Antología
Selección de escritos
Tomados de: Papel Periódico Ilustrado
Maria Fernanda Urdaneta
Señor D. José T. Gaibrois.
E.L.C.
Bogotá, Mayo 29 de 1887.
Estimado amigo:
Con su habitual delicadeza me exige usted algunas lineas sobre el
señor D. ALBERTO URDANETA.
Paso á exponer, con viva pena, las razones que me asisten para denegarme á complacerlo.
El señor URDANETA ha conquistado títulos á la gratitud y á la admiración de sus conciudadanos, que no pueden tratarse brevemente.
A usted no se le oculta que al hablar de este personaje, habría que considerarlo:
lo. Como Protector de las bellas artes, lo cual me obligaría á dilatarme en una larga historia de generosos sacrificios;
2o. Como Restaurador del nombre y gloria de los padres del arte nacional. ¿Ha medidato usted detenidamente sobre el grado de abnegación, la intensidad de los sentimientos de justicia, gratitud, patriotismo y perseverancia que se ha de poseer en lo moral; y sobre todo, la perspicacia, competencia artística y prudente criterio, con que ha debido contar en su organización intelectual, el que ha logrado aquel título? ¿Y cree usted sinceramente que todo eso cabría en algunas líneas?
3o. Como FUNDADOR de la Escuela de Grabado, ¿Supone usted, señor Gaibrois, que un titulo que entraña una de las formas en que se revela el genio creador, y que implica, cuando el arte que se funda es en beneficio público, el de Benefactor, es asunto que se despacha en una página?
4o. Como fundador del PAPEL PERIÓDICO ILUSTRADO. Reflexione usted
sobre lo que habría que decir respecto de esta hermosa publicación,
considerados su patriótico objeto, el tino y discreción que se han
necesitado por parte de la dirección para conservar sus páginas
ilesas al través de las luchas de la prensa política, y el hecho de
abrir campo al propio tiempo, á una nueva y nobilísima industria
que responde á las aspiraciones de la juventud artística. ¡Cuánto
habría que discurrir sobre el servicio que aquellas páginas, y las
interesantes ilustraciones que las adornan, han prestado á la
Historia, la Biografía, la Literatura y la Ciencia! ¡Cuánto acerca
de la gratitud á que se han hecho acreedoras, por la honra que
confieren al país, haciendo conocer, más allá de sus fronteras, los
rasgos físicos y morales, la vida y obras de nuestros varones
ilustres! ¿Sería esto posible en unas pocas líneas?
5o. Como colector y cuidadoso depositario de documentos y testimonios para la historia.
Cree usted, señor Gaibrois, que esta preciosa é importante cualidad que, como la mayor parte de las que adornan al personaje de quien me ocupo, surgen de la benevolencia y de la gratitud, que no de la ambición; ofrece poca materia para el análisis? La relación de aquellos documentos, la descripción de las venerandas reliquias de los héroes que nos dieron patria; ó la de las obras salvadas del olvido, ya literarias, ya históricas, ya artísticas, de los que nos legaron artes, historia y literatura; ¿todo esto, repito, es, por acaso, asunto que se trata en cuatro renglones?
6o. Como patriota, artista y literato. Lo primero sería otra relación de generosos sacrificios, y lo segundo y tercero, un largo juicio crítico superior á mis fuerzas. ¿No es cierto, señor Gaibrois, que ni lo uno ni lo otro cabría en unas pocas lineas? He aquí, mi querido y respetado amigo, las poderosas razones por las cuales me he resuelto á no escribir una sola palabra sobre el señor D. ALBERTO URDANETA.
Quedo de usted
Su afectísimo servidor y amigo Q.B.S.M.,
Diego Fallón.
( Del Homenaje de Amistad).
ARTISTA-SOLDADO
Honor tradicional de la familia URDANETA, ha sido y es, desde los gloriosos tiempos de la Independencia, el noble servicio de las armas. Y entre los miembros de la generación actual, casi todos han tirado de la espada, así en Colombia, como en Venezuela, cada vez que su conciencia les ha señalado el deber de combatir y el camino del peligro.
Pero es particularmente grato que un colombiano como ALBERTO URDANETA, que parece haber nacido para merecer la más cordial simpatía, á más de ser un soldado caballeroso y decidido, sea un insigne filántropo y artista. Sirve á la Patria con la espada, según sus convicciones, y sirve á la Gloria con el pincel valientemente inspirado.
Pero su generoso corazón pelea con más gusto las batallas del
Arte que las de la Guerra; y como periodista, deja á otros las
tareas del pesimismo denigrante, y hace el oficio de glorificado de
todo lo que vale y tiene mérito. Su mayor encantamiento como
artista vulgarizador y periodista, es el de sacar á la luz de sol
lo que brilla entre sombras, pero se oculta con modestia, ó lo que
la injusticia de los hombres ó del tiempo parece condenar al
olvido.
Yo rindo público testimonio de mi afecto y estimación a Artista-soldado cuyo nombre honra las presentes líneas.
José M. Samper
Bogotá, Mayo 29 de 1887.
(Del Homenaje de Amistad á Alberto Urdaneta).
