A lo largo de la pared, los nichos muestran una y otra vez zapatos. No hay nada diferente de zapatos abandonados. Parecen estar desprovistos de signos claros de identificación. Sin embargo, para sus propietarios, estos zapatos representan relicarios personales y mementos que han recrudecido el recuerdo de sus dueños y los lazos familiares. Son zapatos provenientes de familias de mujeres que han desaparecido. Su abandono es el testimonio de una separación forzada. Ocupan el lugar de la presencia del cuerpo ausente.
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Doris Salcedo, Sin título (instalacion), 1989 - 1992. |
La importancia de la obra de Salcedo reside en su capacidad de actuar como una forma de intervención estratégica en los circuitos existentes y agencias de representación. Tal intervención constituye un reto, no tanto por el objeto al que se dirige, sino por la forma en que lo coloca y cómo es visto. Sus montajes traslapan el museo y el ámbito doméstico para señalar la importancia que tienen las imágenes en la formación de la memoria pública y privada. Mientras que los nichos nos recuerdan los cementerios, su intimidad transforma el espacio del museo en un espacio de carácter más privado. Evocan, más bien, el ámbito de la familia y de lo "femenino" en su calidad de santuario, refugio y abrigo del Estado y del espacio público para quienes viven en el terror y el recuerdo de los que han desaparecido. Su intimidad señala hacia una dimensión oculta, a un lugar secreto externo a la representación, en el cual se celebran los ritos del recuerdo con los muertos. Aproximan eliminación y memoria y, al hallarse reunidos en un mismo lugar, se transforman en evidencia de una historia y memoria comunes.
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Doris Salcedo, Sin título (instalacion), 1989 - 1992. |


