Muerto Rufino Tamayo, Toledo es posiblemente el artista mexicano más importante de la actualidad. Si bien cabe establecer algunas relaciones entre estos dos grandes de Oaxaca, lo cierto es que estos artistas también son muy distintos. En el primero, aunque no faltan los animales, la figura protagónica es el hombre; en Toledo, sus cuadros y cerámicas están dominados por los animales. En la obra de Tamayo hay una constante referencia cósmica, el hombre se encuentra vinculado al universo, todas sus actividades las realiza generalmente en el espacio abierto. En los trabajos del artista de Juchitán, los animales y los hombres permanecen atados a la tierra, son parte de ella, se confunden con ella. De todos modos, muy seguramente Toledo le deba a Tamayo. Éste, sin embargo, apreció su maestría y una vez comentó: "Elogio la quietud, el profesionalismo y el talento de Toledo."

 

Francisco Toledo, Diálogos, 1975 - 1978.

 

Como los mejores artistas latinoamericanos -cuya lista es cada día más extensa-, Toledo tiene una producción personalísima. Desde sus dibujos murales cuando era niño en juchitán hasta su cotizada obra de hoy, el mexicano ha sabido hacer un trabajo pleno de evidencias que ciertamente lo ha llevado a realizar una fabulación tan poderosa que nadie puede dudar de su veracidad. Una invención maravillosa respaldada por tradiciones orales antiguas, cuentos regionales, fantasías singulares y también por el conocimiento de las técnicas, sobre todo gráficas -con las que está representado en esta exposición-, las cuales estudió en el Taller Libre de Grabado de la Escuela de Diseño y Artesanías de Ciudad de México y en el Taller de Hayter en París.

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