Cercanías a la microhistoria


BELÉN DE UMBRÍA: ANTES Y DESPUÉS DE SU FUNDACIÓN


Este libro.


El lector se encuentra con un libro en el cual pasan mil detalles relacionados con un pueblo encaramado en la montaña, en un brazo de la cordillera de los Andes, al lado occidental del Gran Caldas. Sus autores, Julián Gil Bolívar y Orlando Valencia Palacio, con apego filial, han recogido múltiples datos de los cuales van surgiendo su prehistoria, la fundación y su desarrollo hasta el presente. Nos entusiasma su pasión, porque ellos quieren aprisionar todo, sin que se les escape lo que va fijando la emoción, la propia, y la de quienes han participado en sus devociones.
Belén de Umbría pertenece a una región dinámica y conturbada, a la vez; en ella, se han sucedido contingencias de heroísmo; de callada plenitud cívica; de silenciosas y permanentes audacias culturales; de religiosas inclinaciones colectivas; de rendida solidaridad para los compañeros de lucha. Pero, de igual manera, han golpeado la violencia; el arrebato social; la beligerancia sin contención en las normas civilizadas. Lo digo con interés de comprensión, pues por allí está ubicado mi pueblo de nacimiento. Invariablemente, me ha preocupado esta mezcla de atributos que son tan espectaculares en la comarca. Necesitamos presentar un pasado, como lo hacen los autores, para ir develando datos para el investigador social; para quien trabaje las historias regionales o la microhistoria con anhelo de interpretación de las fuentes esenciales de nuestra realidad, relacionándolas con lo más singular de la historia nacional. El antropólogo tiene, entonces, material para un diagnóstico de cómo nos hemos integrado y las diferentes corrientes que van perfilando nuestro mestizaje. La historia de las mentalidades cuenta con amplios campos de exploración. Ojalá volúmenes como éste, nos vayan acercando a juicios comprensivos de nuestro abigarrado mundo.


Los orígenes.


En un libro 121 que publiqué hace algunos años, me querellaba de que se intentara escribir sobre el Gran Caldas sin mencionar la prehistoria. Que padeciéramos la merma cultural de no conocerla y que los asomos a ella fueran tan modestos o, simplemente, se desconociera. Es inexplicable que, teniendo varias manifestaciones de las culturas indígenas, entre éstas una de las mas características -la Quimbaya-no existiera un libro que la examinara en su dimensión e irradiación, pero debo celebrar que, en los últimos escritos que leo, aparecen referencias, aproximaciones, exploraciones sobre esas apasionantes materias. Está bien, porque nos estamos sumergiendo en parte primordial de lo característico de nuestro ser colectivo. Es ir penetrando en lo que nos da identidad. Y comenzar a levantar con orgullo nuestro pasado, en lo racial y en lo colectivo.
En este volumen mencionan a los indígenas que vivieron en esa provincia e del occidente: los Umbras, los Andicas, los Chápatas y los Guarnes. Son muchas más tribus, pero ellos sitúan las que tenían más arraigo al territorio de lo que, posteriormente, vino a ser el municipio de Belén. Van dejando otras preocupaciones al lector: cómo se formó el resguardo de Tachiguí o Tachiguá. Cómo el dios principal, el que dictaminaba, era Xixarama (demonio), que gobernaba y ordenaba sus almas. Cómo entre esos indios se produjeron rebeliones; cómo contribuyeron a la cerámica.
Alguien podría decir que son datos sin mayor alcance, de simple perspectiva localista. Anda bien despistado ese crítico. Porque quien profundice, encontrará, que son de capital trascendencia para llegar a integrarse a la historia colombiana. Intentemos clasificarlos en relación con ésta:
1. Hace falta, a nivel nacional, un libro comprensivo de lo que fue nuestro pasado indígena: la totalidad de sus grupos, sus culturas; sus dioses; sus economías; sus ataduras o sus diferencias;
2. Qué fueron los resguardos indígenas; cómo se formaron; su significado para los nativos, para la conservación de sus tierras, de su potencial racial y de sus valores culturales. Cómo evolucionaron, y su desesperación. En ésta, qué factores influyeron, como, por ejemplo, las providencias legales, para lo cual hay que establecer cómo se produjeron y qué auspició su promulgación: intereses económicos de acaparamiento de la tierra; despoblamiento por emigración o por lenta languidez demográfica. Es otro estudio "macro' que interesa y se relaciona con todo el país;
3. Se habla aquí de las insubordinaciones. Pues bien: es materia nacional y eminente, porque abarca desde la Conquista y la Colonia hasta los días a que se refieren estos capítulos. Los indígenas mantuvieron una actitud beligerante, que no se ha contado ni exaltado suficientemente. El fenómeno fue continental. Es un aparte no sólo para preocupación regional, sino nacional y, finalmente, indoamericana. En estas proximidades a los quinientos años del "Encuentro de dos mundos", es una investigación que abriría perspectivas insospechadas para indicar cómo hubo un rechazo permanente al imperio español.
En estas anotaciones, destacamos lo que van consagrando los textos que aparentemente sólo atribuyen categoría a lo local.


