Santa María tendría, en su entusiasmo, la oportunidad para convertirse, en Colombia, en el primer modificador de la tradición de la pintura y esto, desde luego, a un alto costo, en una ciudad como Bogotá, que estaba cerrada a toda innovación.

Otro elemento se iba a sumar a los cambios que buscaban los pintores en el Viejo Mundo. Aparecía como un factor invisible e imponderable para el momento.


Santo Tomás c 1935, Óleo sobre tela. 50*40 cm.

Mientras Andrés de Santa María crecía en Europa y los jóvenes pintores caminaban por las calles de París, iban y venían por el cabaret Père Lathuile, un "todero1', que hacía las veces de periodista, caricaturista, falso espía, teatrero, literato, pintor, navegante aéreo, llamado Gaspar Félix Tournachon (1820-1910) (Nadar, era su seudónimo), venía haciendo ensayos desde las perspectivas del nuevo arte que llamaban fotografía. Junto con su hermano, había abierto un taller de fotografía. Esta actividad lo llevó a comparecer ante la justicia con el objeto de dirimir cientos de diferencias. Era un hombre de mucha acción. Después de haber sido secretario de Lesseps, y de reunir fondos a través de conferencias y realización de retratos, hizo construir en 1863 el Gigante, un enorme globo aéreo de 6.000 metros cúbicos provisto de una hélice, con el que realizó varías ascensiones con aficionados y aventureros de la nueva técnica. En cierta ocasión estuvo a punto de perecer con su mujer en una de sus aventuras aéreas. Instaló en su nave voladora una cámara, la misma que le había permitido captar tantas celebridades contemporáneas de la vida de Francia. Su entusiasmo lo lanzó a tomar, como auténtico reportero, la primera fotografía aérea en 1858.

Esta actividad del fotógrafo, que no era más que una simple técnica donde aparecía la cámara negra con abertura para la entrada de la luz, le permitiría establecer nuevos valores con sus amigos los pintores. Andrés de Santa María, en su posterior desempeño como retratista, podría eludir lo que en el ambiente iba a quedar sobre el tema. París no era el único usuario del invento. La Bogotá dejada por la familia Santa María en la sexta década del siglo XIX, también la conocía. La iglesia de San Agustín, bombardeada por el general Canal, tendría memoria de este triste acontecimiento en copias de papel fotográfico que al parecer hizo por aquellos días Luís García Hevia (1816-1887). Las discusiones llevaban a la pintura a la cuerda floja. Se buscaba que ella tuviera un alejamiento con respecto al retrato fotográfico, para dar paso a la aplicación de los criterios que al respecto lanzara el poeta francés Baudelaire.

En París, la fotografía --una novedad en desarrollo que había nacido de la primera técnica con los daguerrotipos- comienza a popularizarse gracias al nuevo paso que se logra con la fijación de la imagen en papel. El procedimiento empleado en 1835 por William Henry Fox Talbot (1800-1877) va a entusiasmar y producir nuevos criterios en los impresionistas.

El matrimonio Santa María y sus hijos no escapan a la novedad del invento. Los miembros de la familia en Europa se preparan en vestimenta, peinado y pose para aparecer al interior de salas o delante de ambientes con decorados y panoramas. Andrés de Santa María, para finales de 1863 -el mismo año en que el fotógrafo Nadar estuvo a punto de morir a causa del accidente de su globo- tiene tres años. Lo han parado sobre una pequeña poltrona de lujo que contrasta con el paisaje de árboles y montañas del telón; le han hecho recostar su brazo derecho sobre una columnata de escenografía, y su rostro, sereno y serio de infante, mira la cámara 4.

La fotografía y la pintura tendrán en Santa María una nueva relación, cuando con el tiempo entre a fijar la figura humana en sus cuadros. El aún no lo sabe, pero en su momento hará óleos de exactitud como si se tratara de una cámara de oscuridad y luz. Por encargo, algún día ha de retratar con sus pinceles a Monseñor Carrasquilla (1907), y será sorprendentemente realista en sus alcances.

En París, para 1867, Manet, como si fuera un fotógrafo, registrará con su pincel, al aire libre, un parque con glorieta, jardinero, jinete, damas, parejas, caminante con perro y sobre el cielo, un globo como el del fotógrafo Nadar. El pintor pareciera estar frente a una cámara y presiona el obturador, tal como lo haría el aventurero del globo para registrar a los poetas Mallarmé y Baudelaire, contertulios también en el café Guerbois. En ese lugar, la palabra se me/ciaba con la poesía; la literatura hacía presencia con novelas que leía Degas que, como casi todos, hacía de su gusto la narración realista de Manette Salomon de los hermanos Goncourt y la naturalista de Émile Zola. Estos temas de igual modo irían a interesar al lector Andrés de Santa María, el mismo que algún día tomará los pinceles para pintar las Lavanderas del Sena (1887).

 


Paisaje c 1894, Óleo sobre cartón. 34*24,5 cm

La terminología heredada del daguerrotipo haría carrera de boca en boca. La moda permite que se hable de "lustre de lámina de plata", "yuxtaposición de capa de sustancia que hace sensible la luz en la placa", "exposición a vapores mercuriales...". Fueron años que se asimilaban a una avanzada de alquimia, hasta que años después, el papel modificara el embrujo con otra terminología.

4 Véase fotografía en la página 12 en Beatriz González et. al., Andrés de Santa María un precursor solitario, Bogotá, Museo National, 1998.
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