Gutiérrez se niega a revelar explícitamente en qué consiste este relato, y el cuadro opera a cierto nivel como un acertijo sin solución, como un enigma permanente. No obstante (con una certeza que sorprende dada el aura suave del cuadro), señala a una visión distintiva de la artista, a un mundo en el que la poesía y los matices del folclor puertorricense se encuentran en permanente diálogo con un discurso político arraigado en la identidad de Gutiérrez como mujer Nu Yo Rican.

 

Marina Gutiérrez, Homenaje a Ana Mendieta, 1988.

 

La disrupcíón de escala introducida por los pequeños recortes de hojalata refuerza la sensación de mundos dobles: privados y públicos, campo y ciudad, masculino y femenino. La tendencia hacia el dualismo, sin embargo, se encuentra asordinada y transfigurada por el sentido de narrativa continua que satura a obra de Gutiérrez, y que suministra un campo en el cual los elementos dispersos y contrapuestos coexisten.

 

Marina Gutiérrez, Homenaje a Ana Mendieta, 1988.

 

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