La localización.


Al Gran Caldas, lo particulariza, históricamente, la "colonización". Ella se cumple en varias etapas y con modalidades peculiares cada una. Con una constante: es un ímpetu de las gentes pobres por alcanzar seguridad económica; es el común el que se desplaza, el que camina desde Antioquia con sentido individual para imponer sus objetivos. Pero su vocación es comunitaria. El carácter de la colonización se lo dan esas familias paupérrimas, que se atan con otras, igualmente limitadas en sus medios.
Este libro revela datos de cómo por esas laderas se reunieron seres singulares y se entrechocaban tas fuerzas de dos estados que se repetían: caucanos - de donde era la ubicación de los terrenos - y antioqueños. Tenía significación -poco estudiada- la proximidad del Chocó, que ejercía influencia y mantuvo relaciones de tipo político con la provincia para cumplir fines de defensa administrativa. Es otra materia local, pero interrelacionada con la evolución de la formación de la nacionalidad. Cómo sería de grato establecer, en el futuro, que los investigadores del Gran Caldas se acercaran a este aspecto con apasionamiento y claridad. El indígena juega un papel capital que no puede desdeñarse. Gil Bolívar y Valencia Palacio recuerdan que muchos colonizadores venían huyendo por política. Las guerras civiles -y la de 1876 desató grandes persecuciones en contra de los radicales liberales de Antioquia- que son otro tema regional, pero que se unen a la gran historia de la patria. Insistimos en que, aun cuando se enumeren asuntos locales, ellos, en el porvenir, serán explorados con nuevos criterios y ayudarán a explicar la unidad nacional. Otros de esos colonos, tenían negocios pendientes con la justicia. ¿De ellos arrancará la capacidad de dependencia que, a veces, ha predominado en la comarca? ¿Cuándo se intentará, entonces, estudiar el tipo humano de Colombia en relación con esas inmigraciones locales, pero que le dan carácter al país y que se repiten por todas las localidades? Y donde luego, arribaba el aventurero que, con el tiempo, a veces terminaba, en función familiar, señalando directrices para alcanzar el título de patricio.
No hay que desconocer que la colonización en el Gran Caldas 122 es consecuencia del cambio de la política acerca del derecho a la tierra que impuso el radicalismo liberal y que es otro expediente regional, pero de incidencia general en nuestra historia.


Lo monográfico.


