Fundación de la Escuela de Bellas Artes de Manizales


Su origen se encuentra en las semillas de rebeldía sembradas en Arango y en José Manuel Cardona por Gonzalo Quintero, contra la mentalidad de taller propia de los llamados imagineros, es decir, de los escultores de imágenes de madera, y de los ebanistas y talladores formados en el taller de Gabriel Orrego, a su vez, ebanista y tallador de gran renombre. Este trabajo artesanal se había convertido, desde finales del siglo pasado, en una tradición muy arraigada en Manizales y ella, sin duda, debió inspirar a Arango la idea, que aparecerá nuevamente cuando se encuentre radicado en Bogotá, de diseñar muebles en una ebanistería propia. Sin embargo, los pretendidos aires de renovación traídos de París por Quintero, quien había seguido estudios de escultura en la Academia Julien, hallan eco tanto en Arango como en Cardona. Su rebelión contra los artesanos se consolida con la fundación, el 11 de noviembre de 1931, de la Escuela de Bellas Artes de Manizales. Sus tres fundadores: Arango, Cardona y Quintero consiguen una subvención de la Sociedad de Mejoras Públicas y del municipio para su funcionamiento. Los primeros cursos se dictan a ciento cincuenta alumnos. En ellos se siguen las directrices de imitar la naturaleza, prescritas por las Academias Julien de París y la madrileña de San Fernando, siendo Alberto Arango Uribe su primer director.

Expresiones muy dicientes de las concepciones sobre arte de los tres fundadores de la Escuela, son las siguientes palabras dirigidas a sus alumnos por el director Arango: "Pintura es todo. No es necesario disponer ni arreglar nada para pintar o dibujar cosas BELLAS. Hagan eso, lo que ande suelto, disperso y desordenado sin obligar a las cosas vivas o muertas a ser como ustedes quieran o puedan representarlas"10. No obstante el Arango de algunas acuarelas y de muchos óleos, el de las ilustraciones y el de las caricaturas, lejos está de imitar la naturaleza y aún más, de las recomendaciones dadas a sus discípulos.

La contradicción existente entre sus lecciones, y los resultados pictóricos y de línea percibidos en su obra, son aparentes y fáciles de solucionar si se recuerda la noción popperiana de "EXPECTATIVA". Por su carácter inconsciente, ello puede aflorar contra la voluntad del pintor y del dibujante, más cuando éste no tiene plena conciencia, como es el caso de Arango, de su dominio de la línea, debido, tal vez, a una excesiva pero no falsa modestia. La falta de firma y de fecha en la mayoría de sus obras es un índice de esto. También lo es el juicio emitido, ya desde Bogotá, sobre las caricaturas de un discípulo suyo: "Estupendo el mono de Acebedo a quien naturalmente conozco y recuerdo con agrado porque es uno de los pocos que prometen algo eficaz en este género de la caricatura que tanta falta está haciendo"11. Opinión reveladora de la necesidad de comprender ese arte, y por extensión toda manifestación artística, con ideas completamente diferentes a las señaladas por las Academias Julien y San Fernando. Porque cuando Arango utiliza el término "eficaz" está, sin duda, pensando en la denuncia implícita en toda buena caricatura.

Al instituirse, pues, la Escuela de Bellas Artes, el horizonte de las nuevas tendencias europeas de la plástica se pierde por completo en esta ciudad de provincia como en el resto del país. Las corrientes artísticas del cubismo, del expresionismo, del fauvismo, del dadaísmo, y, posteriormente, del surrealismo, habían abandonado el academisismo desde principios de siglo, al apartarse de lo real. El arte era, no una copia de la naturaleza sino una interpretación, ya de lo real mismo, ya de los conflictos, no menos reales, del existente, ya del inconsciente como en el caso de los surrealistas. No existe, por lo tanto, una oposición entre el objetivo buscado por el científico y el perseguido por el artista, como comúnmente se cree. Tanto el uno como el otro trata de aprehender el mundo y en ambos opera la imaginación creadora, sometido, eso sí, a la crítica de la razón12. Los grandes logros de la ciencia son subsidiarios tanto de la facultad irracional como de la racional. Sin una gran imaginación, el hombre nunca habría alcanzado los avances tecnológicos de hoy. Incluso, los grandes sistemas filosóficos son una muestra reveladora de esa facultad creadora. Sin ella, un Spinoza, por ejemplo, nunca habría escrito su Etica, cuyo contenido y cuyo método expositivo de corte geométrico, nos llevan a concebirla como uno de los grandes monumentos de la racionalidad humana. Incluso Popper al valorarla creación artística, le reconoce, al lado de la investigación científica, un papel preponderante en el proceso de explicar el mundo13.

Extrañas a los anhelos de cambio del maestro Quintero eran estos concepciones sobre el arte. A pesar de esta insuficiencia, cuyas implicaciones incidieron en lo formación de los primeros estudiantes de la escuela, es preciso señalar como factor positivo de su fundación el surgimiento de un interés cada vez mayor por las distintas expresiones de las artes plásticas, así debo lamentarse su enfrentamiento con los imagineros y ebanistas, cuya desaparición obedeció a causas de origen ecológico y no a la oposición de los noveles pintores y escultores.
 

Documento sobre la fundación de la Escuela de Bellas Artes de Manizales en 1932.

 

10
Cit. por López Gómez, Adel. En art. cit. pág. 4.
11
Cit. por López Gómez, Adel. En art. cit. pág. 5. subrayado es nuestro.
12
Yo Leonardo da Vinci consideraba el arte como instrumento indispensable para aprehender la naturaleza. Así, como lo relata el mismo Leonardo, el descubrimiento del fenómeno de la contracción y de la dilatación de la pupila que obedece a la cantidad de luz recibida, lo observó primero al pintar y sólo ulteriormente le dio un tratamiento teorético. C. F. Cassirer, Ernst. Individuo y Cosmos en la filosofía del Renacimiento. Emecé Editores, S.A. Buenos Aires: 1951, pág. 200 y siguientes.
13
C. F. Magee. op. cit. pág. 93.
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