Gutiérrez se ocupa de construir narrativas que son a la vez personales y comprometidas con aquellas luchas de mayor envergadura con las que se identifica. Éstas incluyen preocupaciones políticas acerca del lugar de la mujer, y en especial las latinas, la intrusión de la presencia norteamericana en el hemisferio americano, y la colonización interna de la real NuYo Rican. El intenso diálogo establecido entre su propio estado interno y su personalidad decididamente activista constituye una de las tensiones creativas centrales de su obra.
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Marina Gutiérrez, Homenaje a Ana Mendieta, 1988. |
Su uso de un estilo "primitivo" formal, con su evocación inocencia e incensurabilidad, ofrece también un efectivo con punto a su ira política e incrementa su fuerza emotiva en virtud del contraste. Con su extrema economía de medios, lo anterior resulta especialmente efectivo en su homenaje a Ana Mendieta en forma de siete pequeños y sencillos dibujos sobre hojalata Las imágenes siguen la vida de Mendieta desde una idealiza choza en el campo, con gallinas en el patio, hasta su muerte la ciudad de Nueva York. La obra opera en diferentes niveles; más inmediato describe de manera sorprendentemente articulada lada la violencia ejercida en el desplazamiento de Mendieta Cuba. Gutiérrez confiere un lugar primordial a la apremian compulsión de Mendieta por relacionar los dos mundos en que vivía, el de su infancia y herencia espiritual con el de su residencia en el norte en su madurez. En su franqueza respecto de abruptos centros de rotación de la vida de Mendieta, Gutiérrez parece relacionarla también con los desplazamientos a mucha mayor escala que se han convertido en parte inexorable d mundo contemporáneo y que son, por supuesto, parte indeleble de la propia experiencia de Gutiérrez.
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Marina Gutiérrez, Homenaje a Ana Mendieta, 1988. |