De suerte que nos damos cuenta de cómo las monografías; la crónica de hechos; la historia menuda; la simple descripción de acontecimientos; la enumeración de fechas en relación a lo acaecido en la tierruca el registro de los periódicos que se han editado; el carácter de los personajes, tienen proyecciones que, generalmente, no valoramos. La tendencia es a desdeñar esa sucesión de datos, porque no se les descubre el hilo sutil y su ayuda para conformarnos como nación. Ello ha sido así, durante muchos años. Pero se ha desatado un audaz enfoque de la historia. Algunos lo sitúan en la escuela de los "Anales" de Francia. Otros, la confunden con el amplio espacio creado por las ciencias sociales o humanas, que tomaron lo particular para poder entender lo que cubría el espacio total de un país. Cuando la historia de las mentalidades primó en las investigaciones, los hombres de estudio se percataron de que por las localidades más humildes, estaba la materia primordial para entender la vocación de los países. Y fueron cayendo, en abandono, los prejuicios. Claro que persisten personas que no han asimilado el valor de estos procedimientos históricos, básicamente por falta de información, pues sus planteamientos son recientes. Algunos provincianos, que tenemos raíces bien asentadas en nuestros pueblos, venimos advirtiendo su densidad y proyección hace varios años. Este libro en torno de Belén tiene esa importancia.
Tratar de soslayarla, es ambicionar ocultar el avance de una ciencia social que nos ampara sin discriminaciones.
Nos hallamos, pues, con la penetración e irradiación de las historias regionales. Cada día, ellas tendrán más valor al escribir la de la patria. Así se conquista otra finalidad de mayores incidencias, como es la de ir amalgamando más la personalidad y la unidad nacionales. Para formar aquéllas, se van fijando las identificaciones de comarca a comarca - a veces están sumergidas, subterráneas en un pueblo- que ata más la vocación común. Se va probando que lo que parece separarnos, es porque no lo hemos mirado con perspectivas en el juicio general. O porque, como es materia regional, no le damos su proyección universal en lo que nos integra con el carácter de patria. Son simples resabios mentales que hay que vencer.
Pero hay otro aspecto aún más primordial. Esa suma de historias regionales -o de simples monografías o relatos sin interpretación aún- van señalándonos la seguridad de que sí hacemos parte del acontecer que le dio fisonomía al país: o de lo heroico, o de lo político, o de lo económico, o de lo de alcance familiar, o lo del honor, o lo de la cultura, o lo de lo científico, o lo de la organización comunitaria. Ha prevalecido una historia en la cual sólo cuentan los acontecimientos o personajes centrales. De esa manera se ha ido despojando a las provincias de su participación en esos mismos acaeceres. La microhistoria, precisamente, lo que busca es que no haya ninguna localidad ausente de cómo se conformó la nacionalidad. Es la mejor manera de integrarse. Buscando el hilo conductor de cada acontecimiento hasta llegar a la fuente local: el vecino que combatió en la guerra; la actitud de la comarca en la protesta general; el apoyo a ciertas doctrinas políticas que predominaron; las razones para tener ciertas actitudes religiosas, como, verbigracia, cuando el cura impedía los matrimonios de los liberales o no les recibía la donación de la imagen de una Virgen - en este libro se cuentan ambos casos, y esas sectarias actitudes, engendraron ciertas relaciones colectivas -; o cómo se formó su economía: cultivos, créditos, monopolios locales, caminos etc. Todo ello, en relación con la macroeconomía. Con las microhistorias, la que gana es la integración nacional. Este libro de Gil Bolívar y Valencia Palacio no tiene la ambición de ser una historia regional o microhistoria, pues no fue su propósito. Pero reúne los elementos para ir hacia esa acertada e insoslayable dirección. Que será la conducta de los investigadores del futuro. Así se escribe con la seguridad de estar descubriendo el pasado y el futuro de la nación.


Los temas de estas páginas.


