Las representaciones reflejaban, ominosamente, la relación entre los pueblos nativos americanos y los europeos, desde los inicios de la conquista hace quinientos años. "La gente llegó a comprender que debía conservar los objetos... Entre tanto, el mapa rojo (del continente n9rteamericano, del que Durham proyectaba una serie) cada vez sufría mayores cambios: desaparecían las costas este y sur, las praderas, las llanuras, el oeste, hasta que quedaron sólo las reservas indígenas, pequeñas formas geométricas de color rojo sobre el mapa, rodeadas por los Estados Unidos."

 

Jimmie Durham & Maria Thereza Alves, Veracruz / Virginia, 1992.

 

Durham es un embaucador. Habla con una sencillez vernácula y pronuncia cada frase en decenas de cambiantes permutaciones; un fuerte enojo emerge de una amabilidad en extremo benigna. Tiene una manera de referirse a las cosas que es elípticamente sencilla, oblicuamente austera, llena de dobles sentidos que se contradicen entre sí y se reflejan. Es austero hasta el exceso, tanto con la cantidad de palabras, como con la elaboración de poses de cualquier tipo. Posee una increíble presencia de ánimo, "que linda con el doble sacrilegio" según Luis Camnitzer, "al conjugar la sacralidad con la trivialidad occidental, su propia verdad con expectativas estereotipadas, y los misterios tradicionales con el cinismo."

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