Así mismo ha alternado estos intereses con los problemas de interpretación, representación y transposición de valores que surgen al ubicar los prototipos de la cultura "universal" (El desayuno sobre la hierba, de Manet, La encajera, de Vermeer, La última cena, de Da Vinci, etc.) en un contexto funcional, provinciano y doméstico. Su obra se desplaza con libertad entre contextos diversos, poniendo en jaque los modelos occidentales y la noción de lo "culto", vistos desde una perspectiva "tercer mundista".
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Beatriz González, 1/500, 1992. |
A través de la manipulación de imágenes ella pone de presente el valor del estereotipo visual como parte de un proceso social y cultural. Sin embargo, el reciclaje de imágenes de origen popular y el tratamiento del color plano y saturado de sus pinturas han llevado a atribuir a su obra -en particular aquélla de los sesenta y setenta- la herencia del arte pop. Éste ha sido uno de los mayores malentendidos acerca de su obra. Curiosamente, considerarla derivativa de un modelo hegemónico perpetúa las malas mañas de las jerarquías culturales y sus cánones de originalidad. Es, además, una forma de neutralizar sus propósitos en franca disidencia con la engañosa universalidad del arte occidental.
Sus obras recientes emanan un tono más grave que deja traslucir una perplejidad poco evidente en épocas anteriores. La sensiblería cursi de las crónicas pasionales, las supersticiones en torno al amor, la muerte, el honor, la cultura, etc., fueron desplazadas por las "fuerzas oscuras", término presidencial para designar la compleja situación nacional.
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Beatriz González, 1/500, 1992. |
Al contrario de otros momentos en los que diversificaba al máximo las soluciones plásticas -a cada imagen, un soporte distinto-, Beatriz González se ha concentrado a partir de los ochenta en realizar pinturas dentro de una concepción formal ortodoxa. Sus imágenes recientes tienen un carácter emblemático que combina diversos registros: adornos como la "Cicciolina" (silueta femenina que adorna frecuentemente, junto con el Sagrado Corazón y el Ché, los "altares" improvisados y eclécticos de buses y camiones), ídolos populares o escenas de la violencia paramilitar.
Esta multiplicidad de referencias produce una concepción espacial más compleja en relación con sus trabajos anteriores.
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74. Beatriz González, La pesca milagrosa, 1992. |
Las imbricadas composiciones se diferencian de la simplicidad previa y dejan entrever una aproximación más interiorizada, dolida e intuitiva. En la mayoría de los casos las asociaciones son ambiguas; la estructura, opresiva.



