No hay regocijo, no hay satisfacción, hay tormento, hay dolor, hay cansancio, hay necesidad; el tormento y el dolor dominan. Difícil es el mundo, un lugar que hace llorar, un lugar que causa dolor. Y es un lugar de hambre. Así son las cosas... se dice que ella (la tierra) es un lugar de felicidad con cansancio, de felicidad con dolor... Para que no sigamos llorando eternamente, para no morir de tristeza, es nuestro mérito recibir de Nuestro Señor la risa, el dormir, nuestro sostenimiento, nuestra fuerza, nuestra dureza y nuestro conocimiento carnal para poder seguir poblando. (De un antiguo huehuetlatolli dirigido a niñas nahuas).

 

Amalia Mesa - Bains, Queen of the Waters, Mother of the Land of the Dead: Homenaje to Tonantzin / Guadalupe, 1992. (detalles)
 

 

En Reina de las Aguas, madre de Mictlán, Mesa-Bains desafía el concepto del culto guadalupano basado únicamente en el sincretismo religioso de su figura mestiza. Sin duda, Guadalupe y sus peregrinos (con)figuran la relación dinámica entre veneración mesoamericana de Tonantzin y la exaltación barroco-católica de la Virgen María. Las religiosidades nahua y católica se prestaban a un proceso de hibridación. Ambos sistemas creencia se caracterizaban formalmente por tener una multiicidad de deidades sagradas pertenecientes a un panteón relacionado con la (re)producción social y cultural, una espiritulidad exaltada respecto a la penitencia y el sacrificio fundado prácticas somáticas, al igual que rituales y discursos exuberantes sobre la centralidad de la muerte. Unidas estas formas similares a su contenido radicalmente diferente forjan una espiritualidad. "cristo-pagana".

En esta espiritualidad cristo-pagana la constelación mestizaje/sincretismo/hibridación es problemática en tanto que se con forma como paradigma de progreso. El progreso ha sido vínculo que ha impulsado el proyecto "civilizador" moderno nombre de la cristiandad, la universalidad y la humanidad, cual ha dado como resultado sufrimiento y destrucción. Con cultura vernácula, Mesa-Bains recupera una tradición inconforme con el presente que oscurece las relaciones de poder desigual y el origen catastrófico de lo mestizo, híbrido y sincrético. Reina de las Aguas, madre de Mictlán, Mesa-Bains deshace el mi en que origen, trayectoria y circunstancia de la modernidad aparecen como un hecho natural divorciado de la cultura y la historia. Mesa-Bains desentierra arqueológicamente signos metáforas e historias que componen los atributos complejos Tonantzin/Guadalupe, discriminados y silenciados por el mi mestizo. De esta manera, Mesa-Bains está forjando metáforas que crean paralelos entre Tonantzin/Guadalupe y la tenacidad de la cultura chicana. La instalación trabaja en una estética  con un sentido remoto del presente y un carácter vivo del pasad Mesa-Bains amontona niveles diversos de significación y alegoría que extirpan el aura del progreso y el sentido de te/os en la historia.

La aceptación agridulce de la muerte y el mundo de Mictlán como la realidad que nos espera no es derrotista. En Reina de las Aguas, madre de Mictlán, hay una lógica de la redención de los muertos por los vivos. El pasado pervive en la ceremonia de la memoria en otra temporalidad.
Se rompen relojes. Proliferan y resuenan anécdotas con registros líricos y épicos. Los muertos de Mesa-Bains desatan la memoria de los nuestros. Sus versiones polísémicas del pasado amplían la historiografía personal y colectiva. Su obra es una forma de cura que alivia los vértigos que vivimos a diario. Recibimos un sentido cualitativamente diferente de genealogía cultural.

Mesa-Bains sostiene una tradición en constante proceso de innovación y (re)invención. Tonantzin/Guadalupe ha funciona do históricamente como un emblema de lucha e identidad. Tonantzin en su cerro de Tepeyac intercedía ante el dios de la lluvia para que el rocío de sus aguas le diese vida a sus devotos. Después de la conquista, Tepeyac funcionó como foco seguía nutriendo la identidad nahua. Hoy Tepeyac continúa siendo gran centro de peregrinación, donde Tonantzin/Guadalupe cura a los enfermos y ayuda a los pobres. Su corona en llamas, estrellas y rosas ha ayudado a indios y mestizos a resistir y rebelarse. Desde los motines en contra de tributos e impuestos en el México colonial, la independencia de España, el cambio social en la revolución mexicana hasta las luchas por justicia económica y social del sudoeste de los Estados Unidos, Tonantzin/Guadalupe ha ocupado un lugar central como figura metonímica de transformación. Durante el movimiento chicano y la reclamación de Aztlán, la patria mítica, y la marcha histórica de los trabajadores agrícolas a Delano, la morenita también se convierte en peregrina que acompaña. La intertextualidad en la instalación confirma una diversidad de usos de Tonantzin/Guadalupe por artistas en sus búsquedas formales y conceptuales.

Lo que Mesa-Bains hace es dar un sostén y una fuerza al evocar un pasado todavía no aprendido y un universo de posibilidades reales e imaginarias. El sentido y la lógica que funcionan en la obra de Mesa-Bains se recrean en el desengaño, la crisis de la significación y la estética de la fragmentación. En la ceremonia de la memoria, en la trayectoria de su trabajo y en Reina de las Aguas, madre de Mictián, Mesa-Bains mantiene un acuerdo con generaciones que no se resuelve de una forma gratuita.

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