Es el propio artista quien se encuentra en la cruz. En el segundo panel, las tres mujeres se ven reducidas a arquetipos que encarnan las circunstancias de su propio compromiso emocional con las mujeres: la novia pura y virginal; la compañera de los clubes nocturnos, la niña/prostituta que danza llena de alegría; la extraña y enigmática figura de la madre-desnuda y la más animal de las tres pues el amor incondicional de la madre, tal como lo ha experimentado George, es uno de los más esenciales y rudimentarios instintos animales observables en el hombre. Es una imagen obsesiva que sólo un artista de la naturaleza instintiva y el poder expresivo de Milton habría podido concebir.
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Juan Francisco Elso, Crucifixion, 1984. |