ALBERTO URDANETA
Tanto se ha escrito ya, y tanto bueno y merecido se ha dicho respecto de este malogrado compatriota, que dedicarle algunas líneas más, no significa otra cosa que un nuevo homenaje agregado á la hermosa corona que la amistad y la justicia han consagrado á la memoria del artista distinguido.
En muchos años quizá no se verá descollar en nuestro país otro colombiano de las condiciones que reunía ALBERTO URDANETA, en su calidad de artista, que es como vamos á considerarlo; pues aparte de las dotes especiales con que lo favoreció la naturaleza, tuvo la fortuna de contar con los recursos necesarios para dar pábulo á sus bellas inclinaciones, y buscar en las naciones más civilizadas del Antiguo Continente los variados elementos con que enriqueció su genio: allí aquilató su buen gusto; allí encontró ancho campo para desarrollar sus facultades, y allí concibió el ideal prominente á que aspiraba su alma generosa: al engrandecimiento de su patria, por medio del arte, y á la perfección del arte, para hacerlo digno de su patria.
A la realización de este noble ideal, contrajo ALBERTO los últimos años de vida que le concedió la Providencia, y sus más notables manifestaciones fueron la fundación del primer periódico ilustrado que se ha publicado en Colombia, para lo cual trajo de Europa un entendido grabador, que ha enseñado á muchos jóvenes, que hoy son profesores, y el establecimiento de la Escuela de Bellas Artes. Estas dos obras son la revelación de su fecunda iniciativa y de su laboriosa constancia: en ellas se ve la huella del pintor inteligente, del literato y del patriota. La primera de esas obras, comienza evocando las grandezas de la patria, á la cual está dedicada, y termina, como debe terminar, con la corona fúnebre que consagran á URDANETA sus amigos. La segunda empezó con la enseñanza científica y bien organizada en las diferentes secciones de que consta aquella Escuela, y acabó, para él, con la célebre Exposición inaugurada en Diciembre de 1886, en que todos vimos un grande esfuerzo de la voluntad perseverante, en el sentido de sacar á luz y poner de manifiesto los valiosos tesoros que guarda el arte en nuestra culta capital. Aquella Exposición, la primera en su género que ha habido en nuestro país, fué como el testamento artístico de ALBERTO, el último rasgo patriótico de su genio.
Si hay seres que parecen predestinados á llenar una misión especial, no hay duda que ALBERTO URDANETA tuvo la de implantar en su patria Escuelas de artes útiles, como el dibujo, la pintura y el grabado, y dejar una estela de buen gusto, y de amor á lo bello, que el tiempo no podrá borrar fácilmente. Si tal predestinación suele revelarse en el anagrama del nombre de la persona que juzgamos llamada á desempeñar aquella misión, como sucede con el de la célebre heroína-mártir de Guaduas, Policarpa Salabarrieta (yace por salvar la patria), y con el del ilustre Arzobispo de Bogotá, Manuel José Mosquera (alma que moró en Jesús), los que se han formado y publicado, no hace mucho, del nombre de nuestro sentido artista, confirman aquella opinión. Son estos:
DA TU NOMBRE AL ARTE.
(De Alberto M. Urdaneta).
ALUMBRE TODA ARTE.
Todos sabemos que el sér cuyo nombre originó tales anagramas, deja entre nosotros imperecedero recuerdo en el arte que profesó con tanto acierto, y que él con su rica fantasía y su buen gusto daba brillo y realce á cualquiera otra á que aplicara las privilegiadas dotes de su ingenio.
Ensayando otras combinaciones, resultan algunas tan significativas como éstas:
DA TU RENTA AL ORBE.
¿Quién que conoció á ALBERTO URDANETA, no sabe que él prodigaba sus recursos por donde quiera que encontraba objetos de arte que llamaran su atención, miserias que remediar ó alguna obra útil ó benéfica á que prestar su apoyo? Y si la renta de un artista es no sólo la material (que pocos tienen) sino la moral, que constituyen sus facultades, ¿quién más que ALBERTO obsequió siempre y en todas partes á cuantos solicitaban las bellas concepciones de su talento artístico? Esta generosa propensión de su carácter, esa tendencia á ser todo de sus amigos, que eran muchos, están mejor expresadas en este otro anagrama:
DA TU LABOR ENTERA.
Es decir, sin egoísmo, ni á medias, y con la perfección que era de esperarse de su concurso ilustrado.
Nadie ignora entre nosotros, cuán útil ha sido al país el grupo de artistas que elevó con su enseñanza y con su ejemplo el eminente pintor mexicano D. Felipe S. Gutiérrez. Estimulado, sin duda, con este generoso cuanto trascendental impulso, URDANETA comenzó á formar en la Escuela de Dibujo que fundó en el Colegio de San Bartolomé, con la eficaz iniciativa de su Rector, doctor Antonio Vargas Vega, lo que puede llamarse la nueva generación de artistas colombianos, que fué creciendo y perfeccionándose, hasta hallarse suficientemente preparada para constituír con todas sus ramificaciones, el Instituto de Bellas Artes, que hoy hace honor al país, generación de la cual han surgido ya jóvenes muy notables, que se sirven de los trabajos de su pincel ó de su lápiz. De acuerdo con tan laudable éxito, se halla el siguiente anagrama:
DA LABOR EN TU ARTE.
