Este proceso iconopoiético se corresponde con la teopoiesis del vudú. A diferencia de otras religiones afroamericanas, el vudú no conserva un panteón del África. Con la excepción de algunas divinidades ewe-fon, se trata fundamentalmente de dioses criollos, nacidos en América por vía de la readaptación y la síntesis de deidades africanas, la deificación de personajes reales o la invención contextual. También a diferencia de las religiones tradicionales africanas y sus manifestaciones en América, el panteón vudú es totalmente abierto y dinámico, con entrada continua de nuevos dioses procedentes de la vida real o la fantasía. Éste es uno de los rasgos que diferencian las religiones afroamericanas criollas, sincréticas (macumba, umbanda, culto de María Lionza...), de las religiones afroamericanas tradicionales (santería, candomblé, regla arará, casa de minas...). Evidencia elocuentemente el carácter de creación nueva de las primeras, libres de preceptos mantenidos en la tradición, tanto como su dinamismo, inclusivismo e inventiva en respuesta a las complejidades del "Nuevo Mundo".

 

André Pierre,  Brave Guede Nibo, 1966.

 

La obra de Pierre está entretejida en el vudú, y enriquece su cultura aun cuando ya no se trate de arte ritual o funcionalmente religioso. En este caso, una pintura "ingenua" producida para exhibir y vender contribuye al imaginario de una cultura religiosa muy activa, que se mueve con el acontecer cotidiano. Pierre, quien pinta además escenas de las ceremonias vudú, no es sólo un documentador visual de esta religión, según se ha dicho, sino un productor. Hay por tanto una mutación del concepto occidental de arte como actividad autónoma, dentro de sus propios márgenes. Aquélla se produce por una génesis espiritual diferente y por su participación dentro de la religiosidad popular, sin que el arte vuelva a integrarse -como en sus orígenes- con la religión.

El lenguaje mismo del pintor se corresponde con el carácter de su obra. Pierre posee un estilo personal único, más suelto y "primitivo" que el de la generalidad de los pintores "ingenuos" de Haití. A diferencia de muchos de éstos, carece de ese afán perfeccionista que en ocasiones vuelve lamidas y dulzonas sus pinturas, sobre todo bajo la presión del consumo suntuario. Diríamos que se trata de un naifantiacadémico. Su rispidez, sus soluciones de golpe y porrazo, lo aproximan al grafitti y dan autenticidad a su oficio de retratar los dioses que va soñando la gente.

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