LOS MONOS DEL SUPLEMENTO


No había en aquel tiempo galerías paro exhibir y vender pintura. Nada de mercado de arte, ni precios fabulosos. A veces un banco encargaba al maestro Cano el retrato de un gerente, o una iglesia El Cristo del Perdón. Por las revistas se sabía, y aún por algunos libros, de las revoluciones del arte en París, y los muchachos de la Escuela de Bellas Artes ponían todas sus esperanzas en una beca en Madrid. Se sabía más de Velásquez y Ribera que de Monet y los impresionistas. Los estudiantes que habían regresado de París daban cuento de novedades increíbles. En Mont Martre unos españoles bohemios habían descubierto a un pintor que nadie conocía en España: El Greco. Después de tres siglos de olvido hizo su aparición literaria en unas buhardillas vecinas al Moulin Rouge. Santamaría, alucinado, se quedó en parís, estupefacto por Monet, Cézanne, Sisley o Pisarro... Empezaban las primeras noticias de Picasso, de Braque, del cubismo... En Bogotá, la posibilidad era ilustrar suplementos de periódico. El Tiempo. Paro caricaturas, la edición de todos los días...

El periódico fue -y es- escuela de primer orden, lo mismo para la literatura que para el dibujo. Todo tenía que hacerse de prisa. Hoy cae el gabinete y mañana hay que sacar la caricatura. Hacer editoriales veloces, dibujando, era más importante que escribirlos. Rendón tumbó al partido conservador... Laus Deo... lo mismo poro el Suplemento. Aquí está el cuento: las ilustraciones paro el jueves (y el dibujante recibía el cuento el lunes). Creo que todos empezaron así, y así continuaron hasta no hace mucho. Entonces era lo normal. Ilustradores para "Lecturas Dominicales" de E! Tiempo: Alberto Arango, Sergio Trujillo, Jorge Franklin, Gonzalo Ariza, Ignacio Gómez Jaramillo, Martínez Delgado alcanzaron a pasar del papel periódico a los murales, al óleo... Alberto Arango quedó en el proyecto de sus sueños, cuando tranquilamente iba en su caballo, camino de Ibagué. Trujillo y Ariza fueron nombres que quiso borrar Marta Traba, un poco ignorante de lo que habían sido, un poco por reacción contra un arte que ella no gustaba...

Franklin tenía un extraño genio matemático. En la caricaturo cubista era genial. Han quedado sus cabezas de planos geométricos. Si pudieran recogerse en un volumen sorprenderían hoy. Pero era un dibujante de los mejores y tuvo la ambición de ir a España, a la Academia de San Fernando. Lo logró, y llegó en el momento en que estallaba la guerra civil. Allá se ganaba la vida haciendo caricaturas para los periódicos y revistas. Estaba en Barcelona cuando sobrevino la invasión de Franco: fue encarcelado por caricaturista. Ignoro cómo se supo en lo Embajada de Colombia que había caído nuestro compañero de El Tiempo y de Universidad. Se hicieron apresuradas gestiones, se le pudo sacar de la cárcel ... y de España. Cuando regresó, lo obligué o que relatora este episodio de su vida. Hizo una estupenda confesión para la Revista de América. Poco después desapareció, o al menos lo perdí de vista por años. No hace mucho vine a saber de él en Miami, donde vive y dibuja. Con éxito.

Quienes siguieron en Bogotá fueron de suerte varia ... Ariza tuvo lo extraña idea de escapar al Japón. Estudiando con Fujita, en Tokyo, se apoderó de técnicas que los mismos europeos que han ido al Asia no han captado tan a fondo. Se hizo maestro en el gris perla de los páramos y revolucionó el tratamiento de los paisajes. Estudiaba con sistemas singulares.
 



Recuerdo que muy temprano me encontraba con él, que bajaba por los cerros de Usaquén. Había salido en la madrugada para estudiar la luz de los amaneceres paramunos. Una vez sacó del bolsillo un puñado de tierra con una planta diminuta y me dijo: -Mira, la orquídea más pequeña del mundo... En hojas de papel de arroz traía apuntes y apuntes del paisaje hechos a pluma ... Llegaba a su casa, los desarrollaba en colores sobre tela, y surgían esos árboles entre nieblas que pueden considerarse como una de las influencias más afortunadas del arte japonés en la pintura de América y Europa. Lo que hay en Ariza de oriental, se encuentra de occidental en Sergio Trujillo.

Gómez Jaramillo pasó de ilustrador de periódicos, libros y revistas a pintar en palacios grandes creaciones de vieja tradición universal. Quien haya tenido la suerte de conocer Toi et moi de Geraldy, en el original de Sergio Trujillo, no publicado, podrá tener uno idea de hasta dónde ha llegado en su refinamiento de un arte que parece solo decorativo, pero que no tiene nada de superficial.
 



De Ariza, de Trujillo, de Franklin, podrían hacerse estudios que devolvieran a la historia del arte colombiano las horas perdidas que no pueden saber quienes no tuvieron la oportunidad de estar presentes en la época de Alberto Arango. Hay que conocer lo que de luchas, batallas y anticipos hubo en esas vidas, para llegar a entender las bellas artes de hoy. Alberto Arango es en este caso símbolo de lo desconocido de aquel entonces. De lo que en su caso pasó a las sombras del olvido como si los disparos que le dieron para robarse el oro hubieran llegado a paralizar la memoria del arte colombiano.

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