Y efectivamente, con la enseñanza de su arte, URDANETA, ha dado trabajo provechoso á muchos de sus compatriotas, que llevan cada día á sus familias el pan adquirido con tan noble labor.
Si el célebre pintor bogotano, Gregorio Vásquez Arce y Ceballos, "la figura histórica que con más nitidez y esplendor se destaca en el arte histórico del país,"1 cuyas obras y fama han contribuido á poner. tan alto en esta época el culto que URDANETA manifestó siempre por la memoria de aquel insigne compatriota, despertara en medio de los laureles de su gloria, y al con templar la gran labor de la Exposición, llevada á cabo por su constante admirador, y ese fecundo taller de la industria colombiana, que se llama "Escuela de Bellas Artes," que hoy se ve honrado en su portada con el busto en relieve del memorable pintor (trabajo del distinguido escultor italiano César Sighinolfi), si despertara, decimos, de ese sueño en que no cabe el olvido, y preguntara - ¿a quién se debe todo esto?- los hijos de esa Escuela podrían contestarle, en homenaje á la verdad, con este otro anagrama de su ilustre fundador:
AL BARDO EN TU ARTE,
Es decir, al que iluminó todas sus obras con la excelsa poesía del noble arte de Rafael y Miguel Angel, al que supo ilustrar con diestro pincel las brillantes inspiraciones del poeta.
Para honra del país, y como tributo merecido á la memoria de ALBERTO URDANETA, la casa que éste habitó por varios años, con los objetos que contiene, valiosísimos para el arte y para la historia patria, y que él arregló en su última época, con aquella maestría, con aquel buen gusto que le era peculiar, formando de cada departamento un grupo, que sólo él sabía analizar, debería conservarse como está, sin profanar, digamos así, aquel depósito tan caro para el arte y para la gloria nacional, en el cual hay obras de gran mérito, apenas empezadas, como el cuadro que representa el heróico sacrificio de Ricaurte, que ningún otro artista debe concluir. En este precioso recinto, llamado á ser descrito en sus detalles por los amigos de ALBERTO que sean competentes para hacerlo, no quisiéramos ver agregado otro objeto que el busto que con cariñosa inspiración ha trabajado su digno amigo Sighinolfi. Tan valioso conjunto, -que debería llamarse "MUSEO URDANETA," -sería como la apoteosis del artista y también su mejor epitafio.
Ojalá que el señor D. 'José María Urdaneta, á quien acompañamos en su duelo, llevara á cabo este pensamiento, que juzgamos digno de su malogrado hijo.
Francisco García Rico.
Bogotá, Enero de 1888.
ALBERTO URDANETA
De muchos se ha dicho que eran ornato de la sociedad y ahijados de las Gracias. De nadie entre nosotros se dirá otro tanto con más literal exactitud que de ALBERTO URDANETA. El papel que, sobre bases literaria y científica, desempeñaba el gallardo Goethe en la corte de Weimar, de árbitro del gusto y jefe nato en la disposición artística de todo certamen social, vino á ser en Bogotá el mismo de ALBERTO, por su especialidad de artista elegante, cuya mano aparecía por todas partes; por la dominante influencia de su atractivo y simpatía en todos los círculos sociales, y por su benévola oficiosidad y su energía y actividad maravillosa. Era en este ramo, sin acepción de partidos, lo que en la política fué su íntimo y entusiasta amigo, el irreemplazable MANUEL BRICEÑO, compañero suyo de colegio, como lo ha recordado ya su digno maestro común, D. José Caicedo Rojas, estableciendo el mismo exactísimo paralelo. Émulos en patriotismo y compañeros también en credo político, ALBERTO no iba en zaga de MANUEL en decisión de opiniones y conducta, ni en valor personal; y aunque con menos campo ú ocasión que éste para la guerra, por sus aficiones y voluntarios compromisos en senderos de paz civilizadores, alcanzó á BRICEÑO en obtener el más alto grado de la milicia, y merecido y ejemplarmente desempeñado, á juicio de sus Jefes y camaradas. En él había espíritu y nervio para muchos hombres.
Sea por tradición ó índole, sea por influencia del clima ó por la condición arrinconada y poco accesible de nuestros centros andinos de población, para las actuales formas de tráfico y progreso material, el hecho es que aquí nos quejamos de no vivir, sino existir simplemente, cancelando ó rayando día por día el calendario, hasta que la muerte nos sorprende y ejecuta, como á deudores morosos, á cuatro pasos de la cuna. ALBERTO, al contrario, vivía viviendo todo lo posible, multiplicando la vida con la actividad no solo haciéndose en Bogotá un fantástico Paris con sus hábitos de fruición culta, sino desviviéndose en el cumplimiento de las más varias obligaciones, y, sobre todo, en el fomento de las Bellas Artes, que eran su pasión predominante, y cultivada á la par con la lección y con el ejemplo. Añádase á esto su omnipresencia en nuestra sociedad, su don de amigo íntimo de todos, su activa caridad, su eficaz patrocinio de desamparados, su obsequiosidad inagotable, su jovialidad perpetua, su espontaneidad infalible para cuanto servicio se le proponía; y así, advertiremos, que no sólo existió cuarenta y dos años, sino que en tan coito término compendió siglos de nuestra vida habitual, soñolienta, prosaica y descolorida.
