En última instancia, lo que valora es "ser funcional dentro de la sociedad", de la cual espera que lo reconozca, especialmente como una fuerza en contra de la mentira y la injusticia. En este contexto, dos aspectos del medio en que se desarrolló la infancia de Durham se han convertido en la voz constante y enlazada de su madurez: la fabricación de objetos ceremoniales y el activismo político. Tiene una larga historia de antecedentes de acción política, que incluyen una década de trabajo como representante del movimiento indígena americano ante las Naciones Unidas. Ha sido, de diversas maneras, un vocero de los grupos indígenas norteamericanos: se opone, socava y ridiculiza constantemente el engaño, la opresión y la usura de la política federal hacia ellos. La comprensión que posee de su propia realidad se vincula con vehemencia a los senderos paralelos que viven los "otros" en la historia de los Estados Unidos, refutando el interés especial provinciano del fragmentado nacionalismo postmoderno. "Debemos conversar con todo", dice, "para danzar danzas serias..."
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Jimmie Durham & Maria Thereza Alves, Veracruz / Virginia, 1992. |
Durham practica lo que Lucy Lippard llama "política espiritual", tejida por él en torno a una narrativa de resistencia. Critica con insistencia la manida letanía acerca de la explotación y la opresión de los indígenas que, perversamente, respalda una imagen romántica e infantil de los indios norteamericanos al convertirlos en un subgrupo de su perturbado pasado. Utiliza algunas de las convenciones del arte visual para transmitir sus argumentos, y los objetos que fabrica, extraños híbridos burlones que se expresan con una rabia hilarante y emiten un enorme poder, provocan un reto en la audiencia.

