LA ARQUITECTURA REPUBLICANA EN CARTAGENA
 

¿Por qué se llama arquitectura republicana?

Las primeras manifestaciones coinciden, en términos generales, con la etapa formativa de a república y vino a ser la expresión plástica de los ideales políticos y sociales de la naciente república.

La arquitectura republicana se desarrolla en un período comprendido entre 1835-1850 hasta 1930-1940, aunque estos límites cronológicos no son precisos, porque la arquitectura no se presenta en episodios aislados o repentinos. Fluye de modo muy continuado de un período a otro de la historia política, no coincidiendo a veces con ella. Cuando el período colonial termina, sus expresiones arquitectónicas continuaron dándose durante largos años.

Por otra parte, ya bien entrado el siglo XX, la arquitectura republicana sigue tan campante en campos y ciudades colombianas, cuando en Europa y Estados Unidos se está construyendo desde hace 50 años la arquitectura generada por el proceso político de la revolución industrial. No obstante, para facilitar las cosas se acepta como período de la arquitectura. republicana el comprendido entre 1835 y 1940.

Aspectos históricos de la arquitectura republicana

El fenómeno internacional más importante de la época es la Revolución industrial, de la que se ha dicho que cambió la apariencia del mundo mucho más que la Revolución francesa.

La Revolución industrial trae consigo la maquinaria industrial, los ferrocarriles y el telégrafo, y nuevos materiales de construcción como el hierro, el acero, el hormigón o concreto reforzado, llegados a Colombia a mediados del siglo pasado, y una serie de nuevas técnicas destinadas a cambiar el ámbito socioeconómico del desarrollo urbano y el rostro de la arquitectura.

Latinoamérica fue vista desde el proceso de emancipación política como un mercado potencial para la producción europea y norteamericana. Se importaron con la misma facilidad locomotoras, armas, modas o decoración arquitectónica.

En Colombia se volvió la espalda a España para buscar la fuente de inspiración primero en Inglaterra y después en Francia. Junto con las mercancías francesas de toda índole vendrían los materiales, las técnicas y los arquitectos que harían la historia de la época republicana en Colombia.

Después vendrían influencias norteamericanas. A finales del siglo XIX los Estados Unidos poblaron las islas del Caribe de una arquitectura tropical basada en la que el imperio británico había establecido para sus dominios asiáticos y africanos, multiplicada gracias a la nueva tecnología.

Un claro ejemplo de gobernante combatiente e impulsador de la arquitectura, simultáneamente, es Tomás Cipriano de Mosquera. En su primer mandato se reabre la navegación por el río Magdalena, por el cual llegarán al interior del país las influencias, materiales y técnicas para la arquitectura del período. A partir de 1845 esa navegación hará revivir las aldeas ribereñas de origen colonial, transformándolas en pueblos o ciudades, y surgirán nuevas fundaciones republicanas.

No obstante su decreto de desamortización de bienes de manos muertas, uno de los actos más polémicos de su gobierno, mediante el cual los edificios de propiedad religiosa distintos de los templos parroquiales pasaron a propiedad del Estado, fue el causante de relegar, hasta bien entrado el siglo XX, la construcción de edificios públicos para albergar cuarteles, hospitales, asilos de locos, oficinas públicas, cárceles, bodegas, fábricas de licores, que ya habían desbordado la capacidad de los antiguos conventos coloniales. Resulta obvio deducir que la estrechez presupuestal republicana no permitía en aquel entonces emprender construcciones nuevas.

Por otra parte, se le debe abonar a Mosquera la construcción del Capitolio Nacional, ordenada en 1846. La obra fue terminada durante el gobierno de José Vicente Concha.

Uno de los acontecimientos históricos del cual se deriva en gran parte un género arquitectónico nuevo en la historia del país es la aparición del ferrocarril entre 1868 y 1876. Ese nuevo género lo constituyen las estaciones del tren, los hoteles de veraneo, bodegas, depósitos y arquitectura industrial adyacente a los rieles.

La figura más importante del siglo XX para la historia de la arquitectura republicana es, sin duda, el general Rafael Reyes. Durante su gobierno, entre 1904 y 1905, se crea el Ministerio de Obras Públicas; de esta manera comienzan a surgir en todo el país las gobernaciones departamentales, los edificios nacionales, los mercados públicos, las universidades estatales y muchas construcciones de responsabilidad del gobierno.

Cartagena en el período republicano

En los primeros años de vida independiente Cartagena era una ciudad en ruinas.