Sentenciado de muchos años atrás, por una dolencia cardiaca, á morir prematuramente, dijéramos que se proponía no dejarse alcanzar por la muerte, sino más bien perseguirla y alelarla con el vértigo de la vida; y era por lo mismo objeto de tierno interés por parte de sus amigos, y especialmente de su fuerte y amorosisimo padre, centinela constante de su lecho en sus postraciones repetidas. Una legión en tomo constante llenaba su antesala de enfermo, desde el sacerdote hasta el artesano y el soldado. Nuestro ilustre Prelado lo encaminó para el viaje sin regreso.
Gracias á su galante amigo, D. José T. Gaibrois, tuvo ALBERTO, desde el 29 de Mayo del corriente año, la rara satisfacción de leer en vida lo que muchos preveíamos era á un tiempo su reseña biográfica y su adelantada necrología: el album impreso con el título de Homenaje de Amistad, que cerca de ciento cincuenta amigos, movidos y encabezados por Gaibrois, le presentámos en aquel día, su último cumpleaños. Allí su vida, su carácter y servicios, que la urgencia del tiempo no nos permite ahora repasar. Ese tributo, tan merecido por quien vivió agasajando á sus amigos, toma desde hoy trágico valor. La muerte ha vuelto la hoja: todos aquellos cariños son al presente amarguras; cada una de esas sonrisas un hilo de lágrimas. De reir á llorar, y de llorará ser llorado, hay tan corta distancia en esta fraudulenta vida, que sobró razón á los estoicos para suprimir y negar el dolor.
Mas hay una preciosa deuda que pagar al inolvidable ALBERTO. La actual Escuela de Bellas Artes de Colombia fué su último amor, y es su hija y el magnifico legado que deja á nuestra sociedad para su expansión y refinamiento civilizado. Encarezcámos unánimemente al Gobierno nacional que, lejos de desampararla hoy, supla con empeño y munificencia los cuidados de su fundador, que no alcanzó á disfrutar de las mejoras que en su local dispuso2. De acuerdo con él pasó su dirección á las muy competentes manos del señor Sighinolfi, dibujante anatómico como escultor veterano que es, versado como el que más en disciplina académica, y no menos cumplido por ello que por su notoria conciencia del deber y por el prestigio de su carácter y maneras. La vigorosa continuación de esta Escuela, resurrección á su vez de la fecunda planta que sembró aquí gratuitamente, en 1874, el generosísimo D. FELIPE S. GUTIÉRREZ: tales son las sustanciales honras que el pueblo espera del Gobierno colombiano á la grata memoria de ALBERTO URDANETA.
El carísimo recuerdo de SOFÍA ARBOLEDA, relámpago de belleza y gracia que encantó por tan breve tiempo los días de perfecta felicidad de ALBERTO es un acreedor más de este desahogo de amistad y dolor que le tributa el que lo escribe.
Bogotá, 29 de Noviembre de 1887.
Rafael Pombo.
(Editorial de El Orden).
SEÑOR J.T. GAIBROIS
Muy estimado amigo y señor:
Se ha propuesto usted formar un álbum ó colección de piezas escritas por amigos de ALBERTO URDANETA, para obsequiarlo en su próximo cumpleaños, y me ha dirigido una amable invitación á tomar parte en esa tarea.
Lo felicito á usted porque sabe ser amigo. Ninguno ama á los suyos más que yo; pero a mi no se me habría ocurrido una idea tan feliz como la suya, para festejar el natalicio de ALBERTO. Idea feliz, porque á ALBERTO ¿con qué se le puede obsequiar? Si con un cuadro, él diría, ó no lo diría, pero tendría razón para decir "Mejores los hago". Si otro objeto de arte, ó una buena antigualla, ó una arma de nueva invención, el regalo iría de seguro á hacer muy triste papel al lado de los preciosos cachivaches que tiene recogidos. Si se le dirigiera una poesía, probablemente sería inferior á las muchas que se le han dirigido. Pero el libro que usted proyecta enviarle es cosa nueva y será más estimada por ALBERTO que cualquier alhaja que se le regalase, porque para él, que esconde tanta sensibilidad y tantos afectos bajo su aparente insouciance, nada vale tanto como una prenda de amistad.
Idea feliz la de usted, porque, con su realización, á vuelta de agasajar á ALBERTO, ha franqueado un camino á muchos de sus amigos para que se den el gusto de agasajarlo también.
Pero al mismo tiempo que alabo la idea, tengo la pena de manifestar á usted que no me puedo aprovechar de ella, no obstante que ALBERTO ha sido para conmigo de los amigos más finos y cariñosos y que se ha mostrado mas condescendiente que nadie en los innumerables casos en que he tenido que ocurrir á su purisimo gusto de artista y á su infatigable actividad, para salir bien en empresas en que, como miembro de diversas asociaciones, me he metido, tales como conciertos y otros espectáculos con que se ha procurado allegar recursos para los pobres, y como funciones con que se ha tratado de solemnizar aniversarios.
Digo, pues, á usted, señor Gaibrois, que no puedo tomar parte en la obra que usted con tanto acierto y oportunidad ha proyectado, porque en estos días mil enojosas y prosaicas atenciones que me traen distraído y preocupado, me encapotan y enturbian el espíritu y me alejan de aquellas disposiciones en que apetecería encontrarme para escribir sobre ALBERTO como sobre él debe escribirse.
