Los personajes humanos también son en su esencia fabulosos. Si bien el artista presenta hombres comunes -futbolistas, trapecistas, etc.-, abunda especialmente en figuras extraordinarias y legendarias. Muchas inventadas por él mismo, otras venidas de relatos viejos o contemporáneos. Estos seres pueden aparecer en escenarios aproximadamente cotidianos -habitaciones, por ejemplo-, pero casi siempre se observan en la naturaleza y, más exactamente, mezclados con ella. Porque la verdad es que si en muchas ocasiones se reconocen plenamente los hombres y los animales, en muchas otras también se con funden. Para Toledo la realidad natural es un todo continuado o, si se quiere, sus seres están hechos unos de otros, de fragmentos de unos y de otros.

 

Francisco Toledo, Juárez perdió la cabeza, 1986.

 

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