Su precaria situación económica fue el denominador común durante la mayor parte del siglo XIX. Varios factores contribuyeron al empobrecimiento de la ciudad, entre los cuales cabe destacar las guerras y conflictos que diezmaron su población, tres bloqueos militares entre 1831 y 1841, la prosperidad de Barranquilla como puerto fluvial aprovechando la rivalidad entre Santa Marta y Cartagena y la epidemia de cólera morbus de 1849, que redujo su población a una tercera parte.

Sólo sobrevivieron 9.896 habitantes.

Este panorama económico impidió un real florecimiento de la arquitectura y el urbanismo republicanos en el siglo XIX, a pesar de las acciones emprendidas por grupos de ciudadanos para conseguir que se aprobaran medidas gubernamentales para la recuperación de la ciudad, como el dragado y rectificación del canal del Dique y el ferrocarril hasta Calamar.

Algunos cartageneros consideraron que las viejas murallas de los siglos XVII y XVIII eran una barrera que impedía el proceso de expansión urbana característico de los nuevos tiempos y que por tanto debían ser demolidas.

En esa época no se tenía la conciencia que hoy existe sobre lo que significa la conservación de los monumentos antiguos. El cartagenero de entonces pensaba que eliminar las murallas, que se habían convertido en muladares y foco de enfermedades, era la única manera de permitir la expansión y el desarrollo urbano.

Con esta idea y mediante contrato con particulares a quienes se pagaba con la piedra y el material que rescataran, debido a la precaria situación económica de la ciudad, se demolieron el revellín de la Media Luna en 1883; el revellín de San Lucas en El Cabrero en 1887; el baluarte de la Media Luna en 1893, formado por Santa Teresa, San Antonio y Santa Bárbara, en el que se encontraba la puerta de tierra de la Media Luna, que hasta mediados del siglo XIX se cerraba desde las primeras horas de la noche, hasta la madrugada. Así se facilitaba el acceso al Pie de la Popa a través del paseo de Heredia. En 1887 se inauguró una nueva puerta, la de Piñeres, cerca de la plaza de la Aduana, para dar salida a la plaza de San Pedro Claver.

En 1903 se desmantelaron los baluartes de Santa Isabel, San Lorenzo y Barahona para obtener la piedra de cimentación del nuevo mercado que se construyó al lado de la bahía de las Ánimas.

En 1905 se abrió una brecha al lado del baluarte del Reducto para comunicar a Getsemaní con Manga a través del puente Román, y se construyeron las puertas de Paz y Concordia para facilitar la comunicación con El Cabrero y la puerta de Balmaceda bajo la torre del Reloj.

A finales del siglo XIX la situación del país y de Cartagena había mejorado notablemente y las clases altas, influidas por todo lo europeo, como hemos dicho, traen costumbres nuevas.

Empiezan a aparecer en nuestras ciudades los paseos, los parques -algunos de ellos remodelando las viejas plazas coloniales- y camellones al estilo del paseo de la Reforma o del parque de Chapultepec en México, o de acuerdo con las concepciones urbanísticas de Buenos Aires y Río de Janeiro, ciudades que llevaban la delantera en los distintos géneros de arquitectura republicana.

En la plaza de la Inquisición, en Cartagena, se establece el parque de Bolívar; en la antigua de los Jagueyes, el parque de Fernández Madrid; en la plaza de la Independencia, el parque del Centenario y el camellón que sirvió de ejemplo para muchos pueblos de la región.

También en Cartagena se construye un nuevo mercado acorde con las necesidades del momento, el teatro Heredia para albergar la intensa actividad cultural de la época y las sedes de varios clubes sociales, género completamente nuevo en la historia urbana nacional.

En muchas ciudades del país se produjo el fenómeno de la emigración de las clases sociales altas en busca de un hábitat nuevo, abandonando los barrios más antiguos en las zonas urbanas coloniales. En Cartagena aparecen los barrios de Manga, Pie de la Popa, Pie del Cerro y El Cabrero, trazados según el modelo europeo de la época con residencias aisladas, en lotes amplios, con densidad de ocupación muy baja.

Arquitectura republicana en el centro

La identificación morfológica de la vivienda republicana resulta más fácil de hacer refiriéndose a los elementos de decoración generados por el proceso de producción en serie que caracteriza el período, que con respecto a variaciones de tipo espacial.

Como fenómeno urbano nuevo inserto en el contexto de los centros antiguos, el pasaje comercial aparece como una solución para aprovechar la parte central de la tradicional manzana colonial destinándola a comercio u oficinas. En Cartagena tenemos el pasaje Leclerc (1925) obra de Gastón Lelarge y el pasaje Dáger, o pasaje Núñez, hábilmente combinado con un hotel en sus pisos altos.