Si en tales disposiciones me hallase, con qué detenimiento y con qué placer repasaría yo todos los títulos con que ALBERTO se recomienda á la estimación, no sólo de los que tenemos la fortuna de tratarlo, sino de todos sus conciudadanos! Para hacer una reseña de sus estudios como pintor, traería á la vista las adorables travesuras en que, jugando con el lápiz y con el talento, se hacía admirar en los inolvidables Mosaicos, improvisando poesías dibujadas, yá sérias, yá festivas, mientras Vergara, Carrasquilla, Samper y Fallon improvisaban poesías escritas, y enumeraría en seguida sus cuadros hasta llegar á los más recientes.
Pintaría á ALBERTO como turista, andando por Europa con su album debajo del brazo, presentándoseles á los personajes de cuenta sin carta de introducción, para que se dejaran retratar, y haciéndose pagar su impertinencia con buenos autógrafos. Lo describiría luégo con arreos de campesino, practicando en la hacienda de Buenavista lo mucho que en Europa había aprendido en materia de agricultura y ganadería, y enseñando á hacer el queso de Camambert y no sé cuántos más quesos que aquí no habíamos olido ni siquiera sóspechado.
No pasaría en silencio que ALBERTO ha sido intrépido sostenedor de una causa política, llegando (como llegó en 1876) á padecer por ella persecuciones y encarcelamiento.
ALBERTO ha contribuido como muy pocos á la difusión del gusto por las Bellas Artes en Colombia; es el fundador y el alma del Instituto que él mismo está rigiendo al presente; ha introducido en Colombia el arte del grabado; y fundó y ha sostenido, á pesar de los trastornos políticos y de dificultades de todo linaje, ese monumento de las glorias nacionales, ese yá riquísimo archivo de nuestra historia, esa galería de retratos de la familia colombiana, que se llama el PAPEL PERIÓDICO ILUSTRADO.
Si sobre estos puntos pudiera yo decir algo, cómo me extendería para encomiar el carácter y la perseverancia de que ALBERTO ha hecho prueba al trabajar en sus nobles empresas! Aquí, en donde todos nos cansamos de todo; aquí, en donde la palabra imposible está, no sólo en todos los diccionarios, sino en todas las bocas y en el primer poste de todo camino que lleve á alguna cosa grande y útil; en donde hay inteligencia y valor y generosos sentimientos y todo, menos perseverancia, hay que admirar esta virtud con más veras que en los países en que abundan los caracteres enérgicos y constantes; y por consiguiente hay que admirarla en nuestro amigo, que mediante ella ha sabido ilustrar su nombre.
¡Cómo siento no poder contribuir con mi pluma á hacerlo brillar! Pero repito á usted, señor Gaibrois, que ahora no estoy para ello. Quede acá para entre los dos lo que en esta carta le he dicho: me sería desagradable que alguno la leyera y se figurara que yo no tenía que decir de ALBERTO, sino lo que usted acaba de leer, cuando sobre él podría decir mucho y muy bueno si tuviese tranquilo el ánimo y el espíritu despejado.
Reitero á usted mis expresiones de aplauso por la excelente idea que la amistad le ha sugerido, y me suscribo.
Su afectísimo amigo,
José Manuel Marroquín.
(Del Homenaje de Amistad). - (Mayo 29 de 1887).
MEMENTO
No es la biografía de ALBERTO URDANETA, ni la exacta relación de los numerosos servicios que este personaje prestó á su patria con sus heterogéneas aptitudes, lo que nos proponemos estampar aquí. Sería yana pretensión ensayar nuestras limitadisimas capacidades en una tarea tan magistralmente desempeñada ya por veteranas plumas como la del eminente literato D. José Caicedo Rojas y la del sabio doctor D. Liborio Zerda: ambos trabajos abundan en interesantes reminiscencias y acertados conceptos que ilustran al público sobre la vida y hechos de aquel benemérito colombiano. Tampoco creemos poder presentar nada que iguale á las valiosas ofrendas de los otros escritores, cuyas variadas composiciones no van en zaga á las de los anteriores en elevado numen, espíritu de justicia y sinceridad de sentimientos; pero si bien es cierto que las humildes siemprevivas que á nuestro turno traemos á esta corona, no proceden de lozano y exuberante jardín, sólo la amistad y la gratitud nos animan á hacer acto de presencia ineludible en el merecido tributo que hoy se rinde en las presentes columnas.