Gil Bolívar y Valencia Palacio, han hecho un esfuerzo por ordenar las materias relacionadas con Belén. Hay que destacar el viático que les prestaron las Memorias de don Eliseo Bolívar Velázquez, quien fue anotando, lentamente, lo que sucedía desde los días iniciales de la aldea; el repaso de las noticias de los conquistadores Jorge Robledo, Juan Badillo o las de Fray Pedro Simón. Así avanzan hasta los orígenes en Arenales y, finalmente, la fundación en 1890, capitaneados, varios otros varones de valiosos caracteres humanos, por don Antonio María Hoyos Gómez. No descuidan las reseñas de las guerras de 1885 y de los Mil Días. Sitio prominente le dan a la ordenanza 27, de 21 de abril de 1911, por la cual se crea, oficialmente, el municipio.
Este volumen está enriquecido por las estampas de los arrieros y las narraciones sobre el cultivo del café. Rememora, con minuciosidad, lo que primero sucedió y quiénes fueron los que impulsaron cada hecho. Pasan las leyendas; se recrea la figura de los borrachitos; se cuentan las anécdotas y los matrimonios; se menciona a los "ayudados", quienes tienen el amparo de una fuerza superior. La fauna y la flora -parte de ellas extinguidas- se resaltan: es un regalo para los ecólogos. Relucen los relatos de los cazadores, donde la imaginación no se detiene en ningún cerco de prudencia. La inmediación al Chocó se aprovecha para situar fenómenos comarcanos. Los yerbateros se mencionan porque sus pericias tuvieron incidencias en la salud. A los "guapos" se les consagra. Se describen los entierros.


La violencia.


A la violencia le dedican un capítulo. Conocí esa tragedia de cerca, pues ejercía jefatura política en el Gran Caldas. Creo que, para una nueva edición, deben ampliar con mejores datos los padecimientos de esa región. Los autores reconstruyen varios acontecimientos y cuentan los crueles sistemas: "el corte de franela" la "aplanchada", la violación de madres, esposas, hijas y novias. La acción de los "pájaros", fauna que nació en Caldas; la de la policía sin límites en la crueldad; el aprovechamiento económico para apoderarse de tierras y negocios, intimidando, boleteando, acosando con asaltos. El arriscado y comprometido varón de la clerecía que gritaba, desde el púlpito, que liberalismo era igual que ateísmo, comunismo y que era "mejor ser asesino que liberal". Con esa frase incitaba a los conservadores para que se sumaran a las "guerrillas de paz" para arrasar con la mayoría liberal en el país, pues ese fue el propósito de esa violencia que nace en el año de 1946. Con las otras prédicas, los levitas desterraron a los campesinos liberales de sus creencias, haciendo grave daño al catolicismo nacional. De ese rompimiento no se ha repuesto. Pero es bueno aprovechar para comprometer a nuestros escritores e investigadores para que trabajen con ahínco y de inmediato en este propósito, que es primordial en la historia de Colombia. Se debe apelar a las "historias orales", que es otra técnica contemporánea que salvará del silencio una época estremecida de terror. Todavía hay mucho testigo para aprovechar. Lo del Gran Caldas tuvo caracteres muy crueles. Sus desarrollos son de la mayor criminalidad, y tuvieron amparo y dirección de gentes que se juzgaban cultas en la escala social. Esa microhistoria salvará parte de lo que es la gran historia social del odio político en Colombia, ejercido desde el gobierno.
El libro, igualmente, se detiene en lo cultural, en sus poetas y escritores; en el Museo de Arqueología que es motivo de orgullo; en indicar el número de períodos; en mostrar el avance de su economía: las primeras semillas de los productos locales y su evolución; cómo el café es posterior a la colonización y ésta no se hace con aquél. A pesar de los archivos incompletos, algunos quemados, fueron armando partes básicas con entrevistas.
Sólo nos queda insistir en que tenemos obligación de salvar la historia del Gran Caldas. Nos falta mucho por rescatar. Lo que he llamado "la generación de identidades", en nuestros tres departamentos, ha abierto el camino para pensar, con detenimiento, nuestro destino: el que viene del pasado y el que se proyecta. La vocación por el pretérito, renace en cada nuevo grupo que irrumpe. Éste avanza con desconocidas técnicas para la reinterpretación de los hechos, hasta que se conforme la gran microhistoria. Será cuando el Gran Caldas, llegará a ser parte, en la escritura, de la magna historia de Colombia, ocupando el sitio que le corresponde.

Bogotá, Barrio "El Refugio", 1990.

121
Cátedra caldense, Bogotá, 1984.
122
Páginas sobre el Gran Caldas, Libro Inédito de Otto Morales Benítez, próximo a su publicación.
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