La dictadura uruguaya de los años setenta generó, a su vez, una forma de conocimiento y de semiosis social asentada en una lógica de lo innombrable, lo cual obligó a una operación retórica en la que ciertos referentes pasaron a ocupar el lugar de lo referido-prohibido. Este sistema de enunciación indirecta no sólo fue el arma comunicativa de una memoria y una cultura sumergidas, sino que también fue el instrumento de la cultura dominante: la interiorización individual del miedo en cada uruguayo no se produjo como consecuencia de una exhibición pública y obscena del terror, sino por un terror sugerido a través de sus indicios. El horror no ingresó a las conciencias por exposición directa, sino por las más siniestras formas de la presunción.

 

Luis Camnitzer, From Uruguayan Torture, 1983.

 

Ésta es, precisamente, la estrategia discursiva en los trabajos De la tortura uruguaya realizados por Luis Camnitzer. Allí los objetos son, también, meros indicadores de una situación cuyos vínculos son elucidados en forma presuntiva por el espectador.

 

Luis Camnitzer, From Uruguayan Torture, 1983.

 


 

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