Vienen al mundo individuos privilegiados que á su desaparición dejan tras sí gratísimas y perdurables huellas en los centros favorecidos con su actividad mental. En semejante serie humana, cuéntanse generalmente santos patriarcas y filósofos, magnos legisladores y mandatarios, inspirados bardos y artistas, tribunos y guerreros defensores de nobles causas, sabios cultiva dores de las ciencias y de las letras, y mentores de la juventud y filántropos. Ocurre raras veces el que sin pertenecer exclusiva mente á algunas de las enunciadas categorías, participando, no obstante, en grado notable de muchas de sus diversas condiciones, y sin ostentarse su lado sobresaliente libre de rival, logre el hombre que el juicio de sus contemporáneos le trasmita con sus mejores atributos á la posteridad. El gallardo é inteligente tipo de ALBERTO URDANETA se destaca de esos casos excepcionales, y aunque con justo dolor la patria le registra ya en el Panteón de sus más distinguidos hijos, no por tal motivo dejará de permanecer incolmable por largo tiempo el vacio que en fatal hora se produjo en la culta sociedad, en las bellas artes y en la literatura colombianas. "No hay hombre indispensable", ha dicho la filosofía moderna; más á pesar de este duro aforismo, y dado el cúmulo de singulares cualidades que armonizaron felizmente en la persona de ALBERTO, para servir al país en campos no trillados por otros compatriotas suyos, nosotros abrigamos la convicción de que una existencia preciosa y única en su género, como la que nos ocupa, necesitaba alcanzar hasta la senectud para consagrarse entera á la realización de los generosos ideales que la intempestiva muerte paralizó en el luminoso cerebro del nunca bien sentido artista bogotano.
Nacido en el seno de un hogar honorable y rebosante de bienestar, y dotado por la naturaleza con una fisonomía en extremo simpática, un carácter caballeresco, una inteligencia despejada y delicadas aficiones que despertaron y perfeccionaron gradualmente la esmerada educación que recibió en Bogotá, y los provechosos viajes que hizo á Ultramar, ALBERTO pudo expandir á su sabor las levantadas tendencias que bullían en su alma. Éstas comenzaron á revelarse en el afortunado joven con su predilección por el arte de Apeles, que cultivó desde luégo hábilmente, probándolo en multitud de obras más ó menos llenas de gracia, originalidad, fantasía y verdad, esparcidas á diestra y siniestra, en lienzos, en decoraciones de su estancia privada ó de las de algunos amigos preferidos, en publicaciones serias y humorísticas, en álbumes propios y ajenos, en carteras de viaje, en pequeños obsequios de salón, y donde quiera que su mano de artista era reclamada para dar su imprescindible toque de estética y buen tono. Descuellan sobre todo esos productos de su ingenio, por la severidad del asunto y maestría en la ejecución, los admirables cuadros al oleo, de historia nacional, Quesada muerto, Balboa, Caldas y Ricaurte; habiendo logrado el primero digna entrada al Salón de París de 1880, y compartido con el segundo, reproducciones y referencias honoríficas en órganos de la prensa francesa y española.
Data de la adolescencia de ALBERTO su amor y decisión por las Bellas Artes, en sus diversas ramas, puesto que aparte de su estudio y ejercicio en el dibujo y la pintura, sus biógrafos nos cuentan que ya en 1862 contribuía á implantar y generalizar con éxito en Bogotá, en asocio de un distinguido artista y respetable industrial, el empleo de la fotografía, á la sazón recién importada á Colombia. En el museo particular de URDANETA se conservan, de esa época de trabajo, abultados álbumes cuyo interés aumenta cada día, porque además de representar con la fidelidad propia de la cámara solar los trajes en boga hace un cuarto de siglo, figuran en esas colecciones muchos retratos de personas reconocidas desde entonces como celebridades nacionales, y de otras que aun no sospechaban llegar á serlo al correr de los años.
Nuestro admirado académico de la lengua é institutor, D. José Manuel Marroquín, con su estilo peculiar y atrayente, nos refiere en alguna parte que ya en tiempo de los Mosaicos ALBERTO recreaba con sus ingeniosos juguetes al lápiz á los demás miembros de esas encantadoras y renombradas reuniones de amigos de las Buenas Letras. Se comprende que el travieso dibujante de entonces supo aprovechar tan propicia compañía, saturándose en ella del refinado gusto que -así como en otros ramos- le distinguió más tarde en la elección de temas y formas literarias para su postrer y simpar labor de periodista.
Incalculables son los beneficios que reportan al hombre los viajes en general, ya por países de donde irradia la civilización, ya por nuevas comarcas abiertas á la cultura y el progreso, ya por regiones salvajes y erizadas de peligros. Los viajes, todos lo sabemos, son por excelencia eficaces como escuela de la vida práctica; ellos procuran en breve tiempo á un individuo inteligente y observador, multitud de conocimientos y cierta experiencia que difícilmente podría adquirir en largas vigilias de estudios teóricos, sin trasponer el reducido circuito del suelo natal; ellos, por otra parte, refrescan el cerebro con una nueva corriente de ideas que dan serenidad al ánimo, ahuyentando de él las rastreras preocupaciones lugareñas y permitiéndole, en consecuencia, juzgar á los hombres y los acontecimientos desde un punto de vista de tolerancia, imparcialidad y bien entendido progreso.
