Sus jefes políticos y cívicos, ¿qué afirmaciones
pronunciaron en esa hora del desmembramiento? Así podría predicarse
de posiciones en asuntos que nos hayan rozado. El historiador local
irá ordenando los materiales, clasificándolos, dándoles la
categoría que permita más tarde unirlos con otros más agudos y
reveladores. Es una sugerencia cordial.
Deben existir otros motivos que para mí siguen ocultos. Que no
logro aprisionar. Los mismos que me permito formular aquí, son
apenas aproximaciones. Pero es una trama que demanda exploración y
precisión, para saber por qué, aún hoy, en muchas ocasiones nos
saludan los caucanos con su sutil dejo, diciéndonos
"paisarrete".
| 98 |
JOAQUÍN ACOSTA: Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada, en el siglo décimo-sexto, París, Imprenta de Beau, en San Germán en Laye, 1848. |
| 99 |
GERMÁN ARCINIEGAS: Los Comuneros, Segunda edición, Bogotá, Editorial A. B. C., 1939. |
| 100 |
OTTO MORALES BENÍTEZ: Memorias del mestizaje, dos ediciones, Bogotá, Plaza & Janes, 1984. |
| 101 |
CARLOS ALBERTO MENDOZA: El mestizaje e Indoamérica: el
mensaje de Otto Morales Benítez, Segunda edición, Bogotá,
Separata de Hojas Universitarias, Universidad Central. 1989.
|
| 102 |
AUGUSTO LE MOYNE: Viajes y estancias en América del Sur. La Nueva Granada. Santiago de Cuba. Jamaica y el Istmo de Panamá, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Volumen 59, Bogotá, 1945. |
| 103 |
M. E. ANDRÉ: América equinocial (Colombia-Ecuador) Tomo III de 'América Pintoresca', Barcelona, Montaner y Simón, editores, 1884. Reproducción facsimilar de Carvajal S. A., Cali, Colombia, 1982. |
| 104 |
CARL AUGUST GOSSELMAN: Viaje por Colombia, 1825 y 1826, Bogotá, Colombia, Imprenta Banco de la República, 1981. |
| 105 |
GLADYS MELO P.: La colonización en el Valle del Cauca: la región económica de Buga, Fotocopia, Bogotá, Universidad de los Andes, Depto. de Antropología, 1988. |
| 106 |
OTTO MORALES BENÍTEZ: Testimonio de un pueblo, Segunda Edición, 1962. |
| 107 |
OTTO MORALES BENÍTEZ: Páginas sobre el Gran Caldas. |
| 108 |
OTTO MORALES BENÍTEZ: Cátedra caldense, Publicación del Banco Central Hipotecario, Carlos Valencia, 1984. |
| 109 |
ALFRED HETTNER: Viajes por los Andes colombianos (1882-1824), Bogotá, Colombia, Imprenta Banco de la República, 1946. |