El ejemplo más destacado entre los nuevos conjuntos urbanos que albergaron las altas clases sociales es, sin duda, el barrio de Manga en Cartagena.
Fue el general Dionisio Jiménez, político conocido en el ámbito nacional y hombre de mucha visión, quien acometió la empresa de urbanizar la isla de Manga, que hasta entonces había sido un caserío sembrado de cocoteros, ciruelos y marañones y habitado por agricultores, pescadores y revendedores del Mercado Público.

En 1907, después de adquirir los terrenos, el general Jiménez los desmontó y realizó el trazado de la urbanización con planos al parecer elaborados por Luis Felipe Jaspe, en el primer ejemplo de urbanización moderna que se hizo en Cartagena a comienzos del siglo pasado. Se trazaron calles amplias, se delimitaron manzanas que se dividieron en lotes de distintos tamaños para ofrecerlos en venta.

Al principio Manga era un lugar de residencia temporal. Allí las familias pudientes pasaban las épocas de intenso, calor. Pero resultó tan agradable vivir allí, que poco a poco se fue convirtiendo en lugar de residencia definitiva. Las casas, originalmente de madera, se reemplazaron por casas de material en las que se utilizaron todos los elementos arquitectónicos que la producción en serie ponía al alcance de todos los bolsillos: cornisas, capiteles, columnas, balaustres, molduras y los calados introducidos en Cartagena por el escultor italiano Severino Leoni.

El período republicano termina aproximadamente en 1940, fecha en la cual se construye en Cartagena el edificio Nacional, ya un poco anacrónico si se tiene en cuenta que, para entonces, se estaban construyendo en el país obras del llamado movimiento moderno, y en Cartagena se había levantado el edificio Andian desde 1929.

Arquitectos republicanos

Luis Felipe Jaspe Franco

(Cartagena 1846-íd. 1918).

Su obra:

- Coronamiento gótico de la torre del Reloj(1888).
- Proyecto del monumento a José Fernández Madrid, realizado en Génova (Italia) en el taller de Vittorio Montarsolo.
- El Mercado Público (1904).
- Puerta de Balmaceda, bajo la torre del Reloj (1905).
- Fachada del convento de San Diego (1905). Teatro Heredia (1911).
- Casa del Pie del Cerro.
- Parque del Centenario (1911).
- Planos de la urbanización de Manga.
- Parque de Bolívar (1896).

Nicolás Samer

(Alemania Occidental).

 Su obra:

- Banco de Bolívar, hoy Biblioteca Bartolomé Calvo (1907).
- Casa de Elena Pombo de Vélez, Manga (1915).
- Puerta de Baloco, plaza de la Artillería (1921).
- Casa de José Vicente Mogollón, Manga.
- Edificio Pombo Hermanos (1929).

José Bielsa Zureda

(Lérida, España, 1877-Cartagena, 1940).

Su obra:

- Casa de Enriqueta de Segrera, Manga (1924).
- Casa de Carlos Vélez Daníes (1919).
- Casa de Fernando Vélez Pombo, Manga.
- Casa de Josefina Martínez, El Cabrero (1927).

Gastón Lelarge

(Rouan, Francia, 1861-Cartagena, 1934).

Su obra en Cartagena:

- Club Cartagena (1920-1925).
- Cúpula de la iglesia de San Pedro Claver (1921).
- Torre de la catedral (1922).
-Casa de Enrique Lecompte (1924).
- Pasaje Leclerc (1925).
- Fachada del hospital Santa Clara.
- Casa de Manuel Obregón.
- Puente Román (1928).
- Escuela Modelo, Pie de la Popa (1929).
- Proyecto plaza de la Independencia.
- Proyecto gobernación de Bolívar (1919).
- Proyecto Palacio Municipal (1919).

Alfredo Badenes

(España).

Su obra:

- Decoración del Palacio Arzobispal (1909).
- Casa de Henrique L. Román (1919).
- Casa de Víctor Covo (1931).

Pedro Malabet


(Barranquilla).

Su obra:

- Edificio del Castillo (1910).
- Palacio de Justicia de Cartagena (1912-1914).
- Villa Susana, Manga (1915).
- Casa de Ramón del Castillo -hoy sede del Das- (1916).
- Casa Niza (1904).

Joseph Maertens

(Bélgica).

Su obra en Cartagena:

- Banco de la República (1928-1929).
- Edificio Barbur.
- Casa de Bartolito Martínez.

Miguel Arquer

(España).

Su obra:

- Casa de Roberto Cavelier, Manga (1927).
- Casa de Carlos Vélez Pombo, Manga (1930).
- Casa de Daniel Lemaitre, Manga (1930).

Anónimos

- Casa de Rafael Núñez (1858-1878).
- Edificio Fernando Díaz.
- Arcadia (1928).

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