La vida en Bogotá


Al llegar a Bogotá, Arango, sin ser bohemio, se integro a la tertulia del café Windsor. Todos sus integrantes descollaban ya en el campo literario unos, y otros, en el político. Entre sus asistentes se recuerda a Jorge Zalamea Borda, Germán Arciniegas, Rafael Moya, Luis Vidales, Ciro Mendía, Luis Tejada, Germán Pardo García, Gabriel Turbay, Jorge Eliécer Gaitán, Alberto y Felipe Lleras Camargo, José Mar, León de Greiff, Octavio Amórtegui, Carlos y Juan Lozano y Lozano, José Umaña Bernal y los cinco leopardos. Todos ellos conformaban el grupo literario "Los Nuevos"21, nombre surgido de la revista "Los Nuevos", editada en 1925 por los hermanos Lleras Camargo, quienes contaban con la asesoría en el comité de redacción de Luis Vidales y Rafael Maya22. Sorprende el hecho de no encontrar el nombre de Alberto Arango Uribe ni en Gutiérrez Girardot ni en Germán Rubiano. Arango perteneció, se sabe por las entrevistos realizados con sus familiares y con algunos de sus amigos, a esa tertulia, así no la haya frecuentado en el segundo lustro de los años veinte. Asiduos del café Windsor fueron también Rendón y Ramón Barba. Arango llega a la tertulia meses después de la desaparición de Ricardo Rendón. Tanto el caricaturista como el escultor tendrán vera en la vida y el arte de Arango.

Al finalizar el primer semestre de 1935 se retiro de El Espectador, con el fin de aceptar la dirección de la Escuela de Bellas Artes de Colombia. Se planteaban en el Congreso los debates referentes a la Reforma Educativa que López Pumarejo quería introducir en la educación demasiado elitista de aquella época. Tanto el bachillerato como la universidad estaban vedados al obrero y a la mujer. De ahí la urgencia de las reformas preconizadas por el primer gobierno de López Pumarejo23. De acuerdo con las nuevas políticas educativas y con su amplia mentalidad liberal, Arango entra a organizar la Escuela de Bellas Artes. Abre, por primera vez en la historia de la educación colombiana, cursos de dibujo para obreros y para niños además de cursos libres para alumnos y alumnas no matriculados en la Escuela. Programa cursos de dibujo en algunas de las facultades de la Universidad Nacional y él mismo dirige las clases de dibujo anatómico en la Facultad de Medicina de la misma Universidad. Estos cambios en la estructura de la Escuela, los realizaba el maestro Arango con base, como ya lo dijimos, en la reforma educativa entendida no sólo como instrucción para acceder a la comprensión de las distintas manifestaciones artísticas, sino también como desarrollo de las "EXPECTATIVAS", si existieran, del mayor número de hombres y mujeres. Se trataba de democratizar la cultura, fundamento de la reforma propuesta por la república liberal. Pero esa democratización, es bueno insistir en ello, implicaba elevar el nivel del obrero y de la mujer. De ahí las transformaciones auspiciadas por el maestro Arango. Causa verdadera extrañeza que no se le haya reconocido nunca al maestro Arango su espíritu reformador cuando se encontraba al frente de la Escuela de Bellas Artes de Colombia. Y desconcierta más todavía el hecho de haber tenido que enfrentar el antagonismo del escultor español Ramón Barba, radicado en Colombia desde 1925.

Ramón Barba se opuso desde un principio al nombramiento del maestro Arango como director de la Escuela de Bellas Artes. Le reprochaba Barba al maestro Arango el no haber seguido cursos regulares de arte en una escuela colombiana ni en una academia extranjera. Y sistemáticamente discrepó de las modificaciones introducidas en el pénsum por Arango Uribe. Ramón Barba deseaba implantar, al decir del maestro Adel López Gómez24 un coloniaje artístico en la Escuela de Bellas Artes dependiente del "verismo" imperante en la Academia de San Fernando: sólo podrían recibir cursos en la Escuela quienes tuvieran aptitudes comprobadas para plasmar en el papel o en la tela el modelo natural. Esto significaba divergir de la democratización de la cultura. Así mismo disiente del proyecto de Arango de pasar la Escuela a la Biblioteca Nacional.
 



Desengañado por sus enfrentamientos con Barba, Arango renuncio en octubre de 1936, a la dirección de la Escuela e intenta de nuevo editar la revista de humor Sancho. Imprimir una revista de humor constituyó uno de sus más caros deseos. Ya en 1935 había logrado publicar, en unión de Rafael Arango Villegas y de Juan Uribe Cualla, cinco números. En uno de ellos, el único conservado, puede observarse cómo sus variados recursos técnicos le sirven para ilustrar el lado humorístico de un personaje o de una situación y para publicar en formo variada y plena de ingenio una revista, como bien lo anoto Fray Lejón25. Nadie como Arango, continúa Fray Lejón, poseía el tesón y la paciencia para publicar semanalmente una revista de humor. Ni Lápiz -seudónimo de Pepe Gómez- ni Rendón habrían podido acometer una empresa como la de Arango. Al primero se lo impedía su "devoción por Laureano" y al segundo, su bohemia26, así sus caricaturas fueran el resultado de ella. En ambos tentativas fracasó. En la una lo "devoró" la imprenta y en la otra, le faltó estudiar el personal o quien dirigía su publicación, como tan bellamente lo cuenta el columnista de El Tiempo tantas veces citado.

