El caricaturista y la caricatura


Al morir Rendón en octubre de 1931, los periódicos bogotanos se encontraron con la difícil tarea de encontrar un relator gráfica de los hechos socio-políticos y económicos del país. No propiamente de buscar, por imposible, un sucesor del genio Rendón. Se piensa en Longas. La perfección de su línea, según afirmaciones de Fray Lejón, le alejaban de las deformaciones grotescas y de los abusos de la fauna con que los caricaturistas de principio de siglo ridiculizaban a los hacedores de la política. Pero Longas, continúa Fray Lejón, fue un caricaturista "sin personalidad y sin valor"37. De repente una mañana de 1933, los lectores de El Espectador encuentran un nuevo caricaturista: Arango. Allí permanecerá hasta 1935. Vuelve a ocupar la primera página del periódico en 1937, pero ya en El Tiempo.

Para muchos Arango fue el sucesor de Rendón. En este sentido se pronuncian, al día siguiente del asesinato de Alberto Arango Uribe, el editorialista de El Liberal y Juan Lozano en su columna "El Jardín de Cándido". El editorialista de El Tiempo, sin considerarle el par de Rendón, le reconoce, no obstante, su dominio en el arte de la caricatura y, por lo tanto, su talento para "sintetizar" críticamente el conflicto de una situación a la vez que su capacidad para dirimir una controversia38. Por nuestra parte nos abstendremos de emitir un juicio de valor y simplemente afirmaremos que Rendón trascendió, con sus caricaturas, su propia época y, por el contrario, Alberto Arango Uribe apenas empieza a entrar en la historia de la caricatura. Mucha razón tenía Fray Lejón cuando se lamentaba de que "Ahora desgraciadamente a Arango Uribe, que tiene límites nacionales, quieren volverla a la parroquia y retornarlo a la casa.... Pero las trabas póstumas las salva el más moderno, alto y completo caricaturista del país"39. Hasta después de su muerte, fue avara la fortuna con Alberto Arango Uribe.

La lectura de los diversos artículos de los periodistas-escritores acerca de las caricaturas de Arango, suscita, en nosotros, reflexiones sobre las cualidades requeridas por un buen caricaturista político considerado en general: Dominio de la línea, talento para captar una situación de conflicto en un momento determinado, intencionalidad y agudeza crítica, valor civil y humor pero humor corrosivo. No constituye condición suficiente, ser buen dibujante y hábil retratista. Tampoco lo son las aptitudes para desfigurar, por ejemplo, un personaje, con el fin de volverle cómico y producir risa en quien contemplo el dibujo. La caricatura, la buena caricatura, no puede reducirse a representar cómicamente un hecho o a un personaje. De ahí la importancia de diferenciar entre lo cómico propio a ciertos dibujos y el humor inherente a la caricatura. Para lograr distinguirlos, tendremos en cuenta las disquisiciones de Bergson y Freud sobre el tema.


 



 

37
Fray Lejón Art. cit. pág. 37.
38
C.F. Las reproducciones en la revisto Civismo de los editoriales de El Tiempo, El Liberal y de la columna "El  Jardín de Cándido". Págs. 33-35 y 21 respectivamente.
39
Fray Lejón. Art. cit. pág. 39.
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