El pintor bogotano colocaba la fuerza de su pensamiento sólo en la pintura. Lo que crea corresponde a ese impulso que Gauguin y Van Gogh, de igual modo, expresan en el color. El trabajo con espátula lo conoce en Bruselas. En París, estuvo atento a lo que hacía Monet, quien a pesar de ir perdiendo la visión por unas cataratas que terminarán por operarle mucho más adelante, no deja de explotar el jardín acuático de nenúfares como el motivo más recurrente de la última etapa de su vida. En este lugar de apreciaciones está el sentido de la vida de Santa María. El interés que tenían los círculos reducidos de intelectuales por su pintura, contrastará con la mezquindad proveniente de intereses políticos y de uno que otro desacuerdo que surge de algún pintor contemporáneo, que al final terminará por aceptarlo a regañadientes.

El año de 1907 se convierte en su año clave. Representa el referente cronológico en el que logra precisar una concepción más personal para su pintura. Se adentra en el gesto y la textura. Retrato de María Mancini a caballo (1907), conocido también como En la playa de Macuto, diseñado en el balneario de La Guaira (Venezuela), donde comienza a adentrarse en unas deformaciones de las figuras, para estar más cerca, en su intención, en un expresionismo no del todo figurativo. La tercera dimensión se renueva con el manejo de la espátula, que corre suelta por el lienzo para obtener texturas de óleo que se leen con prevención por parte de quienes, hasta el momento, entendían el uso del pincel como el gran integrador de los colores. Desde ese entonces la figura humana femenina se convierte en su tema preferido. Las mujeres aparecen acompañadas de un gran sombrero, un collar, un turbante, unas flores, un chal, elementos de referencia para los cuadros, que no buscan decoración o abundancia en el detalle. Son rostros que han perdido las mercancías acompañantes, que sacrifican un mundo (adornos complementarios) para ganar sólo a través de la expresión y del color. Muy pocos entendían los importantes cambios que Santa María desde su estudio comenzaba a operar en una ciudad de casi cien mil habitantes perdida en los Andes de Colombia. La alharaca que se le hacía al director de la Escuela de Bellas Artes era de escoba y trapero. La Escuela estaba mal barrida y la yerba mal cortada. El fortín para atacar al pintor bogotano era la revista Colombia Artística. Oculto bajo el seudónimo de Impertinente, el atacante de Santa María dice: "Aquí todo es lleno de polvo, sí es el patio principal cubierto de yerba, si son los cielos rasos están rodeados de arañas y lo que más nos disgustó el día que entramos fue el modo en que fuimos recibidos"13. Nueve meses después, los ataques se siguen dando en los números 13 y 14 de la misma revista, pero esta vez bajo la firma de Carlos Jiménez, quien pide "al gobierno la remoción del señor Santa María".


Niña rubia 1913, Oleo sobre tela. 43,8 x 35,9 cm.

Los ataques eran políticos y había que ir contra el pintor para de este modo herir a Rafael Reyes, presidente de la República y amigo personal del artista. Los golpes eran bajos: "Ante todo es necesario, como medida urgente, cambiar al director por un verdadero artista, competente, netamente colombiano, patriota de corazón, amante de las glorias nacionales y decidido amigo y estimulador de la gallarda generación que hoy se levanta". Dos sucesos similares se dan en relación con los políticos que estaban en el entorno del pintor: Rafael Reyes, el presidente, desde el puerto de Santa Marta, subrepticiamente se embarca en el Manistí y abandona su cargo y el país. Meses antes, para evitar ser detenido por Reyes, Jacinto Albarracín, el araucano rebelde, en los bordes del anarquismo que tocaba su acción, sin disparar un solo tiro, encontrándose en una venta de la carrera 13, cerca a la estación del Ferrocarril del Norte, decide secuestrar con amor a una ventera rolliza parecida a un cuadro de Rubens, proponerle a ella y a otros aventureros huir de la policía a un lejano y despoblado lugar llamado Otanche, en las selvas del Carare, y fundar, antes que Lenin, un soviet, una población comunista sin iglesia ni estación de policía14. Pero es gracias a este extraño personaje que sabemos cómo le había ido al profesor bogotano de paisaje en 1899. Albarracín dice: "Tengo la pena de disentir del criterio del jurado calificador de nuestras Bellas Artes de este año, cuando afirma que el paisaje no necesita mucho talento y 'aún el que no esté bien dotado... puede alcanzar halagüeños resultados', puesto que fuese un Claude Lorrain, un Corot o Rosa Bonheur que de no contar con la fotografía habríamos de contentarnos, como no lo alcanza un buen paisaje al óleo, que no admite, y es por estar al alcance de cualquiera la sensación experimentada por la vida de la naturaleza en sus pedazos, no admite, digo, mediocridades"15. En el mismo texto el crítico tiene su sospecha. Insinúa que el menosprecio que se tiene por el paisaje se está refiriendo al maestro que lo ha impulsado, a Andrés de Santa María, sin mencionar su nombre: "porque pido se enderece el concepto y haya un juicio menos personal, más lógico y amplio que debe iniciarse; ya que el arte entre nosotros está entrando de lleno, sino en fecundidad, en desarrollo".

Santa María continuaría, años después, el ciclo de huidas, cuando en 1911, junto con su familia, decida tomar como destino final a Bélgica. Pero para ello aún faltaba un par de años. Por lo pronto, su salida está en el maravilloso espacio de su pintura. Los rostros que lleva a sus lienzos parecen desvanecerse, hacerse livianos tras un velo de imprecisión que, paradójicamente, hace definible por gestos en miradas y sentimientos que comunican.

13 "Escuela Nacional de Bellas Artes", Colombia Artística, año 2, núm. 8, Bogotá, enero de 1909.
14 "La vida extraordinaria de Jacinto Albarracín, el primero que en América ensayó un gobierno de soviet", en José Antonio Osorio Lizarazo, Novelas y crónicas. Biblioteca Básica Colombiana, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
15 Jacinto Albarracín. Albar, Exposición Raciona! de Bellas Artes de 1899. Bogo¬tá, Imprenta y Librería de Medardo Rivas, 1899.
Comentarios (0) | Comente | Comparta