Contados colombianos han sabido obtener de su permanencia en el extranjero tan variado y positivo partido para su patria como ALBERTO URDANETA. Este lamentado amigo, al regreso de sus dos paseos, de tres años cada uno, por Europa y los Estados Unidos, probó sobradamente la verdad de lo que aseveramos. Aunque él hizo su primera excursión (1865-1868) hallándose en la plenitud de esa "perfumada edad," en que las ilusiones, cual nube de tornasoladas mariposas, ofuscan la mente juvenil, impulsándola por el mundo de fascinadoras pero peligrosas quimeras, nuestro peregrino pudo sacar de su alma bastante fuerza de voluntad para abrir, á través de los seductores refmamientos de la vida metropolitana europea, anchos paréntesis que aprovechó en estudios artísticos bajo la dirección de notables maestros. También dispuso de esos preciosos lapsos de tiempo para internarse á pie en el fondo de la campiña normanda, no en calidad de simple turista que busca aires puros y bellos paisajes, sino para adquirir personalmente nociones manuales sobre las industrias agrícola y pecuaria. El aprendizaje en estos ramos tuvo en seguida utilísima aplicación entre algunas valiosas haciendas de la Sabana de Bogotá, extendiéndose sus ventajas al público en las columnas de El Agricultor que fundó ALBERTO (1869), en unión de dos connotados caballeros; y sus buenos efectos prácticos le valieron diploma de honor y medalla de plata por determinados productos de su manufactura que presentó en la Exposición nacional de 1871.
Fué, sin duda, de más trascendentales resultados para las Bellas Artes y varias industrias que andaban poco menos que estacionarias en Colombia, el segundo viaje de ALBERTo al otro lado del Atlántico (1877-1880); porque si en realidad después del primero él no desatendió el cultivo del dibujo y la pintura en las horas de solaz que le dejaban libres sus faenas campestres, su espíritu de propaganda no tuvo ocasión para hacerse sentir entonces en la sociedad tan ámpliamente como sucedió desde 1880 hasta el día en que exhaló el último aliento.
Apuntaremos en seguida, á la ligera, cómo complementó URDANETA su preparación para tan magna obra y con qué nuevos elementos intelectuales abrió ese brillante período de siete años que cerró la muerte, y que, bajo el aspecto del Arte y de las Letras, puede juzgarse á modo de una benéfica revolución que dejara hondo y fecundo rastro en esta tierra.
La segunda vez que ALBERTO se halló en los grandes centros civilizados, ya era hombre mayor de treinta años, y -naturalmente- su inteligencia había ganado en reflexión y perspicacia. Puesto á prueba por supremas amarguras, había llorado ya la pérdida de su buena y tierna madre, y la de la encantadora esposa que Dios le enviara para consolar su doliente corazón filial, porque el hado inexorable había querido también arrebatarla de sus amantes brazos, apenas incipiente su perfecta dicha conyugal. Herido en lo profundo del alma con el oscurecimiento eterno de esas dos estrellas que animaron sus más íntimos afectos terrenales, ALBERTO se refugió en los apacibles dominios del arte, del civismo y de la filantropía, que recorrió presuroso durante los pocos años que le quedaron señalados en la morada de los vivos. Sus relacionados y amigos le vieron en lejana zona aspirar con deleite y entusiasmo los efluvios del progreso, cada vez que encontraba á su paso abierto algún templo del saber. Así, pues, dividió entonces sus instantes en diferentes vías de observación é instructivo entretenimiento. Fué asiduo concurrente á la Exposición Universal de París en 1878, y á cuantas Exhibiciones secundarias hubo en aquella época; visitó repetidamente los más notables museos, bibliotecas, institutos y monumentos históricos de Europa; se constituyó en obligado auditor de toda conferencia pública de índole científica, literaria ó industrial; alternando, al propio tiempo, con los estudios que hacía en los talleres de afamados artistas, cuyas relaciones cultivaba cordial mente, al par de las de hombres célebres en las ciencias, en la literatura y en la política, á quienes retrataba en su álbum directamente del natural y obtenía al pie de estos bosquejos interesantes pensamientos autógrafos. Escribió, sobre sus excursiones por el Continente, apuntes conceptuosos y amenos, de los cuales fueron bella muestra la Correspondencia de España que dirigió al Repertorio Colombiano de Bogotá. Formando parte de un selecto grupo de jóvenes compatriotas que fundaron Los Andes en París, tocóle á ALBERTO encargarse de una Sección de este periódico literario, embelleciéndolo, durante su precaria existencia, con originales y variadas ilustraciones; y se adiestró de tal manera en esa calidad de trabajos de la prensa europea, hasta el punto de concebir el proyecto de establecer una empresa análoga en la ciudad de su nacimiento. Pero necesitaba de un precioso requisito para el completo logro de su plan; y su genio investigador, activo é insinuante le hizo descubrir, en los círculos artísticos que frecuentaba en la capital de Francia, á un joven español, poseedor de exquisitas prendas personales y que ejercía allí con habilidad el difícil arte del grabado en madera. Hallado por URDANETA su indispensable auxiliar, ambos concertaron su venida á América, y á mediados de 1880 juntos pisaban las playas de Colombia.