El naufragio económico de la revista y la decepción sufrida en la Escuela de Bellas Artes nublaron momentáneamente el risueño semblante de Arango. Poseía él, a pesar de sus corteses modales, fruto tal vez de uno excesiva timidez que le llevaba a odiar "la farándula social", una simpatía arrolladora solo comparable a su inmensa bondad y a su inconmensurable generosidad "hasta carecer -como lo expresa su amigo Arango Villegas- casi del concepto de propiedad"27. Un indicio de este desprendimiento de los bienes materiales fue su propósito, no llevado a la práctica, de reabrir la fábrica de muebles en serie con el fin de facilitar su adquisición a los obreros y a los campesinos28.

Frustrados todos sus planes y agobiado, como en su juventud manizaleña, por las preocupaciones económicas, resuelve renunciar a El Tiempo para irse, a finales de 1937, a explotar la mina de la Sonora, propiedad de Néstor Botero Salazar y de Alejandro Salazar. Creía el maestro Arango salir así de sus estrecheces, para dedicarse, sin las premuras propias de la cotidianidad del existir, a su gran pasión: la pintura. Cinco años permaneció en los socavones de la Sonora. Durante ese lapso realizó frecuentes viajes a Manizales y a Bogotá. En esta última, nunca olvidó visitar las redacciones de El Tiempo y de El Espectador. A sus antiguos compañeros de periódico mostraba, cuenta Emilia Pardo Umaña, pequeños trozos de roca blanca, con imperceptibles vetas de oro, y con una sonrisa decía: "Es esto lo que saco de la mina. Es como una idea. Difícil de hallar, mucho más difícil de extraer sin que se pierda, y destinada, sin embargo, a conmover a los hombres"29. Nunca pensó Arango Uribe en enriquecerse. Sólo deseaba el oro para adquirir seguridad para él y su familia, y tiempo para sus pinceles. Cuando obtuvo lo suficiente y se disponía a alejarse de la mina, dos balas asesinas segaron su vida en la noche del 16 de febrero de 1941. Extraño hado el de Alberto Arango Uribe. Tanto luchar en la vida para alcanzar un respiro en las diarias faenas implicadas por el existir, y cuando lo conquista, él, Alberto Arango Uribe, cuyo dulce y melancólico carácter sólo podía inspirar amistad y simpatía, excita sin saberlo la codicia de viles homicidas.

El maestro Arango, lo hemos visto, desempeñó a lo largo de su corta vida, los más "pedestres", para utilizar un término de su amigo Juan Lozano y Lozano, oficios. Sin embargo, no fue la inconstancia, como bien lo anota otro amigo, el maestro Adel López Gómez, un rasgo de su carácter. Era un hombre conocedor de lo que buscaba. Sabedor del sendero hacia donde debía orientar su existencia: deseaba hacer arte siguiendo la inspiración de su talento y el impulso de su imaginación creadora30.Cuán distinto hubiera sido su destino de pintor y dibujante si la barbarie no hubiera acabado con su vida.
 



 

21
C. F. Gutiérrez Girardot, Rafael. "La literatura colombiana en el siglo XX" en Manual de Historio Colombiana. T. III Instituto Colombiano de Cultura. Procultura S.A. Bogotá, 1984. pág.488.
22
C.F. Rubiano Caballero, Germán. Escultura Colombiana del siglo XX. Ediciones Fondo Cultural Cafetero. Bogotá, 1983. págs. 31-32.
23
C. F. Tirado Mejía, Alvaro. op. cit. págs. 91-92 y 419 y siguientes
24
Muchos de los aspectos en la vida del maestro Arango se conocieron por entrevistas a sus familiares y amigos; tal es el caso del enfrentamiento de Ramón Barba con el maestro Arango.
25
C. F. Fray Lejón. Art. cit. pág. 32. Para todo lo referente a la revista "Sancho" véase este artículo.
26
 Ibídem
27
Arango Villegas, Rafael. "Alberto Arango Uribe". Obras completas. Prólogo de Adel López Gómez. Dibujos de Alberto Arango Uribe. Ediciones Togilber. Medellín, 1971. pág. 737. Sobre el carácter del maestro Arango C.F. el artículo reproducido en Civismo y ya citado de Nieto Calderón, pág. 19 y los de Lozano y Lozano, Juan "El jardín de Cándido" pág. 19., Pardo Umaña, Emilia. "Alberto Arango Uribe" págs. 25 y 26.
28
C. F. Lozano y Lozano, Juan. Art. ya cit. pág. 19.
29
Cit. por Pardo Umaña, Emilia. en art. cit. pág. 25.
30
C.F. López Gómez, Adel. Art. cit. pág. 5.
Comentarios (0) | Comente | Comparta