Capelán ha titulado cada obra completada durante este quinto centenario Mapas y paisajes, con lo cual hace referencia a varios niveles de significación que incluyen un "nuevo mapa" del territorio para reclamarlo en términos personales. El paisaje, este año, recuerda también inevitablemente el regreso de Capelán al Uruguay después de veinte años, donde trabajó durante dos meses en una enorme instalación que representa una coda a su propia experiencia personal de diáspora.

 

Carlos Capelán, Mapas y paisajes, 1992.

 

Los montajes de Capelán se experimentan a menudo como los restos de algún ritual que acabara de celebrarse. Capelán está bien informado acerca de as prácticas chamánicas y de las tradiciones de la pintura paleolítica, en las cuales el "objeto artístico" constituye literalmente un recordatorio de la práctica ceremonial. El propio artísta hace uso del ritual como "reactivación de lenguajes paralizados". Dada su historia personal, cualquier acto de reclamo semejante evoca de inmediato el difícil panorama de pérdida que el mismo Capelán tuvo que soportar.

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