Aun cuando Duclos se niega decididamente a asumir el papel chamanístico adoptado por varios de los artistas jóvenes que han reconocido el encanto y el peligro implícitos en el culto de la diferencia propiciado por el mundo artístico , su pinto de vista se encuentra subjetivizado en tal medida que no podemos dejar de sentir los más intrincados problemas transculturales traducidos en términos enteramente personales. Al permitir que su opere como un lente refractor a través del cual tanto él como el espectador pueden observarse a prudente distancia, Duclos establece una interacción a la vez privada y política. Un conato de peligro acecha en estas pinturas, pero ha sido parcialmente salvado por el valiente esfuerzo del artista -para retomar la descripción que hace otro colega de la obra de David Salle- que preserva su coraje al silbar solo en la noche. Esto se expresa con mayor claridad en la pintura Personal Jesus; no se trata tanto de presentar un argumento para consolarnos en el catolicismo como de la búsqueda de una explicación a la atracción que ejerce el sufrimiento personal sobre el creyente, con independencia de que esta fe esté investida de las leyes de la teología de los misterios del arte.
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23. Arturo Duclos, Relax, 1990 (fuera de exhibicion) |
De manera general, sin embargo, Duclos no procura explicar nadá al público. En lugar de esto, permite que las contradicciones presentes afloren con mayor claridad al establecer los términos de La ecuación tal como los encuentra. Al hacerlo, estructura efectivamente una anti-teología en torno a la observación de que el papel primordial de la religión en el mundo -aparte de dar a la gente algo en qué creer, por supuesto- ha sido suministrar no sólo un sistema de mecenazgo para los artistas, sino también una iconología "ya hecha" que resultaba inteligible prácticamente para todos. Si bien los artistas del siglo XX -en especial aquéllos que han surgido en las dos últimas décadas- han creado falsos ídolos a partir de tos residuos de la autodeferencia vanguardista, no es irrazonable sugerir que lo han hecho en parte porque el artista se ve obligado a elaborar la producción y la articulación del sentido, inclusive cuando se explica a sí mismo (y a nosotros) que la estructura social que ha legitimado el lenguaje del arte ya no dispone de un fundamento para su propia legitimación.
Quizás el aspecto más valioso de esta obra en particular sea su apertura casi completa en términos de interpretación. Duclos no sólo no desea que pensemos que él es el único que entiende el orden preciso implicado por sus pinturas, sino que se ha esforzado por asegurarse de que, independientemente de cuál sea nuestra lectura, siempre existirá la posibilidad de otras Interpretaciones incluso diametralmente opuestas. Que Duclosconsiga construir sentido a partir de la búsqueda de valores todavía indefinidos, valores que pueden trascender las relaciones fijas del estilo, siempre excesiva o insuficientemente críticas, atestigua el hecho de que para él el arte es una investigación y no simplemente un medio para un fin. Más que el talento, la ingenuidad o la perseverancia, es finalmente la admirable transparencia de la visión de Duclos lo que nos permite afirmar sin temor a equivocarnos que el suyo es un arte que siempre mira hacia adelante, hacia un futuro indeterminado, inclusive cuando el resto de nosotros aún intentamos explicarnos lo que ya ha sucedido y ha pasado.