Uno, si no el más bello rasgo del talento y patriotismo que presenta la ejecutoria de ALBERTO URDANETA, es la fundación y sostenimiento del PAPEL PERIÓDICO ILUSTRADO, primero de su género en la prensa sur-americana, dedicado preferentemente á la exaltación de las glorias patrias y con especialidad á las de la época de la Independencia. El número que inició la larga serie que forma los cinco lujosos volúmenes de esta brillante publicación, salió el 6 de Agosto de 1881, fecha clásica para el periodismo colombiano, como lo era ya para la civilización andina el 6 de Agosto de 1538, día en que se fundó Santa-Fé en la planicie del Funza, y también para la causa de la libertad, como aniversario del grito de emancipación absoluta lanzado por los momposinos en 1810. ALBERTO excluyó de su hoja, desde luégo, todo asunto enojoso de partidos y de polémicas personales, y en sus columnas -como en campo neutral y pacífico- se han mezclado, en lid puramente científica, literaria y artística, los nombres de individuos pertenecientes á distintas opiniones políticas. Por medio de su autorizado órgano contribuyó en gran parte URDANETA al extraordinario movimiento intelectual de que ha dado señales Bogotá desde 1881 en adelante; estimuló el amor al estudio de la historia nacional, de la arqueología, de la etnografía y de las bellas artes, que dejaba mucho que desear entre nosotros; hizo conocer innumerables retratos y biografías de personajes oriundos de Colombia y otros países del nuevo hemisferio; divulgó valiosos documentos históricos, que de otra manera habrían permanecido indefinidamente inéditos. ALBERTO fué, además, incansable colaborador de su creación periodística: su pincel y su lápiz produjeron para ella retratos, tipos locales, paisajes y viñetas ilustrativas de novelas y composiciones poéticas, que eran reproducidos en madera por el buril del diestro profesor Rodríguez y sus discípulos. De la pluma de su propio Director aparecieron sucesivamente en la citada publicación bien elaborados artículos sobre la vida de celebridades antiguas y contemporáneas; breves noticias de idéntico carácter sobre los escritores que le favorecían con los principales estudios biográficos, intercaladas á guisa de medallón en el texto de estos mismos bocetos, y en calidad de presentación accidental á sus lectores; la esgematología, ó estudio iconográfico de Bolívar, trabajo concienzudo y prolijo, único en su clase; una relación de su viaje á Caracas, motivado por el Centenario del Libertador, copiosas notas artísticas y bibliográficas, y revistas que daban cuenta de los sucesos más notables de dentro y fuera de la capital, salpica das de una miscelánea de útiles y agradables observaciones.
Permítasenos, para concluír, un símil aplicable á la carrera terrenal de nuestro ilustre y finado amigo. La pródiga naturaleza suele ofrecer al viajero, entre otras maravillas, el espectáculo de un cristalino arroyo que desciende rápido desde su encumbrado manantial en la montaña, y esparce vida y animación por la comarca que baña en su extenso y caprichoso curso; ya deslizándose bajo tupidos arcos de verdura al son de interminables cuchicheos con las aromosas flores silvestres y los helechos que inclinan su tallo para saludarlo á su paso; ya revolviéndose agitadamente, bajo crestas de espuma, contra firmes moles rocallosas, y formando bella cascada que ensordece al bosque con su estrépito y ostenta aureola de prismáticos colores que le presta el sol; ya ensanchándose con menos ímpetu por sitios misteriosos que convidan á saborear idilios primaverales á la sombra de majestuosos árboles, cuyas salientes raíces lame sin cesar, á veces serpenteando al traves de pintorescas vegas, fecundadas con su riego, y en donde dispersos grupos de ganado pacen tranquilos, unos, y otros desfilan hacia el abrevadero de la orilla; más allá, dividiendo su caudal para servir de fuerza motriz á máquinas de la industria humana; más lejos aún, rodando mansamente, engrosado con la afluencia de distintos tributarios, y llevando en su lomo frágiles barcas de gente que busca el pan cotidiano en la navegación; hasta que, por último, se arroja, á su turno, al seno de un gran río ó del Océano, en cuyo abismo se confunden para siempre sus aguas. Pero sobreviene súbita conmoción subterránea: obstrúyense las fuentes que enantes surgían á la superficie, y el arroyo desaparece dejando, como recuerdo de lo que fué, su cauce tortuoso y seco, en cuyo fondo yacen piedras y fragmentos de troncos incrustados en bancos de arena, haciendo contraste silencioso y triste con los verdes matices de la selva y de los prados que bordan la ribera. No más resonarán los poéticos murmullos que alegraban esos agrestes lugares; ni la desigual arboleda, con sus parásitas y sus colgantes lianas, se reflejarán allí en movible espejo; ni los rebaños de la llanura acudirán á apagar su sed en la comente; ni el molino moverá sus mohosas aspas y sus circulares muelas abandonadas en la maleza; ni las ligeras embarcaciones navegarán el último trayecto exhausto del líquido elemento. ¡Todo ha cambiado! -Así fue la vida de ALBERTO URDANETA, con semejantes peripecias é incidentes, y, como el atónito expectador ante aquel extinguido torrente, todos contemplamos hoy, con cierto sentimiento de melancolía y desolación, el puesto vacio y enlutado de este preclaro hijo de Colombia.
José T. Gaibrois.
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Palabras de Urdaneta. |
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Esta Academia, en vez de reducción, exige ensanche. por ejemplo, en los preciosos ramos de estudio cientifico del cuerpo humano y del paisaje, llamado éste ser nuestra especialidad en pintura, como lo es en la América del Norte, y lamo en que asoma un genio colombiano, D. Rafael Troya, residente en Pasto. El de grabado es importación exclusivamente debida á URDANETA y al maestro que él trajo, D. Antonio Rodríguez. La clase, indispensable, de perspectiva, virtualmente no existe.-P. |
