Para conmemorar los 100 años del grito de Independencia el gobierno lo nombra presidente de la sección artística de la celebración. Tiene a su cargo la Exposición del Centenario de la Independencia, participa en ella, fuera de concurso, con varias de sus obras. Todos andan alborotados con los festejos. El Ejército ha presentado una revista en el campo de Marly, en las afueras de la ciudad. Hasta allá han llegado los carruajes en que iban los miembros de la alta sociedad, ataviados a la moda, como si espontáneamente fueran a posar para un pintor impresionista. Bajo los auspicios de la sociedad de San Vicente de Paul se inaugura, en una sencilla fiesta, con asistencia de las principales autoridades, varias casas para obreros. Para el 28 de julio, a las tres de la tarde, Andrés de Santa María se halla en el parque de la Independencia, listo a la inauguración del Pabellón de Bellas Artes. Es difícil caminar ante el numeroso público. En medio del bosque de eucaliptos, la sobria edificación que alberga los cuadros, ha sido elogiada por la elegancia y la utilidad de su construcción. Dos batallones del Ejército, con sus oficiales y sus banderas, han formado una fila de honor. El sacerdote]. M. Marroquín, hijo del presidente Marroquín, aquel mismo que no conocía el mar, pronuncia un discurso elocuente. Exalta, con lujo de detalles, lo que significa un pueblo civilizado que cultiva las bellas artes y tiene costumbre de exposiciones"16. A pesar de los aplausos y del cultivo de muestras pictóricas de los últimos años, la sociedad no entendía qué estaba haciendo Santa María cuando se apartaba del clasicismo con sus rostros en evanescencias. La sociedad centenarista no había educado el ojo para entender las nuevas posibilidades que la sensibilidad del pintor bogotano lograba establecer por cuenta propia después de un permanente ejercicio de búsqueda a través de la pintura universal. Joaquín Tiberio Galvis, uno de sus gratuitos descalificadores, dijo; "La composición del señor Santa María, a más de alejarse de lo verosímil, es pobre, escasa de inspiración artística y de ejecución delicada. Perdió el artista la verdad de la naturaleza y pintó unas figuras demasiado largas, quizá caricatureando al Greco, trepadas sobre unos caballos que bien pudieran servir de modelo para las figuras de una baraja"17 . El crítico e historiador Eduardo Serrano, con mucha precisión en su libro ya relacionado, comenta la perorata que había caído contra el pintor; "Galvis tiene palabras elogiosas para Acevedo Bernal, Zamora, Borrero y Samuel Velázquez y sólo impugnaciones para Santa María quien era a todas las luces su presa".

El pintor está solo. Se sentía colombiano, había actuado como tal más allá de los comunes odios y, sin embargo, lo habían humillado en todos esos aspectos donde su dignidad tenía que responder con un portazo de despedida y detrás de su ausencia el silencio. En 1911, en la medida en que el tren lo fue llevando a él y a su familia hacia Girardot para tomar una embarcación en el río Magdalena que lo condujera a la costa a abordar un trasatlántico que lo sacara del país rumbo a Europa, muchos de sus enemigos gratuitos, surgidos de la política que él no practicaba, sintieron en lo más hondo de sus entrañas una enorme satisfacción. Con el paso del tiempo, nadie se volvió a acordar de sus detractores, hasta que la fragilidad de esa nada anónima resurge cuando el nombre de Andrés de Santa María es suficiente para restablecer una pintura autosuficiente, válida por ella misma, sin intereses extraños.

Europa conflictiva, de igual modo crítica en determinados momentos a las propuestas nuevas en el arte, le serviría mejor para continuar esa labor que en la altiplanicie de Bogotá había intuido y comenzado a plasmar. La diferencia está en que la crítica que allá se desarrolla parece más libre de toda connotación política. Esto, sin duda, es una ventaja, pues el artista recibe, calla, acepta o reniega en o desde su campo, pero no en terrenos pantanosos como el de la política.

En los países europeos hay reparos y señalamientos por parte de quienes tienen la labor de servir de receptores primarios de los sucesos del color, formas o contenidos, sin meterse de modo apabullante con el insulto en la vida privada. Uno de los que está atento a estos cambios es Louis Vauxcelles, crítico que se encarga de darle nombre a las tendencias o movimientos que van apareciendo en la pintura. Con motivo del Salón de Otoño de 1905, en París, había escrito el artículo llamado "Donatello en la jaula de las fieras". De ahí surge el epíteto fauves (fieras). Los pintores no se sintieron molestos y adoptaron con satisfacción el señalamiento "animal" por el color que empleaban con impulso sereno al momento de realizar sus trazos. Se abría paso entre ellos el término expresionismo, tendencia que trasponía la realidad según la sensibilidad del artista. Como antecesores estaban Gauguin y Van Gogh con sus colores exuberantes, con los cuales buscaban plenitud de la naturaleza y sentido decorativo con su arte, tal como se da en Matisse. Con el expresionismo se abría un nuevo espacio donde los colores podían ser muy diferentes o se creaban relaciones arbitrarias, suposiciones o estados ajenos a lo que se consideraba era la realidad 18.

Antes de viajar a Europa en ese 1911 por tercera y última vez, Andrés de Santa María, por un camino único y solitario en el país, había comenzado el necesario desbordamiento creador. Años después, en Europa, se consolida en el cambio radical para no volverse "epígono sino creador", como sostiene Federica Palomero, quien agrega: "Tal vez la particularidad misma de su obra, fundamentada en su individualidad, no haya permitido dar origen a una escuela, o siquiera influenciar a los más jóvenes. Queda como una figura aislada, pero no por eso menos valiosa, del arte de este siglo [XX]"19.

16 El Gráfico, Bogotá, 31 de julio de 1910.
17 Joaquín Tiberio Galvis, "Pabellón de Bellas Artes", en El Artista, núm, 127, Bogotá, 27 de agosto de 1910.
18 Las denominaciones que daba el crítico Louis Vauxcelles continuaron años después cuando en la revista Gil Blas del 14 de noviembre de 1908, publi¬ca un artículo donde comenta la exposición de Draque en la galería Kahnweiler y emplea la expresión "cubos". Dos años después llama a los mismos pintores Independáis que tienen como predecesores a Cézanne, "geómetras ignorantes que reducen el paisaje y el cuerpo humano a insípidos cubos".
19" Federica Palomero, "Santa María: un latinoamericano independiente", en Andrés de Santa María; un precursor solitario, op. tit., pág. 47.
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