"Sin querer agotar la nómina de los colaboradores a los
cuales CRITICA debe su actual prestigio, séanos permitido aquí
rendir especial tributo a unos cuantos de ellos: al maestro Adolfo
Samper, quien ha sabido interpretar tan sagaz, tan viril, tan
penetrantemente las entrañas de nuestra política para hacer sobre
ellas exacto diagnóstico"5, escribió Zalamea. Y no se trataba sólo de
alabanzas entre copartidarios sino del merecido reconocimiento a un
dibujante que como pocos en el país dominó el arte de la síntesis y
alimentó los conceptos con la mitología popular: en las caricaturas
de CRITICA el partido conservador está siempre representado en la
figura de un cerdo. La explicación es más inocente y más divertida
de lo que pueda suponerse ahora: en los años 50 no había liberal
que no quisiera comerse un cuchuco con espinazo de conservador. (Un
liberal muy bogotano, por lo demás).
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En la edad de piedra
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CRITICA no sobrevivió a la censura. Los ataques violentos contra el
gobierno y la figura del presidente Mariano Ospina Pérez ocuparon
cada vez más a los censores y menos a Samper. Como lo explicara él
mismo años más tarde en una entrevista hecha por la revista
SEMANA:
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Tango triste
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(Arriba) Eduardo Zalamea Borda, León
de Greiff, José Mar y Alberto Lleras Camargo
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Ambicioso
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La caricatura política ha muerto en manos de la censura, y las
gentes no se han acostumbrado a prescindir de ella. Para el
caricaturista, el camino forzoso, por lo menos en Colombia, es el
de los temas de intención social, pero existe el obstáculo de la
falta del sentido del humor que padecemos. Somos demasiado
trascendentales. Y es natural. El individuo ignorante es triste. El
humorismo florece únicamente en medios superiores. Aquí hoy más
malevolencia que humor"6.





