La labor del Centre d'Art de Port-au-Prince -fundado por el artista norteamericano Dewitt Peters en 1944-, que originó el fenómeno de la pintura "primitiva" haitiana, se basó en todo este arte religioso y otras formas de plástica popular. André Pierre, sacerdote vudú, había pintado magníficos murales en templos y vivés e imágenes de los dioses en güiras rituales cuando entró en contacto con la cineasta y antropóloga norteamericana Maya Deren, quien lo indujo hacia la pintura de caballete y lo puso en contacto con el Centre en 1949. Aunque la obra que produjo ya como parte del movimiento de los naifs haitianos no era funcionalmente religiosa, continuó enraizada en el vudú yen su experiencia espiritual personal. A pesar de ser hecha para vender a extranjeros, su conexión con la espiritualidad de origen la preservó bastante de la esterilización que trajo el boom comercial del arte primitivo haitiano.

 

André Pierre,  Ogoun, 1965.

 

Según Pierre, los cuadros le son dictados en sueños por los dioses mismos, y después son aprobados y consagrados ritualmente por éstos. La venta se justifica diciendo que es una forma de expandir la religión. Los dioses, tan humanos como los de la antigua Grecia, parecen tener una especial predilección por sí mismos, al extremo de que la obra de Pierre viene a ser una extensa galería de retratos del panteón vudú. En ellos aparecen las deidades vistas frontalmente, en posturas hieráticas, como si posaran para el artista engalanadas con sus mejores atuendos.

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